La viruta que nos taladra el cerebro.
Cuando nos sorprende una brisa de felicidad, nos aferramos a ella intentando que esa sea nuestra nueva condición, pero en seguida se extingue como el fuego en una chimenea a la que se le ha acabado el oxígeno –solo quedan cenizas, el recuerdo de un calor que no pudimos mantener vivo. Y si agradecemos un… Leer más La viruta que nos taladra el cerebro.


















































