¿Qué Tierra heredarán los justos?

Resulta inquietante que en todo el Antiguo Testamento no haya una sola referencia a la vida del Más Allá, a Ajirah, siendo, como así pretende ser, un libro revelado por el Creador. Vimos esta misma inconsistencia en la película Noah de Aronofsky, estrenada en 2014, en la que el diluvio tiene como objetivo acabar con la especie humana y dejar la Tierra para los animales y las plantas. Esta concepción, extremadamente pueril, indica una falta total de conocimiento, tanto del funcionamiento general de la creación, como del de sus elementos –el ser humano incluido.

El hombre que habita esta Tierra y la Tierra misma, están sujetos a un modus operandi estrictamente cerrado y afinado con el objetivo para el que han sido creados. El ser humano no puede volar por sí solo porque esa característica no se corresponde con los objetivos que debe cumplir el hombre que habita en esta Tierra. Para que el hombre pudiera volar haría falta cambiar su configuración y la de la Tierra –incluidos sus cielos.

Por lo tanto, el ciclo –este universo-con esta Tierra y estos cielos-con este hombre– se ha iniciado y deberá finalizarse sin que pueda cambiar el modus operandi que se le ha asignado –en su diseño-manifestación.

La misma precariedad argumental la encontramos en los postulados básicos de los Testigos de Jehová –los justos heredarán esta Tierra, esta misma Tierra que ahora hollamos. Sin embargo, en esta Tierra no puede haber paraíso ni nada que se le parezca, ya que estamos sometidos a toda clase de fenómenos indeseables de los que nos vemos obligados a protegernos para sobrevivir –hielo, calores tórridos, huracanes, tornados, tsunamis, animales venenosos, infecciones… y la propia agresividad, avaricia y envidia de los hombres. En esta Tierra no puede haber paz si debemos seguir ganándonos el pan con el sudor de la frente –habrá lucha, opresión, venganza… de unos contra otros. Es la dinámica inevitable de la vida en este mundo, en esta Tierra. Es la base de la trama existencial –luchar contra el mal e intentar establecer un reino de justicia, aun sabiendo que es una batalla perdida. Lo más que podremos conseguir en este mundo es un cierto equilibrio en el que nunca desaparecerá el mal, simplemente será, más o menos, contrarrestado.

Por lo tanto, en la historia y geografía post-mortem tendrá que haber un cambio radical de las condiciones de vida; tendrá que haber otra Tierra y otros Cielos, así como un hombre con una configuración afinada con esa nueva Tierra y esos nuevos Cielos.

Y eso es lo que encontramos en el Qur-an –esa transformación, esa renovación del universo, de la Tierra y de los Cielos (Ver artículo XVII, Info 11 y apéndice Q):

(48) El Día en que la Tierra se cambie por otra Tierra, así como los Cielos, y se les haga comparecer ante Allah –el Único, el Irresistible.

Qur-an 14 – Ibrahim

La fe, la creencia, debe estar basada en un sistema coherente completo, que no repulse a la razón, pues, aunque nuestras capacidades cognoscitivas no puedan, en el estado presente, comprender el aspecto operativo de la creación, si pueden ponderar el grado de verisimilitud de lo que se nos propone como creencia, como revelación divina. No se le puede exigir al hombre que crea en un absurdo, pues, como ya hemos apuntado antes, todo en el universo está afinado con las características físicas e intelectuales de los hombres (ver Artículo IX).

Sin embargo, el amor apasionado y el apego del hombre por la vida de este mundo, le hace desear e imaginar una existencia post-mortem errónea y absurda –una vuelta a esta misma Tierra para continuar aquí con las mismas miserias. Debemos entender esta existencia como un viaje con numerosas fases necesarias para llegar al destino final. Detenernos en una de ellas significaría no haber entendido el itinerario de este viaje; significaría hacer del viaje un fin, en vez de un medio.

La estructura en la que interactúan todos los elementos de la creación y conforma la fe en el Creador es, al mismo tiempo, el método para comprender la existencia. Y esta estructura sólo la encontraremos, bien dibujada, en el Qur-an.

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