‘Lauh Mahfudh’ – el ordenador que rige el universo

sondas.blog, 23-mayo-2020.

Algunos analistas y pensadores occidentales ya casi están rozando el dedo índice de Dios, el que señala a la verdad de las cosas. Ellos lo llaman “vivir en una simulación”, en un programa de ordenador, pero el asunto es mucho más orgánico que eso.

Los ordenadores son obra de los hombres y, por lo tanto, carecen de vida, son material inerte, pues el hombre no puede sacar lo vivo de lo muerto ni lo muerto de lo vivo, no puede crear, sólo mezclar elementos dados, combinarlos. Por ello mismo, mejor que el símil del ordenador podríamos decir que el universo es una gran célula y a partir de esa entidad viva el hombre ha diseñado los ordenadores –con su núcleo en el que se encuentra la gigantesca base de datos llamada ADN, que correspondería al procesador en los ordenadores, y con un entorno de dispositivos “flotando” en la tarjeta madre, como flotan los organelos en el citoplasma celular, y todo ello protegido por la membrana exterior, por la carcasa que cierra y protege el mecanismo completo.

En este punto encontramos la reflexión de Joscha Bach frente a la creciente viabilidad de la hipótesis, que también defiende el estrafalario Elon Musk, de que muy probablemente estemos viviendo en un video juego:

Si asumes la velocidad con la que mejoran los juegos, llegará un momento en que sean indistinguibles de la realidad. O bien la civilización se acabará antes. Quizás estemos viviendo un «videojuego» creado en algún lugar. Por tanto, lo más probable es que estemos en una simulación, porque existimos.

Joscha Bach (Artificial Intelligence Foundation), pero también Bill Nye, Donald Hoffman y muchos otros plantean esta posibilidad que, hace décadas, cuando ya aparecían películas con esta propuesta hollywoodense, parecían fantasías filosóficas propias de la ciencia ficción.

Si la pregunta es “¿Podríamos estar viviendo dentro de un programa de ordenador?” entonces mi respuesta, por supuesto, sería sí. Porque lo único que obtenemos con certeza del mundo exterior es información. Y lo único que encontramos con certeza en esta información es regularidad, y para que un sistema produzca regularidad e información, es decir, diferencias discernibles que cambian de una manera que no es debida al azar y es algo predecible, para ello se necesita computar. Entonces, es necesario y suficiente para el universo, lo que sea que haga, que compute. Y realmente no podemos saber qué más hace. Entonces, en mi opinión, por la forma en la que definimos los ordenadores y la informática, es necesario y suficiente que el universo sea algún tipo de ordenador en un sentido bastante literal.

Estaríamos viviendo en un programa de ordenador o dentro de escenarios celulares como expresión de la data contenida en el ADN universal –Lauh Mahfudh.

Mas este hecho nos lleva a una realidad que al hombre le resulta particularmente perturbadora –todas las acciones, por banales que puedan parecernos, son la expresión de las secuencias contenidas en Lauh Mahfudh. Por lo tanto, todo está predeterminado. Lo que decimos, lo que pensamos, lo que comemos, el modo en el que lo comemos, la hoja que cae del árbol… todo ello es la expresión secuencial de la data contenida en el ADN universal –y es inamovible.

(22) No ocurre nada, ni bueno ni malo, en la Tierra o en vosotros mismos que no esté en un Kitab antes de que hagamos que se manifieste.

Qur-an 57 – al Hadid

Como ya hemos apuntado en alguna otra ocasión, la libertad del hombre no está en la acción, sino en la consciencia. La acción nos convierte en personajes de una trama que se expresa siguiendo las secuencias contenidas en Lauh Mahfudh. La toma de consciencia de esta realidad, en cambio, nos libera, nos saca de la robotización de la inconsciencia –ghaflah. Ahora somos espectadores conscientes de nuestra propia representación y, por lo tanto, libres de la acción, de la trama existencial.

La célula es el símil adecuado, ya que en él tenemos la explicación de cómo en algo tan diminuto, microscópico, como los cromosomas, se encuentra toda la información necesaria para construir un ser humano. (Para una explicación mucho más detallada, ver artículos IV, V y XIII).

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