El fraude de Matrix

Estamos en peligro, y no porque la muerte sea lo más peligroso que nos pueda ocurrir. Hay cosas peores, como la tortura, o ver cómo nuestros hijos se deshumanizan, se salen de la realidad y se vuelven insensibles al sufrimiento, a la injusticia, a la tiranía. Ver cómo nuestros hijos se pasan al otro bando y apuntan a nuestro corazón, ya es morir.

Hablamos, pues, de otro peligro que la muerte. Cuando el materialismo y con él la ausencia del concepto de Ajirah, de la geografía post-mortem, se instala como única visión posible de la existencia, entonces Cypher, el traidor de la película Matrix, tiene razón.

El bistec virtual que se está comiendo después de haber traicionado a sus compañeros, le resulta más real que esa bazofia blanca que están obligados a comer cada día dentro de la cochambrosa nave en la que se mueven. Trinity le recuerda que tanto el bistec como el restaurante en el que está sentado con el agente Smith son irreales, pero Cypher no está de acuerdo –a él le parecen más reales que el mundo en el que les ha metido Morfeo. Recordemos la última frase que pronuncia el policía en Virtual Revolution –quién demonios eres tú para decirme que eso no es real. Es lo mismo que Cypher le dice a Trinity.

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Es aquí donde reside el fraude de Matrix. ¿Qué le espera al grupo de Morfeo en caso de salir vencedores? Vivir en Sion, bajo tierra, en medio de complicados y ruidosos mecanismos sin ver otro cielo que un techo de cemento. Frente a ese desolador destino, Cypher propone volver a Matrix y llevar allí una vida llena de comodidades, de lujo, de fama, rodeado de bellas mujeres. Es la opción que toman los ciudadanos en Virtual Revolution –mantenerse conectados a un sistema que les permite vivir apasionantes historias sentados, cómodamente, en un sillón.

Si no hay transcendencia, si no hay vida post-mortem, si no hay premio ni castigo… entonces la propuesta de Cypher, la propuesta de la gente que vive en 2047 en Virtual Revolution, es la correcta, la más lógica. Cómo se puede esperar que el hombre, sin más futuro que 70 u 80 años, en el mejor de los casos, sea moralmente bueno.

La educación que demos a nuestros hijos determinará su posición moral. Si los educamos en el ateísmo o en la ambigüedad religiosa, entrarán de lleno en el ámbito que no tiene límites, el ámbito sin fronteras, sin puertas, sin murallas… sin más protección que su propio subjetivismo.

sondas.blog, 7 Agosto – 2020

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