A la misma velocidad que el estado crece, la sociedad civil, encoge.

Cada 40 años, aproximadamente, hay un reinicio de buena parte de nuestros valores y conceptos culturales, incluso científicos –en los años 60 y 70 no se paraba de hablar de los extraterrestres, de los poderes paranormales, del chamanismo (ahí están las enseñanzas de D. Juan, de Castaneda -1968)… No dejaban de llegar gurús de la India o del Pacífico. Vivíamos en un mundo mágico. Después de aquella tempestad psico-espiritual, vino la calma –ingeniería genética, artefactos a Marte… puro prosaicismo que fue secando los corazones que con tanta pasión palpitaban en medio de aquel aquelarre en el que cada uno decía y hacia lo que bien le venía en gana. Éramos dioses que habían eliminado la objetividad del Olimpo.

Más tarde, y siguiendo la ley de los ciclos, esta vez sociológicos, volvieron, en un eterno retorno, las fantasías psicodélicas –drogas, esoterismo, extraterrestres (ahora con la autoridad añadida de Harvard), bases galácticas… y otra vez a vender millones de libros hablando de lo mismo, de la misma tempestad. Mas, ¿quién se acuerda en 2020 de aquellas locuras, de aquellos montajes? El olvido siempre ha sido rentable.

Ahora, con la pandemia pisándonos los talones, han vuelto a ponerse de moda las películas sobre zombis, muertos vivientes, post-apocalipsis… siguiendo la terapia homeopática que cura con los similares –contra la pandemía vírica, más virus y más desolación. Quizás funcione.

Mas ahora se ha sacado del armario un muerto que ya empezaba a oler. Uno a uno se han ido cayendo del guindo, asombrados por la destrucción social, familiar e individual que estamos presenciando gracias al distanciamiento, pandémico o no, que siempre es necesario para adquirir la perspectiva adecuada.

Después de caerse del guindo tras sesudos estudios sociológicos y políticos, Gor Mkrtchian nos sorprende con su hallazgo sobre el estado totalitario, como si pudiera haber un estado no totalitario:

La vida humana recibe sentido y sustento a través de varias formas de comunidad: la iglesia, el núcleo familiar, la familia extensa, las organizaciones fraternales, las empresas, etc. Pero a medida que el estado ha crecido, la sociedad civil se ha reducido.

El estado a lo largo de los siglos ha absorbido una parte cada vez mayor de los recursos, funciones y autoridad moral de estas otras instituciones. En países donde el estado logra finalmente absorberlas, el resultado es el totalitarismo.

La ingenuidad de Gor nos haría sonreir si no fuera porque lleva aparejada una gran confusión –la de no diferenciar gobierno de estado.

Los gobiernos pueden ser opresores, descuidados, egoístas… pero nunca totalitarios, pues no legislan, no se arrogan ese privilegio exclusivamente divino.

Los estados, en cambio, son siempre totalitarios y tiránicos, pues imponen sus leyes a otros hombres como ellos, y van adquiriendo todas las funciones de la sociedad. Si hubiera agujeros negros y fuesen como dicen que son, los estados serían su mejor representación sociológica, ya que absorven todo lo que cae en su campo de acción, aumentando tremendamente su masa, y no dejando a su arededor otra materia que la oscura.

El estado nos arrebata a los hijos con la excusa de educarles, pero antes de que eso ocurra, ha desarrollado las condiciones para que deshacerse de los hijos cuando todavía son bebés sea algo normal y deseado –la mujer tendra que incorporarse al mundo laboral como el marido, pues un solo sueldo ya no alcanza para hacer frente a los gastos básicos de la familia. La mujer trabaja, el hombre trabaja –ya no hay niños, o alguien, alguna institución “estatal”, tendrá que ocuparse de ellos. Aquí se cierra la ecuación.

Gor pretende hacernos creer que debemos cambiar los factores o hacer algo para volver al estado de cosas anteriores, pero con móviles, con internet, con facebook, con armas de destrucción masiva, con electricidad… La interacción es absoluta, y si quieres que persistan todos estos elementos, el resultado siempre será el mismo –estado, control, dominación.

La familia es una institución que contradice a la del estado, pues no puede haber dos poderes absolutos juntos, no se puede servir a dos reinos al mismo tiempo. Si el padre es el eje del poder familiar y el que decide los medios para alcanzar los fines familiares; si es la madre la encargada de trasvasar los valores a sus hijos, la creencia, la moralidad… entonces el estado no tiene ninguna razón de ser, y deberá ser un gobierno el encargado, precisamente, de proteger este estado de cosas.

El estado destruye la familia, la inutiliza, separando a sus miembros, enfrentándoles –el padre trabaja, la madre trabaja y los hijos se buscan la vida. Cuatro vidas ajenas entre sí despedazándose en un minúsculo espacio.

El estado se atribuye toda la autoridad posible y ello hace que el padre la pierda, que la pierdan los profesores, la policía, los mayores. Los niños, los hijos, los estudiantes… solo deben aceptar la autoridad del estado.

El estado tiene todas las llaves, pues tiene el poder legislativo. Cuando necesita implementar una estrategia, promulga las leyes necesarias para ello, en el nombre del pueblo y para el bien del pueblo. Lo estamos viendo con la pandemia –se argumentan excusas inverificables y se legisla en el nombre del pueblo y contra el pueblo. Es realmente mágico. ¿A quién no le gustaría jugar a ser dios por un periodo mínimo de cuatro años? Mas cuando todo esto se acabe y se pliegue el Sol, y el verdadero Dios exija cuentas por tamaña suplantación, ¿qué dirán estos legisladores? Callarán; habrá silencio; y solo se escuchará un llanto lastimero y un crujir de dientes. Se creían a salvo con sus “fuerzas de seguridad del estado”.

3 comentarios sobre “A la misma velocidad que el estado crece, la sociedad civil, encoge.

  1. Muy buen artículo…Que por cierto, veo que pones algunas migajas de Islam en tus escritos casi siempre. Me gustaría aprender más sobre esta tradición aún viva hoy en día a modo de religión. Yo me inclino más hacia el Shivaismo y Vishnuismo, porque puedo ver cómo el Islam también contiene algunas doctrinas ya enseñadas en el Veda वेद y demás textos. Tú, desde una perspectiva musulmana, ¿qué opinas?
    Saludos,
    Namaskâra

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    1. Hola, soy el “admin” de sondas.blog, no el autor. Gracias por comentar. El Islam es el update final de la Via Revelada, tras el deterioro de lo previo por la inevitable decadencia y autodestrucción de todo aquello que toca el hombre. Se cierra la trama existencial del plano terráqueo con el islam como mensaje actualizado, vivificado y final de las enseñanzas sagradas, razón por la cual en las otras tradiciones espirituales el conocimineto verdadero que ha pervivido es solo teórico y no efectivo. En definiva, que todas las otras vías o religiones están caducas. Un saludo.

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      1. Ay! Pues lo siento 😅 de todas maneras el autor tendrá casi el mismo pensamiento y lo verá también, supongo. No esto muy de acuerdo en el sentido del update final. Creo que el principio espiritual, razón por la que en la tradición védica, Shaiva, vaisnava, están, en proporción, doctrinas de todas las religiones del mundo. “Dios” se ha ido revelando de muchas formas, y en forma de avatar también, ya que baja al globo terrestre (se centra en el ciclo humano), para restaurar el dharma. Personalmente creo que el Islam es uno de los últimos, sino el último, resquicio de tradición viva original. Se ha utilizado para fines políticos, de hecho rula por ahí una teoría de un jesuita (jesuita que, por cierto, mataron los propios jesuitas) teorizó sobre qué “”inventaron”” el Islam sobre los conocimientos y cultura anterior de esos pueblos de oriente medio, pues el cristianismo no calaba. En fin, no creo que todo sea una “fiel verdad”, pero sí mucho que contiene es verdad, directa de la tradición antigua. Pues desde la historia humana estuvo dios ayudando al humano, no es así? En forma de avatar, de profetas, etc. Pero la historia humana es solo un ciclo humano, habrá otros.

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