Algunas tribus africanas de los neandertales se fueron a China buscando mejoras laborales

No todos los individuos se metieron en el Metaverso espacial, pues los hay que prefieren pisar tierra firme y dejarse de zarandeos cósmicos. Mas como la Gran Mentira ocupaba ya todos los ámbitos de la realidad, aún sin quererlo, se metieron en le Metaverso que podríamos llamar “humano, demasiado humano” y en el que se trataba de explicar cómo el hombre a partir del mono llegó a ser hombre.

Mas la cuestión en sí tenía su miga, pues había que explicar con pruebas materiales las fases por las que habría pasado ese mono hasta convertirse en Homínido, después en Neandertal y por último en Homo Sapiens. La miga no era muy consistente y se fue desmigajando a medida que un hallazgo arqueológico o paleontológico contradecía al anterior. A veces parecía que el movimiento migratorio iba de China a África. Después, los indicios parecían apuntar en sentido contrario, para más tarde situar a Europa como un lugar intermedio, un refugio, para los chino-africanos o los áfrica-chinos, o cualquier otra configuración. Se dibujaron infinidad de árboles genealógicos y evolutivos para tratar, como siempre, de explicarlo todo y de esta forma erigir a la evolución no solo en una teoría, una hipótesis plausible, sino en la detallada historiografía de las especies animales. En algunos de estos árboles teníamos a las amebas y a las sanguijuelas como a nuestros bis-abuelos, mientras que en otros eran las ranas y las tortugas nuestros más cercanos ancestros.

Sin embargo, algunos metaverseros se dieron cuenta de que la evolución, incluso las teorías post-evolutivas, exigían para poder desarrollarse y desplegar cierta coherencia que esos animalillos, en un principio invertebrados, incluso microscópicos, “deseasen” formar parte de ese proceso que arrastraba a los seres vivos de lo más simple e insignificante a lo más complejo. Mas los metaverseros se preguntaban, no sin cierta desazón, si acaso esas bacterias procariotas, aquellas algas, aquellos reptiles, quizás con un pasado acuático, podían ya entonces haber intuido al hombre. “Obviamente no,” contestaban los paleontólogos y los ingenieros genéticos. “La evolución es una fuerza intrínseca  a la materia. Es la materia la que tenía un plan existencial. De ahí el Big Bang, la expansión, el Universo… Digamos que en aquella Singularidad primigenia ya estaba la consciencia, y no me pregunten cómo se metió allí la consciencia porque al no ser los humanos totalmente materia, no podemos entenderlo, pero sabemos a ciencia cierta que fue así.” Ni que decir tiene que no lo sabemos ni sabemos nada de esa Singularidad, pues ninguno de los humanos estuvo allí cuando empezó la película.

Los metaverseros siguen sin entender cómo pudo albergar la materia planes, objetivos y hacerse con los medios para poder llevarlos a cabo. Desear, diseñar, planificar, seleccionar según baremos de mejor y peor, más adecuado y menos adecuado, es ya poseer una portentosa inteligencia. Mas ¿dónde puede estar esa inteligencia? ¿En qué sector de la materia?

Al observar una falta total de agradecimiento por parte de los metaverseros, los diseñadores del Metaverso respondían con un cierto enfado que los orígenes de la vida, del Universo, se pierden, como su propio nombre indica, en la noche de los tiempos. Centrémonos en la realidad de hoy.

Hay vida y hay Universo. ¿De dónde ha surgido todo esto? Quizás se deba a desarrollos cuánticos o de algún aspecto de la materia que aún desconocemos. Lo importante es subrayar que el hombre de Neandertal, muy al contrario de lo que se pensaba hasta hora, no era muy distinto del Homo Sapiens. Y esto nos lleva a un cierto malestar paleontológico, pues si admitimos esta hipótesis, y de momento no hay otra, nos faltan 2 o 3 eslabones, que unidos al proverbial “eslabón perdido”, conforman un panorama desolador, y aunque ya sabíamos que no sabíamos nada, no deja de ser inquietante que tampoco sepamos por qué hay hombres en China, en África, en Europa… pues si el hombre desciende de una comunidad particular de monos, situada en un lugar concreto de la torta terráquea, ¿cómo entonces llegaron en aquella época a todos los confines de la Tierra, desarrollando características físicas muy diferentes?

Si consideramos a las poblaciones humanas de Escandinavia, veremos que todos sus individuos se asemejan físicamente –tienen idénticos rasgos faciales y son de piel blanca. Mas si encontrásemos que en esas  comunidades hay hombres negros, lo explicaríamos diciendo que hace X años llegaron de África varios grupos y se fueron asentando en aquella región. Mas ¿cómo lo explicaríamos si la primera y la única comunidad humana fuese la de Escandinavia? Por lo tanto, si ese proceso evolutivo humano se produjo en África a partir de una comunidad específica de monos, toda la humanidad debería ser negra.

De nuevo, el escepticismo se refleja en los rostros de los que creyeron hallar en el Metaverso evolutivo la explicación definitiva y materialista de una existencia perfectamente organizada, en la que de una sanguijuela, entre deseo, diseño y planificación, surgieron nuestros ancestros y surgimos nosotros mismos. Y ahora nos dedicamos a estudiar cómo fue posible todo esto.

Ver: El Corán en español y su libro de comentarios: Apéndices: Apéndce L (“La ciencia es en sí misma es un fraude”)

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