La vuelta al cole en 80 días

Nos dicen que en septiembre se abrirán los colegios, los institutos, las universidades… y, al mismo tiempo, nos amenazan con fuertes rebrotes esperándonos, agresivos y bien armados, a la vuelta de la esquina escolar. Esta ha sido hasta ahora la estrategia preferida del deep state, propagada en los medios de comunicación y en las declaraciones de los responsables sanitarios y de los gobiernos.

Sin embargo, en las manifestaciones que hay en Madrid, y en muchas otras ciudades europeas y norteamericanas, se denuncia la exageración en las medidas adoptadas contra un virus que ya no mata y que, en realidad, nunca ha sido más letal que el de cualquier gripe, pero no se menciona siquiera el hecho de que la infección psicológica y social se encuentra, precisamente, detrás de esa exageración, a todas luces injustificable.

La pregunta que deberían hacerse los manifestantes sería: ¿Por qué se está exagerando de una forma patológica el problema de la pandemia? ¿Qué se quiere conseguir con ello? Si la gente común se ha dado cuenta del montaje, se ha dado cuenta de que no hay pandemia y de que se está poniendo a la gente una mordaza en la boca en forma de mascarilla y se le está “ordenando” que se confine en casa, que deje de salir, que deje de reunirse con sus semejantes… ¿acaso no deberíamos concluir que también los gobiernos lo saben, y los ministros de sanidad y los medios de comunicación?

La incógnita a despejar no es si deberíamos luchar para que se abran los colegios, los pubs, las discotecas, las playas… y todo vuelva a la “normalidad” de antes, que no era ninguna normalidad, sino una forma absurda de vivir y de entender la existencia, antes bien se trata de comprender qué se quiere conseguir con esta pandemia, con esta exageración nunca vista en todos los anales de la historia.

La exageración es tal, que, necesariamente, exige que haya un plan, una agenda que la justifique. Y esa agenda se encuentra explicada, al menos en parte, en las propias medidas dictadas para “combatir el virus”. Medidas, todas ellas, que nos llevan al confinamiento, al control de masas y a la vida online, a la vida virtual. Se trata de aislarnos, de romper hasta la última relación entre humanos, hasta la última conexión.

A la gente joven y no tan joven, mayoritariamente, estas medidas nos causan inquietud, pues estábamos acostumbrados a disfrutar de nuestras “libertades”, de nuestros derechos inalienables. De eso nos habían convencido, de que existen países del primer mundo y países del tercer mundo; países democráticos con prensa libre, y países con sistemas autoritarios que tienen amordazada a la prensa. Y nos lo hemos creído. Era tan agradable y dulce pensar que formábamos parte de los elegidos… tan agradable y dulce pensar que éramos invencibles caminando hacia un futuro cada vez más luminoso… Quién en su sano juicio podría renunciar a tal privilegio.

Ahora seguimos en la primera fase de la rebelión, no del despertar –queremos volver a la normalidad. Todavía no hay reflexión, análisis, estudio, investigación… Tan solo queremos poder seguir bebiendo cerveza en un local público –y los niños en la escuela. ¿Qué hay de malo en ello? En esta primera fase no podemos contestar a este tipo de preguntas, pues no vemos más horizonte que nuestros deseos más básicos.

Pero ya hay gente que se dirige hacia la segunda fase: ¿Qué quieren de nosotros? –1) exterminar a la mayor parte de la humanidad utilizando a) virus diseñados b) insectos reprogramados con cargas letales c) guerras locales utilizando mini bombas nucleares cuya eficacia hemos visto en Beirut d) esterilización a través de las vacunas y de los alimentos enlatados y de otros productos e) reducción drástica de la esperanza de vida a través de una alimentación artificial y de una forma ultra sedentaria de vida. 2) confinamiento, reduciendo al mínimo el contacto entre la gente.

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Recordemos por un momento cómo era la vida antes, cómo se vivía en las plantaciones de algodón, como vivía la gente común en la Inglaterra del siglo XIX… lo vemos reflejado en la literatura de la época, en Oliver Twist, y lo mismo vemos en todas las sociedades europeas, en España, en la familia de Pascual Duarte, de Cela, en la serie la Catedral de la mar… En todas estas referencias vemos los mismos escenarios –una aristocracia asentada en el lujo más barroco, una burguesía incipiente haciendo alarde de su nuevo poder económico y político, y un pueblo aplastado que vive de limosnas, aunque trabaja 14 horas al día.

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Esta es la imagen que sus retinas desean contemplar de nuevo, pero con ciertos retoques, sin látigos, con un paraíso virtual a su disposición. 3) control de masas, control de movimientos, pero también control de sus ideologías. Preguntémonos ¿qué ideologías tenían los esclavos en Estados Unidos o los siervos en Europa? Sobrevivir. Trabajo-casa-sillón online. Reeducación constante y eliminación de las excepciones, de los independientes. 4) virtualidad como sustituto de la realidad. La normalidad se habrá vuelto tan indeseable que sin necesidad de policía la gente aceptará de buen grado pasar la mayor parte de su tiempo en situaciones virtuales que ellos mismos podrán elegir.

Las elites, por su parte, volverán a disfrutar de sus castillos y mansiones mantenidas por peones extraídos de la sociedad de los “conectados” y entretenidos con mujeres educadas en la esclavitud.

Esta secuencia, no obstante, se romperá en diferentes puntos ocasionando caos y devastación. No quedará más conocimiento que el olvido y el anonadamiento de encontrarse en medio de un mundo en constante autodestrucción. La única forma de interrumpir esta diabólica secuencia es extendiendo sobre el mundo un nuevo mapa de pequeñas comunidades que mantengan el recuerdo de la realidad y el objetivo de la existencia.

Vayamos, pues, poco a poco, paso a paso, fase a fase… comprendiendo la historia, las etapas que han desembocado en esta hecatombe social. Olvidemos la normalidad pasada y organicemos nuestras vidas para afrontar un futuro que quieren manipular hasta convertirnos en prisioneros de un enemigo inventado.

sondas.blog, 17 agosto – 2020

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