El fiqh marca los límites de lo prohibido, los límites que Allah el Altísimo ha establecido para sus siervos y, en este sentido, la mil-lah corrobora el espacio resultante como el ámbito de actuación para el hombre. Por otro lado, sin embargo, el fiqh establece igualmente lo permitido, aquellos actos contra los cuales Allah Todopoderoso no ha decretado una prohibición expresa. Este es el campo de actuación de la mil-lah; aquí es donde rectifica, delimita y explica al fiqh.

Dicho de otra manera, el fiqh es taqlid (imitación), mientras que la mil-lah es iytihad (investigación).

El fiqh es taqlid en el sentido que ordena lo que se puede hacer, lo que se debe hacer y lo que no se debe hacer, estableciendo los castigos y las recompensas para las trasgresiones y el cumplimiento respectivamente. El fiqh nos dice que está prohibido consumir bebidas alcohólicas, y nosotros le seguimos y, por lo tanto, le obedecemos, sabiendo que, si no lo hacemos, si trasgredimos este límite marcado por el fiqh, seremos castigados en esta vida (suponiendo que ingiramos dicha bebida alcohólica en público) y en la Otra.

La mil-lah, por su parte, investiga si lo permitido, llevado a la práctica de forma amplia y continuada, puede, en última instancia, sacarnos de los límites decretados por Allah y recogidos por el fiqh o, al menos, acercarnos peligrosamente a ellos, ya que estar cerca de lo prohibido es lo mismo que estar seducidos por él, y la seducción suele llevar a la ejecución del acto:

(19) Y tú, Adam, habita con tu grupo en el Jardín y comed de donde queráis, pero no os acerquéis a este árbol, pues os perderíais víctimas de vuestra rebeldía.
Sura 7 – al ‘Araf

Allah el Altísimo, en Su Misericordia, les ha dado la clave para protegerse de la tentación al decirles: “…no os acerquéis…, ya que acercarse a lo prohibido significa perder la fuerza de voluntad que nos permita oponernos al susurro que incita a la rebeldía. Acercarse significa aquí “comer”, caer en lo prohibido. Las palabras con las que Allah el Altísimo se dirige a Adam y a su pareja son palabras de mil-lah y no de fiqh.

En esta aleya tenemos resumido el proceso completo: Hay una permisión: “…y comed de dónde queráis…”; a continuación, hay una delimitación de esta permisión –hay un árbol del que no se puede comer. Y hay, finalmente, un juicio de mil-lah con una prohibición expresa: “pero no os acerquéis a este árbol, pues os perderíais víctimas de vuestra rebeldía.

Hay una clara diferencia de aproximación entre el fiqh y la mil-lah frente a cualquier acto permitido, ya que “acercarse” no está prohibido por el fiqh, pero sí por la mil-lah.

El fiqh es imitación, y es el escáner que analiza los actos en sí mismos y después emite juicios atendiendo a los juicios de los Textos (Qur-an y hadiz). La mil-lah, en cambio, estudia, investiga las consecuencias de los actos.

El fiqh nos da el análisis químico completo de una medicina, mientras que la mil-lah describe los efectos secundarios que pueden presentarse al ingerirla. De ahí que el fiqh sin mil-lah no sólo deja de guiar nuestros actos, sino que además puede alejarnos de la actitud correcta. Al leer el prospecto del fármaco en cuestión y ver la lista detallada de los efectos secundarios que puede provocar, así como su interacción con determinados metabolismos, decidimos no tomarlo, ya que vemos que el daño que puede causarnos en mayor que el daño que nos causa la enfermedad. Deberemos abstenernos de ese fármaco y buscar otra medicina sin esos efectos.

El fiqh nos dice que podemos tomar todo tipo de alimentos excepto la carne de cerdo, la carne de los animales muertos de forma natural, o por una caída, o por una cornada, así como la sangre. El resto de los alimentos nos están permitidos. La mil-lah, sin embargo, nos dice que la obesidad, que no sea causa de una enfermedad, es haram. Un hadiz mutawatir del Profeta Muhammad (s.a.s) ratifica lo que acabamos de decir:

المُؤمِنُ يَأكُلُ في مَعْيٍّ وَاحِدٍ والكَافِرُ يأكُلُ في سَبْعَةِ أَمْعَاءٍ

El creyente come para llenar un estómago (intestinos),

mientras que el kafir come para llenar siete estómagos (intestinos).

La mil-lah nos explica que la obesidad es el resultado de una forma de vida contraria a la sunnah del Profeta (s.a.s). Engordamos porque hemos dejado de ser activos, llevamos una vida sedentaria y desligada del recuerdo de Allah, lo que nos lleva a llenar ese vacío con la comida. La mil-lah no sólo nos dice que comamos poco, lo necesario, sino que analiza e investiga los alimentos para ver cuáles son los más apropiados, los más beneficiosos, los más nutritivos:

يَا أَيُّهَا الَّذِينَ آمَنُواْ كُلُواْ مِن طَيِّبَاتِ مَا رَزَقْنَاكُمْ وَاشْكُرُواْ لِلَّهِ إِن كُنتُمْ إِيَّاهُ تَعْبُدُونَ

(172) ¡Creyentes! Comed de las cosas buenas con las que os sustentamos
y agradeced a Allah si en verdad es a Él a Quien adoráis.
Sura2 – al Baqarah

De esta forma, la mil-lah, a través de la investigación, del iytihad, nos advierte de que tomemos lo mejor de la provisión de Allah. El fiqh nos permite comer naranjas y peras indistintamente, pero la mil-lah nos enseña que es mejor tomar los cítricos por la mañana y la fruta dulce por la tarde. Nos previene de tomar harina y azúcar refinados y nos aconseja sustituirlos por los integrales para evitar trastornos digestivos y no perder una parte importante de nutrientes.

La mil-lah va más allá de los aspectos individuales e investiga y emite juicios sobre determinadas actitudes que podrían tener una repercusión social. Así, el fiqh nos permite ver la televisión sin restricción específica de tiempo. Nos permite ver todo tipo de programas siempre que no aparezcan imágenes “prohibidas”. Sin embargo, la mil-lah no sólo censura y prohíbe que pasemos nuestro tiempo delante del televisor por toda la suciedad que va a entrar en nuestro corazón y que va a enturbiar las aguas del iman; no sólo censura y prohíbe que le dediquemos un minuto de nuestro tiempo a esos informativos y a esos programas “culturales” y “educativos” a través de los cuales se nos inocula la mil-lah judía. La mil-lah de Ibrahim y de todos los Profetas nos alerta de mirar esa caja satánica basándose en un principio de usul alfiqh –todo lo que separa a los musulmanes es malo, y todo lo que los une en el camino de Allah es bueno. La televisión no sólo separa a los miembros de la comunidad musulmana, sino también a los miembros de la propia familia. No tenemos tiempo para visitar a nuestros hermanos enfermos porque estamos viendo un partido de futbol, o un programa “muy interesante”. No tenemos tiempo de estudiar árabe con otros musulmanes porque preferimos ver una serie televisiva muy divertida. Tampoco tenemos tiempo de recordar escenas de la vida del Profeta o de sus compañeros con nuestros hijos o nuestras esposas porque todos estamos ocupados con nuestros programas favoritos. Por ello, la mil-lah emite el juicio de sustituir la televisión por el recuerdo de Allah, por el estudio y la colaboración con la comunidad de creyentes (ver esquemas 4 y 15).

Hay cientos de ahadiz del Profeta Muhammad (s.a.s) basados en la mil-lah. Una vez fue Abu Bakr as Sidiq a donde estaba el Profeta (s.a.s) y le dijo que su barba estaba encaneciendo y que había pensado teñírsela; le pidió consejo sobre qué color sería el más apropiado. El Mensajero de Allah (s.a.s) enseguida le preguntó de qué color solían teñirse los judíos la barba. Abu Bakr respondió que de negro. Entonces el Profeta Muhammad (s.a.s) le dijo que se la tiñera de rojo utilizando henna.

Vemos que este hadiz es un hadiz de mil-lah, ya que el fiqh no prohíbe, de ninguna de las formas, que alguien se tiña la barba del color que quiera. La prohibición, pues, no viene del fiqh, sino de la mil-lah. El Profeta Muhammad (s.a.s) nos está diciendo que nos alejemos de la mil-lah de los judíos, que hagamos justo lo contrario de lo que hacen ellos, para que en todo momento y en toda circunstancia nos separemos y nos distingamos de ellos.

Si separamos el fiqh de la mil-lah nos encontraremos con un fiqh muerto que, paradójicamente, no podrá evitar que los musulmanes se salgan de los límites prescritos por Allah el Altísimo.

La validez jurídica del campo de acción de la mil-lah la encontramos, fundamentalmente, en tres principios de usul alfiqh.

El primero de ellos es MASLAHAH, que podríamos definir como جَلْب المَنْفَعَة ودفع الضرّة   o “buscar lo beneficioso y repeler lo dañino.” A este respecto, es interesante la puntuación de Al-Ghazali: “Lo que queremos decir con el término maslahah es la preservación de los objetivos de la shari’ah.” (Al-Ghazali, al-Mustafa min ‘ilm al-usul, Bagdad. 1294 –AH- vol. 1, 286). Es decir, no se trata de obtener un beneficio, una felicidad meramente humana, unos objetivos mundanos, sino de aplicar ampliamente la shari’ah. Será precisamente la mil-lah la que nos proteja de salirnos de esos objetivos.

Maslahah, en este sentido, significa –establecer un juicio sobre el que no hay ningún indicio en los textos (Qur-an y sunnah). ‘Umar ibn al Jatab fue a ver a Abu Bakr, entonces Emir al-Muminin, y le sugirió recopilar el Qur-an y preservarlo en forma de libro para evitar que pudiera perderse teniendo en cuenta que muchos de los que lo habían memorizado ya habían muerto shahid en alguna batalla, y este proceso podía continuar así hasta que todos ellos desaparecieran y no quedase en la ummah un solo hafidh del Qur-an. Abu Bakr, en un primer momento, rechazó tal sugerencia al entender que se trataba de una innovación, pues el Profeta de Allah (s.a.s) nunca había sugerido ni ordenado hacer algo así ni tampoco estaba esta idea contenida en ninguna aleya del Qur-an. Lo que ‘Umar estaba haciendo era introducir la mil-lah, la maslahah, para preservar el Qur-an en su integridad –un texto sólo puede estar protegido de la falsificación o del error si es memorizado y puesto por escrito al mismo tiempo. Abu Bakr, finalmente, comprendió el valor de esta maslahah y mandó reunir todos los textos coránicos en un solo libro. Vemos pues, que la mil-lah siempre está asociada a la investigación, al análisis, al estudio de las causas. Reunir el Qur-an en un solo libro no iba en contra del Din de Allah; no añadía ni quitaba nada; la mil-lah lo que hace es salir al paso de las malas y dañinas consecuencias que se pueden derivar de hacer o no hacer determinados actos.

El segundo principio es ISTIHSAN. Literalmente significa –considerar algo como bueno. Si bien su significado más cercano a la acción que propone es el de preferencia, es decir, preferimos un juicio a otro –obviamente porque nos parece mejor.

Contrariamente a la maslahah, el istihsan emite juicios sobre asuntos que han sido tratados en los textos. Por ejemplo, existe un hadiz sahih en el que el Profeta Muhammad (s.a.s) establece el siguiente juicio: “Muhammad no toma del zakat y la familia de Muhammad no toma del zakat.” Sin embargo, la familia del Profeta tomaba un quinto del quinto del botín. Cuando esta práctica dejó de aplicarse con el transcurso del tiempo y el cambio de circunstancias, algunos fuqaha, valiéndose del istihsan, emitieron un segundo juicio que anulaba al primero y por el cual se establecía que la familia del Profeta (s.a.s) sí puede tomar del zakat, ya que ha dejado de percibir el quinto del quinto del botín. Este segundo juicio es preferido al primero por considerarse que es “mejor”.

Se atribuye el istihsan al Imam Malik, si bien, como en el caso de la maslahah, se aplicaba ya en tiempos de los compañeros. Por ejemplo, el principio general establece que no se les pedirá cuentas a los artesanos por el estado en el que devuelvan los objetos que se les han confiado para ser reparados. Serán los dueños de dichos objetos los que tendrán que demostrar que el deterioro que han sufrido es el resultado de la negligencia con la que los artesanos han tratado la mercancía. Sin embargo, poco a poco, este juicio hizo que los artesanos cayeran en un tipo de negligencia con respecto a la mercancía que se les confiaba al saber que la ley impedía que se les exigiera ningún tipo de responsabilidad. Por ello, ‘Ali (r.a.) cambió este juicio y puso el peso de la demostración en los artesanos con la intención de que ese nuevo juicio les devolviera el sentido de responsabilidad que habían perdido. El juicio de ‘Ali se prefirió al que ya había.

No obstante, es cierto que fue el Imam Malik quien más difusión e importancia dio a la mil-lah bajo estos principios de usul alfiqh.

El tercer principio, también introducido por el Imam Malik, es SADDU AL-DHARI’AH. Su significado en la aplicación es –bloquear medios lícitos para evitar un final ilícito. Bloqueamos, impedimos algo que está permitido por la ley para evitar un mal mucho mayor que el beneficio que ha contemplado la shari’ah al hacerlo lícito –vender armas durante olas de terrorismo y rebelión, alquilar nuestra propiedad a alguien que la va a utilizar para abrir un burdel, venderle uvas a un vinatero, sembrar amapolas de las que se extraerá más tarde heroína.

Todo ello hace que el faqih declaré ilícita una actuación que la ley declara lícita. Este es el enorme valor de la mil-lah y de hacerla acompañar siempre al fiqh para evitar que esa ley que ha sido establecida para el bien de los creyentes, termine en actos ilícitos que dañen el iman de los musulmanes que los cometan.

De esta forma vemos que su verdadera función consiste en ser el fundamento, la estructura sobre la que se asiente el Din de Allah.

En todas las sociedades actuales existe un código penal que prohíbe el robo y, sin embargo, cada día se registran cientos de ellos y miles de otros delitos en todos los países del mundo. ¿A que puede deberse esta aparente contradicción? Se debe a que las leyes –recogidas en un código– no son suficientes para que los ciudadanos se alejen del delito. No delinquir exige determinadas condiciones o, si se prefiere, una determinada forma de vida. Si no hay empleo estable; si adquirir una vivienda es inaccesible para la mayor parte de la población; si prevalece un sistema crediticio bancario como único medio de adquirir ciertos bienes; si no hay una escala de valores clara, una educación bien diseñada; si por el contrario esta educación está basada en conceptos ambiguos que incitan a vivir siguiendo los propios deseos, si no existe el concepto de Ajirah… las leyes no bastarán para evitar que haya robos, crímenes, violaciones, estafas, adulterio, fornicación… y todo otro tipo de delitos. El corpus legal existe y contempla el delito y su pena, pero si no se construye una mil-lah capaz de sustentar ese corpus, el resultado final será un creciente aumento del número de policías emparejado con un creciente aumento de la delincuencia. Si se destruye la mil-lah, se derrumbará el corpus legal; y de la misma forma, si se destruye la mil-lah, se derrumbará el Din.

La salah de un musulmán que escudriña el Qur-an, que memoriza hadiz, que visita a los hermanos que están enfermos, que paga la zakat y da sadaqah… no será igual que la salah de un musulmán que pasa el tiempo entretenido en internet o viendo televisión. El musulmán que constantemente trabaja para mejorar su relación con Allah el Altísimo, para profundizar en ella, y es ese trabajo el que marca la dirección de su vida, pues todo en ella está en función de complacer al Misericordioso, ira poco a poco refinando su comportamiento y acrecentando su comprensión de la existencia, pues a ese musulmán le enseña Allah y le corrige allí donde su mil-lah se ha alejado de la mil-lah de Ibrahim. El fiqh nos muestra los límites de la licitud, pero es la mil-lah la que nos sitúa en la actitud adecuada, la que modela nuestra forma de vida, nuestras actuaciones.

Ratificar la testificación que pronunciamos antes incluso de venir a la existencia,

(172) “¡Acaso no soy Yo vuestro Señor?” Respondieron: “Atestiguamos que lo eres.”
Qur-an 7 – al ‘Araf

nos introduce en la Órbita Divina, pero será la mil-lah la que impida que salgamos disparados de ella, la que nos mantenga agarrados a la cuerda de Allah.

Seguir la mil-lah de Ibrahim es una orden que Allah el Altísimo da incluso al Profeta Muhammad (s.a.s) y a todos los creyentes. No es, por lo tanto, algo optativo.

(123) Luego te inspiramos que siguieras la mil-lah de Ibrahim
que era hanifa y no de los idólatras.
Sura 16 – an Nahl
(95) Di: “Allah ha dicho la verdad.” Seguid, pues, la mil-lah de Ibrahim.
Era hanifa, y no de los idólatras.
Sura 3 – Ali Imran

El creyente huye del iman heredado, del corpus legis para adentrarse en el iman conquistado, merecido, el iman limitado por el fiqh y desarrollado por la mil-lah.

Ibrahim abandona el taqlid (imitación) y el imma’a (gregarismo) para de esa forma poder desarrollar libremente el iytihad (investigación, reflexión). Abandona la herencia por la lucha, por el sacrificio.

(75) Le mostramos a Ibrahim los dominios de los Cielos y de la Tierra para que comprendiera su funcionamiento y tuviera certeza de que son creación de Allah. (76) Cayó sobre él la noche y vio un astro. Se dijo: “Éste es mi Señor,” pero cuando se ocultó, dijo: “¡Cómo adoraré lo que no tiene permanencia!” (77) Y vio aparecer la Luna. Se dijo: “Éste es mi Señor,” pero al ver que también se ocultaba, exclamó: “Si no me guía mi Señor, estaré de nuevo con los extraviados.” (78) Y vio salir el Sol. Se dijo: “Éste es mi Señor. Es el astro más grande y refulgente,” pero cuando se ocultó, dijo: “¡Gente mía! ¡Nada tengo que ver con vuestra idolatría!”
Sura 6 – al An’am

El iytihad es lo que nos devuelve a la fitrah, ya que la observación y la reflexión son actividades inherentes a la naturaleza humana. Ibrahim se aleja de la cultura de su tiempo, de la cosmogonía de su tribu, de su clan (ver esquema 5 y texto). Les ha demostrado de forma clara lo absurdo e injustificable de su actitud y de sus creencias:

(51) Ya antes le habíamos dado a Ibrahim la recta guía. Le conocíamos bien. (52) Les dijo a su padre y a su gente: “¿Qué son esas estatuas a cuya adoración os entregáis?”
(53) Dijeron: “Es lo que adoraban nuestros padres.”
(54) Les dijo: “Pues sabed que vosotros y vuestros padres estáis en un claro extravío.”
(55) Dijeron: “¿Nos vas a declarar de una vez lo que consideras que es la verdad o simplemente quieres pasar el rato charlando?”
(56) Dijo: “Lejos de mí tal cosa. Vuestro Señor es el Señor de los Cielos y de la Tierra. Es Él Quien los originó por primera vez, Y yo testifico que así fue.”
(57) “–Por Allah que he de preparar una estratagema contra vuestros ídolos tan pronto os alejéis de aquí.”
(58) Entonces los hizo pedazos a excepción del más grande de ellos para que se fijaran en él. (59) Al ver aquello, dijeron: “¿Quién ha hecho esto a nuestros ilah? En verdad que quien lo haya hecho es un nefario.”
(60) Dijeron: “Hemos oído a un joven lanzar improperios contra ellos. Le llaman Ibrahim.” (61) Dijeron: “Traedlo a la vista de todos para que seamos testigos de lo que tenga que decir.” (62) Le preguntaron: “¿Eres tú, Ibrahim, el que ha causado este daño a nuestros dioses?”
(63) Les respondió: “¡Claro que no! Ha sido éste el causante, el más grande de ellos. Preguntadles, si es que pueden hablar.”
(64) Y cayeron en la cuenta de lo absurdo de su creencia y se dijeron entre sí: “En verdad que hemos sido inicuos con nosotros mismos.”
(65) Luego, volviendo a su posición anterior, dijeron cabizbajos:
“¡Sabes bien que éstos no pueden hablar!”
(66) Entonces les dijo: “¿Es que adoráis aparte de Allah lo que no puede beneficiaros
ni perjudicaros?
(67) ¡No tenéis vergüenza de adorar lo que adoráis en vez de adorar a Allah!
¿Es que no vais a razonar?”
(68) Dijeron: “Quemadle y apoyar así a vuestros ilah si es que queréis hacer algo por ellos.” (69) Dijimos: “¡Fuego, sé frío y benigno para Ibrahim!”
(70) Querían deshacerse de él, pero fueron ellos los perdedores.
(71) Lo salvamos a él y a Lut en la tierra que habíamos hecho bendita para todos los dominios. (72) Le concedimos a Ishaq, y a Yaqub como un apoyo más –nafilah. A todos ellos los hicimos de los rectamente guiados.
(73) Dispusimos que fueran la elite espiritual –aim-mah– que guiase a la gente siguiendo Nuestro plan. Les inspiramos que actuaran con rectitud, que establecieran la salah y entregaran la zakah. Eran con Nosotros siervos obedientes.
(74) A Lut le dimos juicio y conocimiento. Lo salvamos de la gente de la ciudad que cometía las mayores abominaciones. Realmente era gente malvada –dada a la rebeldía.
(75) Le hicimos entrar en la órbita de Nuestra rahmah. Fue uno de los rectamente guiados.
(76) Respondimos a la súplica que Nuh nos había hecho antes, salvándole a él y a su gente de la terrible catástrofe que se avecinaba sobre ellos.
(77) Le apoyamos contra el pueblo que negaba la veracidad de Nuestros signos. Eran realmente malvados. Los ahogamos a todos juntos.
(78) Y Daud y Sulayman –cuando juzgaron en relación a un campo de cultivo por el que se había esparcido desordenadamente el ganado de la gente del pueblo.
Fuimos testigos de su deliberación.
Sura 21- al Anbia

Ellos, en cambio, no pudieron presentar ningún argumento, ninguna evidencia que sostuviera sus teorías. Ante la contundente argumentación de Ibrahim bajaron la cabeza y reconocieron su necedad, para enseguida rebelarse contra él y amenazarle de muerte.

(64) Y cayeron en la cuenta de lo absurdo de su creencia y se dijeron entre sí: “En verdad que hemos sido inicuos con nosotros mismos.” (65) Luego, volviendo a su posición anterior, dijeron cabizbajos: “¡Sabes bien que éstos no pueden hablar!” (66) Entonces les dijo: “¿Es que adoráis aparte de Allah lo que no puede beneficiaros ni perjudicaros? (67) ¡No tenéis vergüenza de adorar lo que adoráis en vez de adorar a Allah! ¿Es que no vais a razonar?”
Sura 21 – al Anbia
Lo importante es no abandonar a los ancestros, la cultura, el bienestar de la tribu.
(35) Cuando se les decía: “No hay ilah, sino Allah,” se ensoberbecían (36) y decían: “¿Acaso vamos a dejar a nuestros alihah por un poeta hechizado?”
Sura 37 – as Saffat
(22) Dijeron: “¿Has venido a nosotros para sacarnos de la adoración de nuestros ilah? Tráenos aquello con lo que nos amenazas si es verdad lo que dices.”
Sura 46 – al Ahqaf
(52) Les dijo a su padre y a su gente: “¿Qué son esas estatuas a cuya adoración os entregáis?” (53) Dijeron: “Es lo que adoraban nuestros padres.”
Sura 21 – al Anbia

Pero qué sentido tendría hablar de ello hoy. Ibrahim y su pueblo pertenecen a un pasado remoto, inimaginable. Sin embargo, el hombre y su nafs son invariables. La misma actitud de la gente de Ibrahim encontramos en la gente que nos rodea, que escribe libros, que da conferencias, que trabaja en una fábrica, que investiga el cosmos y las proteínas. Y esa misma actitud encontramos entre los seguidores de cualquier religión. Son cristianos, musulmanes o judíos, pero ante todo pertenecen a un clan, a una cultura, a una nacionalidad. No hay iytihad en ellos, sino taqlid e imma’a. Ibrahim y todos los Profetas que hubo después de él hasta llegar al Profeta Muhammad (s.a.s) ofrecieron a la gente la posibilidad de liberarse del yugo cultural, ancestral; la posibilidad de liberarse de la superstición y del chamanismo; de la magia y de la idolatría; la posibilidad de elegir y de esta forma cumplir con su responsabilidad de seres humanos… Sin embargo, los negaron y los niegan desde fuera no aceptando su mensaje, y los negaron y los niegan desde dentro, hipócritamente, manteniéndose fieles a sus creencias mientras realizan los actos de adoración prescritos. Son cristianos, musulmanes y judíos en la ‘ibadah, pero paganos en la mil-lah. Por ello, precisamente, Ibrahim deja muy claro a su pueblo que no hay comercio con la verdad. El Din de Allah exige caminar con el fiqh y con la mil-lah, con un iytihad constante.

Todos los pueblos admiten –de una forma o de otra– la existencia de Allah, pero todos ellos le asocian otros poderes –existe Allah, pero también existen mis dioses, o mi dios, o el dios de mis padres, o los dioses de mi sociedad, de mi tiempo. Las casas de muchos cristianos están llenas –y siempre lo han estado– de cuadros de vírgenes y de estatuillas de santos a las que encienden velas y suplican su protección, su ayuda, la cura para todas las enfermedades y la prosperidad. Recorren miles de kilómetros para llegar a los “lugares milagrosos” donde vírgenes de todo tipo sanan a los enfermos. Si les preguntas cómo es que toman por dioses a todos esos tótems te dirán que no son dioses para ellos, sino intercesores, pero si observas sus plegarias verás que es a ellos a los que suplican. También en las casas de muchos musulmanes cuelgan fotos de sus ancestros, de sus padres y abuelos, o de sus “maestros” cuando es Allah y Su Mensajero quienes les enseñan.

Allah el Altísimo sale al paso de esta barbarie espiritual desenmascarando su verdadera intención:

(3) ¿Acaso no es así como se debe adorar a Allah? Los que han tomado protectores aparte de Él se justifican diciendo: “No los adoramos, sino como un medio de alcanzar una estación más cercana a Allah, y por ello los adulamos y servimos.” Allah dictaminará sobre lo que discrepaban. Allah no guía al falaz ni al encubridor.
Sura 39 – az Zumar

¿Por qué Allah nos exige que le adoremos sólo a Él?

(32) Ese es Allah, vuestro Señor, y esa es la verdad. ¿Y qué hay más allá de la verdad,
sino el extravío? Sin embargo, la verdad os repele.
Sura 10 – Yunus

Porque Allah es la verdad, y más allá de la verdad está el extravío. No hay una tercera posibilidad.

Este es un punto muy importante en la ‘aqidah del creyente musulmán, y constituye la base misma del Tawhid. En árabe tenemos dos términos que sitúan al mu’min en la perspectiva apropiada: wala’a y bara’a. El primero de ellos lo podemos traducir por –lealtad, y marca nuestra relación exclusiva con el Creador, ya que no puede haber lealtad, sino a Él, siendo como es la verdad y más allá de la verdad sólo hay extravío. Ello evidencia que otorgar nuestra wala’a a otro que Allah nos lleva –necesariamente– al error y nos aparta, por lo tanto, del camino de rectitud, del sirat-al-mustaqim, sacándonos del proyecto insan, y expulsándonos de la Órbita Divina, de la rahmah de Allah. ¿Cómo, entonces, nos relacionamos con el resto de la creación, con nuestros semejantes? Nos relacionamos con todos ellos a través del bara’a. En su acepción literal, significa –inocencia; es decir, no tener nada que ver con algo. Somos inocentes de un crimen porque no tenemos nada que ver con él, somos totalmente ajenos a él. De la misma forma, somos inocentes, no tenemos nada que ver con aquellos que tergiversan o niegan la ‘aqidah que Allah nos ha revelado en Su Libro, o prohíben lo que Allah ha permitido, o permiten lo que Allah ha prohibido. Tanto es así, que incluso nuestros padres, hijos, hermanos, esposas, esposos, maestros… serán objeto de nuestra enemistad y de nuestro odio a menos que afirmen de forma inequívoca que no hay ilah otro que Allah:

(4) Tenéis un hermoso ejemplo en Ibrahim y en los que se mantenían firmes con él, cuando le dijeron a su gente: “Nada tenemos que ver con vuestra forma de actuar ni con lo que adoráis fuera de Allah. Renegamos de vosotros. Habrá enemistad y odio entre nosotros hasta que creáis solamente en Allah.” Mas a su padre le dijo Ibrahim: “Pediré perdón por ti, aunque no pueda hacer nada en tu favor ante Allah. ¡Señor nuestro! En Ti nos abandonamos y a Ti nos volvemos arrepentidos. En Ti confluyen todos los destinos.
Sura 60 – al Mumtahanah

El término que Allah el Altísimo utiliza en esta aleya es bura’u, es decir –somos inocentes, ajenos a vuestra forma de vida, a vuestra creencia que acepta a Allah como ilah, pero niega Su Unicidad, y le asocia otros alihah, otros poderes distintos a Él.

La lealtad de Ibrahim hacia su Señor, su wala’a, le lleva a “no tener nada que ver”, bara’a, con todo lo demás.

Está hablando a su gente, a aquellos con los que ha crecido, con los que jugaba cuando era niño. Está hablando a sus hermanos y a su padre. No son extraños que ha encontrado en el camino, es su pueblo, los más cercanos, los más allegados. Sin embargo, la lealtad exige exclusividad. No se puede ser leal a dos poderes distintos, a dos creencias distintas. Hay una contradicción de base en esa actitud. Ser leal a un rey significa no tener nada que ver, ser inocente, bara’a, con todos los demás reyes. Más aún, mientras el resto de los monarcas acepten la autoridad de “mi rey” habrá amistad y colaboración, pero en el momento que se rebelen o duden de su poder, habrá surgido el odio y la enemistad entre ellos y mi lealtad.

Este es un punto fundamental del Tawhid, pues a lo largo de la dilatada historia de la nación musulmana, ha habido numerosos momentos en los que la wala’a a Allah ha pasado a la wala’a a los hombres remarcables de su tiempo, con las graves consecuencias que se han derivado de esta actitud en la creencia general de los musulmanes. Es interesante recordar que en los primeros siglos del Islam el conocimiento formaba la base misma de la sociedad, y no había en ella otro elemento que pudiera dar a una persona mayor prestigio ni situarla en un lugar más alto de la escala social. Por ello, miles de jóvenes se embarcaban en largos y agotadores viajes alrededor del mundo buscando a los maestros más cualificados y famosos de la ummah. Esta situación creó un estrato social independiente basado en el binomio maestro-discípulo, y en la más absoluta lealtad:

Como resultado de esta actitud, y para garantizar la lealtad de los estudiantes, algunos profesores inventaron diferentes tipos de obligaciones, a veces acompañadas de prácticas rituales con la esperanza de que estas prácticas reforzaran en el estudiante el sentimiento de lealtad hacia su profesor.

             Maqdisi, Rise of colleges, 171.

Esta relación transformó en comercio el proceso de enseñanza y aprendizaje de las ciencias del Din, alejándose, así, de la sunnah establecida por el Profeta Muhammad (s.a.s) y por los jalifas rashidun, según la cual, los profesores eran enviados a las diferentes comunidades que habían abrazado el Islam y deseaban recibir el conocimiento, sin pedir nada a cambio. Y esa misma sunnah fue la de todos los Profetas:

(72) Y si os desentendéis, tened presente que no os he pedido nada a cambio. Retribuirme Le corresponde únicamente a Allah. Se me ha ordenado que sea de los sometidos.”
Sura 10 – Yunus

En el momento que se establecen salarios y puestos gubernamentales se desvirtúa el Din y se crea una nefasta dependencia de los sabios con el poder político, de forma que aquellos pierden su papel de guías. Nadie debe vivir del Islam, sino para el Islam. Vivir del Islam, “ocupar puestos religiosos” es convertirnos en curas y monjas, en sacerdotes… en chamanes. Esta actitud fue condenada por algunos de esos maestros, quienes no sólo no aceptaban ningún pago por sus enseñanzas, sino que además gastaban de su dinero para ayudar económicamente a sus estudiantes más pobres. Este es, sin duda, el ejemplo que deben seguir todos aquellos que poseen conocimiento del Din y desean enseñarlo a sus hermanos. Vivimos de nuestro trabajo, lo que nos permite enseñar a los demás sin tener que pedir nada a cambio. Y esto forma parte de la mil-lah –todas nuestras acciones en este mundo tienen como objetivo alcanzar el Jardín en la otra vida.

Las dos testificaciones nos han devuelto a la Órbita Divina, al proyecto insan, y caminamos por ella con todos aquellos que tienen wala’a a Allah; aquellos que han dicho que no hay más ilah que Allah, aquellos que han creído en Su Unicidad y que, por lo tanto, han negado que pueda haber otro poder fuera de Él. Ellos son mi verdadera familia, haya o no haya lazos de sangre entre nosotros:

(45) Nuh llamó a su Señor y le dijo: “¡Señor mío! Mi hijo es parte de mi familia, y Tu promesa es verdadera. Tú eres el más Sabio de los soberanos.” (46) Dijo: “¡Nuh! Ten por seguro que él no es de tu familia ni es de los virtuosos. Así pues, no me pidas explicaciones de aquello sobre lo que no tienes conocimiento. Te exhorto a que no seas de los ignorantes.”
Sura11 – Hud

Hacia el resto habrá odio y enemistad hasta que no entren en esa misma órbita, en la de aquellos que testifican: La ilaha illa Allah.

Sin embargo, esta posición de absoluta lealtad a Allah viene matizada por los valores culturales del tiempo de la ignorancia, vivimos entre dos capas, entre dos creencias que se mezclan, se funden, produciendo un metal débil, quebradizo, no compacto.

Hemos visto cómo en Ibrahim tenemos un hermoso ejemplo de wala’a a Allah y de bara’a hacia todo lo demás. Y vemos ese mismo ejemplo en los compañeros del Profeta Muhammad (s.a.s).

De la misma forma, esa wala’a a Allah nos lleva a desobedecer incluso a nuestras más altas autoridades para evitar el mal:

La sariya (razzia) de Abdullah bin Hudhafa as Sahmi and ‘Alqama bin Muyarriz Al-Mudiyi, y se ha dicho que era la Sariya de un Ansar.

Narrado de ‘Ali (r.a): El Profeta (s.a.s) mandó una sariya bajo las órdenes de un hombre de los ansar (según la mayoría de los ‘ulamah de hadiz este Ansar era Hudhafa as Sahmi) y les ordenó que le obedecieran. Éste se enfadó y les dijo: “¿Acaso no os ordenó el Profeta que me obedecierais? “Contestaron: “Sí”. Dijo: “Recoger leña para mí.” Y así lo hicieron. Dijo entonces: “Hacer una hoguera.” Cuando la hubieron hecho, les dijo: “Entrar en ella.” En un principio tenían la intención de hacerlo y se agarraban unos a otros y se decían: “Nos hemos refugiado en el Profeta del fuego.” Siguieron diciendo eso mismo hasta que se extinguió el fuego y la ira del comandante se aplacó. Cuando le llegó la noticia al Profeta, dijo: “Si hubieran entrado en él, no habrían salido hasta el Día del Resurgimiento. Se debe obediencia sólo a lo que nos guía al bien.”

Sahih al-Bujari bab gazuah autas (629)

Esta es la prueba legal de que nadie está libre de la responsabilidad de sus actos. A menudo oímos decir a un policía o a un soldado: “Tan sólo obedecía órdenes.” Mas esta excusa no les justificará ante Allah en el Juicio Final, pues Allah no nos exige que obedezcamos a quien nos ordena el mal o la injusticia, muy al contrario, debemos negarnos o abandonar tal profesión.

Islam nos libera constantemente y en toda circunstancia de la ligazón a la cultura, de seguir normas y costumbres sin ningún tipo de análisis, sin confrontarlas con la verdad. Aquí vemos la gravedad de “seguir”. Seguir es lo contrario de investigar, de reflexionar… Algo o alguien se interpone entre el Creador y Su siervo. Estos seguidores, cuando se les dice:

(3) ¿Acaso no es así como se debe adorar a Allah? Los que han tomado protectores aparte de Él se justifican diciendo: “No los adoramos, sino como un medio de alcanzar una estación más cercana a Allah, y por ello los adulamos y servimos.” Allah dictaminará sobre lo que discrepaban. Allah no guía al falaz ni al encubridor.
Sura 39 – az Zumar

Pero lo que hacen es separarnos, crear intermediarios que ciegan la luz de Allah y de Su Mensajero, que se interponen. ¡Qué son, ya lo hemos mencionado antes, todas esas vírgenes y santos de la pléyade cristiana! Millones de personas encienden velas cada día y se arrodillan frente a estampas y estatuillas a las que otorgan poderes. No les inquieta haber multiplicado a Mariam llenando el mundo de vírgenes Marías que no parecen tener nada en común: blancas, negras, achinadas, marías con miles de nombres distintos. Resulta patético escucharles cuando dicen: “Yo soy muy devota de la virgen de Guadalupe.” Y alguien responde: “Yo prefiero a la virgen negra de Czestochowa, tiene más poder y siempre te concede lo que le pides.” No muy diferente es la situación en el mundo budista, con miles de bodhisattva haciendo el papel de los santones cristianos, y en el que se construyen estatuas gigantes del Buda forradas de oro, cuando eso es precisamente lo que más enérgicamente condenó el Buda, lo más alejado de la naturaleza búdica:

Un budista que ha comprendido nunca pide favores a una estatua o imagen, ni le pide perdón por las faltas que hubiera podido cometer.  Un budista que comprende intenta controlar su mente, seguir los consejos del Buda, liberarse de las miserias del mundo, y hallar su salvación.

Sri Dhammananda Maha Thera

Entonces, si en todas y cada una de las manifestaciones espirituales, sean estas referidas al cristianismo, al budismo o a cualquier otra, es determinante el rechazo a las imágenes y al hecho de asociar algo o alguien con la divinidad, por qué en la práctica se hace caso omiso de lo que los líderes espirituales de todas esas corrientes han ordenado, y se entregan sus seguidores a fabricar estatuas y a adorarlas. Precisamente porque su espiritualidad es gregaria, tribal y no el producto de la comprensión y de la reflexión. Ser cristiano o budista se ha convertido en una cultura, abandonando su verdadera esencia que es la realización del ser humano. Cuando los taliban destruyeron algunas de las estatuas gigantes de bodhisattvas esculpidas en las montañas de Afganistán, el mundo entero se echó las manos a la cabeza. No podía haber mayor escándalo. Ahí estaban los ‘ulamah musulmanes suplicándoles que no las destruyeran, que fueran civilizados. Sin embargo, esos mismos ‘ulamah no suplicaban a los ejércitos occidentales liderados por los Estados Unidos que no destruyeran las ciudades y los pueblos afganos, ni matasen a las mujeres, niños y ancianos afganos…No les suplicaban que fueran civilizados. ¡Cómo es posible tanta ignominia! Precisamente porque todos esos ‘ulamah respondían a las exigencias de su ‘aqidah prestada. Su Islam está basado en las ligaduras y no en el iman. Con su ‘aqidah prestada siguen las consignas de la cultura dominante dando a entender, en realidad, que Allah está con occidente, con la música pop, con los restaurantes de fast food, con las corbatas, con las caras afeitadas, con los escotes, con la democracia, con la CIA. Son ahora los que más promocionan los “diálogos interreligiosos”. Organizan conferencias y congresos donde se sientan con los idólatras y los encubridores llenos de cruces y barbas ridículas. Se dan la mano, se abrazan, están de acuerdo en todo, sobre todo en condenar a los musulmanes que han emigrado por Allah, y luchan y matan y mueren en el camino de Allah. Éstos son los terroristas, los radicales, a los que hay que destruir de la misma forma que los talibanes destruyeron las estatuas budistas. Allah les sale al paso y deshace en unas cuantas palabras su estratagema:

(8) Quieren apagar la Luz de Allah con sus bocas, pero Allah hace prevalecer Su Luz, aunque lo detesten los encubridores. (9) Es Él quien ha enviado a Su Mensajero con la guía y el Din verdadero para que prevalezca sobre todos los demás, aunque lo detesten los idólatras.
Sura 61 – as Saff

No siempre se toma por intermediario a los hombres. En la mil-lah de Ibrahim no hay ningún tipo de aproximación a la filosofía. No contempla el universo como el resultado de una infinidad de causas y efectos, de leyes independientes actuando por su cuenta o por mandato del Creador. Ibrahim sólo ve la mano de Allah en todas las cosas, en todos los fenómenos. No es el Altísimo para él la causa última, sino la única causa. De lo contrario, sería como decir que la causa primera de la muerte de un personaje de novela que podemos denominar “x” fue su pelea con el amante de su esposa, y que la última causa fue que así lo quiso el escritor. ¿Pero acaso hay otra voluntad que la del escritor a lo largo de toda la novela? ¿Puede uno cualquiera de los personajes contradecir o rebelarse contra el guión que el escritor ha trazado? Por el contrario, todo está escrito:

(22) No ocurre nada, ni bueno ni malo, en la Tierra o en vosotros mismos que no esté en un Kitab antes de que hagamos que se manifieste –eso es fácil para Allah
Sura 57 – al Hadid

El iytihad de Ibrahim es constante, y por ello Allah le lleva de la evidencia por la fe, a la evidencia por la razón; de la creencia, a la comprensión, de forma que todo su ser quede libre de duda, y su creencia se afirme en una unidad integradora de todos los elementos que componen la nafs.

Ibrahim rechaza cualquier causa que no sea Allah:

(77) Todos ellos son mis enemigos, excepto el Señor de todos los dominios. (78) El que me creó y me guía. (79) El que me sustenta (80) y me cura cuando estoy enfermo.
Sura 26 – ash Shuara

Ibrahim expresa esta causalidad única de Allah de forma clara y rotunda. Sin embargo, nosotros la tomamos como si fuera una metáfora, una forma poética de hablar.

Frente a la mil-lah de Ibrahim, frente a este concepto de única causalidad, se presenta la mil-lah chamánica bajo su forma humanista, superponiendo a la fitra, la cultura; y a la naturaleza, la superestructura urbanista (ver Artículo X).

A través de un ciclo vital complejísimo, la lluvia cae del cielo y reaviva la tierra haciendo que crezcan en ella todo tipo de plantas, flores, vegetales, legumbres y cereales. De todo ello se alimenta el hombre y los animales, y éstos le sirven a aquél de alimento y de transporte. Todo este gigantesco proceso conforma el hábitat del ser humano. Todo se extiende a su disposición, para su uso y comodidad. Todo, de la misma manera, es gratuito sin que nadie pueda monopolizar el viento que mueve la nave o el agua que la sostiene. Frente a esta estructura misericordiosa, los judíos han ido construyendo una estructura paralela inmisericorde, basada en el monopolio de la energía y de un mundo artificial sostenido por la tecnología. En este mundo, nada es gratuito; todo se compra con dinero. Los artilugios electrónicos se hacen cada vez más imprescindibles para poder vivir en ese hábitat donde la velocidad ha aumentado considerablemente y nadie tiene tiempo para nada (ver artículo XV).

Ibrahim, por el contrario, dice: “Allah es quien me da de comer y de beber, y cuando estoy enfermo me cura.” Ibrahim vive en la estructura natural, en la red divina donde todo es gratuito y nadie puede encerrar al viento, al agua, al Sol, a la Luna, a la inercia, al plano inclinado. Los caballos no se mueven gracias a un chip que se fabrica en el Silicon Valley. Muy al contrario, caballos, vacas, bueyes o elefantes son criaturas que Allah ha subordinado al hombre a pesar de su poderío físico. Ellos mismos se reproducen sin que haga falta fábrica alguna, ni tecnología punta que pagar. Su fuerza la utilizamos en el trabajo y en el transporte; nos alimentamos de su carne y de su leche; y sus excrementos fertilizan los campos de cultivos.

¿Por qué el hombre ha abandonado esta misericordiosa red divina para meterse en otra llena de espinas? Porque ha abandonado la mil-lah de Ibrahim y ha dado poder a otras causas. Allah nos provee con alimentos deliciosos y sanos que crecen en la tierra, y el gran gody nos provee con alimentos manipulados que se venden en el supermercado a un precio cada vez más elevado. Allah el Altísimo ha creado por doquier arbustos y árboles que dan unas ramitas que al quitarles un poco de la corteza se convierten en cepillos muy útiles y beneficiosos para la limpieza bucal, pues aparte de su función de cepillar, desprenden una sustancia que refuerza las encías y blanquea los dientes. Estos miswak son gratuitos, los podemos coger nosotros mismos de los olivos o de otros muchos árboles y arbustos. Sin embargo, hemos preferido la pasta dental y los cepillos de plástico. El Misericordioso ha puesto a nuestra disposición miles de plantas y sustancias naturales que nos curan y calman los dolores. Sin embargo, el hombre ha preferido los fármacos, aunque los detesta y sabe lo muy perjudiciales que son. ¿Qué le ha pasado al hombre que vive en esa aberrante contradicción? Que ha abandonado la mil-lah de Ibrahim, la causalidad única de Allah, Su Tawhid, y se ha pasado a la red espinosa de la artificialidad tecnológica.

Allah nos ha ordenado seguir la mil-lah de Ibrahim, y nos ha advertido de algo terrible:

(130) ¿Quién puede apartarse, por detestarla, de la mil-lah de Ibrahim,
sino aquél que se hace necio a sí mismo? Lo escogimos por su pureza en esta vida y en la Última estará entre los que actúan con rectitud.
Sura 2 – al Baqarah

Ibrahim ha visto el dominio de los cielos y de la tierra, ha comprendido la causalidad única de Allah, Su Tawhid, y por ello se somete sin restricciones al Señor de todos los dominios.

La obediencia es la consecuencia lógica de este conocimiento y, al mismo tiempo, su signo, su indicación.

Las palabras no deben engañarnos por muy elocuentes que sean, ya que la verdad, la sinceridad y la comprensión van siempre acompañadas de un estilo, de una práctica y de un carácter bien determinado.

Ibrahim ha comunicado a sus conciudadanos, a su padre, a los sacerdotes, a sus amigos, que no hay más que un Ilah –Allah y les ha hecho ver de mil maneras su aberrante actitud al construir estatuillas con sus propias manos para después adorarlas. Todo ha sido en vano y esto ha producido dos efectos que vamos a encontrar en la mil-lah de todos los Profetas posteriores a él –la orfandad y la emigración por Allah.

Ya sea de forma natural o debido a circunstancias, los Profetas viven alejados de la estructura familiar y tribal; carecen de nacionalidad y de todo apego cultural. Su misión es devolver al hombre a su fitrah y liberarle así de las ligaduras que le ataban a costumbres ancestrales.

Ibrahim abandona su tierra natal, dejando atrás su familia, sus recuerdos, sus apegos, y busca un lugar donde establecer el Tawhid. Nada puede crecer en medio del paganismo de su gente. Le acompaña Lut y un puñado de creyentes que a partir de ese momento se van a convertir en su verdadera familia.

Estos dos aspectos, la orfandad y la emigración, son requisitos necesarios para poder penetrar en la Órbita Divina, en la rahmah de Allah. No obstante, aquí, orfandad y emigración se refieren, sobretodo, a una desconexión más que a un desplazamiento geográfico o a una pérdida familiar.

Orfandad significa, ante todo, liberación, despojo de ataduras, ruptura hereditaria, devenir y desterritorialización. No hablamos de convertirnos en ciudadanos del mundo, sino de cumplir con el primer deber metafísico del hombre –encontrar su verdadero nombre, su verdadera familia, su verdadera nacionalidad. No queremos una identidad-máscara ni una identidad circunstancial, sino la identidad que defina nuestro destino.

La tarea básica de los Profetas es la de liberar al ser humano de erróneas creencias, de falsas identidades, de diabólicos compromisos. Sin embargo, el hombre se apropia de los dones que Allah le ha concedido y construye sistemas filosóficos, sociales y económicos que encubran la realidad. ¡Cuántas veces en el Qur-an se nos advierte de no falsear la historia, de no reescribir la verdad con nuestras manos!

Ibrahim vuelve a establecer el Tawhid y a denunciar el chamanismo como una forma tergiversada de la Profecía (ver esquema en PDF –Profecía vs chamanismo). Nos alejamos, pues, de lo circunstancial, de lo contingente, de lo aparente. Dejamos atrás lo que es vehículo, lo que es medio, apoyo, para imantarnos a la verdadera estructura existencial y comprender así todo el recorrido.

Ibrahim, como el resto de los Profetas, es el hombre universal, el que unifica e integra el universo entero y le da su verdadero sentido.

Ibrahim lo ha dejado todo por seguir la mil-lah profética, y ahora debe abandonar a su único hijo, porque así se lo ha ordenado Allah en sueños. Es una gran prueba de obediencia, pero también una confirmación, la ratificación final de que Ibrahim es el modelo profético a seguir, y es digno del pacto que Allah Todopoderoso va a realizar con él.

Ibrahim acepta sacrificar a su hijo como consecuencia lógica de su iman y de su conocimiento. Y de la misma forma, su hijo acepta ser sacrificado mostrando ambos que el amor por Allah está por encima –incluso– del amor filial y paternal; de lo contrario, su iman habría sido una farsa. ¿Cómo puede resultarnos opresor sacrificar a nuestro hijo, o a nosotros mismos, cuando es Allah quien nos lo pide? ¿No es acaso Allah la vida? ¿No es acaso Allah la verdad? Si es así, rebelarnos contra Su decreto es caer en el extravío y en la verdadera muerte.

Ibrahim es la piedra sobre la que se sostiene uno de los dos extremos del puente de la Profecía. El otro extremo descansa sobre Muhammad (s.a.s), y por ello mismo será él quien restaure el Tawhid, el Hayy, la mil-lah de Ibrahim, la mil-lah profética.

Y esta mil-lah de Ibrahim va a configurar el carácter modélico que vemos manifestado plenamente en el Mensajero de Allah, Muhammad, Mustafa (s.a.s) y que consta, fundamentalmente de tres características: la paciencia, la generosidad y la determinación. Y será este carácter –o su aproximación– lo que nos permitirá implantar la mil-lah en la ‘aqidah, acompañar al fiqh y vivir protegidos en la rahmah de Allah.

La mil-lah nos alerta de quiénes son aquellos con los que nos sentamos, con los que intimamos; nos hace reflexionar sobre la forma en la que nos ganamos la vida; nos hace reconocer nuestra propia hipocresía, nuestras contradicciones. Es un elemento de rectificación y de toma de consciencia. Es el elemento indispensable que evita que nuestro Din sea un Din muerto.