Dunia 10, Ajirah 0

¡Qué mala proporción! ¡Qué mal resultado! La vida en dunia, en este bajo mundo, ha llegado al marcaje máximo. No le ha permitido a Ajirah, a la vida del Más Allá, marcar ni un solo tanto. Ha desaparecido de nuestra perspectiva, incluso como creencia, como una posibilidad a tener en cuenta. Debemos centrarnos en el aquí y el ahora. Así nos aleccionan los monjes budistas. También Francisco, y el Dalai Lama, recogiendo el Nobel con las gafas puestas, pues, a veces, las reencarnaciones divinas se vuelven tan humildes que pierden la vista y pierden de vista el montaje que están manteniendo.

Todo es dunia, tangible, experimentable. Ajirah nos ha sacado de la carrera y hemos perdido puestos por seguir las leyendas de los antiguos. Debemos recuperar el tiempo perdido. Pronto pasará la pandemia, los desastres naturales… Son momentos geológicos como los que ya se han vivido antes. Lo importante ahora es que nuestros hijos no pierdan el inglés que habían aprendido en la escuela, aunque en la escuela no hayan aprendido nada. Es cuestión de semanas, o de meses, y todo volverá a la normalidad de antes, a la dunia de antes. Lo que nos está pasando ahora es un paréntesis en medio de nuestras vidas, como el Imperio Romano en medio de la historia, una dislocación, un corrimiento tectónico.

Dunia se nos ha ido metiendo en el corazón sin darnos cuenta hasta llenarlo de mediocridad engañosa, pues todo en dunia es efímero, transitorio, y detenerse allí es como sentarse en un barrizal a esperar que pase la lluvia.

La duda empieza a taladrarnos el cerebro…

Sin embargo, la duda empieza a taladrarnos el cerebro –ya han pasado dos semanas, cuatro, ocho, tres meses. Nuestro dios está enfermo. No se tiene de pie. No puede ayudarnos a resolver nuestros problemas. ¿En quién, pues, hemos confiado? ¿En qué poder? ¿No debería ser el marcaje correcto dunia 2 – Ajirah 8? Quizás, pero ya no podemos volver al camino. Todas las ofertas y todas las propuestas que nos llegan de los medios sociales, de los canales de televisión… nos incitan a encontrar sucedáneos a nuestra rutina de antes. Ninguno de estos medios, empero, nos alienta a que nos detengamos y reflexionemos sobre el sentido de la vida y sobre el sentido que le habíamos dado a nuestra vida. Los sacerdotes del dios moribundo que pretendía haberse hecho cargo de nuestros asuntos, nos aconsejan leer más, beber más, ver más, matar más, robar más… Debemos generar caos para que la policía y el ejército cada vez tengan más prerrogativas, más poder, más control.

¿Por qué no? Lo importante es el inglés, las matemáticas… no perder competitividad. Tarde o temprano todo volverá a la normalidad y serán los que se hayan preparado, los que no hayan perdido el tiempo reflexionando sobre Ajirah los que estén mejor situados en la línea de salida. ¿Incluso si esa no es la carrera? ¿Incluso si esa carrera no lleva a ninguna meta?

Quizás deberíamos cuestionarnos el verdadero significado del concepto “éxito”, ya que cuando se aplica a dunia, no encontramos alentadores resultados. La gente rica, famosa, con poder… no deja de suicidarse, drogarse, angustiarse y morir por sobre dosis. No vemos paz en sus rostros, ni felicidad. Más bien los vemos atenazados por la ansiedad de querer más dinero, más fama, más poder. Dunia es como los alimentos con hormonas –no sacia. Siempre estamos con hambre, insatisfechos. Más comida, más sexo, más alcohol… las promesas de dunia no hartan, no colman. Todos los objetivos que nos habíamos fijado han resultado ser un fiasco, un espejismo, un sueño… la misma inconsistencia. Nada de todo eso ha logrado disipar el absurdo, el malestar de no saber para qué estamos vivos. Llegó a su fin la juventud y, con ella, el vigor, la fuerza, la energía; volaron los cuervecillos que con tanto amor habíamos alimentado; ya hemos pagado la hipoteca y el piso se está cayendo a pedazos –siempre nos pareció que habían utilizado los peores materiales del mercado. Ahora que nos ha llegado el tiempo de la jubilación, contagiados y asfixiados, nos dejarán morir en alguna habitación escondida de algún hospital del país. ¿Mereció la pena marcar tantos goles para dunia? Quizás. Pero quizás también sea tiempo de imaginar otro escenario en el que todo nuestro esfuerzo vaya dirigido a que sea Ajirah la que gane el partido; a que sea ganar la eternidad, la felicidad sin límite, la paz, el sosiego infinito… el verdadero significado de “éxito”. Quizás merezca la pena.

(36) ¿Cree acaso el hombre –insan–que se le dejará solo, sin exigirle ninguna responsabilidad por sus actos? (37) ¿Acaso no fue una gota de un agua fecundadora eyaculada, (38) y fue luego un coágulo suspendido que conformó según Su plan y completó, dándole su estructura simétrica, (39) e hizo que fuera varón o hembra? (40) ¿Acaso no es Ese capaz de dar la vida a los muertos?

Qur-an 75 – al Qiyamah

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