La Guerra biológica, una opción que nunca se ha descartado

¿Qué es lo que tenemos encima de la mesa? Un sancocho, un potingue cuyos ingredientes no podemos detectar, quizás porque hay demasiados y su mezcolanza confunde, incluso, a las papilas gustativas de los mejores gourmets. Tampoco parece tarea fácil determinar quiénes están al mando del problema, quiénes son los responsables de hallar la cura para un virus que debería resultarles familiar, dado los años que llevan estudiando a su familia.

La OMS se ha convertido en una mera institución que trabaja con estadísticas y toma sus decisiones en base a los datos que se van publicando del número de contagiados y muertos en los diferentes países en los que se ha instalado el virus –por ejemplo, declarar pandemia, en medio de declaraciones contradictorias que parecen propias de enfermos de coronavirus en su fase terminal:

El director general de la OMS ha informado de que el número de casos de Covid19 en las últimas dos semanas se ha multiplicado por 13 fuera de China, epicentro del brote de coronavirus, registrándose más de 118.000 casos en 114 países y 4.291 muertes. También ha asegurado que más del 90% de todos los contagios se han producido únicamente en cuatro países, y que dos de ellos (China y Corea del Sur) ya han conseguido rebajar el número de casos.

Si la casi totalidad de casos se han dado en 4 países y tan sólo un 10% en los restantes 110, no parece justificado hablar de pandemia global, máxime cuando en dos de estos 4 países que cargan con el mayor número de afectados ya han logrado un cierto control sobre el brote del Covid19.

El único mensaje que nos ha llegado hasta ahora con cierta claridad, aunque con una buena dosis de inconsciencia por parte de los que lo emiten, es que la pandemia originada por el coronavirus es algo inevitable, una catástrofe, sobre todo económica, de consecuencias todavía imprevisibles. No se puede hacer nada. Hay miles de laboratorios trabajando de día y de noche, aunque no sepamos en qué trabajan, con quién colaboran en esta “imprescindible” tarea o dónde están los resultados. ¿Qué ha hecho China y Corea del Sur para detener y reducir el número de afectados? ¿Por qué no hacen lo mismo Italia y España? Se pone a la gente en cuarentena, se prohíbe el tráfico de personas y se actualizan los datos estadísticos. Sin embargo, lo que nosotros percibimos, subliminarmente, es que el Covid19 es un arma arrojadiza con la que poder golpear a determinados países o zonas, a ciertas economías de forma global, a sectores productivos, al consumo o provocar la escasez de mercancías.

Las informaciones de los “expertos” que recibimos vía medios de comunicación no duran más de un día o dos. Lo siguiente que leemos contradice radicalmente lo anterior. Sin embargo, hace semanas que predijimos que, no ha mucho tardar, la OMS, otra de esas organizaciones internacionales siempre en complicidad con Estados Unidos y aliados, anunciaría que hemos pasado a la fase pandemia. Cuando al mando de estas organizaciones hay un ciudadano del “tercer mundo”, ello significa que carece de la más mínima autonomía. Este es el caso de la OMS, cuyo director general, Tedros Adhanom Ghebreyesus, nació en Eritrea y se educó en Inglaterra. Esto es algo que ya sabíamos, pero a raíz del brote de coronavirus ha quedado patente la total inexistencia de esta organización “mundial” –más local no puede ser.

Mas tampoco la Unión Europea ha corrido mejor suerte. Su incapacidad para formar un verdadero bloque político, económico y social se ha puesto de manifiesto, aún más si cabe, en esta crisis vírica. Hemos presenciado una falta total de coordinación y una alarmante ausencia de política comunitaria que hiciera frente a lo que ya es una pandemia. Todo parece indicar que sea el Brexit la mejor vacuna contra el coronavirus –“divide y vencerás” sigue siendo la mejor opción para la política estadounidense.

Esta miniatura biológica parece haber pensado en todo –también en Muhammad bin Salman y sus esfuerzos por secularizar a Arabia Saudita. Este año no habrá Umrah ni Hayy. Las peregrinaciones a la Meca probablemente se suspendan, probablemente se sustituyan estas celebraciones por otros eventos. Así es como se instala el chamanismo en las sociedades.

De nuevo, lo que más sorprende es ver cómo todas las medidas que se están tomando en el mundo no son médicas, sino preventivas –aislar y evitar la propagación. Pero la pregunta es: ¿Hay alguien que esté investigando para encontrar un medicamento que pueda curar a los infectados? ¿Qué hacen todos esos miles de especialistas que trabajan en miles de universidades y centros de investigación? Ya han pasado 4 meses y la nueva situación creada nos recuerda a ese matrimonio que había colocado la cuna de su hijo justo debajo de un hacha que había colgada en la pared. Ambos esposos se lamentaban y lloraban amargamente imaginando qué pasaría si ese hacha se descolgase y cayese sobre la cuna en la que estaba su hijito. Ahora el ejército español está preparado para montar hospitales de campaña. ¿Dónde? Hacen falta tomas de agua potable, conexión con las tuberías generales de aguas residuales, conexión con la red eléctrica… ¿Qué está haciendo la OMS? ¿Qué coordinación está llevando a cabo? La realidad es que estamos solos y cada uno debe buscarse la vida lo mejor que pueda.

Pero hay muchos otros datos que siguen llamando la atención. Si tenemos en cuenta el número de habitantes de un país, su nivel de visitas por turismo u otras razones, su relación comercial con China y otros factores, Estados Unidos y Reino Unido deberían tener el mayor número de afectados por coronavirus. Sin embargo, ambos, junto con Israel, son los que menos casos de infección han dado hasta ahora. Veamos las cifras:

mapa1

El caos informativo reflejado en el mapa

Estados Unidos tiene 330 millones de habitantes con 1312 afectados y 37 fallecidos. El Reino Unido, con una población de 67 millones, tiene 459 afectados y 8 muertes. Israel con 9 millones de habitantes, 109 afectados y ningún fallecido. Estas cifras contrastan inexplicablemente con el resto de países del mundo.

Italia (61 millones) –12.462 casos, 827 muertes

Francia (67 millones) –2.284 casos, 48 muertes

España (47 millones) –2.764 casos, 64 muertes

Alemania (83 millones) –1.966 casos, 2 muertes

Suiza (9 millones) –652 casos, 3 muertes

Países Bajos (17 millones) –503 casos, 4 muertes

Suecia (10 millones) –500 casos y una muerte

Bélgica (12 millones) –314 y una muerte

Noruega (5 millones) –629

Austria (9 millones) –206

Podemos observar, a través de estos datos del 10 de marzo de 2020, una sorprendente desproporción entre los diferentes países europeos. Por número de habitantes y relaciones con el exterior (especialmente con China, Hong Kong), el Primero de la lista debería ser Reino Unido, e Italia y España de los últimos. Este hecho es una indicación de que Italia fue el tercer centro del coronavirus después de China y Corea del Sur (desde donde se debería irradiar el virus a Corea del Norte). Por otra parte, si comparamos la situación de Estados Unidos con la del resto del mundo, también encontraremos una extraña anomalía, ya que USA debería ser el país con más afectados después de China y con el mayor número de fallecidos. Sin embargo, hay menos afectados que en Italia, Francia y España. No olvidemos que en Estados Unidos se concentra la mayor población de chinos fuera de China. Ello significa, que USA recibe el mayor tráfico de ciudadanos chinos viajando a un país extranjero. Y esto mismo funciona en sentido contrario –probablemente sean los norteamericanos (de origen chino, turistas, hombres de negocios y trabajadores) los que más viajen a China. A pesar de ello, Estados Unidos tiene uno de los índices de infección más bajos del mundo en términos absolutos, y el más bajo en términos relativos o comparativos.

Otro dato perturbador es el de la situación del coronavirus en Irán, con una población de 80 millones, se han contabilizado 9.000 casos y 291 muertos. Por lo tanto, podemos concluir que Irán es el cuarto centro del coronavirus. Estos centros no se activaron al mismo tiempo ni con la misma intensidad, ni tampoco la situación actual debe interpretarse como el fin de estos centros. Muchos otros podrían activarse en las próximas semanas.

Las armas biológicas están preparadas…

Las armas biológicas están preparadas y podemos apreciar cómo con un mínimo índice de mortandad (4.200 defunciones en todo el mundo hasta la fecha) pueden tener un efecto devastador a nivel económico y social.

En efecto, el impacto más inesperado de esta pandemia ha resultado ser el de las restricciones de movimientos, la prohibición de viajar, de asistir a eventos multitudinarios, a celebraciones, a lugares de diversión por antonomasia –discotecas, salas de fiesta, bares, partidos de futbol… Este repentino cambio social va a resultar mucho más perturbador que la propia pandemia –los países del llamado “primer mundo” van a vivir ahora por debajo de los niveles de vida social de los del “tercer mundo”. Van a sentir, por muy ligeramente que sea, la escasez, el aislamiento, el peligro… y la muerte. Habrá un aumento de suicidios o, al menos, de depresión. La vida de autómatas basada en el trabajo, en un trabajo que no nos concierne en la mayoría de los casos, y en la diversión, en la fiesta, en la obnubilación… parece haber colapsado. Una vida vacía, movida por impulsos que nos llegan por control remoto. Una vida a la moda, como si estuviéramos vacíos por dentro, como si no tuviéramos nada que decir, como si no tuviéramos nuestra propia estética, nuestro propio estilo. El coronavirus nos devuelve la intimidad, la reflexión… el tiempo que nos habían robado, entreteniéndonos con actividades que arruinaban nuestra salud mental y nuestro bolsillo. Quizás pronto se termine la pandemia y las aguas vuelvan a su cauce, pero habremos vislumbrado, aunque haya sido por un instante, que hay otra forma de vida, una forma de vida que ningún virus puede destruir ni alterar.

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