El relato profético y el árbol de Navidad

La Profecía es el input, el único programa narrativo, que ha recibido el ser humano. Sin embargo, para poder leerlo, para poder desarrollarlo y servirse de él, se necesita un sistema, un aparato capaz de asimilar su contenido y decodificarlo en hikmah –en sabiduría aplicada.

El aparato, el lector del input profético, es la fitrah –el molde primigenio en el que ha sido creado el hombre, su naturaleza propia:


Así pues, mantente firme en el Din como hanifa; fitrah en la que Allah ha creado a los hombres.

Qur-an 30:30

Pero cuando se cubre la fitrah substituyéndola por una naturaleza artificial –lo que hoy llamamos cultura, filosofías, modas, hipótesis fantasiosas, elucubraciones– el input profético da lugar al chamanismo. Y esa es la razón de que en los mitos y leyendas encontremos una base profética junto a elementos idólatras e incongruentes, que la deforman y, a veces, la hacen irreconocible. Por ello, siguiendo el ejemplo del sistema médico homeopático, deberemos construir una clara imagen de la Profecía a modo de plantilla, que nos permita comprender y distinguir, al superponerla sobre la historia o sobre las mitologías, la base profética de los elementos chamánicos de las mismas.

Cuando, por ejemplo, nos preguntamos por el origen del árbol de Navidad, no encontramos ninguna pista en el credo o la liturgia cristianos; antes bien, parece un elemento pagano, algo relacionado con los poderes de la naturaleza; algo, en definitiva, que hace alusión a prácticas paganas.

Sin embargo, este enigma se va dilucidando a medida que rastreamos su pista en la mitología griega, y llegamos a la diosa Cibeles –Cybele, Cybebe o Agdistis– una deidad antiquísima que llega a Grecia y más tarde a Roma, vía Oriente Medio, por supuesto, antes del siglo V A.E. Su nombre completo con el que era conocida en Roma respondía a Mater Deum Magna Idaea –La Gran Madre de los Dioses. Aquí encontramos un dato altamente significativo para ir componiendo la imagen profética. Madre significa amor, acogida, protección; y eso mismo es lo que encontramos en las llamadas diosas del amor, Venus o Afrodita, surgiendo de las aguas, como la estatua de la libertad en Nueva York, como el símbolo de la Columbia Pictures. ¿A qué corresponde todo ello en la imagen profética? Obviamente a la Ka’bah, palabra femenina, lugar que acoge a los creyentes, regazo de paz y de amor.

El caso se va aclarando cuando descubrimos que durante la invasión de Italia por Aníbal en el 204 A.E, los romanos, siguiendo una profecía sibilina, creyeron que podrían vencer al enemigo si llevaban a Roma a la Madre de los Dioses junto con su símbolo sagrado –una pequeña piedra que aseguraban había descendido del cielo. Más aún, sabemos que el senado romano, tras consultar los libros sibilinos, decidió traer a Roma la piedra negra de la diosa Cibeles e instalarla en uno de los templos en el Palatinado.

Al mismo tiempo, el relato profético se desarrolla, desde los tiempos de Ibrahim, entorno a un Valle Sagrado marcado por una construcción que podríamos denominar “Santuario”, al que se emigra, se circunvala, y en el que se permanece en estado de adoración por unos días. ¿Podría esto obviarse, pasar desapercibido? De ningún modo. Así aparece en el Antiguo Testamento:

Bienaventurados los que habitan en tu casa; perpetuamente te alabarán –Selah. Bienaventurado el hombre que tiene en ti sus fuerzas, en cuyo corazón están tus caminos. Atravesando el Valle de Baka lo cambian en fuentes. (Salmos 84:4-6)

Y es confirmado por el Qur-an:


En verdad que la primera Casa que fue erigida para la humanidad fue la de Bakkah, bendita y guía para todos los hombres.

Qur-an 3:96

En la imagen profética hay un Valle Sagrado, el de Bakkah, y en él hay una construcción, una Casa, un Santuario, que marca ese Valle para todos los hombres. Es un lugar de adoración al que se peregrina desde los cuatro puntos cardinales. Ese Valle es al-Masyid al-Haram, el lugar de postración, donde se postran los creyentes, los amantes, los hijos venidos de todos los lugares de la Tierra. Pero ese Valle no puede ser cualquier valle; está marcado por la Ka’bah, por la Casa, por el Santuario, para que todo el mundo sepa a donde dirigirse, para que no pueda haber falsas peregrinaciones. Y esta tremenda realidad ha quedado grabada a fuego en la consciencia de los hombres, en su memoria, en su narrativa; y una y otra vez es transportada en mitos y leyendas junto con elementos chamánicos que se han ido adhiriendo al relato profético.

La Madre de los dioses, la diosa del amor… todas esas representaciones mitológicas hacen referencia a una misma realidad profética –la Ka’bah.

Y al mismo tiempo, esta Casa, la Ka’bah, está también marcada, señalizada por una piedra negra bajada del cielo. En una conocida narración se relata el suceso en el que Umar ibn al-Jatab besó la piedra negra. Después comentó a la gente que estaba allí: “He besado esta piedra únicamente porque vi al Mensajero de Allah hacerlo, pero sé que no tiene poder para beneficiarme o perjudicarme.” Normalmente, los musulmanes se detienen en este punto de la narración, sin embargo, el relato sigue, pues Alí, al escucharle decir eso, le rectificó diciendo: “Te equivocas, Umar, pues yo oí decir al Mensajero de Allah que la piedra tiene una boca en la que se le ha introducido una fina película –utilizando la palabra raqiqah, que se utiliza hoy para película o film– y en ella va registrando a todos cuantos circunvalan la Ka’bah diferenciando a los que lo hacen con el tawhid en el corazón y a los que lo hacen por otros motivos…” Por lo tanto, la piedra negra tiene una importantísima función. Al mismo tiempo, este hadiz nos hace caer en la cuenta de que en este mundo podemos filmar cuerpos, objetos, pero en Ajirah se mostrarán filmaciones de sentimientos e intenciones. Esta función de la piedra negra ha sido conocida por los pueblos desde los tiempos de Ibrahim y no ha dejado de transmitirse a través de mitos y leyendas. Los cruzados la trajeron a Europa y la plasmaron en su literatura –Parzival, las leyendas artúricas, Merlín, el Grial…

Si volvemos a la diosa Cibeles, a la Ka’bah, descubriremos que era conocida con el nombre de la Montaña Madre, a la que se añade un atributo de maternidad sobre la naturaleza salvaje –todo ello símbolos que hacen referencia al pecado, a la transgresión y al arrepentimiento, y que en la versión chamánica se convertirá en un culto orgiástico. Veamos ahora a donde ha llevado esa desviación chamánica:

arbol2

Los que míticamente asistían a su culto eran los Coribantes, salvajes y demoniacas criaturas. Sus sacerdotes, los Galli, se debían castrar ellos mismos al entrar a su servicio. Esta auto mutilación estaba justificada por el mito de que su amante, el dios de la fertilidad Attis, se había castrado debajo de un pino donde se desangró hasta morir –de nuevo una simbología de la muerte de la naturaleza pecadora y de la resurrección del creyente purificado. Durante el festival anual de Cibeles (marzo 15–27, coincidente con la Semana Santa), se corta un pino y se lleva al santuario de la diosa, donde es honrado como dios y adornado con violetas que habrían surgido de la sangre de Attis. Y de esta alteración del relato profético se deriva el olvido de la realidad y la aberrante costumbre de adornar un pino. Quizás muchos cristianos abandonarían este hábito si supieran que con él conmemoran la mítica auto castración del dios Attis.

El hombre no puede escapar del ámbito de su mundo; y sólo tiene una fuente de inspiración y conocimiento; un solo input para desarrollar su estructura narrativa –la Profecía. Todo lo demás, es chamanismo.

Comentarios

One comment on “El relato profético y el árbol de Navidad”
  1. Expertos ateos del mundo moderno, psicólogos, sociólogos y educadores, opinad. ¿Qué hacer para mejorar la sociedad? ¿Dejamos que sea un espacio dedicado al culto de la egolatría y los excesos, o ponemos solución a esta debacle? ¿Dejamos que Dios siga estando ausente y seguimos poniendo en su lugar las fiestas, las comilonas, el alcohol, las drogas, el futbol, las películas de zombis, las redes sociales, etc… o nos decidimos a educar como Dios manda, a transmitir que más allá del aparataje de la manifestación física subyace la eternidad sin fin ni principio, y que hay reglas (el Islam) para descubrirla? Opinen, expertos, sabemos que estáis ahí.

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