La última propuesta contra la obesidad de los “sabios” norteamericanos es avergonzar a los gordos.

No cabe duda de que la gran mayoría de los occidentales se sienten orgullosos, aunque intenten disimularlo, de que cada año se destruyan miles de toneladas de comida o se pudran en almacenes por falta de consumidores, así como de que sea la obesidad, el exceso de comida, una de las principales causas de mortandad en sus sociedades. Para ellos es la prueba de que Occidente es el verdadero “primer mundo”, de que en Occidente se vive en medio de tal opulencia que incluso sobra la comida, la ropa… quizás también las joyas. Y todo ello tiene una explicación, ya que los excedentes de comida se deben a sus inteligentes sistemas de producción.

Sin embargo, esos inteligentes sistemas de producción se han desarrollado para satisfacer la gula, la insaciabilidad, de unas sociedades enfermas, deprimidas, angustiadas y estresadas, cuyos individuos necesitan estar comiendo todo el día como un medio de combatir la ansiedad. La comida, especialmente en Estados Unidos y en UK, se ha convertido en una medicina, en parte esencial de una terapia que intenta llenar los espacios vacíos del día. Todos llevan un montón de chucherías en los bolsillos o en la cartera; se paran, al menos, 4 ó 5 veces al día en algún snack bar para tomar una hamburguesa o algún otro tipo de fast food. Nadie cocina en casa, nadie se sienta a comer con el resto de la familia –no hay familia.

El resultado final, la obesidad. En un informe recientemente publicado por NYT se afirma que la obesidad es la causa principal de muertes en Estados Unidos. Al mismo tiempo, se relaciona este hecho con el consumo diario de esa comida basura que eufemísticamente se denomina “comida preparada”, “comida rápida” o cualquier otra expresión que nos la haga más digerible.

¿Por qué entonces insistimos en consumir ese tipo de comida que nos está, literalmente, matando? Porque representa la forma de vida que necesita el capitalismo para funcionar al cien por cien –si no hay que preparar comidas ni comprar, es más fácil para la mujer incorporarse al mundo laboral; al mismo tiempo, se debilita la familia y ya se puede hacer un cambio radical de valores en el que el ganador sea siempre el dinero.

Nos viene ahora a la memoria la película de Sydney Pollack They Shoot Horses, Don’t They? de 1969. Retrata los años de la “gran depresión”, en los que millones de personas se han quedado sin trabajo, sin casa… sin esperanzas. En esta situación, un desalmado oportunista celebra un concursos-maratón de baile en el que las parejas tienen que bailar de día de noche con pequeños descansos. La pareja que logre mantenerse en pie cuando todas las demás hayan sucumbido a la fatiga y al sueño, recibirá la fabulosa suma de 1.500 dólares. Al final, queda la pareja ganadora. No se lo pueden creer. Van a recibir 1.500 dólares, una cantidad de dinero suficiente como para empezar una nueva vida. Mas cuando van a la oficina del organizador para cobrar el galardón, la respuesta que reciben es devastadora: “¿Qué dinero, chicos? ¿En serio pensabais que había un premio?” Para ambos es el final, esta era su última oportunidad. La chica le pide a su pareja que le dé un tiro en la cabeza: “Eso es lo que hacen con los caballos heridos, ¿no?”

También la forma americana de vida, la que, poco a poco, estamos asumiendo todos, es un engaño –el único premio que recibiremos al final del “baile” será la obesidad y la muerte.

Sin embargo, la obesidad, la gula que la produce, es algo más que el producto de una dieta errónea o de malos hábitos culinarios –es un pecado, uno de los siete pecados capitales que enuncia la iglesia católica. También el Islam la condena radicalmente:


المُؤمِنُ يَأكُلُ في مَعْيٍّ وَاحِدٍ والكَافِرُ يأكُلُ في سَبْعَةِ أَمْعَاءٍ

El creyente come para llenar un estómago (intestinos), mientras que el kafir (el encubridor de la Verdad) come para llenar siete estómagos (intestinos).

Un hadiz (dicho) del Profeta Muhammad (s.a.s) recogido en una colección de ahadiz mutawatir (dichos auténticos del Profeta) por el Imam Suyuti, titulada الفوائد المتكاثرة (Innumerables beneficios)


El Mensajero de Allah no emite aquí un juicio legal –obviamente, nadie va a la cárcel por ser gordo– sino de mil-lah (forma de vida adecuada a la creencia). La obesidad es la consecuencia de un estilo de vida contrario al estilo de vida profético. La angustia, la depresión o el estrés son los estados anímicos que nos obligan a comer continuamente, y a comer basura. La vaciedad en la que vivimos, la irracionalidad de no saber para qué existimos, la inseguridad y el miedo nos incitan a comer. La obesidad es, pues, una anomalía, la forma en la que se expresa el absurdo que se intenta ocultar con barritas de chocolate, con galletas, con crisps, con caramelos… cualquier cosa que nos entretenga y nos haga olvidar que, en realidad, no tenemos nada que hacer en este mundo.

No podemos entender el juego existencial. Es demasiado complejo para nosotros. Es lo mismo que les sucede a los astrofísicos y a los biólogos. Intentan explicarnos el origen del universo y el origen de la vida, pero no hacen, sino hundirse en contradicciones. Cada día nos presentan nuevas teorías que apenas se sostienen una hora. Es mejor comer, mascar, saborear todos esos aromas que fabrican nuestros verdaderos dioses –Kellogg’s, Choco Crispis, Pops…

La obesidad es un síntoma de que algo va mal en nosotros, algo que nos produce ansiedad, que acelera nuestro ritmo cardiaco. Comemos para mitigar la angustia que nos consume. Es una droga relativamente barata y efectiva.

Nuestros hijos también son víctimas. No quieren sentarse a la mesa, no quieren comer platos naturales y bien elaborados, no quieren escuchar, no quieren saber cómo era el mundo antes de que la tecnología lo redujera drásticamente a un espacio minúsculo lleno de cables, de adaptadores, de móviles y ordenadores. Es ahí donde vivimos, es ahí donde viven nuestros hijos, donde se alteran psicológicamente. ¿Qué pueden hacer durante el tiempo que va de la desconexión a la vuelta a la conexión? Comer, masticar, drogarse con chucherías, con snacks, con basura.

Las madres ya no saben hacer dulces caseros, nutritivos, sanos, sin sucedáneos. No tienen tiempo ni ganas. Es mejor darles algo de dinero para que se compren sus chuches preferidos, su basura preferida, su droga, su muerte.

Los niños ya son obesos en las sociedades occidentales. Necesitan gafas, ir al dentista, al pediatra… y luego a la farmacia. Allí hay de todo para combatir los efectos de la comida basura, del estrés, de la ansiedad… Allí están los opiáceos, los fármacos que aceleran la asimilación de grasas, que bajan el índice de azúcar, la tensión… fármacos que matan, que envenenan la sangre y alteran el carácter.

La obesidad denuncia la falacia de las “envidiables” sociedades occidentales. Es una denuncia que no se puede cubrir, tapar, ocultar. Está ahí, en la calle, en los colegios, en las universidades, en las oficinas, en los ministerios… Actúa como un dedo índice que nos acusa y nos muestra a nuestros hijos, obesos, gordos, sin salud, sin un sistema óseo que les permita mantenerse erguidos, con la dignidad que le es propia al hombre. Todos van con una mochila de grasa a las espaldas. Todos van cargados, todos buscan enseguida una silla en la que sentarse. Veamos la verdadera causa de este desastre:

(1) ¿Acaso no te hemos expandido el pecho? (2) ¿Y te hemos librado de la carga (3) que tanto pesaba sobre tu espalda, (4) y hemos puesto en alto tu recuerdo? (5) En verdad que junto a la dificultad está la facilitad. (6) Sí, junto a la dificultad está la facilidad. (7) Así pues, cuando hayas cumplido con las obligaciones propias de esta vida, dedícate exclusivamente a lo que es de Ajirah, (8) y a tu Señor anhela.

Qur-an 94 – al Sharh

 

Según vamos creciendo, adquiriendo consciencia del extraño e inquietante hecho de existir, va aumentando la “carga”, el peso del absurdo de vivir sin un objetivo claro y satisfactorio, sin comprender, sin guía. Ello hace que caminemos combados, con la ansiedad que genera el distanciamiento entre nosotros y el mundo que nos rodea. Todo nos resulta ajeno y no logramos pertenecer a ningún acontecimiento estelar, biológico, social o político. Es una carga cada vez más pesada que intentamos substituir por la carga de la obesidad, de comer sin tener hambre, sin tener necesidad, como una droga que nos hace olvidar, por un momento, el peso que nos aplasta.

Esta es la alternativa que nos ofrecen las sociedades occidentales –la carga del absurdo o la carga de la obesidad. Ambas matan.

Sin embargo, la alternativa del Islam es retirar la carga, liberarnos de la carga que tanto pesa sobre nuestras espaldas. Es abrir nuestro pecho a un nuevo aire, un aire puro, fresco, saludable. Así nos sentimos cuando nos deshacemos del peso que nos deformaba, cuando comprendemos, cuando nos sabemos parte de un proyecto gigantesco, mucho más inmenso y gozoso que las fantasías espaciales que nos proponen los que en su día nos colocaron sobre las espaldas la “carga” del absurdo, de la ignorancia, la carga de la obesidad, de la muerte.

La obesidad es una vergüenza porque no forma parte de nosotros, de nuestra hermosa constitución física, armoniosa, seductora. Es algo añadido, una anomalía, una alteración que nos afea, que nos convierte en un tipo de monstruos.

gordo2.png

Los “expertos” occidentales trataron, primero, de combatir la obesidad presentándonosla como algo “bello” e incluso deseable. Hollywood se puso manos a la obra y en casi todas las películas aparecían gordos y gordas como la última propuesta estética del “primer mundo”. Durante un tiempo, resultó la estrategia y veíamos por la calle mujeres que exhibían orgullosas su gordura, su anomalía. No duró mucho. Aquella impresentable solución no logró acallar la voz interior de la fitrah, de nuestra naturaleza primigenia, y pronto se llenaron los gimnasios de gordos que deseaban alejarse de sus homólogos hollywoodenses. Tampoco los gimnasios han funcionado. No han conseguido desconectar a la gente de sus snacks, de sus chuches, de su comida basura.

La nueva propuesta de Bill Maher, otro “experto” en comportamiento social: avergonzar a los gordos.

gordo3.png

Ahora, la nueva propuesta de Bill Maher, otro “experto” en comportamiento social, se dirige en sentido contrario a la que acabamos de enunciar. Maher propone avergonzar a los gordos, hacerles sentir su fealdad, marginarles, señalarles como algo aborrecible. Maher piensa que esta actitud social, si se generaliza, podría obligar a muchos obesos a cambiar drásticamente su dieta. La objeción es clara. Ya hemos visto que el problema aquí no es la dieta, ya que la dieta es un síntoma más de un estilo de vida determinado. Se puede lograr que la gente cambie su dieta, pero el síntoma de la obesidad, la ansiedad que la provoca, despuntará por otro lugar de nuestro organismo y de nuestra psiquis –la violencia gratuita, las violaciones, las fiestas sado, los swinging, el alcoholismo, la pedofilia, los deportes extremos… todo ello son síntomas de un cambio de dieta.

Sólo Quien nos ha creado puede librarnos de la “carga”, abrir nuestro pecho, alejarnos de la ignorancia y eliminar la ansiedad que nos consume.

Islam es el antídoto contra la obesidad, la depresión, la angustia… el absurdo. Una sola dosis basta. ¡Qué buen negocio!

Comentarios

2 comments on “La última propuesta contra la obesidad de los “sabios” norteamericanos es avergonzar a los gordos.”
  1. La zozobra espiritual y humana de occidente avanza irrefrenable hacia la autodestrucción final. Y los “expertos” psicólogos no podrán hacer nada.

    Le gusta a 1 persona

    1. Así es, ya que esos “expertos” son todos ateos y unos contumaces hedonistas, por lo que lo único que tienen para ofrecer a sus inconscientes pacientes es aconsejarles que den largos paseos, o que prueben con el “kudalini yoga”, o con la risoterapia. Que viajen, que se diviertan, que descubran nuevas dimensiones de los deleites mundanos ocultos, que se empoderen, que prueben con identificarse con otro género sexual, etc.¡ Menuda debacle!

      Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s