La película Matrix pone de manifiesto el nivel intelectual y espiritual de la sociedad estadounidense

En el artículo de Armond White, que apareció hace unos días en National Review bajo el título: ¿Es Matrix la Guerra de las Galaxias de los conservadores? Al que añadía la frase introductoria: Aunque simplista y superficial, nos brinda un símbolo de pensamiento independiente, encontramos varias incongruencias.

La primera, que Armond White is black. Algo que debería haber solucionado hace tiempo, pues no es cierto que los nombres y apellidos sean aleatorios y no tengan nada que ver con nosotros.

El término white hace referencia a un color y, al mismo tiempo, al concepto de supremacía, de superioridad, de tener derechos sobre los demás, de ser el blanco el color designado por Dios para distinguir a Su pueblo elegido del resto de los mortales –negros, rojos y amarillos.

El término white está revestido hoy de tal cantidad de connotaciones revulsivas, que sin un contexto claro que justifique su uso provoca graves interferencias entre quienes lo utilizan y quienes lo escuchan. No podemos, valiéndonos de un ocurrente chiste cínico, evaporizar 500 años de ignominia white.

Llevar hoy ese apellido exige matizaciones; pero si, además, el que lo lleva es negro, entonces el asunto se vuelve más urgente –a no ser que Armond sea realmente white. Como vemos en la foto, su piel no es blanca, pero lo era la del negrero que libertó a su abuelo o tatarabuelo –a los esclavos libertos, sin nombre ni apellido, les ponían el de sus dueños cuando estos no tenían más remedio que concederles la libertad. Sin embargo, todos ellos, todos esos cientos de miles de negros africanos que llegaban a los incipientes Estados Unidos bajo la condición de esclavos, tenían nombre propio y apellido –más del 90 por ciento de ellos eran musulmanes. El nombre real de Armond White podría haber sido Ahmad bin Salman o algo parecido. Pero quizás Armond prefiera llevar el nombre del negrero de sus ancestros. Ya se sabe que el verdadero color de un hombre es el del corazón.

La segunda incongruencia es tan chocante como la primera: ¿Cómo se puede calificar de simplista y superficial a una película que se define como un “símbolo de pensamiento independiente”? ¿Acaso puede haber algo más complejo y profundo que generar un pensamiento independiente? Más aún, ¿podemos tildar de simplista y superficial al tremendo esfuerzo de producir un pensamiento capaz de enfrentarse a las corrientes dominantes de los agentes más destacados de la sociedad? En la misma frase se denigra y se ensalza el mismo objeto. Veámoslo en otro texto del artículo: El hecho de que esta película haya recaudado más de 170 millones de dólares podría ser un dato relevante a la hora de clasificarla. Sin embargo, Matrix va más allá de estos datos estadísticos –es la película que ha dado a nuestra cultura “la píldora roja”.

De nuevo se coloca a Matrix por encima incluso de las estadísticas taquilleras que tan relevantes son en la sociedad norteamericana. Decididamente, Armond White debería cambiarse el apellido, y quizás, así, mejoraría su perspectiva analítica de la realidad.

Es indudable que Matrix, para la sociedad estadounidense y las sociedades occidentales en general, es una película imposible de comprender, de situarla en algún ámbito reconocible. Incluso para los hermanos, o hermanas, Wachowski, que la han dirigido, producido y, supuestamente, han escrito el guión, el mensaje final va mucho más allá de su proyecto ideológico. Han utilizado estereotipos y símbolos proféticos recogidos, quizás, de su educación judía sin percibir que lo que realmente estaban haciendo era establecer una plantilla que pudiéramos superponer sobre cualquier acontecimiento, circunstancia, doctrina o sociedad, y comprobar de esta manera si la estructura de sus edificios estaba basada en principios proféticos o chamánicos.

En las tres películas Matrix, que forman, en realidad, una sola unidad, se nos presenta el proceso iniciático de los Profetas y, por ende, de los creyentes. La primera escena es ya una de las singularidades a partir de la cual se expandirán buena parte de las escenas siguientes:

Hay un problema. Una joven, una terrorista, está mandando mensajes desde la habitación de un hotel. Según todos los indicios, se trata de una activista extremadamente peligrosa. Al escenario han llegado policías y agentes secretos. Tenemos, pues, tres elementos –terrorista, policías y agentes secretos, que representan a los creyentes, a los negligentes y a los soldados de Iblis, respectivamente. Comienza la acción. Un grupo de policías derriba la puerta de la habitación en la que se encuentra la joven e intentan detenerla. En vano. En menos de 15 segundos yacen muertos todos esos estúpidos policías que pensaban que con su exigua preparación, propia de los que tienen cerrado el canal de la consciencia, podrían hacer frente a un creyente, concentrado todo él en el recuerdo de Su Señor. La terrorista escapa y son ahora los agentes secretos, con unos cuantos policías más, los encargados de perseguirla y darle muerte. En la persecución, los policías van sucumbiendo uno a uno. Están preparados para perseguir a rateros o violadores, pero no pueden aproximarse a un creyente sin saltar por los aires. Unos se caen mientras corren, otros se golpean contra los muros y, finalmente, los pocos que quedan se detienen ante los 20 metros que les separa de la azotea del edificio de enfrente. La terrorista salta y llega al otro lado, y lo mismo hacen los agentes. Mas no así los policías quienes, estupefactos antes aquellos saltos, exclaman: “¡Imposible!” La persecución continúa, y en la escena no han quedado más actores que la joven y los agentes. Esta logra escapar y volver a la nave.

La segunda singularidad es la que describe el proceso de conversión. Desde la perspectiva de hombres comunes –Ibrahim, Musa… Muhammad– a la de Profetas. Desde la negligencia, a la plena activación de la consciencia. Aquí entra en escena Neo, un programador que trabaja para una de las compañías de software más importantes del país. Él simboliza a los Profetas y a los creyentes. Simboliza el proceso de transformación, de adquisición del programa “Profecía” y del programa “iman” (fe).

El motor que inicia el proceso es la “extrañeza”. Neo ve el mundo que le rodea como algo ajeno, incomprensible, algo por lo que no siente el menor interés. Sin embargo, es su mundo, es el mundo en el que ha nacido, en el que ha crecido… a pesar de ello, ve el escenario al que es arrojado cada día como una representación distante, ajena a su propia realidad ontológica. Algo en su interior sabe que él no pertenece a esa fantasmagoría que intenta aprisionarle. Siente un terrible malestar. Le gustaría formar parte de esa sociedad, le gustaría sentirse orgulloso de su profesión, de trabajar en una importante empresa en la que le espera un brillante futuro. Cada día, empero, se siente más extraño, más desconectado de ese mundo suyo, que ahora le parece tan irreal. Este es el motor que nos propulsa a la búsqueda –la extrañeza, el no pertenecer a, el no formar parte de. Quienes se sienten cómodos en esta existencia sin nada que perturbe su rutina, nunca buscarán una salida.

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El siguiente paso, la siguiente fase, es el encuentro. Neo necesita a “otros” para no volverse loco. Está convencido de que no puede ser él el único que sienta esa enajenación, esa desconexión, que le tritura el cerebro. No cesa de buscar en la red. Ha encontrado a un grupo de terroristas que los agentes califican como “los más peligrosos”. Sin embargo, Neo se da cuenta de que ellos han estado en el mismo estado en el que se encuentra él ahora. Por fin, suena el teléfono. Neo se encuentra con Morpheus. Ahora necesita tomar la primera decisión que le saque del sopor de la negligencia y de la ignorancia: ¿Desea seguir adelante hasta encontrar la Verdad, o se trata de un juego, nada serio, una aventura que le saque del aburrimiento que conlleva la rutina diaria? Debe elegir. La pastilla azul le devolverá a la “realidad” de Matrix, al sopor, a la despreocupación, al olvido. La pastilla roja, en cambio, le sacará de Matrix y le arrojará a la realidad, a la verdad… sin que ello signifique sonidos de trompetas y alfombras rojas a sus pies, sino antes bien, lucha, esfuerzo constante, resistencia a las tentaciones de volver a su mundo ficticio de Matrix.

Mucha gente pretende que busca la verdad, pero cuando se encuentra con ella la rehúye y se justifica diciendo: “No, esta no es la Verdad. Tendré que seguir buscando.” Y de esta forma toman la pastilla azul. Son coleccionistas, husmeadores, ladronzuelos que prefieren robar el cristal de la joyería antes que llevarse las joyas.

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Neo, sin titubear un solo instante, toma la pastilla roja y da comienzo, así, al gran viaje hacia la Verdad, hacia el conocimiento y la liberación. Sin embargo, ninguna de las dos opciones es definitiva. Tomar la pastilla azul, volver a Matrix, podría despertar de nuevo en él la necesidad de conocer, de entender su estado, y trataría, como antes, de encontrarse con Morpheus con algún Morpheus. De la misma forma, haber tomado la pastilla roja no le garantiza que su secreto deseo de vivir en Matrix no le haga traicionar a sus compañeros y regresar a la ficción, como es el caso de Cypher. Esta sutil y decisiva fase actúa como un purificador de nuestros elementos venenosos. Neo ha sido rescatado de Matrix y no cesa de pasar de un entrenamiento a otro, de una prueba a otra. Se encuentra en el punto crítico –recuerda su pasado, su vida en Matrix donde todo era reconocible, fácil, seguro… frente a su vida en la realidad, donde todo es confuso, desconocido, indescifrable, extraño. Ello le hace pensar que se ha equivocado o que le han engañado. Quiere volver, pero se da cuenta de que conoce el final del camino en Matrix –la nada, la desconexión total, la aniquilación. Tiene, pues, que seguir.

Recordemos los primeros años de la profecía de Muhammad. Recordemos su angustia, su desesperación. Aquellas revelaciones ¿provenían de Allah el Altísimo o eran susurros de Iblis? El Profeta, como el creyente, debe mostrar determinación antes de que el Altísimo le vaya abriendo las puertas de la percepción y del conocimiento.

Neo tiene un pie en la realidad, pero sigue teniendo el otro en Matrix –duda, teme, se apresura… Son los remanentes de haber vivido tantos años en la falsedad, en la ficción. Cuando lucha contra los agentes, lucha como luchaba cuando era Mr. Anderson. El Profeta Muhammad, en un momento determinado, pide a los compañeros que hacían las veces de guardaespaldas, que no le sigan más: “Allah me basta como Guardián.” Los Profetas se van afianzando en su nueva condición; van entendiendo cómo funciona la existencia y Quién la controla. De la misma forma, Neo se dispone a huir del agente Smith, pero da media vuelta y se enfrenta a él.

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Al final de la primera película, Neo muere o, mejor dicho, muere Anderson, muere el Muhammad que duda, que teme, que siente confusión, muere el hombre ignorante, el hombre de Matrix, de la ficción. Anderson muere y renace en Neo, renace Muhammad Profeta, sin miedo, sin dudas, sin confusión. Ya nunca más sentirá la tentación de volver a Matrix. Su estado es ya irreversible.

Si bien en la película la realidad y Matrix son dos mundos físicamente separados, fuera de la película se disipa esa separación. Todos vivimos en el mismo espacio físico. No hay ningún territorio en ningún lugar del universo al que podamos ir para escapar de Matrix. La separación entre ambos mundos, el ficticio y el real, está marcada por el nivel de consciencia, por los tres niveles de consciencia.

El primero es el de la negligencia, el del sopor, el de la despreocupación. Es el nivel de los que viven en Matrix y niegan cualquier otra realidad. Se sienten parte del sistema. Se sienten cómodos. Tienen a su disposición las drogas suficientes como para hacer frente a cualquier eventualidad. Votan cada cuatro años, hacen deporte y tienen muchos amigos.

El segundo nivel es el de los que han tomado consciencia de que existen dos mundos, el ficticio y el real, pero su falta de determinación les obliga a permanecer en lo falso. Se vuelven cínicos, adictos u optan por el suicidio.

El tercer nivel es el de los que han logrado salir de Matrix gracias a su hercúlea determinación y se congratulan por estar con los creyentes en un territorio seguro, en un espacio a veces minúsculo, sin lujos, sin extras. A veces sin luz, a veces sin agua, pero siempre caminando con la imagen de la profecía delante de ellos.

Una vez que limpiemos de elementos chamánicos algunas de las películas que los judíos de Hollywood han producido en los dos últimos decenios, nos encontraremos con una clara imagen del input profético. Será para nosotros como un recuerdo, una forma más de recordar al Altísimo y Ajirah, el Jardín en el que gozarán para siempre los que se hayan esforzado por conseguirlo.

(15) Ten por seguro que la Hora ha de venir, si bien he mantenido oculta su llegada, para retribuir a cada nafs por lo que se haya esforzado.

Qur-an 20 – Ta Ha

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