Islam, la inevitable opción.

Este artículo va dirigido a ti, mi estimado viajero, o quizás seas un vagabundo, un trotamundos, o un pordiosero que rebusca en los contenedores de basura para rescatar los objetos de valor que por ignorancia se hayan tirado allí. En realidad, poco importa lo que seas para el mundo. Lo cierto es que si estás leyendo estas líneas es porque estás sufriendo el absurdo y la extrañeza que te causa el simple y, a la vez, estremecedor hecho de existir.

Seguramente tu corazón esté harto de religiones y de “propuestas espirituales”, de teorías sicológicas y parasicológicas; harto de magia y chamanismo; aburrido con las historias de extraterrestres y de wormholes. Por ello, lo primero que te diré es que Islam no es una religión, sino una escuela para alumnos muy especiales, alumnos que han perdido la memoria y quieren recordar, quieren recobrar su identidad, su verdadera identidad.

La primera lección que se estudia en esta escuela es la de la postura.

Nuestra errónea forma de sentarnos, de mantenernos erguidos o acostados, es causa de graves trastornos físicos y psicológicos. Mira la postura de tus hijos cuando comen, cuando estudian, cuando andan, cuando cambian de posición… ¡Lamentable! Parecen babosas, entidades sin estructura ósea, seres invertebrados.

Cómo podrían, en esas posturas, sentir emoción, la emoción de haber descubierto una verdad, de haber resuelto un problema, quizás epistemológico. Cómo podrían sentir el rasgueo intuitivo que les trasporte a un nuevo horizonte de conocimiento. ¡Imposible! Su qarin, su bufón interior, les hace reír histéricamente, revolverse con nerviosa agitación…. ¡Están poseídos!

La mejor forma de luchar contra esa posesión es la de recuperar las posturas correctas, las que les permitan concentrarse en los asuntos que en cada momento ocupen su tiempo y su atención.

Deberían ser capaces de subir una escalera de varios peldaños con una bandeja en la mano derecha llena de vasos con agua hasta el borde sin derramar una sola gota. ¿Pueden hacer eso tus hijos? ¿Acaso ha habido alguien que les haya enseñado a sentir en cada movimiento la dignidad de ser insan, de ser hombres, seres humanos, entidades provistas de consciencia y de lenguaje conceptual? Antes bien, parecen personajes de comic.

Cada actividad exige una postura –sentarse a escuchar, sentarse a hablar, sentarse a comer, sentarse a estudiar, andar, andar llevando algo en las manos, correr, saltar… En todos nuestros movimientos debemos demostrar a Iblis que el proyecto insan merecía la pena. Si te despreocupas de las posturas de tus hijos, no esperes obtener de ellos resultados relevantes. Estos muchachos gelatinosos no pueden mostrar coraje ante la vida, no pueden resistir los embates del destino. Hacen falta buenos abdominales para no balancearse como un muñeco.

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La segunda lección que aprenderás en la escuela del Islam será la de la caligrafía. Tus hijos ya saben sentarse, ya han adquirido las buenas posturas. Ahora es tiempo de apoyar la energía que generan las posiciones correctas con la concentración que exige la caligrafía. Sin embargo, las nuevas pedagogías detestan que los alumnos pierdan el tiempo aprendiendo a escribir con una letra elegante y clara cuando hay ordenadores que lo hacen por ellos y les brindan una variedad cuasi infinita de fuentes. ¿Es posible tanta ignorancia? La caligrafía es un rectificador de los malos hábitos y un activador de los aspectos positivos que yacen somnolientos en el subconsciente. A través de la caligrafía, tus hijos expresarán su riqueza interior e irán afianzando su personalidad, su singularidad. La caligrafía nos enseña a concentrarnos y nos hace amar el recogimiento, refina nuestros movimientos y nuestro carácter. Mas ¿pueden acaso tus hijos practicar la caligrafía? Seamos realistas –no pueden concentrarse más de 10 segundos en ninguna actividad. Están poseídos. La caligrafía es un buen método para librarles de esa posesión.

La tercera lección que aprenderás en la escuela del Islam será la de la comunicación. No enseñes inglés a tus hijos, pues se perderán en el espacio infinito de la falsa información. La verdadera comunicación no es saber qué hacen sus interlocutores los fines de semana, o cuál es su color preferido. Tus hijos deben aprender primero a observar, a observar los universos que les rodean –los insectos, los peces, las plantas, las flores, la Luna, el Sol, las estrellas. Mas no les hables de la cosmogonía NASA, no les digas lo que tienen que ver ni lo que tienen que comprender. Muéstrale simplemente las cosas y permíteles que sean ellos quienes deduzcan, analicen, reflexionen y, sobre todo, quienes se admiren y maravillen ante la creación del Altísimo.

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El primer lenguaje es, pues, mudo. Tu dedo índice muestra y la percepción de tus hijos te responde con sonrisas y gestos. Ahora hay unidad, interconexión, interacción… Tus hijos ya son parte de un todo que empiezan a comprender y a amar.

El segundo lenguaje afecta directamente a sus capacidades cognoscitivas. Por ello, empieza enseñándoles el árabe; haz que sea esta lengua la que actúe como un fórceps que abra su entendimiento, su intelecto, su lógica, y desate el nudo de la lengua. Reproducir los sonidos de este bendito idioma les permitirá reproducir los sonidos de cualquier otro. Pronunciar bien el árabe genera vibraciones que masajean los órganos y vigorizan los cuerpos. Es la lengua original, la primigenia, la que deriva directamente del lenguaje celular. Haz que tus hijos crezcan “en árabe”, y luego enséñales su lengua materna. No malogres tan importante factor de comunicación con lenguas europeas.

Ahora es tiempo para ti de aprender la cuarta lección, quizás la más dura. El Islam te lleva a la inevitabilidad de ser tú mismo, a la orfandad y a la emigración. Ya sabes sentarte y sabes andar, sabes escribir y sabes mantenerte erguido. ¿Mas de qué te servirá ser alto o ser bajo, ser hábil o ser necio? ¿De qué te servirá toda esa información que has acumulado, las lenguas que hablas, la fuerza que has adquirido? ¿Qué piensas hacer con tu buen salario? ¿Hacia dónde dirigirás el futuro de tus hijos? ¿Acaso ves algún horizonte? Tienes una ingente cantidad de material encima de la mesa, mas ¿qué piensas hacer con todo eso? Si lo metes en el molde de tu sociedad, de tu religión, de tu ideología… te saldrá un monstruo que tú mismo detestarás. Debes alejarte de ese mundo que no te ha dado más razón de ser que la de nacer y morir. Ahora sabes y tienes herramientas suficientes para construir tu destino. ¡Aléjate! ¡Emigra! ¡Despójate! Lleva a tus hijos hacia ese nuevo horizonte, a buen paso, sin mirar atrás, sin odio, sin reproches, sin resentimiento. Se coherente. No les atormentes. Les muestras el Jardín y luego les dices que aprendan inglés, que sean un obediente ladrillo en el muro del encubrimiento, que se casen y tengan hijos para seguir levantando más alto ese mismo muro. No es una lección fácil de asimilar, pero no desgarres a tus hijos en el potro de la incongruencia.

Quizás sea tiempo de que aprendas la quinta lección en la escuela del Islam. Se llama: “No temas, todo está escrito.” La muerte nos libera del temor, pues una vez que llega ya nada te puede causar daño, dolor, sufrimiento, angustia, desesperación. ¿A qué temes? Cada uno de tus movimientos ha sido diseñado y predestinado antes de que se manifiestase. ¿Acaso pensabas que eras libre? Eres libre. Controla tu hígado, tus riñones, tus neuronas. ¿No puedes? ¿Quién entonces las controla y las hace funcionar? No me irás a decir a estas alturas que la sabia naturaleza. ¿Qué piensas decirles a tus hijos? Si no has aprendido bien la cuarta lección, supongo que les hablarás de un dios bueno, lejano, pura energía, con claras inclinaciones por el humanismo y la homosexualidad… Te sentirás abatido y volverá la angustia a llenar tu estómago.

Pasa a la sexta lección. Necesitas un objetivo. No. No. Olvídate de eso, no son, sino medios, herramientas, utensilios, armas… No, no, te equivocas porque sigues comiendo del mismo plato que tus padres, que tus abuelos, que tu presidente, que tu párroco… Deja ya esa dieta malsana. La vida es una carrera, pero la mayoría de tus conciudadanos se mete en la equivocada, en la que no lleva a ningún sitio –son las carreras de los perdedores. Aprende esta lección. El objetivo de la carrera existencial es obtener un buen retiro en la Otra Vida, en la que hay después de la muerte y después del Resurgimiento. Un Jardín con estancias elevadas y ríos que fluyen a tus pies… y otros portentos imposibles de describir.

¿Dudas? Y, sin embargo, ves con tus propios ojos como todo a tu alrededor se derrumba, degenera, se degrada. Ya le han puesto fecha a la Tierra, al Sistema Solar, al Universo… Es cierto que no saben lo que dicen, pero en este caso se acercan bastante a la realidad. La carrera continua y aún te quedan más lecciones por aprender. No sigas corriendo para nada. Esa en la que estás termina en el fuego.

(98) ¡A cuántos pueblos no habremos destruido antes de ellos! ¿Queda algún vestigio de su paso por la Tierra? ¿Oyes sus voces?

Qur-an 19 – Mariam

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