ISLAM Y CHAMANISMO

En este breve artículo pretendo dibujar de forma somera las relaciones entre el Islam y el Chamanismo, intentando dejar claro las líneas principales, o los conceptos principales, que van a configurar el Chamanismo como fenómeno para después poderlo cotejarlo con el Islam y como se han imbricado mutuamente en la historia.

Creo que se podría decir que el Chamanismo es tan viejo como la aparición del hombre sobre la tierra, discurriendo ambas historias, hombre y Chamanismo, de forma paralela hasta nuestros días donde este último tomará formas diferentes acorde a los tiempos y a los contextos socio-culturales donde se desarrolla, aunque siempre compartiendo un núcleo común con todas las manifestaciones temporales e históricas en las que se ha ido injertando a lo largo de los siglos.

Para entender esta relación tenemos que contextualizar su aparición y posterior desarrollo como decíamos más arriba. El Chamanismo aparece, a mi modo de ver, con la propia aparición del hombre como criatura consciente y reflexiva en la Tierra, como Insan, término coránico que hace referencia al hombre dotado de reflexión y consciencia (Hombre racional, Ahmad Dawud, véase su obra Al Markaz; Insan, véase la obra del profesor Abu Bakr Gallego) que le va a permitir una relación con su Creador, a diferencia del Bashar, (Hombre animal, Ahmad Dawud Al Markaz; Bashar, véase Abu Bakr Gallego)también término coránico que hace referencia al antepasado próximo del Insan, pero que a diferencia de este último, no estará dotado de la capacidad para establecer una relación con su Creador; desarrollar estos conceptos nos alejarían del tema del artículo presente y para todo aquel que quiera profundizar más en ellos, le remito a los estudios que se pueden encontrar en el blog Sondas.blog

Volviendo al tema que nos concierne, cuando el Insan, el hombre dotado de consciencia, racionalidad, aparece sobre el Jardín (situado al sur de la península arábiga, Abu Bakr Gallego, Sondas.blog; Ahmad Dawud, Al Markaz) del que nos habla el Corán, será puesto a prueba por el susurro del Shaytan, con el resultado que ya todos conocemos y sobre el que no nos vamos a detener ahora, teniendo como consecuencia la salida, el abandono, de ese Jardín idílico donde residía junto con otros Insan, a partir de ese momento se va a desarrollar toda la trama existencial del ser humano, Insan, sobre la faz de la tierra, para la cual Allah le va a proveer con la “guía” profética, que le servirá como brújula en su devenir temporal. La guía profética no ha dejado de acompañar al Insan desde ese momento teniendo su punto final con la aparición del último de los profetas Muhammad (s.a.s.); paralelamente a la guía profética, que le conducirá, orientará, en su vida terrenal, se va desarrollar de forma paralela, como hemos dicho más arriba, otra vía, que será como el negativo del positivo de un film de una película, la vía chamánica, está vía se solapará, se ensamblará en numerosas ocasiones sobre el mensaje profético, de la misma forma que el lenguaje profético también se ensamblará y solapará sobre el chamanismo, de forma que, se establecerá una especie de “vasos comunicantes” entre ambos, profecía y chamanismo, tal que cuando la profecía prevalece, el chamanismo decrece y viceversa, como se puede comprobar a lo largo de la historia, pero antes de seguir adelante, estudiemos cuales son los delineamientos básicos que van a definir la idea de chamanismo; la idea de profecía no la vamos a desarrollar aquí pues la damos, en principio, por conocida del lector.

Los estudios del Chamanismo se remontan al finales del siglo XIX y principios del siglo XX, donde aparecen una pléyade de autores que van a estudiar el fenómeno en todas las culturas y pueblos de la tierra; según algunos autores no se podría hablar de un chamanismo, sino de muchos chamanismos dependiendo del contexto histórico donde aparezca, mientras que otros autores hacen hincapié en unos presupuestos básicos que compartirían todas las manifestaciones chamánicas independientemente del tiempo o el lugar donde hayan aparecido; no vamos a entrar en digresiones académicas que no nos serían útiles al propósito de este artículo, el lector interesado puede consulta la amplia bibliografía al respecto.

Así pues vamos a exponer los fundamentos básicos que no pueden faltar en cualquier manifestación chamánica allá donde se presente independientemente del tiempo y lugar de aparición.

Esos pilares básicos se arroparán o se vestirán posteriormente con peculiaridades acorde a al lugar geográfico y tiempo histórico en el que aparezca determinado chamanismo, y evidentemente, el chamanismo centro asiático será diferente en algunos aspectos al que pudiera aparecer en el norte de África por ejemplo, pero como digo, siempre habrá entre ambas manifestaciones, a pesar de los miles de kilómetros que separan Asia de África, un sustrato básico, un plantilla que será la misma aquí y allí.

Entre esos puntos básicos que no pueden faltar en una manifestación chamánica se encuentra la figura del “chamán”, término que tiene su origen en las lenguas de Asia central, pero lo que nos importa a nosotros no es el término linguístico en sí, que puede adoptar otras formas, como medicine-men, gurú, shayj, maestro de ceremonias, sacerdote, medium, brujo, etc dependiendo de contextos geográficos y temporales diferentes, sino la función y el significado de la figura del término chamán pues ello nos dará la calve para entender el prototipo del hombre-chamán aunque pudiera presentarse con cualquiera de los otros nombre arriba citados o con otros no citados, si tenemos claro la “plantilla” de lo que es un hombre-chamán, podremos aplicarla a cualquier manifestación, ya sea religiosa, social, política, o científica, e identificar tal movimiento como movimiento chamánico, y por ende opuesto al fenómeno profético.

Qué es un hombre-chaman por tanto?, podemos definirlo como ese personaje que se constituirá en el polo de referencia de una congregación, o un movimiento, del orden que sea, tomando el papel de “intermediario” ante el resto de los mortales, este concepto de intermediación es un pivote central alrededor del cual gira toda la idea chamánica; si lo analizamos en un contexto místico-religioso, será la figura necesaria que “conecta” el mundo terrenal (sinónimo entre otras cosas en el mundo chamánico, de ignorancia) con el llamado mundo espiritual, superior, trascendental, hay muchas maneras de llamarlo, pero en definitiva él será el eslabón necesario que pondrá en contacto al humano medio con el “otro mundo”, en virtud de una serie de poderes, adquiridos o heredados, en este aspecto puede haber múltiples matices en los que no vamos a entrar por la extensión del tema, en cualquier caso, ya se trate de un rol adquirido o heredado, siempre será a través de una cadena “iniciática”, que se remota de un chamán a otro y que se pierde en las tinieblas del tiempo hasta su origen, es esa iniciación por la que debe pasar el adepto si quiere llegar a detentar algún día el papel de chamán y tendrá que pasar y superar además múltiples “pruebas”, hasta que el chamán o maestro lo considere apto para recibir los “secretos de la iniciación”; entre las pruebas a las que es sometido el aspirante o el discípulo, están los ayunos prolongados, la reclusión en lugares angostos desprovistos de luz y sonido en total aislamiento del mundo, los enterramientos, las mortificaciones corporales, la recitación ininterrumpida de largos mantras o letanías, las danzas, la toma de estupefacientes, el ritmo monótono y cansino de música ya sea instrumental o vocal, los trances y arrebatos místicos etc, etc todo ello con el objetivo de alcanzar lo que se ha llamado un “estado alterado de consciencia”; esta sucesión de maestro a discípulo, o discípulos, garantiza la continuidad del movimiento a lo largo del tiempo, aunque sin duda, muchos movimientos chamánicos se extinguen con el paso del tiempo, como el arroyo que muere en la tierra seca. Que duda cabe que el entrenamiento asiduo y continuado del discípulo en alguna o en varias de las técnicas arriba mencionadas, acaba dando sus frutos y ahí tenemos todos los fenómenos “milagrosos” que podemos encontrar desde la India hasta Marruecos, lo que en el mundo islámico se ha llamado los “karamats”, pues es evidente que si yo entreno físicamente acabo sudando.

Una de las características del mundo chamánico es la fuerte devoción por el líder, el culto a la personalidad del sujeto que encarna el papel de chamán, esto se puede ver en todos los movimientos y grupos que comparten esta ideología.

No menos importante es el papel “terapeútico” o sanador que encarna el líder o chamán del grupo, está función se desarrolla de diversas formas y maneras, desde la imposición de manos, el contacto con objetos donde el chamán supuestamente ha depositado su energía curativa, como palos, piedras, ropa, etc, etc, hasta la administración de hierbas o pócimas de supuestos poderes curativos, sin que falte la recitación de letanías y mantras que la persona enferma, ya se física o emocionalmente, debe recitar un número determinado de veces al día.

Detrás de todas estas prácticas sanatorias se halla sin dudas el supuesto poder energético y salvífico que detenta el chamán y que él ha “traspasado” al objeto en cuestión, que va a vehiculizar su poder, o al mismo sujeto a través de un contacto físico directo como es el caso de imposición de manos.

El chamanismo islámico, aunque difiere en algunos aspectos con el chamanismo clásico, no obstante, encierra muchos de los caracteres que definen al fenómeno chamánico, si bien es verdad que hay una amplia gama de variante en las tariqas sufíes, donde más claramente se manifiesta este fenómeno, desde las más apegadas a la sharía islámica, hasta aquellas que van al extremo opuesto donde priman los fenómenos paranormales y los “estados alterados de conciencia” ya sea a través de alucinógenos o a través de ritmos cadenciosos y repetitivos, música, etc, etc.

Dejamos para otra ocasión hacer un estudio del paralelismo profecía-chamanismo, donde analizaremos las diferencias entre uno y otro fenómeno.

Y a Allah pedimos que aumente nuestra ciencia.

Deja un comentario