En numerosas ocasiones somos testigos de cómo hermanos musulmanes, a veces años después de haber hecho su shahada, abandonan o entran en “crisis de fe”, y nos sorprendemos de como tal hermano realiza semejante viraje en su vida quedándonos con la pregunta de cómo ha podido suceder tal cosa. La respuesta a tal actitud viene determinada porque en la gran mayoría de los casos de hermanos que realizan su shahada, la realizan desde el Islam y no desde el Iman. A menudo confundimos o metemos en el mismo saco ambos conceptos cuando en realidad son ámbitos separados, aunque interrelacionados.
Cuando el Profeta (s.a.s) comenzó a explicar el Din, en Meca, en la casa de Arkam, dedicó trece años a hacerles entender a los nuevos musulmanes el concepto de tawhid; por aquel entonces, prácticamente no se hacia Salat ni se ayunaba, todo el esfuerzo del Profeta (s.a.s.) estaba dirigido a hacerles comprender el tawhid el Iman, fue con posterioridad, con la emigración a Medina, cuando se estructura el Islam, el Salat, el ayuno, etc, etc, es decir, primero fue el Iman (enseñanza de Meca) y luego el Islam (enseñanza de Medina). Nosotros solemos empezar la casa por el tejado, se les enseña a los nuevos musulmanes la enseñanza de Medina sin haber pasado previamente por la enseñanza de Meca, esto conlleva un tremendo desajuste a la hora de “aprehender” el islam, pues una casa así sin cimientos sólidos acabará cayéndose antes o después. Tenemos prisa por llegar a Medina sin haber pasado por Meca, y el resultado es lo que vemos en muchos hermanos, el abandono del Din o las “crisis de fe”, como me decía un buen hermano hace unos días, que después de años de islam se planteaba dejarlo. Enseñamos reglas, lo haram, lo halal, yahannam, yanna, etc, etc, como si de un conjunto de órdenes y prohibiciones se tratara, sin haber pasado por nuestra fase de “Meca interior”, un islam así es como construir sobre arenas movedizas, a la menor ráfaga de viento, las dificultades de la vida de cualquier ser humano, el edificio se derrumba como castillo de naipes, y es que no está “cimentado” nuestro islam sobre la base del Iman, sobre la base que le llevó trece años al Profeta (s.a.s.) transmitir a sus compañeros. En realidad cuando nos enteramos que tal o cual hermano ha “salido” del islam, en puridad, no ha salido del mismo, porque nunca entró, se quedó en el umbral de la puerta, aquel que “entra” de verdad, que traspasa el “umbral” del islam, no puede volver a salir, la puerta se cierra tras él.
Volvamos al islam de Meca, volvamos a la comprensión de la “trama existencial” de la Creación, a cimentar el tawhid en nuestros corazones y el islam de Medina llegará a su debido tiempo, el salat, el ayuno, etc etc, fluirá como río cristalino, sorteando las rocas (las pruebas de la vida) que se interpongan en su curso.
Y a Allah pedimos que acreciente nuestro “conocimiento” en el Din y lo haga inexpugnable a las tempestades de la vida de Dunia.
