Su insomnio maquinal el ahogado pasea

En los procesos de control total siempre se comete algún error que permite a uno de los elementos tomar consciencia, sospechar, sentir malestar, investigar y, finalmente, luchar contra los manipuladores.

Por esa misma razón, esta vez se ha preferido desconectar primero a los individuos de las fuentes primarias o básicas –transcendencia, percepción, discernimiento– de modo que haya una constante sensación de inseguridad en los seres humanos.

No conocer nuestro origen ni el final que nos espera al otro lado de la ruta, genera en el hombre una nebulosidad mental y espiritual que le arroja a la confusión, a la angustia y a la enajenación. Una profunda intoxicación que le impide ver la realidad de forma nítida.

El hombre de hoy es como el náufrago que va descendiendo hacia el fondo del océano y ve el mundo de arriba a través del agua, que actúa como un cristal que deforma los objetos. Ya no puede predecir la distancia que le separa de ellos, su color, sus dimensiones –cada vez se hace todo más borroso.

Ya antes de la fabricada pandemia había millones de seres humanos que morían cada año de sobredosis, suicidio, crimen… que yacían en los hospitales psiquiátricos atenazados por la angustia, la desesperación o cualquier otro tipo de locura. Cada vez eran más los que caían en el alcoholismo o la prostitución.

Hablamos, pues, de sociedades enfermas e inconscientes de sus dolencias, que ahora se echan las manos a la cabeza a causa de la pandemia.

Nadie es más dirigible que el negligente y el gregario cultural –van siguiendo la vara que les guía sin darse cuenta de hacia dónde se dirigen. Caen por el abismo o llegan al degolladero para ser sacrificados y luego convertidos en alimento. Lo que hagan durante el camino es irrelevante.

No pueden ver el abismo que les espera ni el degolladero, pues su profunda intoxicación se lo impide. Son náufragos que ven el mundo a través del agua que les separa de la realidad.

¿Acaso puede este hombre de hoy analizar y ponderar lo que está sucediendo en el mundo, lo que le está pasando a él, a sus hijos, a su familia? ¿Puede el náufrago con los pulmones llenos de agua salada recobrar la consciencia? ¿Qué hará cuando llegue al fondo marino? ¿Dónde habrá quedado ese cielo azul que le parecía eterno?

Es hora de sacudirse el sopor que produce la inmersión diaria en las aguas de Facebook, de Instagram, de youtube… En las aguas que nos intoxican y deforman la realidad. Es tiempo de alejarnos de la virtualidad, del engaño, de la somnolencia… o morir atrapados en algún arrecife de coral.

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