El saltimbanqui intelecto no se detiene con la meditación

Hace semanas que escuchamos de todo. Escuchamos propuestas que parecen salidas de algún pantano infestado de virus y bacterias. Propuestas que intentan seducirnos e inducirnos a ver el derrumbe actual de un sistema que no ha funcionado, como un inconveniente pasajero. Ante todo, se trata de no salirnos del camino por el que andábamos antes del corrimiento tectónico –gimnasio, meditación, lecturas, cine, internet, virtualidad, paseos con el perrito… Continúan las noticias sobre viajes espaciales, sobre proyectos galácticos de las empresas privadas, pues la NASA ya no puede sostener, por sí misma, el montaje sideral. No obstante, es posible que la construcción de hoteles interestelares tenga que esperar debido al distanciamiento social, que también afectaría, según recomendaciones de la OMS, al espacio profundo.

Podemos pretender que no ha pasado nada y que la vida sigue dentro de la más estricta normalidad, con algún que otro ajuste social, con una reactivación del malestar político y cierto cataclismo económico. Los expertos, por su parte, afirman que los desastres son cíclicos e inevitables. Es cierto. Parece que ya hemos olvidado los cuerpos calcinados junto al fuselaje de este o de aquel avión de pasajeros que volaban hacia algún paraíso tropical. Guerras, terremotos, gripes, enfermedades venéreas… ¿Por qué nos resulta entonces tan sorprendente e inaceptable la pandemia actual? Porque esta vez hemos levantado la esquina derecha de la postal y hemos visto el mundo al desnudo; hemos visto el engañoso entramado del paraíso terrenal que nos parecía eterno y prometedor. Ahora, el futuro que nos espera es el de poder reconstruir el miserable pasado en el que hemos vivido sin reparar en que se trataba de una postal, de una imagen sin fondo, sin volumen. No importa. Los sociólogos nos aconsejan que volvamos a poner esa esquinita en su sitio. ¿Y la ansiedad, la angustia, el estrés? Nos proponen ejercicios silenciosos e individuales. Nada más adecuado para estos momentos de distanciamiento social:

Cómo adaptar varias técnicas de “reducción de la ansiedad” para satisfacer mejor tus propias necesidades.

Si bien actualmente no existe una definición universalmente aceptada para la “plena atención”, la idea general asociada a este concepto es la de volverse más consciente del propio bienestar físico, mental y emocional en el momento presente. Los estudios han demostrado que incluso una breve práctica de 5 minutos de plena atención, como yoga, meditación, relajación muscular, prácticas de imágenes guiadas y ejercicios de respiración, puede afectar a numerosos factores relacionados con la salud, como la ansiedad, la depresión, el estrés y otras deficiencias cognitivas.

Normalmente, los pacientes con ansiedad suelen elegir un tipo de práctica relacionada con la “plena atención” y lo prueban antes de cambiar a otro. No obstante, la investigación muestra que las técnicas de manejo del estrés psicológico como estas son mejores en combinación entre sí (yoga y respiración consciente, respiración consciente y meditación, etc.). Cuando se practica al menos una vez al día, las prácticas de autoayuda personalizadas se perciben como más aceptables, fáciles de usar y beneficiosas.

¿No resultaría más beneficioso investigar las causas de tales deficiencias, de tales anomalías? ¿Por qué me siento angustiado o estresado? ¿Por qué me mortifica la ansiedad? ¿Acaso el sentido de la vida de este mundo no es el de ser feliz? El término “felicidad” es demasiado equívoco y subjetivo. Lo que queremos expresar con esta palabra es “paz”, “ausencia de ansiedad”. Mas este estado, el más deseado de cuantos pueda el hombre imaginar, sólo se consigue con la comprensión. Cuando entendemos lo que realmente está pasando en un escenario aparentemente terrorífico, cesa el miedo. Todas las deficiencias cognoscitivas derivan de la ignorancia y de la deformada percepción de las cosas, propias de la subjetividad humana. Queremos dar sentido a nuestra vida, ¿mas cómo? ¿Cómo podrá tener sentido una vida que acaba inexorablemente en la muerte, haciendo vano cualquier proyecto, cualquier ilusión, cualquier ambición? ¿Qué sentido le confieren la enfermedad y las anomalías físicas a nuestra vida? Y, sin embargo, lo que observamos a nuestro alrededor y en nosotros mismos, tiene sentido –cae agua del cielo que vivifica una tierra que parecía muerte, y de ella crecen cereales, hortalizas y árboles frutales de los que comemos nosotros y nuestros animales de rebaño; y de éstos extraemos leche, lana y carne; y en ellos montamos y cargamos nuestras mercancías. Hay, pues, un sentido en la configuración de la existencia terrenal; hay un orden preciso, un plan detallado, un diseño inteligente, bello, sutil. ¿Cómo es entonces que todo tiene sentido salvo nuestra propia vida?

¿Crees sinceramente que encontrarás la respuesta a esta pregunta sentándote a meditar o relajando los músculos o haciéndote vegetariano o adorando al Sol?

Pudiera ser. O quizás todas estas prácticas sean entradas a un laberinto sin salida, en el que sólo se puede desarrollar la locura, la angustia, el estrés y la ansiedad. ¡Cuidado! Caminamos por un estrecho tronco que une los dos extremos del abismo. Cada paso debe darse con suma atención. Un ligero error de cálculo y caeremos al fondo del precipicio. Y el peor enemigo en esta difícil y arriesgada travesía es el que nos entretiene con engañosas perspectivas de éxito.

¿Cuál puede ser el sentido de la vida?

La ansiedad nos aflige poderosamente no porque no hayamos meditado hoy, sino porque no tenemos la respuesta a la pregunta que nos azuza y nos taladra el cerebro: ¿Cuál puede ser el sentido de la vida? Si intentas localizar este sentido en esta vida, te encontrarás con la ansiedad y la angustia. Los que te proponen hacer yoga son los que te han arrebatado el sentido, ofreciéndote una vida sin continuidad, sin más geografía que nacer, caminar por el tronco, descalabrarte y morir. Mas la geografía existencial no acaba con la muerte de este cuerpo terrenal –hay una vida post-mortem, hay resurgimiento, hay juicio y hay un escenario de fuego y otro de jardines por los que fluyen ríos. El camino que emprenderás en el Más Allá, lo estás empedrando en la vida de este mundo. Te has quedado mirando las piedras que utilizas en vez de entender que ese camino lleva a uno de los dos escenarios descritos. Este es el sentido de nuestra existencia terrenal –preparar la vida post-mortem para el mejor escenario posible.

En cuanto a vosotros, feliz meditación, feliz estrés, feliz desesperación.

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