El Plan Marshall de hoy no será económico

El ministro de economía italiano se enfrentó a la jefa de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, después de que ésta declarase que la EU no planea emitir ‘bonos corona’ para ayudar a los países diezmados por Covid-19.

“Las palabras de la presidenta de la comisión han sido verdaderamente desafortunadas y han apuntado a un grave error de interpretación por parte de ella”, alegó el sábado el ministro de Economía italiano, Roberto Gualtieri, en una conferencia de prensa, subrayando que Europa necesita “un gran Plan Marshall” para mantener su economía a flote.

Ya hemos apuntado más de una vez que no han quedado gobiernos en el mundo, y Europa no es la excepción. Las declaraciones de Gualtieri no son analíticas ni fruto de una bien ponderada reflexión. Son palabras vacías, producto de la demagogia con la que los gobiernos europeos llevan décadas consolidándose en el poder.

¿Para qué quiere Europa un segundo Plan Marshall? ¿Para cometer los mismos errores? ¿Acaso piensa Gualtieri que el dinero puede resolver todos los problemas? Si hubiera auténticos políticos en Europa, analistas, estadistas de altura, ya se habrían planteado, con una clara consciencia, que la incógnita más urgente a despejar es: ¿Hacia qué nueva sociedad queremos guiar a nuestros pueblos? ¿Qué valores han resultado contraproducentes y cuáles se deben mantener? Más aún, ¿qué valores deberemos recuperar de la papelera de reciclaje histórica? Mas la pregunta más inquietante es ¿qué gobiernos de hoy pueden hacerse estas preguntas y luego responder con una cierta coherencia y determinación? Lo vemos cada día –fraudes, ineptitud propia de escolares traviesos, indiferencia hacia el sufrimiento, la desesperación y la angustia de sus ciudadanos… Siguen valiéndose de la demagogia para salir del paso, un paso que no les va a llevar muy lejos –antes del verano habrán caído buena parte de estos gobiernos y no hay, dentro del panorama político actual, quienes les puedan substituir sin basarse en más demagogia y más ineptitud.

Engañaban, robaban, estafaban… mientras nosotros nos divertíamos en la fiesta del becerro. Ahora la fiesta ha terminado…

Nos resultaba cómodo pensar que hacíamos bien en delegar en estos mequetrefes nuestro futuro y el de nuestros hijos. Ellos disponían de nuestro dinero, de nuestro oro, de los recursos naturales, de los acuerdos internacionales, de la educación… Proponían normalizar las anomalías sexuales que más tarde se convertían en ley. Engañaban, robaban, estafaban… mientras nosotros nos divertíamos en la fiesta del becerro. Ahora la fiesta ha terminado y los organizadores están preparando las maletas. En vano. Ya no tienen a dónde ir –el virus les amenaza desde todos los rincones de sus palacios. Si piden solidaridad a sus homólogos, les dirán que ellos ya tienen suficiente con sostener su cirio. Tampoco en las arcas europeas ha quedado un solo euro. Todos están endeudados –unos pagan la deuda y otros, no la pagan, e imprimen más dinero sin ningún bien que lo respalde. Fiasco sobre fiasco. Final de siglo –éste tenía 20 años de más. Nueva página, en blanco, sin nada que escribir en ella.

¿Realmente se trata de robarle el petróleo a terceros, de seguir robándoselo a Siria, de confiscar las petroleras venezolanas? ¿Quieren llevarse, sin problemas, el oro de África, la riqueza natural del resto de América? Si así fuera, esta debacle no podría llamarse “nueva página en blanco” ni “nuevo orden mundial” ni “principio de siglo”. Habría que llamarla “Déjà Vu” o la maldición de Sísifo ahora sobre nuestras cabezas.

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Sísifo o la tortura de una vida sin sentido

Europa, el mundo, necesita un nuevo Plan Marshall, pero no económico, sino político, ideológico. Mas quién permitirá que zarpe este barco, quién lo dirigirá hasta llevarlo a buen puerto, navegando sobre aguas turbulentas, ¿quién? ¿El poderoso lobby judío, el propagador de la fiesta gitana? No te acerques a esa jarana. Allí es donde aprenden nuestros hijos a detestar la normalidad, y allí es donde se prostituyen nuestras hijas.

Mas Europa no está libre de pecado. Antes de emborronar la siguiente página de la historia, debería confesar sus fechorías al mundo y subsanar el mal que ha devastado a numerosas naciones en forma de colonialismo, invasiones, cambios de gobiernos… ¿O es que tienen un pacto con el Creador y no necesitan dar cuentas de sus actos, de sus crímenes? Si es así, que lo muestren, que indiquen dónde está escrito ese pacto.

Europa y sus nuevos centros de poder –Estados Unidos, Canadá, Australia– tienen que arreglar primero sus cuentas con la historia y con el mundo. Mucha gente va a morir en los próximos años, gente común, gente obediente que seguía a sus pastores pensando que los llevaban a abrevar, pero los llevaban al fuego, a la miseria moral, al materialismo-científico, a la mentira, al montaje NASA. Pero esta vez, también van a morir reyes, princesas, presidentes, ministros, brókeres, hombres de negocios… Todos van a sentir miedo, van a observar aterrados cómo se derrumba su mundo, su miserable paraíso, cómo se empobrecen paulatinamente.

Nadie tiene puesta la mirada en el futuro. Todos hablan de cuando la pandemia se acabe y volvamos a la vida de antes. Quieren que sigamos comiendo del mismo cadáver putrefacto. Si no hay un cambio drástico en el planteamiento político y social de los países europeos, la infección de vivir en el más absoluto absurdo devastará el continente. Mas de nuevo ¿quién podrá llevar a cabo este cambio?

Somos nosotros los que debemos coger nuestro futuro por los cuernos. No podemos seguir entregándoselo a ellos, a los mismos de siempre, para que lo despedacen. Debemos salir de la pasividad, del conformismo, de la comodidad, de la negligencia, e intuir nuestro destino, volviendo a releer el relato profético, construyendo nuestra rutina con el recuerdo de Ajirah, de la vida más allá del resurgimiento, con los valores que apuntalan nuestros deseos en armonía, en afinamiento, con la creación… y dejémosles a ellos ocupados, preparando la próxima hecatombe.

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