Llegan las instrucciones

En una de las burbujas se ha producido una desconexión. Tratan de solucionar el problema siguiendo las instrucciones que les han llegado con el último paquete de medidas auxiliares. Parece que lo han conseguido.

BURBUJA- ¿Sí? Estamos a la escucha.

CONECTOR- ¡Bien! Habéis tenido un apagón energético. Pero, decidme, cómo va ese miedo.

B- Pues, así, así… con miedo.

C- ¿Mucho miedo?

B- No, no mucho. Digamos que estamos asustados.

C- Eso ya no sirve. Debéis pasar a máxima alerta. Ahora tenéis que estar aterrados, sentir pánico.

B- Oh sí, tenemos mucho miedo. Estamos acurrucados en un rincón de la burbuja. No sabemos qué hacer.

C- En realidad no tenéis que hacer nada. Solamente percibir que el mundo se os está cayendo encima. ¿Lo percibís?

B- Plenamente. Es terrible. Nos sentimos amedrantados y sin esperanzas.

C- ¡Bien! Seguid así hasta nueva orden.

B- De acuerdo. ¿Has oído, cariño? ¿Sientes el mismo pánico que yo?

ESPOSA -Creo que sí. Es espantoso. No me atrevo a abrir los ojos.

B- Intenta dormir hasta la siguiente conexión.

C- Y bien, cómo va ese miedo. ¿Todavía acurrucados?

B- Pues, sí. Con el corazón atenazado.

C- Bueno, bueno, no hay que exagerar. Se trata de un virus enclenque que sólo logra asfixiar a viejos y enfermos. Vosotros sois jóvenes y llenos de vida. ¡Arriba ese ánimo!

B- Ya me siento mejor. ¿Deberíamos considerarnos fuera de peligro, en situación normal?

C- No nos vayamos al otro extremo. Mantengámonos en el virtuoso término medio. Dejemos una cierta preocupación en el ánimo.

B- De acuerdo. Ya empiezo a sentirme preocupado.

C- Bien. Manteneos en este estado. Incluso os recomendaría que visitarais a algún familiar. Que os distrajerais un poco. Pero siempre manteniendo una cierta preocupación.

B- Para qué le voy a mentir. No nos vendría mal una salidita, tomar el aire, ver los árboles… Podríamos visitar a mi cuñada. Vive en otra ciudad. Iríamos en coche, claro, y de esa forma, no tendríamos que relacionarnos con nadie.

C- Sí, es una buena idea. Pero ten cuidado con los controles. Quizás esa carretera esté cortada y tengáis que tomar otra ruta. Te lo digo porque hay gente rebelde a la que le gusta montarse el numerito de la libertad y, el otro día, uno de esos apretó el acelerador y un guardia civil el gatillo y… una masacre.

B- Eso no ocurrirá con nosotros. Somos escrupulosamente respetuosos con la autoridad.

C- Todos lo son… En un principio. Hasta que algo toca sus fundamentos y entonces surge la bestia incontrolable que llevamos dentro. Y este es el punto crucial –debemos educar al hombre para que la rebeldía de su bestia interior no logre manifestarse en ninguna circunstancia.

B- Le entiendo perfectamente. Le diré a mi esposa que se ponga el vestido que se compró hace una semana, haciendo alarde de una intolerable imprudencia, pues quién le manda irse sola a un mall en estas circunstancias. Pero ella alegó que no había nadie y que las rebajas habían llegado al 85%. La verdad es que le sienta muy bien.

C- También podría ser que al verla con ese vestido cambiasen el viaje por una tarde de amor con mascarillas.

B- ¡Vaya! Pues sí que podría ser. Llevamos semanas atemorizados, durmiendo en el sofá, sin apetitos, como disecados.

Con el nuevo vestido realzando la esbelta figura de su esposa, el dueño de la burbuja sintió deseos, pasión… sin por ello olvidar la preocupación que debía empapar su ánimo. Mas, quién sabe, quizás debido al nerviosismo que aquel estado de cosas, a todas luces inexplicable, había provocado en sus hilvanadas psicologías, o quizás por la inevitable proximidad que siempre conllevan los arrebatos, optaron por el viaje, como una metáfora de tiempos pasados en los que el hombre marchaba alegre hacia su propio cautiverio. Cuando ya estaban a punto de salir de casa, se produjo una nueva conexión.

C- Os llamo para advertiros que todas las carreteras que nos unen con el norte y el este del país están cortadas. Hacia el sur, la situación es caótica. Hemos vuelto al tiempo de los salteadores. Hay bandas armadas controlando puentes y gasolineras. Deberíais reconsiderar la segunda opción. Sobre todo, teniendo en cuenta que ya hemos pasado al nivel 5 de alarma roja. Según los medidores, deberíais alcanzar el grado máximo de histeria pandémica –tos, sudoración, fiebre, angustia… ¡Pánico! No obstante, podéis comenzar a sentir estos síntomas a partir de medianoche.

B- Estupendo. Esto nos da un margen para reconsiderar todas las opciones. Y a propósito de opciones, le quería preguntar cómo va el tema espacial. Se lo digo porque mi esposa, ahí donde la ve, es una colgada de las galaxias y no para de azuzarme para que nos inscribamos en la lista de posibles colonos marcianos.

C- ¡Pues cómo iba a ir! ¡Viento en popa! Hay nuevos proyectos, nuevas aventuras… Ya están construyendo el primer módulo de la primera base marciana. El siguiente será un hospital intersideral. Según declaraciones de un alto funcionario de la NINASANINA, las condiciones sanitarias imperantes en Marte son más adecuadas para el ser humano que las de esta maldita Tierra en la que no hay, sino terremotos, huracanes, tornados, explosiones volcánicas que te dejan medio continente ardiendo… Amenazas, catástrofes. Es tiempo de partir. La misión a Marte ya tiene nombre: “Huyendo del virus”.

B- No podría haber otro mejor. Sin embargo, y si usted me lo permite, le diré que hay una cierta incongruencia en este proyecto que podríamos calificar de “colosal”.

C- Y vamos a ver, ¿cuál es esa incongruencia que según tu percepción ensombrece el luminoso horizonte, las luminosas perspectivas de un radiante futuro?

B- Quizás el término “incongruencia” no sea el más apropiado. Le pido disculpas. Quería decir que suena a misión imposible. Se tardarían siglos, si no milenios, en transportar a toda la humanidad a Marte.

C- Entiendo tu preocupación humanista, pero el asunto es muy diferente. Nosotros provenimos del mono, un animal repugnante, estúpido, violento y saltarín, pero la nueva humanidad que se instale en Marte será la elite intelectual y física de ese aglomerado simio que inunda nuestras calles, nuestras universidades, nuestros estadios… Estos, todos ellos, se quedarán aquí, desposeídos, infectados, moribundos. En Marte sólo habrá cabida para hombres metálicos y mujeres neumáticas, como tu esposa, con ese vestido que le sienta tan bien. Un final lógico derivado de un origen demasiado vulgar. Pero decidme, ¿cómo va ese miedo?

B- En aumento. Además, estoy preocupado por la pensión de mi padre. Todavía no la ha cobrado. Están esperando a ver si se contagia.

C- Me parece insólita tu preocupación. La vejez ya es, en sí, una enfermedad que no tiene cura. ¿Para qué malgastar el dinero que necesitáis los jóvenes en enfermos terminales? Seamos realistas. Seamos egoístas. En este mundo nos hemos juntado demasiada gente. Empezábamos a darnos codazos.

B- Es cierto. Superpoblación. Recuerdo haberlo estudiado en la escuela. Empiezo a sentirme aterrado.

C- Nos acercamos a la medianoche. El miedo nos libera de todo lo que no es esencial. Y lo esencial, aquí, es tener miedo. Acurrucaos en alguna esquina de la burbuja.

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