¿Qué tal un filete de filósofo para desayunar?

Son cambios intempestivos que nadie se esperaba y que comienzan con tímidas propuestas alimenticias, unos cuantos artículos, un libro, dos conferencias… y te encuentras con millones de dedos índices señalándote y acusándote de vulgar asesino, maltratador de animales y elemento regresivo en la cadena evolutiva del ADN humano. No sabes qué hacer con el trozo de jugoso solomillo que estabas a punto de echarte a la boca. No terminas de entender de qué va el juego, pues según consta en tu memoria, eso es lo que ha hecho el hombre en los últimos cincuenta mil años. ¿Es ahora cuando empezamos a vivir correctamente? ¿Vegetarianismo, homosexualidad, transgenerismo, cambio climático…? ¿Cincuenta mil años de brutalidad, de ignorancia, de crímenes? ¿Es esta la conclusión a la que debemos llegar obviando que ha sido en ese tiempo en el que se ha desarrollado todo el sistema profético, el pensamiento, la ciencia… frente a la esterilidad tecnológico de hoy, de un hoy que se reclama vegano? ¡Bien! Veamos cuál es la propuesta vegetariana.

Peter Singer es un filósofo australiano conocido por su trabajo en ética utilitaria. Su libro Animal Liberation publicado en 1975 resultó ser un punto de inflexión en el campo de los “derechos” de los animales, y presentaba un programa audaz para tratarlos con mucha más consideración de lo que hasta ahora veníamos haciéndolo. Comienza con una simple idea:

Los animales tienen intereses que deberían considerarse iguales a los intereses similares de los seres humanos. Si está mal infligir dolor innecesario a los seres humanos, entonces también está mal infligírselo a los animales.

Es inevitable caer en el infantilismo cuando tratamos de justificar el vegetarianismo aludiendo a los “derechos” de los animales. Hay en todo ello una perturbadora antropomorfización de este reino que introdujeron los fabulistas del siglo XVII y XVIII (La Fontaine, Samaniego e Iriarte) deudores, suponemos, de Esopo, si bien fue Alfonso X el Sabio quien importó este género en el siglo XIII con la traducción de la obra Kalila wa-Dimna (Calila y Dimna). No obstante, el verdadero proceso de antropomorfización animal lo llevará a cabo Walt Disney con sus dibujos animados, en los que veremos desfilar a gatos, perros, ratones, pájaros… con sus familias, trabajando, deseando, pensando, planeando, viendo la televisión, riendo, llorando… hasta conformar la clara imagen de un mundo que los humanos deberán compartir con sus “iguales” los animales. Sin embargo, no eran más que dibujos animados, fantasías Disney. ¿Cómo entonces se ha llegado a la situación actual? Hemos llegado a esta trágica coyuntura de igualar nuestros intereses a los intereses de los animales desmontando nuestras sociedades –rompiendo la estructura familiar, las relaciones de amistad y compañerismo, las visitas, las reuniones… en favor de un estéril y devastador individualismo. No sabemos relacionarnos con nuestros semejantes, seres humanos en los que ese atroz aislamiento ha acentuado su arrogancia y su egoísmo –los odiamos. Como reza una inscripción en el cementerio de animales más antiguo del mundo localizado en isla fluvial de Ravageurs, en Asnières-sur-Seine, cerca de París: “El perro no es el mejor amigo del hombre, es el único que le queda”.

De alguna forma, preferimos asociarnos con los animales, en vez de con los humanos. Preferimos tener en casa perritos, gatos o cualquier otra mascota, antes que producir hijos, cuervos que un día nos sacarán los ojos. Se trata de otra vuelta de tuerca en el proceso de destrucción del ser humano. Ya todo en él nos resulta extraño –su relación con el sexo contrario, su deseo de formar familias estables, de criar hijos… de adorar al Creador de todos los dominios. El hombre se ha vuelto un extraño para el hombre, un enemigo, un intruso al que hay que mantener a raya, del que hay que alejarse.

Ante este estado de cosas, no debería sorprendernos el que los animales vayan tomando cada vez más preeminencia en la estratificación de las sociedades humanas. Matar a una vaca para comérnosla es ya visto como un acto de canibalismo. No obstante, Peter Singer argumenta:

Cierta experimentación médica en animales es moralmente justificable, ya que los beneficios de la investigación superarán significativamente el dolor causado al animal en el laboratorio.

No morirse de hambre debería justificar todavía más el dolor causado a un animal al degollarlo (muy inferior al que les causan en los laboratorios).

El verdadero problema estriba en la pérdida por parte del hombre del sentido de la vida…

Mas el problema no está en dilucidar cuáles puedan ser los derechos de los animales con respecto a los derechos de los humanos, pues esta discusión sería irrelevante y absurda. El verdadero problema estriba en la pérdida por parte del hombre del sentido de la vida, su finalidad, el objetivo de esta existencia y de cómo ha sido organizada, estructurada. Ante la imposibilidad por parte de filósofos y científicos de ofrecer una imagen coherente de la realidad, se ha decidido, estratégicamente hablando, obviar el origen y el final –existe un universo en el que hay un lugar llamado Tierra que alberga incontables organismos vivos, siendo el hombre uno de ellos; no sabemos cómo se originó esta existencia, pero es un hecho que ahí está y nosotros dentro de ella, sin que este misterio deba preocuparnos o hacernos buscar un Agente externo que lo explique. Y, sin embargo, solo el origen puede hacernos comprender la razón de este universo –una batalla perdida. El hombre ha apostado por una orfandad metafísica irreductible y ello le está llevando al absurdo de una existencia sin sentido, sin finalidad, sin nada que la justifique.

Hay personas que han contraído un cáncer y el único objetivo de sus vidas es ahora luchar contra él y vivir, seguir viviendo. Mas seguir viviendo ¿para qué? ¿Para llevar una dieta vegetariana, para dormir, para trabajar, para hacer deporte, para ir de vez en cuando a una discoteca o a un restaurante, para comprarse un coche o una bicicleta…? ¿Puede ser esa la razón de que exista este universo y de que existamos nosotros? Cuando abrimos un reloj y observamos su mecanismo interno, enseguida comprendemos que este mecanismo y las piezas que lo componen tiene un mismo objetivo y una misma función –marcar las horas, los minutos y los segundos con precisión, y ninguna otra, ya que esas piezas no se han formado ni colocado aleatoriamente, sino que han sido diseñadas primero, fabricadas después y, por último, acomodadas según la configuración del diseño para lograr un único objetivo –marcar las horas con absoluta exactitud. Este, también, es nuestro caso –ha habido un diseño previo y una manifestación de ese diseño después, a través de un sistema operativo, que sólo el Relojero conoce, y de un sistema funcional que nos ha sido permitido conocer para beneficiarnos del mecanismo interno –una tapa de cristal que posibilita el ver las manillas y los números que indican las horas, así como una rueda para darle cuerda. Y de la misma forma, hay un sistema funcional en este universo que nos permite calcular el tiempo y guiarnos en la noche por tierra y por mar (Sol, Luna y estrellas); un sistema que hace que caiga lluvia y fecunde las tierras de cultivo, y que los árboles den frutos; un sistema que nos ha sometido a numerosos animales para que nos transporten a nosotros y a nuestras mercancías y de los que extraemos numerosos alimentos y otros beneficios, como lana y pieles; un sistema que nos permite utilizar los mares para viajar en barcos… Y todo ello para facilitarnos la vida en este mundo y poder cumplir, así, con el objetivo de la existencia –contactar con el Creador y someternos a Su plan. Así pues, el origen y la finalidad de este universo nos muestra claramente que todo en él ha sido creado para el hombre, la única entidad dotada de consciencia y de lenguaje conceptual, la única entidad capaz de comunicarse con su Creador, capaz de entender las reglas del juego existencial y las consecuencias de rebelarse contra ellas.

¿Qué ocurriría si alguna de las piezas del reloj “decidiera” abandonar la función para la que ha sido creada? El mecanismo del reloj se detendría o dejaría de marcar las horas con precisión –en ambos casos resultaría un objeto inservible. Daría comienzo a un proceso de auto destrucción, ya que ese abandono de su función obligaría a las otras piezas a perder la sincronización que las mantenía unidas como un solo mecanismo. Y eso mismo es lo que le está sucediendo al hombre de hoy –ha abandonado su función, la razón de su existencia, y deambula dirigido por su caprichosa e ignorante subjetividad.

Solo el hombre tiene consciencia y, por lo tanto, reflexión –sabe que va a morir, sabe que siente dolor, teme al dolor, se angustia, se deprime, anhela…  Ninguna de estas características rige la vida de los animales. Cuando un grupo de cazadores británicos mata a un elefante para quitarle los colmillos, alguien podría imaginarse los últimos pensamientos de este formidable animal antes de morir: “Soy un pobre elefante indefenso frente a sus rifles asesinos. Sus balas han llegado al estómago y siento un insoportable dolor. Voy a morir y me angustio pensando en mi esposa e hijos. ¿Qué harán sin mí, quién los protegerá? ¡Qué mundo tan injusto! ¡Malditos sean los humanos!” Sin embargo, nada de eso pasa por el cerebro de un elefante –son alteraciones Disney. En Su diseño, el Altísimo ha tenido en cuenta todas las circunstancias posibles y ello Le ha llevado a privar de consciencia y de reflexión a todas las entidades vivas excepto al hombre.

La carne forma parte de la dieta humana desde hace cincuenta mil años, y la función de los animales de rebaño es proporcionársela. No tienen otra. Son almacenes de carne siempre fresca. Las vacas salen temprano por la mañana y se dirigen al prado para pastar. Vuelven por la tarde y permanecen inmóviles hasta el día siguiente. Ninguna de ellas se queja al vaquero de su destino ni intenta cambiar su forma de vida, ya que en su diseño se les ha privado de intelecto, de consciencia y de reflexión –son programas que cumplen “religiosamente” con la función para la que han sido creadas. Mas quien no entiende la finalidad de la existencia y su diseño comete es tipo de aberraciones humanistas propias del intelecto de una vaca.

El hombre ha dejado de entender por qué existe. Creyó que librándose de su Creador podría realizar todos sus deseos y vivir en un paraíso de libertinaje. Mas el juego existencial tiene normas que no se pueden eludir sin salirse de la partida –pero entonces ¿a qué ámbito, a qué dominio, se trasladará si no hay otro que el de esta existencia?

La humanidad se ha convertido en un mecanismo de piezas en continua rebeldía. Cada vez está más estropeado, cada vez se aleja más de su función. Así les responde el Altísimo:

(114) Comed de lo bueno y lícito con lo que Allah os sustenta, y agradeced la gracia que Allah tiene para con vosotros si realmente es a Él a quien adoráis. (115) Se os prohíbe la carne de los animales muertos, la sangre, la carne de cerdo y la de aquellos animales que hayan sido sacrificados en nombre de otro que Allah. Sin embargo, quien se vea forzado a ello sin desearlo ni como un medio de trasgredir los límites que Allah ha establecido que sepa que Allah es el Perdonador, el Compasivo. (116) No os arroguéis con vuestras lenguas mentirosas el derecho a decidir si algo es lícito o ilícito para de esa forma fraguar embustes contra Allah. Los que fraguan embustes contra Allah no saldrán victoriosos.

Qur-an 16 – an Nahl

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