¿Es Allah Él o ella?

De haberse planteado esta pregunta hace unos siglos o, incluso, hace unas décadas, se habría tomado por una pregunta retórica, intranscendente, absurda. Hoy, sin embargo, corremos el riesgo de que lo intranscendente y absurdo sea añadir “Él” al interrogante. No cabe la menor sospecha de que, para una mayoría siempre creciente, no se trata de hacer alarde de radicalismo el afirmar que dios, las diosas, son femeninas y, Unidas, forman la deidad absoluta que, a lo largo de la historia, han protegido la guerra, el amor y las bacanales.

Era inevitable que llegáramos a esta situación. Cuando una sociedad se permite dudar del género de sus recién nacidos y prefiere que sean ellos, y no la evidencia, quienes decidan en un futuro cercano qué genitales quieren llevar, la cuestión del sexo divino tenía, necesariamente, que aparecer. Sobre todo, teniendo en cuenta que clérigos y filósofos deambulan hoy zarandeados por su caprichosa subjetividad con la misma inestabilidad con la que se mueven los individuos de una ciudad que ha sido sacudida por un fuerte terremoto.

James Sterba intenta justificar en su introducción a Is a Good God Logically Possible? por qué utiliza el pronombre personal masculino “él” y no, suponemos, el femenino o el neutro.

Estoy usando “él” por conveniencia, ya que “ello” sería más apropiado en este caso; una deidad con género es bastante definible.

La patanería aquí por parte de Sterba es no caer en la cuenta de que Allah no puede ser “ella” o “ello”. No es una cuestión de gustos o de preferencias, tampoco de conveniencia, sino de una irreductible incompatibilidad con la propia “naturaleza” divina.

El primer error que cometemos al posicionarnos en este asunto es partir de los conceptos hombre-mujer, macho-hembra, para desde ahí asociarlos con Allah y concluir que Él debe ser un dios-hombre o un dios-mujer o un dios-neutro. El orden de factores, sin embargo, es justo el contrario –primero, Allah el Altísimo produjo los principios “masculino” y “femenino” como la base dialéctica de Su creación. El principio masculino actúa como dador, como una fuente inagotable de generosidad y, por lo tanto, de sacrificio, de esfuerzo, de energía. Es el principio activo que penetra en todas las cosas, también en el conocimiento, en los secretos, en los misterios –nada escapa a su penetrante percepción. El principio femenino, en su forma de oposición al principio masculino, es el receptor, el que recibe, el que es penetrado, fecundado, protegido. Es el principio pasivo y sumiso que agradece, que acoge, que guarda y acumula.

Estos principios están presentes en todos los elementos de la creación –también en los elementos químicos. Los átomos tienden a perfeccionar su configuración completando la capa más externa con 8 electrones. Esta búsqueda para darlos o recibirlos es uno de los motores de la materia y de las combinaciones químicas.

atomo1

El átomo de hidrógeno es un ejemplo de ello. Su singular estructura se compone de un núcleo con un protón y de una sola capa con un electrón –el perfecto impar. Este átomo funciona como un elemento masculino, ya que intentará, por todos los medios, encontrar a otro elemento al que le falte un electrón para donarle el suyo y que éste pueda, así, completar su configuración –este es el caso del oxígeno, con 6 electrones en su capa externa. Para perfeccionar al átomo de oxígeno, dos átomos de hidrógeno penetrarán en él y cada uno de ellos le dará su electrón. De esta forma, el hidrógeno fecundará al oxígeno cuyo átomo tendrá ahora 8 electrones en su capa externa y los átomos de hidrógeno habrán perdido su electrón, lo habrán sacrificado para crear una nueva entidad, una molécula de agua –soporte de todas las entidades vivas.

Del mismo modo, el Sol es dador, un elemento masculino que da luz y calor, que penetra en todas las cosas y las vivifica; mientras que la Luna es un elemento femenino que recibe luz y la guarda, la acumula –no la da, no se desprende de ella.

Y llegamos, finalmente, al hombre y a la mujer –ambas entidades participan de los principios masculino y femenino. El hombre es un elemento masculino que da, que protege, que se sacrifica, que penetra. La mujer, en cambio, es un elemento femenino que recibe, que guarda, que acumula, que agradece. La mujer guarda el óvulo en su interior –no lo da, no lo dona. Es el hombre el que la penetra y le da el agua que necesita para que ese óvulo sea fecundado y se origine una nueva vida que la mujer guardará en su matriz.

Por lo tanto, Allah no puede ser “ella”, pues ello implicaría que el Altísimo es una entidad femenina, una entidad que recibe. Mas ¿de quién? Nadie puede dar nada al Creador de todas las cosas. Es Allah Quien da. Es Él el principio masculino por excelencia, el incansable dador, el wahab, el que penetra en Su creación –toda ella una entidad femenina. No puede haber nada ni nadie que, frente al Altísimo, adopte el principio masculino –todo y todos encarnamos el principio femenino cuando somos contrastados con el Creador.

Utilizar el pronombre “ello” para referirnos a Allah todavía sería más aberrante, ya que nos estaríamos refiriendo a una entidad indiferenciada, sin “personalidad”, sin nafs. Así ha sido siempre el dios de los filósofos –una energía, un impulso, algo neutro… nada con lo que nos podamos asociar, nada a lo que nos podamos conectar.

Otro aspecto importante a este respecto es que el principio masculino engloba, abarca, al principio femenino, está contenido en él. El Altísimo crea un ámbito existencial en el que conviven diferentes entidades vivas, femeninas en relación con su Creador, surgidas de Él mismo. Sin embargo, esas entidades, esa creación no puede originar a Allah, pues ella misma está contenida en Él.

Todo ello nos lleva a concluir que Sterba no utiliza “Él” por conveniencia, sino por ignorancia –podía haber utilizado el pronombre personal “ella” o “ello” sin notar ningún tipo de dislocación metafísica. No podemos “acercarnos” al Creador, al Rahman, sin otros medios que nuestra subjetividad. Los filósofos creen que abarcan la generalidad porque la confunden con el minúsculo espacio que recorre su intelecto. Son peces que giran y giran, una y otra vez, en su angosta pecera. Y a esa pecera la llaman Universo.

Comentarios

One comment on “¿Es Allah Él o ella?”
  1. ¡Magnífico artículo! Aunque occidente es ateo y le de igual si es él, ella, ello o elle. Al hombre-simio occidental sólo le importa el placer y las relaciones sexuales avanzadas.

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