Cuando la incongruencia substituye a la lógica

La elegante fachada de aquel edifico, cuya complejidad les había llevado años en construirlo, presagiaba ya el lujo y la comodidad –amplios apartamentos con vistas al parque que lo circundaba. Nadie albergaba la menor duda de que se trataba de la mejor edificación de la ciudad. Se habían utilizado excelsos materiales con el objetivo de añadir suntuosidad a la prima calidad que conformaba toda aquella maravilla arquitectónica.

Sin embargo, y a pesar de la inquietante demora por parte del constructor en entregar las llaves a los afortunados inquilinos, las escaleras del edificio seguían sin tener barandilla.

Unos meses después de que el bloque de pisos comenzase a tomar vida, empezaron los accidentes –mortales cuando las caídas por el hueco de la escalera provenían del cuarto o quinto piso. Las del segundo y tercero producían dolorosas roturas de huesos, costillas y dientes, que eran, estas últimas, las más caras de reparar.

Ante aquellos descalabros y muertes, cada vez más frecuentes, los vecinos decidieron reunirse en sesión de urgencia y buscar una solución a este problema que estaba obligando a muchos de ellos a plantearse la opción de vender su apartamento y buscar otro edificio más seguro. No obstante, los miembros de la junta de vecinos tenían varias soluciones que ofrecer a la devastada asamblea que, entre llantos y quejidos, trataba de manifestar su absoluto rechazo ante aquel estado de cosas, a todas luces inaceptable.

El presidente, tras dar el pésame a los familiares de los difuntos, pasó sin más preámbulos a poner encima de la mesa las diferentes opciones para que los implicados eligiesen la que mejor les pareciese. La primera de ellas proponía alquilar una ambulancia con conductor que permaneciese 24 horas aparcada frente al portal, de modo que, si alguien volvía a caerse por el hueco, pudiera ser trasladado rápidamente a un hospital. A todos pareció bien, aunque hubo sus detractores, pues algunos vecinos alegaban que era una solución muy cara y parcial, ya que los que murieran en el acto poco se iban a beneficiar de la ambulancia. La objeción tenía su lógica y la propuesta fue rechazada por una amplia mayoría. La siguiente opción planteaba la posibilidad de colocar un grueso pedazo de goma espuma que cubriese el espacio del hueco de la escalera. Aquella propuesta tuvo mejor acogida que la anterior, si bien no terminó de ser aceptada en su totalidad, pues muchos temían que los que cayesen del cuarto o quinto piso podrían golpearse en el camino contra las escaleras de los pisos más bajos. No obstante, este inconveniente parecía tener solución. Uno de los vecinos, que era propietario de un gimnasio, ofertó cursos especializados para aprender a caer a un módico precio. Más de uno pensó que lo que pretendía este “buen vecino” era aprovecharse de la situación para ganarse un buen extra con esos inútiles y peligrosos cursillos. A pesar de las protestas, la opción de la goma espuma –cursos incluidos– no fue descartada totalmente y se mantuvo como una de las candidatas.

Desde la incongruente perspectiva de aquel disparatado enfoque, uno de los vecinos planteó que quizás la mejor solución y la más definitiva sería la de poner una barandilla a las escaleras, una bonita barandilla de forja con un pasamanos de madera. Después del silencio que aquella desafortunada propuesta ocasionó en la sala de juntas, comenzaron a oírse voces discrepantes. Todos los asistentes argüían que no se habían reunido allí para tratar el tema de si se ponía o no una barandilla a las escaleras, sino para ocuparse del gravísimo problema de las caídas. El imprudente vecino insistió en la idea de que una barandilla solucionaría todos los problemas de forma concluyente. Esta vez, la virulenta respuesta de los vecinos no se hizo esperar. Le acusaban de saboteador, de inhumano, de insensible al dolor de las víctimas y, finalmente, de terrorista o de agente ruso infiltrado. A punto estuvieron de lincharle.

Las aguas volvieron a su cauce cuando otro de los vecinos planteó la original idea de colocar en el centro del hueco y en sentido vertical una barra de acero como la que utilizan los bomberos para bajar a los garajes cuando suena la alarma. La estructura, no obstante, sería en su caso algo más complicada, ya que en cada piso habría unos hierros que fijarían dicha barra a la escalera. La propuesta fue inmediatamente rechazada, pues presentaba dos grandes inconvenientes –los niños y los ancianos. Para ambos colectivos resultaría imposible utilizar este artilugio.

El presidente de la junta de vecinos decidió, para no dar por terminada la sesión con un sentimiento generalizado de frustración, que, hasta nuevas propuestas, la de la goma espuma resultaba la vencedora, y cada cual era libre de asistir, si así lo veía conveniente, a los cursos de caídas. Mientras salían de la sala, aquel vecino, desde ahora marcado, comentó a otro que parecía algo más moderado: “No obstante, creo que la opción de la barandilla no debería haberse descartado de forma tan rotunda.” La respuesta fue tan rotunda como la propuesta: “¡Deje ya ese tema!”

Los accidentes siguieron produciéndose –las muertes y los descalabros– sin que la goma espuma pudiera hacer nada para evitarlo. Antes de llegar a tan esponjoso regazo muchos eran, como ya se advirtiera en la reunión de vecinos, los que se golpeaban contra las escaleras en su camino al… infierno.

Años más tarde y con una población vecinal diezmada, alguien recordó la propuesta de la barandilla. Mención que, esta vez, no mereció ni un solo comentario.

Situaciones tan devastadoras como la que acabamos de describir ocurren a diario en nuestras vidas, en la micro política como en la macro política. Buscamos todo tipo de estrafalarias soluciones antes de utilizar la lógica y el sano análisis. Muy al contrario, la incongruencia ha substituido a la coherencia en casi todos los aspectos del devenir cotidiano. Hace unos días nos llegaba la sorprendente noticia:

El PAÍS – 22 oct. 2019

Las sobredosis de opioides causan más de 1.000 muertes al año en España

La mortalidad relacionada con estos fármacos ha crecido más de un 50% en siete años y casi se ha doblado entre las mujeres.

*

Se trata de un estudio estadístico, utilizando el mismo método que en los Estados Unidos. El método de describir detalladamente el suceso, la noticia, en vez de buscar el método que acabe con tan vergonzosas muertes, muertes debidas a la imprudencia a la que lleva la desesperación y a un nuevo tipo de suicidios encubiertos. No tienen método para eso. Cualquier solución que intenten dar resultará tan disparatada como las de los vecinos tratando de salvar a los caídos. Mientras no se entienda el sentido de la vida, la razón de esta existencia… el absurdo de vivir sin un objetivo claro y coherente nos llevará a los opioides, a la desesperación y al suicidio… a las drogas y al vicio. Poner la barandilla aquí significa racionalizar de nuevo nuestras vidas, situarlas dentro de un contexto universal, de una interacción con todos los elementos de la creación. Nos hemos separado del origen, de la fuente; hemos abandonado el camino de rectitud, de la comprensión existencial… y estamos perdidos en medio de un paisaje desolador, agitándonos como simios, volviéndonos simios.

Comemos, bebemos, bailamos y fornicamos, pero las estadísticas hablan de una devastadora situación de absoluta soledad; es decir, de locura, de desesperación, pues es ahí a donde nos lleva la soledad, tan contraria a la naturaleza humana. Podemos pretender que todo va bien, que ya no podemos ser más felices que cuando esnifamos coca o nos emborrachamos, pero esa felicidad no es, sino enajenación, pérdida de la consciencia, desconexión. ¿Por qué si no gastaría tiempo y dinero Lucy McRae en construir la máquina del abrazo?

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La alfombra de compresión es una máquina creada por la artista Lucy McRae, con sede en Los Angeles, que simula un abrazo a una persona que ansía intimidad.

El arte y la neurociencia de McRae sugieren que es un toque cariñoso del que estamos privados en nuestra sociedad cada vez más fóbica. La nueva tecnología sensorial busca resolver este problema.

Según la investigación, estamos al borde de una crisis masiva de desconexión humana en los Estados Unidos.

Un nuevo estudio realizado por Cigna ha sacado a la luz que casi la mitad de los estadounidenses carecen de interacciones diarias interpersonales significativas con un amigo o familiar, mientras que el 43 por ciento dice que tienen relaciones débiles y experimentan sentimientos de aislamiento, y un devastador 18 por ciento afirma que siente que no hay nadie con quien puedan hablar. Junto a esta epidemia de soledad hay una crisis de contacto o de falta de contacto.

A medida que la tecnología comienza a hacerse cargo rápidamente de varios aspectos de nuestras vidas, desde la entrega de alimentos hasta la edición de genes, ¿podrían las máquinas reemplazar el abrazo humano? Lucy McRae piensa que podría ser el futuro.

*


Nos volvemos hacia los animales o las máquinas para encontrar la ternura que hace tiempo que los hombres, nuestros semejantes, no pueden darnos.


Muy probablemente, esta Lucy McRae sea una lunática tocada de psicopatía, pero también pudiera ser que fuese una oportunista que busca explotar esta epidemia de soledad y hacer con ella el agosto, vendiendo este trasto que nada tiene de artístico. El caso de Lucy nos tiene sin cuidado, pero evoca de nuevo el tema de la barandilla, la incongruencia de idear máquinas que nos abracen en vez de analizar por qué el hombre ha dejado de abrazar al hombre, por qué siente fobia hacia sus semejantes.

Cuando el hombre pierde la noción de CCC, de ser una criatura creada por un Creador, se vuelve arrogante, cruel y egoista, cualidades éstas que todos detestamos. Nos volvemos hacia los animales o las máquinas para encontrar la ternura que hace tiempo que los hombres, nuestros semejantes, no pueden darnos.

¿Pero acaso el colchon de goma espuma puede ser la solución a las caídas, a los descalabros, a las muertes…? ¿Acaso los opioides, las drogas, el alcohol, las máquinas… pueden ser la solución a la angustia, a la desesperación… de vivir en el absurdo, en la incongruencia de una vida sin sentido, sin objetivo?

Debemos salir del quiste en el que hemos caído y que nos tiene atrapados, confundidos, engañados. Debemos volver a conectarnos, mas no a la red, sino a la Órbita Divina, al origen, a la fuente que vivifica y da sentido a la vida y a la muerte.

(31) El Jardín se acercará a los que hayan tomado en serio las advertencias de su Señor. No estará lejos de ellos. (32) Eso es lo que se había prometido a todo aquel que, conectado a la Órbita Divina, se volviera arrepentido, se guardara, (33) tomase en serio las advertencias del Rahman y llegase con un corazón purificado.

Qur-an 50 – Qaf

Comentarios

2 comments on “Cuando la incongruencia substituye a la lógica”
  1. Occidente está abocado a la autodestrucción por la supuración del mar ponzoñoso de los traumas y psicopatías que traduce su alejamiento de la vía revelada, el Islam. Expertos ateos del mundo moderno, terapeutas, psicólogos, educadores, etc… ¿qué opinan? ¿Esta zozobra humana se arregla con más libertad, más igualdad, más fraternidad, más homosexualidad, más democracia? Os hemos retado a argumentar, pero permaneceis callados como unos vulgares.

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    1. No insista usted, los expertos en autodestruirse mediante el cultivo de la libre exploración de los apetitos mundanos, a cada cual más intrascendente, no pueden rebatirnos, son unos ateos creyentes en la superstición de la evolución por azar, y en la tierra pelota voladora perdida en el espacio, y se han tragado las pócimas culturales de diseño de la judeo-masoneria con vistas a degradar al ser humano. El tiempo se agota, la muerte acecha, cultiven la virtud mientras aún hay tiempo.

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