¿Quién decide?

¿Ha ganado realmente el amor? Barak Obama afirmaba que así era en el discurso que pronunció para dar a conocer la decisión de la Corte Suprema de legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo. Con el premio Nobel en la mano, quién podría discutir sus opiniones. Sin embargo, y a pesar de los suntuosos nombres que rodeaban el acontecimiento –presidente de los Estados Unidos, Corte Suprema, Casa Blanca, Nobel de la Paz– el hombre no puede tomar tales decisiones sin caer en la más abyecta tiranía, ya que, víctima de su subjetividad, todo lo que promulgue se volverá, tarde o temprano, contra él mismo.

Necesitamos contrastar nuestras opiniones con la objetividad divina, con la sabiduría absoluta del Creador. Más aún, vivimos en un tiempo en el que, por una parte, se decretan leyes extremadamente arriesgadas y, por otra, se hace recaer tal responsabilidad en gobiernos y parlamentos constituidos por personas de muy baja moral y libres de todo escrúpulo. El propio Obama ha intentado borrar su pasado musulmán, aunque sea ancestral, modificando su nombre y haciendo creer a todos que, en realidad, es blanco, su alma, al menos, lo es.

Ningún hombre puede decidir entre qué personas se pueden establecer relaciones matrimoniales. Hay millones de casos de incesto en todo el mundo; en la mayoría de los países existe el matrimonio legal entre personas del mismo sexo –en muchos de estos países pueden adoptar niños; recientemente jueces y gobiernos han reconocido el cambio de sexo y de género, y pronto la pedofilia dejará de estar tipificada como delito penal. El hombre cambia constantemente sus valores en una clara tendencia por eliminar, paulatinamente, el concepto de “prohibido”. Las sociedades se hacen cada vez más permisivas con la delincuencia y el vicio, como la mejor forma de manifestar su deseo interior de acabar con todas las restricciones legales y religiosas.

Por otra parte, nuestra fitrah y sus inclinaciones naturales no pueden ejercer un control efectivo sobre nuestro comportamiento si no ha recibido una educación adecuada. La fuertísima pulsión sexual, por ejemplo, forma parte de la fitrah, es una de sus características. Sin embargo, sin una apropiada educación, sin normas sociales y jurídicas que la regulen, esta pulsión nos puede llevar a la fornicación, al adulterio o al incesto. Al mismo tiempo, la educación de la fitrah sólo puede ser efectiva cuando está basada en la objetividad divina, en la lectura y el estudio sistemático del Qur-an. Y para que esta educación sea operativa hace falta establecer principios morales y jurídicos que la protejan y la refuercen. Por una parte, la objetividad divina prohíbe la práctica de la homosexualidad y, por otra, la sociedad debe implementar esta prohibición con su rechazo claro y sin ambages y con normas legales que castiguen su práctica.

Estas alteraciones se han producido, precisamente, debido al abandono de la objetividad divina, de la Ley divina, y a su substitución por la subjetividad humana, por la ley humana.

En el mundo materialista de hoy, con una clara predominancia atea, no es de extrañar que estas “irregularidades”, y otras aún peor por venir, se conviertan en la nueva normalidad. Es lógico que así sea, pues la subjetividad humana no tiene más referencias que las que le provee la propia subjetividad humana. Como se suele decir: “Un ciego guiando a otro ciego.” La toma de decisiones transcendentales por parte de los hombres está abocada al fracaso, ya que el ser humano no tiene la capacidad para dilucidar las consecuencias que acarrean sus actos, sus leyes… sujetos siempre a la subjetividad de sus intereses coyunturales.

Lo realmente perturbador en el caso de la homosexualidad es que haya musulmanes que la defiendan y pidan tolerancia y aceptación hacia aquellos miembros de la sociedad que la practican y promocionan. Y es perturbador e inexplicable porque los musulmanes tienen el Qur-an, que pueden leer en su lengua original, sin necesidad de traducciones manipuladas, y que contiene la objetividad divina para todos los casos que pudieran presentársele al hombre y a sus sociedades. ¿Para qué entonces necesitamos las leyes que promulgan los parlamentos o las cortes supremas? ¿Qué valor pueden tener, en su radical subjetivismo, frente a la objetividad divina? ¿Por qué discutimos sobre la homosexualidad después de leer en el Qur-an: Enviamos a Lut para que advirtiera a la gente de ese lugar: ¿Cultiváis la indecencia que nadie antes ha cometido en ninguno de los dominios? ¿Satisfacéis vuestros deseos con los hombres en vez de con las mujeres? ¡Qué gran iniquidad lo que hacéis! (sura 7 –al ‘Araf– 80-81) ? ¿Por qué discuten los cristianos sobre la homosexualidad después de leer: No te echarás con varón como con mujer; es abominación? (Levítico 18:22) ? Más aún, en Levítico no sólo está condenada la práctica homosexual, sino también su pena: Si alguien se acuesta con un hombre como si se acostara con una mujer, se condenará a muerte a los dos, y serán responsables de su propia muerte, pues cometieron un acto infame (Levítico 20:13). Los juicios contenidos en el Antiguo Testamento han sido abrogados por los del Qur-an, pero también en el texto coránico se habla de la suerte de los que practican la homosexualidad: Si recayera sobre algunas de vuestras mujeres la sospecha de ser culpables de practicar el lesbianismo[1], buscad cuatro testigos de entre vosotros, y si dan testimonio contra ellas, retenedlas en las casas hasta que las reclame la muerte o Allah les de otra salida. Y si dos de los vuestros fueran culpables de practicar la misma indecencia, infligirles un castigo, pero si se arrepienten y enmiendan su conducta, renunciad a ello. Allah se vuelve con Su perdón a quien se arrepiente, y es el Compasivo (sura 4 –an Nisa– 15-16). En este caso vemos que el juicio del Qur-an es el más equilibrado –pide que se castigue a los homosexuales y, al mismo tiempo, si se arrepienten y enmiendan su conducta, aconseja que se les perdone. Y así debe ser –la comunidad de creyentes debe acoger a todo aquel que se arrepienta de sus transgresiones y enmiende su conducta. En el Qur-an no se especifica el castigo, pues se deja a criterio del Profeta y de los dirigentes que vengan después de él.


¿Puede alguien llamarse musulmán o cristiano y mostrarse, al mismo tiempo, indulgente con la homosexualidad…?


Ahora, la pregunta inevitable es ¿puede alguien llamarse musulmán o cristiano y mostrarse, al mismo tiempo, indulgente con la homosexualidad, con esta iniquidad y esta infamia? No hablamos del resultado de estudios sociológicos de tal o cual instituto de investigación; no hablamos de la opinión de este escritor o de aquel político… hablamos de la objetividad divina, hablamos de lo que Allah el Altísimo ha decretado para el hombre.

No dirigimos nuestra reflexión a los que se pavonean de ser ateos y de no creer en otros postulados que los que les dicta la “ciencia”. Nos parece bien que sigan por ese camino, es el camino para el que han nacido y nada podrá evitar que sigan en él. Hablamos a los creyentes, a ellos dirigimos nuestras palabras, a ellos les recordamos estas aleyas coránicas y estos versículos bíblicos.

No podemos servir a dos reinos al mismo tiempo, no podemos seguir la objetividad divina y, simultáneamente, la subjetividad de la cultura occidental. No podemos servir a Allah el Altísimo y a la vez servir a Iblis.

Al mismo tiempo, el homosexual comete un acto de fornicación cada vez que la ejerce, ya que su matrimonio legalizado por la subjetividad de las cortes supremas de occidente no está legalizado por la objetividad de Allah.

Nada de lo que promulgan los parlamentos occidentales forma parte de la objetividad divina. Fijémonos en esta aleya:


(121) No comáis de aquello sobre lo que no haya sido mencionado el nombre de Allah, pues hacerlo es una abominación. El trabajo de los shayatin consiste en inspirar a sus secuaces para que polemicen con vosotros. Si les obedecierais, seríais de los idólatras.

Qur-an 6 – al An’am

¿Acaso hay alguien, aparte de los creyentes, que haga caso de esta orden del Creador? Los huestes de Iblis mandan a sus secuaces para que polemicen con nosotros, para convencernos de que debemos ser tolerantes con todo el mundo, procesen la ideología que procesen, practiquen lo que practiquen. ¿Incluso si Allah el Altísimo lo ha condenado?

Si abandonamos el estudio del Qur-an, de la objetividad divina, esteremos perdidos en el laberinto de la subjetividad humana sin más guía que nuestra propia subjetividad.

Allah el Altísimo ha hecho que el hombre viva en comunidades cuyo tejido base es la familia, constituida por los progenitores y su descendencia y, por lo tanto, todo lo que vaya contra este pilar inamovible deberá ser rechazado enérgicamente –la homosexualidad y el lesbianismo entre otros elementos venenosos.

Notas:

[1] El hecho de que hayamos traducido por lesbianismo el término fahishah فَاحشَة, sustantivo del verbo fahasha فَحَشَ, y que significa –exceso, enormidad, exceder los límites de la rectitud, realizar actos prohibidos por Allah, se debe a la información que nos llega de la aleya 16 de esta misma sura. Veamos la secuencia. En la aleya 15 se habla de “vuestras mujeres” y se presenta el caso de que hayan cometido fahshah, algún tipo de indecencia. Podría caber la posibilidad de que se esté refiriendo con este término a la fornicación o al adulterio, pero en ese caso también se mencionaría el castigo que deberían sufrir los hombres con los que hubieran cometido esa indecencia. Sin embargo, sólo se menciona el castigo para las mujeres. Por otra parte, en la aleya 16 se plantea el caso de que dos (hombres) al-ladhani الَّذان (forma dual masculina) hubieran cometido la misma indecencia. Si este dual se entendiera como referido a un hombre y una mujer, no tendría sentido repetir el mismo caso que en la aleya 15. Mas si en la aleya 15 se estuviera haciendo referencia a la indecencia entre mujeres, al lesbianismo, a la homosexualidad, entonces en la aleya 16 se estaría haciendo referencia a la misma indecencia, pero entre hombres al-ladhani الَّذان (forma dual masculina). Y para ellos también habría un castigo, aunque no se especifica en la aleya, sino que más bien se deja al Profeta (s.a.s) y a la comunidad de creyentes el decidirlo. Ahora ambas aleyas tienen sentido y una explica a la otra –la aleya 15 se refiere a las mujeres que cometan la indecencia de practicar el lesbianismo, y la aleya 16 se refiere a los hombres que cometan esa misma indecencia.

Comentarios

One comment on “¿Quién decide?”
  1. Magnífico artículo. Nos gustaría saber qué piensan al respecto los expertos ateos del mundo moderno, sociólogos, psicólogos, educadores y terapeutas especialistas en enmascarar la psicosis supurada por llevar una vida degenerada, como la de los gays. ¿Pueden rebatirnos con argumentos? Y si no están de acuerdo con nuestra cosmovisión islámica, ¿por qué siguen este blog? Opinen.

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s