El Corán, un texto blindado

Sin embargo, existe una contraseña con la que romper el blindaje al pronunciarla y penetrar en los significados del texto coránico. Los orientalistas pasan toda su vida estudiando las ciencias coránicas con el único objetivo de desacreditar la veracidad del último Libro revelado a los hombres. Se hacen necios a sí mismos al tratar de rebajar su valor por medio de sus exegesis, como la del orientalista que cita Jeffrey Lang y que pretende amputar el relato profético otorgando a Muhammad la autoría del Corán.

Un compañero del Departamento de Estudios de Religiones veía en la coherencia del Qur-an la prueba del genio de Muhammad, quien, en su opinión, realmente ‘perfeccionó’ la Biblia. Con eso quería decir que mientras Muhammad tomaba de las fuentes judías y cristianas, estaba lo suficientemente precavido como para omitir los detalles cualitativos y cuantitativos, tales como las referencias a fechas, lugares, cantidad –que pudieran resultar contradictorios en algún momento del futuro.

Jeffrey Lang Luchando por someterse Amana Publications, USA, 1994

La coherencia de la que habla el compañero de J. Lang es el resultado de un hecho que, aparentemente, él es incapaz de advertir –el Qur-an es el Libro de Allah y no de Muhammad. Siendo así, debemos aceptar tanto lo que su Autor incluye en él, cómo la forma en la que lo hace. Allah no tiene que dar explicaciones a nadie ni explicar por qué mencionó este hecho y no aquel otro. Ni siquiera esperamos esta disposición de un autor humano, asumiendo plenamente que no está obligado a justificar por qué el protagonista de su novela muere violentamente en el capítulo cuarto en vez de morir de una enfermedad contagiosa en el capítulo sexto.

A Él no se Le piden explicaciones de lo que hace, pero ellos sí serán preguntados.

Qur-an 21:23

Si algún crítico considerase que el autor cometió un grave error estilístico por ese y otros detalles, nada le impide escribir un libro donde nos muestre su buen hacer literario. De igual modo, nada le impide a ese profesor del Departamento de Estudios de Religiones perfeccionar aún más el Qur-an –dada la ingente cantidad de información que poseemos hoy, así como las “poderosas” herramientas que están a nuestra disposición: ordenadores, bases de datos, Internet… –y veamos si su libro se mantiene1400 años sin incurrir en contradicciones y siendo guía para los hombres.

(23) Si realmente dudáis acerca de lo que hacemos descargar sobre Nuestro siervo, traed una sura como ésta y llamad a los testigos que tengáis aparte de Allah si es verdad lo que decís. (24) Mas si no podéis hacerlo, y nunca podréis, tened presente el fuego cuyo combustible serán los hombres –nas– y las piedras, preparado para los encubridores.

Qur-an 2 – al Baqarah

 El Qur-an, muy al contrario que la Biblia, no es un libro de cronologías ni de genealogías, precisamente porque es un Libro revelado, Divino, más allá de los conceptos de tiempo y espacio en los que se encuentra atrapada nuestra existencia y nosotros mismos.  Es una Revelación para los que son capaces de reflexionar en base a los signos claros que contiene. El Qur-an menciona 49 veces el verbo ‘aqala –reflexionar, meditar, razonar, comprender; y 18 veces el verbo tafakkara –cuyo matiz es similar, y nos exhorta a que pensemos, a que saquemos conclusiones, tanto en lo que se refiere al contenido del Qur-an como a la observación cotidiana de la Creación.

Es un Libro revelado hace algo más de 1400 años, válido para todas las épocas y para toda la humanidad, hasta el final de los tiempos. Nos habla de todos los aspectos de la vida en este mundo y en el Otro, de la ciencia, de la historia, de las relaciones familiares y sociales, de cómo heredar, cómo casarse y cómo divorciarse, de cómo lavarse y cómo adorar a nuestro Creador, y sobre todo cómo no merecer el Infierno. Mientras un libro cualquiera se hace obsoleto en un unos cuantos años; mientras las leyes y las constituciones establecidas por el hombre resultan deficientes al cabo de unas cuantas décadas, el Qur-an ha permanecido inmune a todos los cambios sociales e históricos, y a todos los descubrimientos científicos.

¿Acaso es omitir detalles denunciar la manipulación y la falsificación que ha sufrido la Taurah –que encontramos reproducida en lo que se ha dado en llamar Antiguo Testamento– a lo largo de los milenios? Si el Profeta Muhammad (s.a.s) hubiera querido “precaverse” de cometer contradicciones que pudieran salir a la luz en un futuro, ¿acaso no habría mencionado a Isaías, a Jeremías, a Ezequiel… reproduciendo las mismas contradicciones y extravagancias que encontramos en ese libro manipulado que los judíos se empeñan en seguir llamando la Taurah, aunque todo el mundo sabe –al menos el especializado en el tema– que es falso y ajeno en gran parte al libro revelado a Musa? Sin embargo, es el Qur-an el primer Libro que lo denuncia, siendo ésta la prueba de que proviene de la misma fuente –el Creador de los Cielos y de la Tierra:

(91) …Pregúntales quién entonces hizo descargar el Kitab con el que vino Musa –luz y guía para los hombres –nas. Lo transcribís en pergaminos, algunos de los cuales mostráis, pero la mayor parte de ellos los ocultáis. Así aprendisteis lo que no sabíais ni vosotros ni vuestros padres.

Qur-an 6 – al An’am

Si hacemos recuento de cómo y cuándo se comenzó a sospechar sobre la manipulación sufrida por el texto bíblico para después afirmar categóricamente que ese libro no coincidía en gran medida con el que se reveló a Musa, veremos que es muy reciente:

El primer balbuceo crítico sobre la autenticidad del Pentateuco como los libros revelados a Musa viene de Isaac ibn Yashush, un médico judío andalusí que se dio cuenta de que la lista de los reyes de Edom que aparece en Génesis 36 contenía muchos nombres de monarcas que vivieron después de la muerte de Musa. Se trata de una tímida crítica que podríamos tachar de insignificante, pues no será hasta el siglo XVII cuando el filósofo inglés Thomas Hobbes y, unos pocos años después, Isaac de la Peyrere, un calvinista francés, afirmen rotundamente que Musa no es el autor del Pentateuco. Esto significa que lo que llamamos la Taurah pasó más de 1000 años de la era cristiana sin que nadie hiciese un estudio crítico desde el punto de vista lingüístico, histórico o literario. Este hecho contrasta con la repetida advertencia que se hace en el Qur-an a los judíos del castigo que recibirán por reescribir su libro y ocultar gran parte de los manuscritos (rollos):

(79) Por ello –¡Ay de los que escriben el Kitab con sus propias manos y luego, para venderlo a bajo precio, dicen: Esto viene de Allah”! ¡Ay de ellos por lo que han escrito sus manos! ¡Ay de ellos por la ruina que se han buscado!

Qur-an 2 – al Baqarah

En caso de haber querido el Profeta Muhammad (s.a.s) guardarse las espaldas, ¿no habría, acaso, omitido el nombre del Creador como han hecho todos los demás –cristianos y judíos? No deja de ser significativo que en la nueva versión de la Biblia St. James hayan desaparecido todos los nombres de la Divinidad quedando únicamente formas adjetivales como Señor, Dios o Padre. Sí, de acuerdo, pero ¿cómo se llama ese Padre, ese Dios y ese Señor? ¿Cuál es Su nombre? El Qur-an nos lo revela: Allah الله. No hay ni ha habido otro nombre.

(3) Él es Allah en los Cielos y en la Tierra.

Qur-an 6 – al An’am

Su pronunciación puede haber variado de una lengua a otra a lo largo de la historia, pero sus tres consonantes básicas se han mantenido siempre: I,l,h. En Genesis 33-20, leemos:

Y erigió allí un altar, y lo llamó El-Elohe-Israel.

Cuyo significado, según se nos explica en la nota a pie de página, es: “Dios,” “el Dios de Israel”. No obstante, no parece que esta explicación explique mucho. De lo contrario, ¿por qué se repite, innecesariamente, la palabra “dios”? Si “El” significa “Dios”, ¿para qué añadir “Elohe“, que según esa nota también significa “Dios”? Fijémonos en un detalle que sí puede contradecir, hoy, el texto bíblico –el hebreo, como el resto de los dialectos árabes, es una lengua consonantal, es decir, solamente se escriben las consonantes, y las vocales se sobreentendían, lo mismo que ocurre actualmente con la lengua árabe. Si quitamos las vocales de la frase bíblica, veremos que no existe ninguna repetición, ya que las consonantes son I l h se mantienen. Si ahora vestimos con vocales correctas el fonema, tendremos: A l – l a h الله, el nombre verdadero del Creador.

El mismo nombre que encontramos en el Nuevo Testamento, Mateo 27-46:

Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz diciendo: Elí, Elí ¿Lama sabactani?

Cuyo significado, según la nota explicativa que encontramos a continuación de la frase citada, sería: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” Para un conocedor de la lengua árabe, esta frase es perfectamente entendible, ya que las únicas diferencias entre ambas se encuentran, como siempre, en la vocalización: “Lama” en vez de “Lima” que en árabe significa: “¿Por qué?” Elí es una forma posesiva de Allah en la que se ha omitido la “h” por error de transliteración al alfabeto latino. Vemos este hecho más claramente en Marcos 15-34:

Y a la hora novena Jesús clamó a gran voz, diciendo: Eloi, Eloi ¿Lama sabactani?

En el texto de Marcos se ha añadido la vocal “o” que estaba omitida en la versión de Mateo. En ambos textos falta la “h” aspirada que no existe en ninguna lengua europea, por lo que resulta inevitable eliminarla. De nuevo, si cambiamos las vocales de la palabra Eloi por las correctas, tendremos Alai. Ahora cambiamos la “i” por la “h” aspirada y el resultado es Allahi, es decir, Allah en su forma posesiva.

Es pues el Qur-an el que reestablece el nombre perdido del Creador, aun a riesgo de lo que pudiera depararle el futuro.

Hay quienes defienden la teoría de que el nombre del Creador no tiene importancia. Sin embargo, en Éxodo 3:13-14 queda claro que es imprescindible conocer Su nombre:

Dijo Musa a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé?

Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me ha enviado a vosotros.

No hace falta ser un exegeta avisado para ver aquí también la impostura bíblica. Si la respuesta del Creador hubiese sido: YO SOY EL QUE ES, se trataría de un atributo y no de un nombre. Allah es un nombre propio, y así se identifica el Creador ante Musa, y así se ha identificado siempre ante todos sus Mensajeros:

(9) “¡Musa! Yo soy Allah –el Poderoso, el Sabio.”

Qur-an 27 – an Naml

Veamos ahora cómo detalla el Qur-an la doctrina cristiana. Tres cosas, fundamentalmente, son las causantes de un creciente malestar que afecta crónicamente a los padres de la iglesia: 1) La deidad de Isa (Jesús); 2) Su muerte en la cruz; 3) Mariam, madre del Creador. Si hubiera querido el Profeta Muhammad (s.a.s) precaverse de caer en contradicciones futuras, ¿habría, acaso, negado los pilares mismos de la dogmática cristiana? Sin embargo, es el propio clero el que se burla de la “santísima trinidad”. Es el propio Papa quien niega el infierno.

(171) ¡Gente del Kitab! No estéis tan erróneamente apegados a vuestro Din y no digáis de Allah, sino la verdad. El Masih, hijo de Mariam, no fue, sino uno de los Mensajeros de Allah, una orden Suya de creación depositada en Mariam y un Ruh proveniente de Él. Creed, pues, en Allah y en Sus Mensajeros y no digáis tres. Es mejor que abandonéis ese discurso. Allah es el Único Ilah. En Su estado de perfección más allá de toda contingencia no cabe que tenga un hijo. Suyo es cuanto hay en los Cielos y en la Tierra. Allah basta como protector.

Qur-an 4 – an Nisa

¿Acaso no habría preferido el Profeta Muhammad (s.a.s), en caso de querer evitar “problemas” en algún momento del futuro, mantener esa aberración teológica o, en el peor de los casos, pasarla por alto, no mencionarla?

Sin embargo, y haciendo alarde del mayor de los riesgos, el Qur-an desmiente categóricamente esas tres aseveraciones, esos tres dogmas de la iglesia cristiana.

(75) El Masih, hijo de Mariam, no era, sino un Mensajero antes del cual ya hubo otros. Su madre era una mujer veraz y ambos comían alimentos. Mira cómo les clarificamos las aleyas y luego mira cómo fraguan embustes.

Qur-an 5 – al Maidah

 

(157) y por haber dicho: “Nosotros matamos al Masih, hijo de Mariam, el Mensajero de Allah.” Mas no le mataron ni le crucificaron, sino que el asunto se tornó confuso para ellos. Los que discrepan al respecto tienen dudas y no siguen, sino sus propias conjeturas, pues con toda certeza que no le mataron.

Qur-an 4 – an Nisa

Si la Taurah se perdió para ser luego re-escrita infinidad de veces, atendiendo cada vez a los intereses de los grupos que en ese momento detentaban el poder eclesiástico judío, parecida y lamentable suerte corrió el Inyil, el Libro revelado a Isa. Lo que llamamos el Nuevo Testamento son meras crónicas escritas por personas que no vivieron los acontecimientos que relatan y que, por lo tanto, no conocieron a Isa. En ningún momento pretendieron que sus escritos fueran de inspiración divina como confiesa Lucas en su dedicatoria a su discípulo Teófilo:

Puesto que ya muchos han tratado de poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas, tal como nos las enseñaron los que desde el principio las vieron con sus ojos, y fueron ministros de la palabra, me ha parecido también a mí, después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas por orden, Oh excelentísimo Teófilo, para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido.

Y si buscamos detalles aún más precisos en el Qur-an, fijémonos en las confesiones de Pablo (Saul) de Tarso acerca de la “revelación” que había recibido en un contexto que ni él mismo está seguro de haber entendido:

Ciertamente no me conviene gloriarme; pero vendré a las visiones y a las revelaciones del Señor. Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo.

Y conozco al tal hombre (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios sabe), que fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar.

II Corintios 12:1-4


El Qur-an contesta a semejantes arrebatos


(93) ¿Quién puede ser más infame que quien forja embustes contra Allah o dice: “Se me ha inspirado,” pero no se le ha inspirada nada. Y dice: “Descargaré algo como lo que Allah hace descargar.”

Qur-an 6 – al An’am

¿Acaso no es arriesgado por parte del Qur-an hablar de cómo se ha originado el Universo?

(47) Hemos edificado sólidamente el Cielo. Tenemos los medios para hacerlo. (48) Hemos extendido la Tierra. ¡Y de qué excelente manera!

Qur-an 51 – adh Dhariyyat

Un universo cerrado, finito, y una Tierra extendida como centro desde el que se ve pasar el Sol y la Luna. Más aún, frente a la teoría de que la materia no se crea ni se destruye, solamente se transforma, el Qur-an nos desvela el siguiente detalle:

(1) Alabado sea Allah, Originador de los Cielos y de la Tierra… Añade a la creación según Su plan. Allah tiene el poder sobre todas las cosas.

Qur-an 35 – Fatir

Hoy sabemos que es así, que Allah crea materia sin cesar. No existe un centímetro cuadrado en el cosmos vacío. La materia ocupa el firmamento entero con diferentes densidades y cualidades. ¿Por qué iba a meterse en semejante enredo el Profeta Muhammad (s.a.s) si en todo momento buscaba precaverse de futuros errores o contradicciones? ¿Quién le pidió que explicase el funcionamiento del universo? Pero Allah, creador de los Cielos y de la Tierra, no temía equivocarse, y por ello habló con poder, desvelando un conocimiento que el hombre ha tardado en descubrir (y sólo parcialmente) más de mil años.

¿No es acaso una referencia cualitativa y un detalle sorprendente que el Qur-an nos haga notar que la miel que producen las abejas no sólo es un alimento, sino también una potente medicina? ¿Por qué iba a arriesgarse el Profeta Muhammad (s.a.s) hablando de forma tan detallada sobre un insecto del que no se sabía, en aquel entonces, absolutamente nada? ¿No habría sido mejor hablar de las ovejas o de los camellos, todos ellos animales del desierto y bien conocidos por los árabes? Y, sin embargo, el “detalle” va mucho más allá:

(69) “Comed de todo tipo de frutos y seguid los caminos que vuestro Señor os ha facilitado”. De su vientre sale un sirope de diferentes colores que es una cura para la gente –nas. En ello hay un signo para los que reflexionan.

Qur-an 16 – an Nahl

Recientemente, un grupo de investigadores canadienses ha demostrado que la miel y sus derivados no sólo son un alimento de primer orden para el hombre, sino también una medicina que puede curar enfermedades muy graves. Actualmente hay médicos que tratan la esterilidad femenina con miel, jalea real y propolis.

¿Acaso no es un signo de un poder inconmensurable hablar de cómo han sido edificados los Cielos y la Tierra, para luego pasar a describir la vida de las abejas, uno de los animales más diminutos de la creación?

Allah nos ha transmitido en Su Libro millones de datos y detalles perfectamente discernibles a condición de que reflexionemos:

(27) ¿Acaso no ves que Allah hace que caiga agua del cielo y que con ella hacemos que salgan frutos de diferentes colores, y que hay montañas de vetas blancas y rojas de diferentes matices, y también de un negro intenso? (28) Entre los hombres –nas, entre las bestias y el ganado también los hay que difieren en el color.

Qur-an 35 – Fatir

Hay cientos de “detalles” y referencias cualitativas y cuantitativas en el Qur-an para quien tiene entendimiento y es capaz de discriminar. Allah describe en Su Libro de dónde surge el tipo de pensamientos como los del compañero de Jeffrey Lang:

(91) No han evaluado debidamente el método que Allah ha establecido para guiar a la gente. Por ello dicen: “Allah no ha revelado nada a ningún ser humano –bashar.” Pregúntales quién entonces hizo descargar el Kitab con el que vino Musa –luz y guía para los hombres –nas. Lo transcribís en pergaminos, algunos de los cuales mostráis, pero la mayor parte de ellos los ocultáis. Así aprendisteis lo que no sabíais ni vosotros ni vuestros padres. Proclama: “¡Allah!” Luego déjalos entretenidos en sus vanas discusiones.

Qur-an 6 – al An’am

Entonces… ¿Qué deberíamos hacer con este hombre llamado Muhammad que vivió hace 1400 años en una pequeña localidad del desierto de Arabia, que de niño era pastor, y ya de joven se dedicó un tiempo al comercio, huérfano de padre y madre, e iletrado, pero que debido a un genio que podríamos definir de “sobrehumano” escribió el libro más bello de cuantos se hayan escrito, base de la gramática árabe y donde se incluyen las indicaciones científicas, históricas y sociales más avanzadas de la humanidad? ¿Qué explicación científica podemos dar a estos hechos? ¿Acaso es científico encogerse de hombros o decir: “Realmente es imposible, pero ha ocurrido”?

No. Esas no pueden ser las respuestas científicas pues esas no son más que respuestas encubridoras. Existe un Creador de todos los dominios, cuyo nombre es Allah, y Su último Mensajero, enviado a toda la humanidad, se llama Muhammad, quien recibió el Qur-an como una Revelación.

Ahora sí tenemos una comprensión científica de la existencia, una comprensión razonable, lógica y evidente que la ciencia, muy a pesar suyo, no hace sino confirmar siglo tras siglo. Una comprensión que no teme al futuro.

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