El arte-sano versus el arte-museo

La raíz árabe de la palabra arte es fanna. De ella proviene al-fannun, que significa tipo, clase, estado en el que se encuentra una cosa, y también fatiga y decoración. Al-fannun es pues, primeramente, una concretización, una cosa determinada que se presenta en un estado específico. Al mismo tiempo, se introduce el concepto fundamental de fatiga, esfuerzo físico y mental, al que está sometido el artista, al tiempo que se demarca su finalidad: la decoración, el embellecimiento de las cosas.

Otra palabra derivada de la misma raíz es fannan con la que se nombra al burro salvaje por la variedad de formas de correr que tiene. Variedad es otro término clave en el sentido de búsqueda, inquietud, ensayo.

La siguiente palabra que encontramos proveniente de fanna es, mifannun, referida a alguien que hace o dice cosas extrañas, sorprendentes. Hay una idea de singularidad y asombro asociada al arte y al artista/artesano.

También encontramos la palabra mufannat para designar a una mujer vieja y dada al engaño. Es otro de los significados de arte o artes –el engaño, la habilidad de cambiar el estado de un asunto de la misma forma que el artesano cambia el estado de una cosa.

Por último, tenemos la palabra finnunciencia, algo digno de estudiarse, algo que se evidencia como bueno, algo útil; un concepto básico en la idea que de arte se ha tenido siempre en Oriente.

En Occidente, arte se define como conjunto de preceptos para hacer algo bien, del latín, ars, artis, f., habilidad, profesión, arte. También la palabra latina arte tiene el significado de engaño, fraude, especialmente en la locución “sin arte” “sin engaño, honestamente”.

Vemos pues que, originariamente, ambas palabras, ars y fannun, definían conceptos muy similares. Ambas se referían al trabajo meticuloso de quien tenía la profesión, es decir, la habilidad de transformar una cosa dada en algo bello y útil.

La idea inicial se refiere al trabajo del artesano, de donde derivará la palabra artista, muy posterior, y siempre conectada con las ideas de producción y unicidad, esmero y utilidad.

Frente a la producción en serie, el artesano nos alerta sobre la imposibilidad de hacer dos cosas iguales. Todo en el universo muestra la singularidad. Las cosas y las criaturas no han sido originadas de forma repetitiva sino en una absoluta individualidad.

El Arte es, pues, la forma específica de producir objetos. Mientras la ejecución de un trabajo no alcanzaba un cierto grado de perfección, la gente, tradicionalmente, se negaba a considerarlo arte. No basta con producir algo bello, que podría haber sido el fruto de la casualidad o de los materiales elegidos. Necesita haber intención (de producir tal cosa) y logro (realizar exactamente aquello que se tenía en mente). Esto nos lleva a comprender mejor el dicho popular: «ha hecho de su oficio un arte», es decir, ha alcanzado una gran maestría en aquello que producía, dejando ésta de ser algo simplemente bello y bien realizado para ser algo único en su género, algo excepcionalmente perfecto.

La muerte del artesanado en favor del arte, del artesano en favor del artista, ha hecho que el concepto de arte haya cambiado en la mentalidad de la gente. Arte es ahora algo que se expone en salas especializadas o en museos. Algo caro, inalcanzable. Un banco japonés pagó ocho mil millones de pesetas por los «Girasoles» de Van Gogh, elevándolo por encima de todos los demás cuadros del mundo únicamente por el precio pagado.

flores

¿El cuadro más extraordinario de cuantos ha pintado el hombre?

Lo que subyace en el concepto occidental de museo es la idea de clasificación –tasnif– que es una forma de inventariar; es decir, de contar todo aquello que poseemos una y otra vez. Es otro modo de retención cuyo último fin es el de poner condiciones. No hay flujo y por lo tanto no hay participación general en los asuntos. Las calles están limpias y ordenadas, pero están vacías. Todo lo que tiene valor ha sido clasificado, inventariado y guardado/custodiado; para acceder a ello hará falta reunir ciertas condiciones, ser o pertenecer a una elite económica o sacerdotal que comprende los símbolos y los sabe utilizar para su propio provecho, como forma de dominación.

 Al proceso de clasificación seguirá, pues, el de aislamiento, que es una forma de separar, de fomentar la ignorancia. Las cosas, las personas… desaparecen, las huellas quedan ocultas en alguno de los miles de depósitos/museos de que disponen las modernas sociedades occidentales; las pruebas se han microfilmado bajo códigos de clasificación incomprensibles. Esta dialéctica obligada de clasificación/aislamiento es básica para comprender el desarrollado de las sociedades occidentales. Estas han generado dos tipos de aislamiento:

– Se aísla al “otro” odiado con respecto al “yo” adorado: Para ello, Occidente ha construido los manicomios y las cárceles, no como medios de cura e incorporación, sino como medios de castigo y separación. Se clasifica a los enfermos y a los delincuentes, y se los coloca en casillas aisladas/custodiadas. Son instituciones/museos de especímenes humanos que esas mismas sociedades han generado. Delante de estos edificios habrá siempre un muro o una verja de hierro para recordarnos el peligro que corremos si cambiamos de modo y debemos ser reclasificados.

– Se aísla lo bello, lo amado por el “yo”, del “otro” odiado y se lleva a los museos. Los jardines en Occidente han estado siempre asociados a los palacios. En las sociedades islámicas, por el contrario, los jardines, el agua, las fuentes, están esparcidos por doquier; la belleza se desparrama; no está clasificada ni custodiada. Los baños públicos son auténticos palacios populares donde el flujo incesante del agua y las altas bóvedas crean un espacio de placer donde se refina el alma de la gente, de toda la gente.

El museo es, pues, la cárcel de la belleza, cuyo objetivo es alejarla de los otros, de los que no saben apreciarla ni comprenderla. El arte abstracto ha jugado un papel decisivo en este proceso de aislamiento. «Sólo los iniciados comprendemos lo que subyace más allá del aparente caos de líneas y colores superpuestos en las obras del arte abstracto», el resto no es digno de contemplarlas.

En la base de este modo de operar, de este aislamiento en el que se basa la fuerza de la cultura occidental, hay un claro sustrato de chamanismo. Todo aislamiento conlleva siempre el misterio y éste a los iniciados y al chamán propiamente dicho. No es cierto que Van Gogh fuese un pintor de más valía que muchos pintores indios o africanos, a los que, de hecho, él mismo imitaba. Simplemente se le ha convertido en Chamán y todo aquel que no se acerque a su modo en la ejecución o en la adoración será clasificado como perteneciente al círculo de los ignorantes/salvajes/bárbaros y, por lo tanto, aislado.

Otra característica del chamanismo/misterio es la exclusividad. No hay dos caminos sino uno, el mío y todo lo demás debe adecuarse a él… o perecer. El arte, en Occidente, no admite la diferencia. La moda, verdadera guardia pretoriana de la producción en Occidente, va a cuidarse de aislar/eliminar lo que quede fuera de su ámbito.

Este concepto de exclusividad, llevado a un término más amplio, origina un aislamiento a nivel de especie. El hombre será considerado como la criatura superior, centro absoluto del universo y medida de todas las cosas. El hombre se presenta al mundo como el vencedor de los dioses y de Dios. A unos los ha vencido con su fuerza y su inteligencia, con su especificidad humana que sólo él posee. En cuanto a Dios –simplemente lo ha negado. Se basta a sí mismo. Las cosas irán existiendo a medida que él las descubra o las comprenda. La ley de la gravedad es creada por Newton, antes carecía de importancia, de verdadera existencia. No es, pues, de extrañar que el hombre occidental, en un momento dado, en el momento en el que busca un lugar de honor dentro de su especie, a la que desea dirigir, se vuelva hacia Grecia como origen de su civilización.

En ella ve el reflejo o la continuación de sus aspiraciones. El hombre enfrentado al universo y siempre victorioso, pues incluso cuando es despedazado por los elementos, la locura o la impotencia, se eleva por encima de ellos y hace de la derrota la más sublime victoria –el arte es, pues, cinismo.

Al mismo tiempo, Grecia le ofrece todos los cánones y todos los ideales: el de belleza, el de libertad, el de individualidad…

De esta premisa parte el Renacimiento europeo: el valor absoluto del hombre frente a cualquier otra criatura, cosa o fenómeno –el humanismo convencerá al campesino europeo de que es él, junto con su arado, la lluvia y el Sol, el originador de la cosecha.

(59) ¿Sois vosotros los que lo creáis o somos Nosotros los creadores?

(60) En Nuestro plan está el que la muerte sea para vosotros un destino común, y no podréis evitar (61) que os transformemos, y os originemos en una forma y un estado que no conocéis. (62) Siempre habéis tenido conocimiento de cómo fuisteis producidos la primera vez –¿es que ya lo habéis olvidado y por ello os desentendéis? (63) ¿Os habéis fijado en lo que sembráis? (64) ¿Sois vosotros los que lo hacéis germinar o somos Nosotros los germinadores? (65) Si quisiéramos, lo convertiríamos en desecho y os quedaríais diciendo: (66) “Hemos trabajado con ahínco, ¿dónde están los frutos? (67) No hay frutos, se nos ha privado de ellos.”

(68) ¿Os habéis fijado en el agua que bebéis? (69) ¿Sois vosotros los que hacéis que caiga de las nubes o somos Nosotros los que la hacemos caer? (70) De haberlo querido, la habríamos hecho salobre. Aun así no agradecéis.

(71) ¿Os habéis fijado en el fuego que encendéis? (72) ¿Sois vosotros los que habéis originado el árbol del que surge o somos Nosotros los originadores? (73) Hemos hecho de él un motivo para que recordéis y un beneficio para los viajeros cuando se detienen en el camino.

(74) Así pues, ensalza el nombre de tu Señor, el Grandioso.

Qur-an 56 – al Waqiah

 

Es el humanismo el que clama, no en el desierto, sino en las asambleas de poder: “Nosotros lo vamos a hacer mejor que Dios.”

Cuando nos acercamos a la imagen que del arte se tiene en Islam, lo primero que llama nuestra atención es su papel de cosa cotidiana, algo hecho para ser disfrutado constantemente y no para ser colocado en un museo… aislado.

 Los artistas –fannan– eran, en su origen, maestros de un oficio o profesión que cumplía un deber social de primer orden. Los batidores de cobre, los escultores de yeso, los albañiles y los carpinteros, todos eran maestros artesanos que trabajaban para el resto de los ciudadanos, no para las galerías de arte.

Estas manifestaciones artísticas, desde el punto de vista lingüístico, significan creación, capacidad creadora diaria, creación accesible a todos.

La accesibilidad hace que el artista se diluya en su obra. El arte en Occidente, por el contrario, es, ante todo, una firma, una exclusividad.

La accesibilidad está en la raíz misma de la naturaleza humana, así como la innovación y la perfección, para acabar en el arte, un arte/vida accesible a todos. El artista aquí es el productor, el artesano, cada individuo que domine su trabajo y lo haga bien.

En un hadiz del Profeta Muhammad leemos: “A Allah le gusta que cuando uno de sus siervos hace algo, lo haga bien.”

En Islam, la maestría, el arte llevado a toda producción, se convierte en un deber.

La belleza es una de las cualidades del Creador y, según nos ha transmitido Abu Umama, el Profeta dijo: “Allah es bello y le gusta la belleza.”

(77) Haz el bien como Allah hace contigo.

Qur-an 28 – al Qasas

 

Frente a esta concepción de trabajo/esfuerzo meticuloso, casi anónimo, surge la idea romántica del arte. Frente a la repetición/perfección, surge la innovación. Frente a la imitación/asombro, surge la creación/desprecio.

arte

El artesano recibe su placer/recompensa en el disfrute cotidiano de lo que produce al igual que el resto de sus conciudadanos. La grandeza, para él, reside en los valores de la persona y no en sus talentos que le han sido concedidos gratuitamente. El artesano no está sujeto a modas pues el concepto de belleza es algo eterno y permanente, reconocible por la propia naturaleza humana. Tampoco en el artesano existe la idea de creación. Jamás se autodenominará creador. Sabe que todo lo que produce es una combinación, una “mezcla”, de lo que ya existe y le resulta más que suficiente para estimular su imaginación.

La oposición entre el artista productor y el artista creador es la misma que entre el arte accesible y el arte aislado de los museos. El artista occidental trabaja para anular al otro, para vencerle, para postergarlo en el olvido. El artista musulmán realiza un trabajo de incorporación, de concatenación y de apoyo. Su diversidad se basa en la diversidad del ser humano, y las diferencias muestran la unidad subyacente. Es un trabajo de gran envergadura, cuya finalidad es refinar el corazón y empujar a las sociedades a una mayor exigencia en todas sus acciones. Un trabajo de amor que quiere mostrar a los otros la grandeza de la Creación y parte de su mecanismo interno en forma de símbolos.

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Todo el arte geométrico musulmán expresa, entre otras cosas, la infinitud.

Una alfombra es el fruto de un trabajo colectivo y anónimo, de una belleza indescriptible, que es entregado a la gente para que lo «use». En ese contacto cotidiano con la belleza y la maestría en la ejecución se van afinando las sensibilidades y educando las almas. Las fuentes, con su relajante tintineo y la frescura que procuran; las flores, sabiamente colocadas con sus colores y sus aromas que agitan la inspiración adormecida por la rutina… todo se ordena para que el hombre sea feliz en este mundo, para que esté afinado con el universo.

El arte en la visión occidental no es imitación/asimilación/parecido con la naturaleza, sino un intento de volver a crear esa naturaleza. Es la expresión del hombre como señor indiscutible del universo, sin rival. Las estatuas griegas y romanas no representan a seres humanos, sino a un ideal que va en contra de la propia realidad, uniformándola y haciéndonos creer que el hombre deberá ser así o no será hombre.

Lo mismo sucede en Hollywood, donde los cuerpos de los actores no se corresponden con los cuerpos del resto de los ciudadanos. Se desprecia la realidad y se muestra el modelo, imposible de imitar, que a partir de ahora será sinónimo de verdadero ser humano. Esta forma arbitraria y egocéntrica de entender la existencia es una de las causas de los trastornos mentales que sufren en este tiempo los jóvenes occidentales. La anorexia asola hoy a la juventud europea y americana.

 Cada individuo es perfecto en sí mismo, y posee los elementos necesarios para que siempre haya alguien que lo reconozca como bello. No existe un modelo al que todos debamos adecuarnos, como nos informa Lynn Bayer en su libro “La medicina y la cultura intelectual”.

Esta producción artística que se plasma en los objetos y en las actividades humanas de cada día, es lo que caracteriza al arte islámico, el que representa la existencia desde la humilde perspectiva del que se sabe una simple criatura.

El artesano ha descubierto, en su escrupuloso quehacer, el profundo significado de las palabras que nos ha revelado el Creador:

(190) En la creación de los Cielos y de la Tierra y en la alternancia del día y de la noche hay signos para los dotados de entendimiento. (191) Los que recuerdan a Allah de pie, sentados y acostados, reflexionan sobre la creación de los Cielos y de la Tierra y declaran con absoluta convicción: “¡Señor nuestro! No has creado todo esto sin un propósito.

Qur-an 3 – ali ‘Imran

 

Nada, pues, de lo que hagamos deberá ser un juego, algo hecho descuidadamente, sin alma. Es hora de reivindicar el arte-sano, el arte en las cosas que tocamos y utilizamos cada día.

Es hora de que las calles por las que caminamos, las casas en las que habitamos, las bibliotecas y las escuelas en las que estudiamos… estén llenas de belleza, se construyan con sabiduría y corazón.

Es hora de cerrar los museos y dar una amplia y definitiva amnistía al arte-sano.

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