Los dos soles

Lo aparente, el escenario inmediato, es lo primero que aprehende el hombre y en él se va integrando hasta que lo llama “la realidad”. A partir de ese momento todo lo demás será falso o, en el mejor de los casos, pasto de la imaginación. Esa inmediatez se compone de elementos interpretativos, de símbolos, de signos, de contraseñas para pasar de un estado a otro, y de elementos distorsionadores.

–“¡Demasiado complicado!”, piensa el hombre gris, mientras se instala en la demarcación que la buena o la mala fortuna le haya permitido. Lo que ve desde su ventana se parece a una cuartilla emborronada por un escolar de primaria, o a una postal de navidad, o a una compleja escena de un pintor profesional. En cualquier caso, una postal, un telón, un espejismo que oculta el universo de las realidades.

No es fácil dar con la esquina, ligeramente levantada, que nos permita tirar del papel y descubrir el contenido de la existencia. ¡Para qué arriesgarnos! La vida es a veces tan bella, tan sensual, tan enigmática y luminosa. Hay días en los que se juntan todas las claves para ser felices, y siempre bajo un sol radiante, omnipresente, cálido y enardecedor. El hombre gris se siente en esos días totalmente integrado en la postal de tonos pastel. El agua humedece los objetos, la brisa refresca nuestra piel, el fuego cocina nuestros alimentos, tras el día llega la noche, las madres dan a luz hijos de carne y hueso según un proceso genético bien estudiado, miniaturas electrónicas mueven gigantescos aviones que siguen rutas controladas automáticamente, la tierra nunca ha sido más sólida ni los océanos más contenidos. ¿De dónde, pues, surgen esos escrúpulos ontológicos? El hombre gris no quiere respuestas. Lo suyo es la retórica, el análisis minimalista. Parece que no hubiera notado el preciso afinamiento con el que el hombre se relaciona con el universo. Un espermatozoide penetra en un óvulo y a los nueve meses aparece una criatura imposible de imaginar aun cuando la contemplamos con nuestros propios ojos, la tocamos con nuestras propias manos y la examinamos con los más sofisticados aparatos de precisión. El hombre gris se siente bien en la postal y no está dispuesto a que determinados razonamientos intuitivos le amarguen esos días luminosos.

Frente al mar, saborea una deliciosa cola de langosta a la parrilla. El amor de su vida acaricia su atlético pecho mientras le insinúa una apasionada noche de amor. El cuadro parece terminado, completo, perfecto, integrado e integrador.

¿Cómo podría imaginar este hombre gris que existe otro sol? Un sol inmaterial escondido en el corazón del ser humano capaz de incendiar el universo entero. Un sol que va quemando la postal y dejando entrever la magnitud de la creación. Las modernas y automatizadas ciudades de hoy son incompletos remedos de la diminuta célula. El universo entero es un microorganismo de un lago del Paraíso. Ese sol que abraza el alma, ha roto los diques de la ignorancia y el espíritu se expande y llena el infinito.  Qué bella, pero qué irreal, naturaleza muerta, nos parece ahora esa postal. Cómo hemos podido meternos en el cuadro y quedarnos allí fijos como un elemento decorativo más. Quizás esté en la sensación el secreto de tal encubrimiento. Nos parece estar vivos, nos parece ser, nos parece saber, nos parece ser libres e independientes… todo sensaciones, encubrimientos de los adoradores del sol luminoso y radiante.

El hombre gris se asoma por las partes menos densas de la postal y ve sombras, siluetas lejanas, insinuadas y enigmáticas. Algo en su consciencia parece moverse, anhelar la verdadera realidad. Su mente lleva a cabo algunas operaciones entre lógicas y analíticas. Incluso permite que su oxidada intuición juegue un papel –si bien secundario– en todo aquel proceso pensante: ¿Será todo un sueño? Esa potente luz del sol, esa felicidad sensual, esa hermandad frente a una opulenta mesa llena de manjares… los privilegiados, los elegidos, los seleccionados de forma natural por la naturaleza… la muerte, el Más Allá… son conceptos que le suenan al hombre gris, los teme, los aborrece. Con todo ese material metafísico –nada en realidad– decide construir sistemas filosóficos que demuestren que el hombre es el principio y el fin de la existencia. Nada por encima, nada por debajo, dueño y señor, especialmente si es blanco. Y si hace falta un dios, será la historia, un inmenso océano donde enterrar los pasados –tan difíciles a veces de explicar.

Inútil tender la mano. Entre su sol y nuestro sol se levanta la barrera de la verdad. No es posible atravesarla sin cambiar de astro. Esa luz cegadora suya ilumina la postal borrando el paisaje. Nuestro sol, en cambio, oscuro y frío, nos permite diferenciar lo falso de lo verdadero, lo real de lo ficticio.

Quieres hinchar tus pulmones como las aves para volar y recorrer el mundo…

Paciencia

La tierra entera es una prisión.

Quieres tocar con los dedos la esencia de la vida…

Incongruencia

Toda la existencia es una ilusión.

Anhela mejor la libertad de viajar por los estados

Consciencia

Todo movimiento es disolución.

La última noticia que tenemos del hombre gris es que le han subido el sueldo, se ha comprado un coche nuevo y en el horizonte cercano se vislumbran unas vacaciones tropicales. Una pastilla más para seguir viviendo, un aliento extra para seguir respirando y dando sentido a la vida. Para qué lanzarse a la arena a luchar contra los leones. Es tan agradable ver el espectáculo desde las gradas bien protegidas. En todo caso, la imaginación se encargará de convertirle en héroe. Hay tantos recursos para burlar a la intransigente realidad.

Mas los sobresaltos son inevitables. La interacción existencial es demasiado amplia como para poder visualizar su trama. Las sorpresas, casi siempre devastadoras, son indefectibles. No importa, acaba de leer uno de los libros más vendidos del mercado sobre cómo sobreponerse ante los contratiempos que nos depara la vida. Apabullantes verdades le parecen al hombre gris aquella sarta de sandeces psicológicas. Justo lo que él necesitaba, una confirmación del papel preponderante que debe jugar el radiante y luminoso sol en nuestras vidas. Hay que ser optimistas y vivir, vivir a toda costa –ciegos, sordos y mudos, con respiración artificial… en estado de coma. Mientras podamos divisar un trocito de cielo azul soleado, habrá esperanza. Y si ni siquiera eso nos ha dejado el diabólico destino decretado por algún dios vengador, nuestra rebeldía gnóstica nos elevará por encima de las contingencias existenciales hacia la unidad cósmica. Qué hermoso acabar nuestra eternidad convertidos en polvo sideral o en átomos de rosa.

Sí, desde luego que será hermoso. Pero antes de llegar a esa transformación molecular tendremos que pasar por la muerte. Interesante hecho éste que nadie puede eludir, aunque todos tratan de olvidar. Se acepta la vida terrenal y un posible más allá que cada uno diseña según se le antoja sin más base que las suposiciones.

(78) …No conocen el Libro, tan sólo sus deseos. No hacen, sino elucubrar.

Qur-an 2 – al Baqarah

Pero las cosas no son como a nosotros nos parecen, sino como se nos ha advertido que serán. Cuando el cuerpo inerte del hombre gris sea depositado en la húmeda tumba y después cubierto con tierra hasta que los colores y los sonidos se desvanezcan por completo; cuando en esa soledad sin sol luminoso y radiante que dé calor a sus huesos se le pregunte en qué ha pasado su tiempo vital y en la pregunta misma vea el hombre gris la respuesta ineludible; cuando su consciencia –largamente sumergida en el océano de la negligencia– aflore e ilumine una parte del Más Allá detrás de la postal que él había tomado como la única realidad… ese día pedirá que se le devuelva a la vida, que se le permita empezar de nuevo y enmendar su absurda existencia. Pero nadie saldrá de la tumba, sino para ser juzgado. Al hombre gris se le concedió mucho tiempo que malgastó con soles y alegrías pasajeras. Tuvo muchos advertidores de quienes se burló y a quienes despreció diciendo: “Son gentes del pasado, ignorantes y supersticiosas.” Pero hoy, es su consciencia la que le acusa de ignorante y supersticioso, y le muestra lo que le espera cuando la muerte muera y surja la Otra Vida. Ese sol suyo es ahora fuego a punto de reventar de furia.

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