UN CANTO A LA VIDA

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El ateo hombre moderno ha dado la espalda a su Creador y vive sin más expectativa que los disfrutes pasajeros que le pueda proporcionar el mundo en la creencia de que no hay más realidad que la materialidad tangible. Sin embargo, cuando se reúnen en los tanatorios para velar a sus muertos es muy común escucharles decir: “no somos nadie, no somos nada”, incluyéndose a sí mismos en esa presunta vaciedad que ha arrebatado al difunto. Si el enajenado hombre moderno no cree más que en lo que ve, en lo que toca y en lo que siente, es decir, en su cuerpo-mente, ¿cómo es que dice de sí mismo que no es nada cuando tiene que afrontar la muerte de sus seres queridos? ¿Acaso no se ve en el espejo, es que no se palpa, no se siente? La muerte produce asombro, y el asombro es una puerta abierta al abismo de la futilidad de este mundo de juegos ilusorio desplegado delante de nuestros ojos a modo de velo para ocultar otra realidad, la eterna, omnipenetrante y omniabarcadora verdad primera y última, Allah, el Uno-Único.

La densidad del velo determina la claridad de la consciencia en aras a facilitar el recuerdo y posibilitar el reconocimiento de la realidad que subyace a lo creado, nuestra más íntima esencia, que siempre está ahí amorosamente acogedora para abrazarnos. Pero ese abrazo implica sumirse en el abismo por el que intuimos desaguarán todas y cada una de nuestras particularidades como seres creados y contingentes, cuya suma erige la ilusoria especificidad de nuestro particular mundo; nuestra casa, nuestra familia, nuestro trabajo… lo mío en contraposición a lo tuyo: en definitiva, lo que configura el Dunia, el mundo sensible. Para tapar ese insondable e insoportable vacío que se abre a la consciencia ante la persistente llamada de los latidos de la fitrah (la naturaleza primigenia que hizo de molde para la creación del ser humano), el perturbado hombre moderno opta por enturbiar el velo enfocando su atención hacia todo aquello que refuerce su individualidad separada y lo aparte del abismo de su propia nada, y de ahí su desesperada búsqueda de emociones, de placer, de compañías divertidas, de experiencias excitantes y nuevas, de exóticos viajes, de exploración sexual en todo tipo relaciones imaginables: poliamorosas, multiorgásmicas y pangeneracionales, osea, de todo menos hacer las cosas como Dios manda.

Y este es el tema, que Dios manda, y manda muy claro lo que el hombre tiene que evitar y lo que tiene que procurar con vistas a la otra vida, la verdadera y definitiva tras el desvanecimiento del velo que constituye este campo de pruebas que es el mundo sensible.


(20) Sabed que la vida de este mundo no es, sino banalidad, entretenimiento y ostentación. Os jactáis entre vosotros de las riquezas y de los hijos que tenéis. Es como una lluvia abundante que maravilla a los sembradores. Se llenan de emoción al ver cómo crecen sus cultivos. Después los ves amarillear y luego convertirse en deshecho. En la última vida habrá un terrible castigo, perdón de Allah y complacencia. La vida de este mundo no es, sino un efímero y engañoso tránsito.
 (Corán 57:20)

Tras cantarle a la muerte (un canto a la muerte), puerta de acceso a la otra realidad, ahora hacemos un canto a la vida, a la vida verdadera, oculta tras los densos nubarrones de los apetitos mundanos a los que el desquiciado hombre moderno se aferra para no tener que encarar el abismo de su propia nada.

canto vida

UN CANTO A LA VIDA

Desde que anidaron tus luces el corazón lo proclama,

No hay más realidad que la tuya

Sea que en rosa te muestres o en espina.

A tu cuidado me entrego, oh Layla,

Y de ti no espero sino lo mejor,

Pues si en vida ya te gocé

 ¿Cómo no habrían de ser los dulzores

Tras el levantamiento del velo?

*

Lo que el ignorante llama “muerte”

Para nosotros no es sino la culminación de una ciencia

Que desemboca en la cima del conocimiento

Tras el desbordamiento de las luces la presencia única.

*

Si nos preguntas por cómo obtenerla:

Su expresión máxima es la del amor,

Todo lo que a él tiende te acerca a Layla,

Si es que por amor no entiendes lo que el necio

Sino la perfección en el desprendimiento

Hasta su final culminación en el cumplimiento

De las virtudes que te trascienden,

Tales como la generosidad, la paciencia, el desapego… y así con otras.

*

Tu visión separada se esfumará entonces como el humo

Ante el vigoroso avance de las luces de la consciencia única,

Y entonces Layla te hará suya, y ya no vivirás por ti,

Sino por Ella, que te irrigará con su frescor de vida

Y hará de tu propia muerte una explosión en la locura

Por el gozo y el disfrute de los deleites que custodian

El desenvolvimiento de todas sus maravillas.

(Uzman García)
UN CANTO A LA MUERTE   UN CANTO AL AMOR

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