Quora – una web de preguntas y respuestas. ¿Cuándo se muere se siente dolor?

envi definitivo

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2 noviembre 2018

Respuesta de Nazir Haffar, 74 años vividos en 5 continentes- hipérglota -antiteísta.

Ambos adjetivos con los que se describe Nazir son ambiguos –el primero no existe, debería ser políglota (que habla muchas lenguas), y el segundo se podría aplicar a quien se opone a cualquier deidad o a una o varias deidades específicas, por lo que no podemos considerarlo un sinónimo de “ateo”. Todo ello nos lleva a suponer que nuestro amigo adolece de una cierta cursilería. Y que no se nos diga que cada uno tiene derecho a decir lo que quiera y a utilizar el lenguaje como mejor le venga en gana, porque si alguien dijera seriamente que Singapur es la capital de Francia, inmediatamente se le tacharía de ignorante, que es el peor insulto con el que se puede tachar a un ser humano, a un insan, ya que la esencia misma del insan es conocimiento. No importa. Incluso con ambigüedad y cursilería, analizaremos su respuesta, que es la respuesta que de alguna forma nos lanza Hollywood, los sistemas educativos y el deep state a través de los medios de comunicación, quora, por ejemplo –una sucursal de la NASA y del materialismo, más que dialéctico, insolente.

Y hablando de insolencia, el hecho de que Nazir responda, por su cuenta y riesgo, a semejante pregunta ya es un indicio de osadía. ¿Bajo qué autoridad habla una entidad viva de la muerte, de un fenómeno del que no tiene ninguna experiencia, del que los muertos no nos han pasado ninguna información, pues ninguno de ellos ha vuelto? ¿Quizás habla en nombre de la hiperglotación o hiperglotería, o quizás se siente con derecho a explicarnos la muerte desde su antiteísmo? En cualquier caso, sólo podemos hablar de la muerte desde la objetividad divina, a partir de las noticias que nos llegan en los libros revelados por el Creador, Quien ha diseñado Su creación de forma que haya vida y haya muerte:

(185) Toda nafs probará la muerte. Qur-an 3 – ali ‘Imran

(68) Es Él Quien da la vida y da la muerte. Cuando ha decidido un asunto, Le basta con decirle: “Sé”, y es. Qur-an 40 – Ghafir


Veamos ahora el texto de la respuesta:

No, y ese es el secreto mejor guardado por la medicina (¿y yo me pregunto por qué?).

La sociedad nos lleva a evitar hablar de este proceso e incluso a reemplazar la palabra muerte con eufemismos, y hace que nos resulte mucho más difícil lidiar con la pérdida de un ser querido. En lugar de decir que alguien se está muriendo, se dice que está “seriamente enfermo”.

Cuando la familia está junto a la cama de alguien muy enfermo, que está por morir, no saben qué decirse entre ellos o a la persona que se está muriendo, y la persona que se está muriendo tampoco sabe qué decir, ni qué esperar, y puede que esté preguntándose si esta es su última respiración, la escena está marcada por la tristeza, la ansiedad y la desesperanza.

La muerte es tan natural como nacer, pero los dogmas religiosos nos han hecho perder la inmensa sabiduría humana para aceptar la muerte de una forma normal.


Es cierto que la sociedad casi nos prohíbe hablar del fenómeno de la muerte, pero esto ocurre, precisamente, desde que se abandonaron las creencias religiosas proféticas. Hace 100 años la gente moría en la cama de su dormitorio rodeada de sus seres queridos, se llamaba al sacerdote para que le diera la extremaunción y todos eran conscientes, el moribundo incluido, de que pronto se llevaría su alma el ángel de la muerte. Los cementerios estaban dentro de las ciudades y se visitaban a menudo. Ante la pregunta: “¿Cómo se encuentras tu padre, me dijeron que estaba muy enfermo?” La gente respondía con toda naturalidad: “Se está muriendo. El médico ha dicho que quizás no pase de esta noche”. La conversación seguía con máximas llenas de sabiduría: “En verdad que no somos nada.” “Así es. Polvo somos y en polvo nos hemos de convertir.” Bellísima conversación. Edificante. Al menos ante la muerte la gente mantenía una cierta grandeza, una cierta honorabilidad.

La muerte era algo cotidiano y natural hasta que se desvinculó al hombre de su realidad ontológica y espiritual, hasta que se le arrojó a una desoladora orfandad metafísica, y fue entonces cuando la muerte perdió su sentido y con ella también la vida lo perdió. La muerte se convirtió en un escándalo, en algo que nos recordaba con pertinaz insistencia que nos habíamos salido del camino y que nunca encontraríamos por nosotros mismos la dirección correcta, la que nos es propia.

El susurro de shaytan nos tranquilizó recordándonos que el progreso tiene un precio, que la verdad tiene un precio y que abandonar todas esas supersticiones religiosas, obviamente, tiene un precio –la angustia, el malestar, la intranquilidad que sentimos. No obstante, y ante la clara evidencia de que el susurro no bastaba, se añadieron las drogas y el suicidio. Ello generó un considerable aumento de puestos de trabajo cualificado, y las facultades de sociología se llenaron de estudiantes que más tarde explicarían en libros, artículos, conferencias y películas que todo eso se debía a la miserable condición humana. Cada uno se lo tomó como mejor le vino, pero en líneas generales no le sirvió de consuelo a nadie.

Morir, así como nacer, es sencillamente un proceso, en el que gradualmente, la persona se va cansando, agotando, y a medida que pasa el tiempo se va lentamente durmiendo más, permaneciendo menos tiempo despierta. La persona parece dormir, pero la verdad es que está temporalmente inconsciente, no la puedes despertar, ni siquiera para administrarle medicamentos, no se puede tampoco decirles que ha llegado una visita. Cuando despiertan, dicen que han dormido muy bien. Por eso se sabe que este estado de coma no es aterrador. El paciente no nota este momento de pérdida de conciencia en el momento en que ocurre. Y a medida que pasa el tiempo, están menos despiertos, más tiempo dormidos, hasta que, al final, están inconscientes todo el tiempo.

Nos cuesta comentar este párrafo porque no sabemos a ciencia cierta de que demonios está hablando. La pregunta no era si sentimos dolor al caer en estado de coma, sino al morir sin especificar cómo. En el estado de coma (tras sufrir un accidente o una embolia cerebral) no hay consciencia y por lo tanto no hay dolor, pero si te mueres quemado vivo, no entras en ningún estado de coma y te mueres rabiando. Incluso si mueres tranquilamente en tu cama, hay muchos factores que determinarán cómo será tu muerte o cómo vivirás tus últimos instantes de vida. Hoy, la mayoría de la gente no sabe lo que le espera. Es un viaje desconocido y sin retorno que le produce una inmensa angustia que se refleja en la crispación de la cara, en la respiración acelerada y otros signos. La persona en cuestión está sola. Ahora lo entiende, ahora entiende que nadie le puede ayudar. Esas reuniones pseudointelectuales de pacotilla en las que se reían de Dios y de las creencias religiosas, al tiempo que se vanagloriaban de su sano ateísmo, ni siquiera vienen ahora a su memoria –se va de este mundo y no sabe a dónde. En sus tertulias de medianoche se hablaba de lo último en vidas post-mortem, se hablaba del budismo, de la reencarnación, de los viajes astrales, pero él no quiere ser un pétalo de rosa o una estructura cristalina en alguna roca marciana –no quiere dejar de ser él. Hay otros que ni siquiera tienen ese prurito –se toman un ácido para disfrutar del viaje, como Aldous Huxley. Muy estético, casi sublime. Ya veremos en qué acabó la alucinación.

‘Alí, primo del profeta Muhammad y esposo de su hija Fátima, solía decir: “Moriremos como hayamos vivido, y resucitaremos como hayamos muerto.” Cada fase existencial tiene su barzaj, su barrera infranqueable, y por ello, cada vez que pasemos de fase se anulará la posibilidad de volver a la anterior. Es ahora cuando debemos reaccionar, sacudirnos el sopor que anula nuestra voluntad y envuelve en tinieblas a nuestra consciencia.

El paciente se sentirá tan relajado que no aclarará su garganta y seguirá respirando con un poco de moco o saliva en la parte trasera de la garganta, y eso puede que genere un ruido extraño, que algunos asocian ese sonido de la muerte como algo raro. Pero eso quiere decir que el paciente está tan relajado, en un estado de inconsciencia tan profundo, que ni siquiera la saliva en la garganta les hace cosquillas, cuando las burbujas de aire entran y salen de los pulmones.

Sin comentarios.

En los últimos momentos de vida, hay un período de respiración superficial y luego una exhalación a la que ya no le sigue una inhalación, y es a veces tan suave que los familiares no se dan cuenta.

Por eso, la muerte normal, es realmente un proceso tranquilo, algo que podemos reconocer, para lo que podemos prepararnos y algo con lo que podemos perfectamente lidiar.

Ese debería ser el artículo, tu respuesta, amigo Nazir. Dinos cómo deberíamos prepararnos para tal acontecimiento. ¿Deberíamos aceptar que todo ha sido en vano? ¿Qué tras estos años de vida, de malestares, de desengaños, de ilusiones frustradas, de miedos, de una mezquina y efímera felicidad, de hijos muertos antes de lograr nuestros propios sueños, de guerras por venir de las que ya no hará falta nuestra interpretación, de traiciones… sólo nos queda ser devorados por el tiempo y sus gusanos? ¿Nada más? ¿Y para eso hay Sol y Luna, siempre fieles a su trayectoria, indicándonos el paso de los días, de los meses y de los años? ¿Eso es todo, maldito Nazir, malditos embaucadores? ¿Un proceso tranquilo? ¿Para eso cae agua del cielo sobre una tierra muerta y hace que crezcan los frutos más variados? ¿Para morir y no ser nada?

Es tiempo de volver al camino, de abandonar las sendas engañosas que nos alejan de la deliciosa muerte de quien sabe lo que le espera y lo añora.

(7) Mas no así los que creen y actúan con rectitud. Esos son lo mejor de la creación. (8) Su galardón está junto a su Señor –los jardines de adn por cuyo suelo fluyen ríos. En ellos morarán para siempre. Allah estará satisfecho de ellos y ellos lo estarán de Él. Qur-an 98 – al Bayyinah

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