LA CIENCIA ES EN SÍ MISMA UN FRAUDE (III)

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DELIRIO ASTROFÍSICO – LOS CINTURONES VAN ALLEN

tierra

Una de las pruebas de que el cinismo es la característica más relevante de la psicología judía es el hecho de que anden rastreando la historia del universo y al mismo tiempo sean incapaces de explicar cuándo y cómo se descubrió que había potentes fuerzas electromagnéticas alrededor de la Tierra –los cinturones Van Allen.

La ciencia es en sí misma un fraude, porque no hay ciencia. Los celebrados institutos de investigación no son, sino centros de poder en los que se fabrican las teorías que el sistema materialista necesita para seguir manteniendo una cierta credibilidad. Nos apabullan con fórmulas, siglas, nombres y nombres de partículas subatómicas, de enzimas celulares, para al cabo morir en la cama de un hospital conectados a máquinas que marcan en alguna de sus muchas pantallas que nuestro corazón ha dejado de funcionar. Seguimos muriendo y cada vez la Tierra se vuelve más estrecha.

La promesa de Iblis, como era de esperar, ha resultado ser un engaño, un fraude. No ha podido garantizarnos la inmortalidad ni un dominio sin límites. Nos ha dejado, eso sí, Hollywood, donde sublimar nuestras frustraciones. En sus estudios hemos ido a la Luna, a Marte y hemos alcanzado la última frontera del universo, la que teóricamente roza con la nada. Nos sentimos bien. De alguna forma, lo hemos conseguido. Hasta tal punto ha habido una suplantación de personalidades, una intromisión de la fantasía en el cada vez más escurridizo ámbito de la realidad, que muchos de los “científicos” y políticos que fabricaron, no tan hábilmente como suponían, las hazañas espaciales han tomado el fraude por “logro científico” y ya no están seguros si fue un aterrizaje lunar todo aquel revuelo o están trabajando en un nuevo cohete que les saque del nearspace y les lleve al deepspace, es decir, a 60 ó 70 mil kilómetros de la Tierra.

Esta es nuestra realidad –la “ciencia” se mueve entre cinturones. Estamos atrapados en un universo cerrado y bien protegido del que las elites judías quieren salir para decirle a la humanidad que la promesa de Iblis era cierta, que ya hemos salido del sistema solar y nos dirigimos a la estrella 2345CBT a la velocidad de la luz, velocidad ésta que hemos alcanzado propulsados por los nuevos motores RUNFASTBABY-NEWLOOK diseñados y fabricados por la NASA (quizás se traten de los RD-180 rusos) con la inestimable ayuda de varias agencias espaciales rusas y chinas. Uno de los astronautas ha asegurado que al menos en el sistema solar no han visto a Dios. Estas alocadas declaraciones, a todas luces indignas de una “mente científica” asentada en un robusto cuerpo militar, demostrarían que el paso por los cinturones Van Allen sí afecta al ser humano.

La aventura no comenzó en 1958 con James Van Allen, presunto científico norteamericano, ni con el lanzamiento del Explorer 1 en ese mismo año. Los judíos tienen la mala costumbre de borrar las huellas de sus predecesores:

(188) No cuentes con que podrán refugiarse del castigo los que se alegran por el mal que han hecho y les gusta que se les alabe por el bien que no han hecho. Para ellos habrá un doloroso castigo.

Sura 3 – ali ‘Imran

El pionero en el intento de cruzar el “techo” o al menos de llegar hasta él fue Auguste Piccard, quien ya en 1931 salió de la troposfera, llevando a bordo de su góndola de aluminio aparatos de medición más sofisticados que el geiger y la grabadora de bolsillo del Explorer 1.

El 27 de mayo de 1931, Auguste Piccard y Paul Kipfer despegaron de Augsburgo, Alemania, y alcanzaron una altitud récord de 15.781 m. Durante este vuelo, Piccard pudo recopilar datos sustanciales de la atmósfera superior, así como medir los rayos cósmicos.

Un artículo publicado en agosto de 1931 en la revista Popular Science describía así su viaje:

La historia de su aventura supera a la ficción. Durante el ascenso, la bola de aluminio comenzó a gotear, la taponaron desesperadamente con vaselina y trozos de algodón, deteniendo la fuga. En la primera media hora, el globo se elevó nueve millas (14.500 m.). A través de los ojos de buey, los observadores vieron la tierra cubierta de un color cobrizo, luego azulado… una neblina. “Parece un disco plano con el borde vuelto hacia arriba” (Itseemed a flat disk withupturnededge), declararon. En el nivel de diez millas el cielo parecía de un profundo azul oscuro. Una vez realizadas las observaciones previstas, los observadores intentaron descender, pero algo les impedía el descenso. Mientras tanto, los tanques de oxígeno se estaban agotando, flotaban sin rumbo fijo sobre Alemania, Austria e Italia. El aire fresco de la tarde contrajo el gas del globo y los derribó en un glaciar cerca de Ober-Gurgl, Austria. Les quedaba tan sólo una hora más de suministro de oxígeno”.

Popular Science, agosto 1931 p. 23.

El 18 de agosto de 1932, lanzado desde Dübendorf, Suiza, Piccard y Max Cosyns lograron un segundo récord al ascender a 16.201 m. Piccard realizó un total de veintisiete vuelos en globo, estableciendo un récord final de 23.000 m. alcanzando la parte media-alta de la estratosfera.

No obstante, en las web “oficiales” y “familiares” se relata este mismo suceso añadiendo la coletilla “Y de esa forma, Auguste Piccard fue el primer hombre en ver la curvatura de la Tierra”.

Sin embargo, las únicas declaraciones que tenemos de él a este respecto son las que publicó la revista Popular Science en 1931.

En 1932 se hicieron mediciones in situ de las radiaciones cósmicas y otros experimentos. Sin embargo, Piccard no pasó a la historia, sino al célebre comic de Hergé, Tintin, encarnándose en el estúpido profesor Calculus (profesor Silvestre Tornasol en la versión española) aquejado de sordera. Se podría decir que fue un detalle simpático y cariñoso por parte del dibujante belga, pero los extraordinarios trabajos, experimentos y hallazgos de Piccard lo hacen inapropiado.

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Nikola Tesla. 1856, Croacia – 1943, Nueva York. Auguste Piccard. 1884, Suiza – 1962, Suiza

También Tesla sufrió un total ostracismo. En su caso se le acusó de “loco excéntrico” y de falsificar datos para probar sus “disparatadas” teorías. La razón de que dos grandes científicos, al menos desde su punto de vista, sufrieran esta injustificada suerte se debe fundamentalmente al hecho de que el deepstate no lograse ganarlos para su “akademia”. Nadie puede descubrir fuerzas o energías, diseñar métodos o realizar exitosos experimentos, y no pertenecer al círculo científico –la sentencia siempre es de muerte o de total exclusión.

No consideramos que Tesla y Piccard fuesen grandes héroes. Desde el punto de vista coránico fueron, más bien, dos grandes perdedores –malgastaron sus vidas tratando de desentrañar los misterios del sistema operativo que rige el universo. No obstante, desde el punto de vista del sistema materialista que hoy impera en todas las naciones, ambos científicos fueron dos héroes que no quisieron perder el control de sus descubrimientos y ello les llevó a la ruina, al olvido e incluso a la burla.

La famosa declaración de Tesla –“La ciencia no es más que perversión en sí misma a menos que tenga como objetivo último mejorar la humanidad”– no deja de ser excesivamente ingenua como para tomárnosla en serio. La anomalía humanista consiste en la total despreocupación de los humanistas por la vida humana –serían capaces de hacer volar por los aires cien universos con el solo propósito de comprobar si la batería que acaban de diseñar funciona.

Dejando atrás, en el exilio, a los verdaderos artífices de la ciencia materialista (la que busca el control del sistema operativo –ver artículo IX), llegamos a 1958 y nos encontramos con un escenario muy distinto –James Van Allen sí está dispuesto a colaborar con el ejército estadounidense y a darle toda la información que posee en forma de teorías que habrá que comprobar. El Explorer 1 fue diseñado desde el principio para cumplir objetivos militares –en plena guerra fría, al gobierno americano le tenía sin cuidado la configuración del espacio exterior. De hecho, comienzan a explosionar bombas atómicas convencionales y de hidrógeno en el subsuelo, en los océanos y en el espacio (ver apéndice F). Parecía como si los “responsables” de las grandes potencias se hubieran vuelto locos. Les faltaban dedos con los que apretar los detonadores atómicos. Nunca en la historia de la humanidad ha habido un periodo de destrucción masiva como el periodo que podemos denominar “nuclear” (1946-1990), en el que detonar bombas de una potencia inimaginable se convirtió en el pasatiempo favorito de presidentes y generales.

En el marco de esa locura nuclear lanzan en 1958 el Explorer 1 con objetivos claramente militares y descubren fuertes zonas de radiación –y nada más. Sin embargo, este “descubrimiento” va a ser la excusa perfecta para detonar bombas atómicas y de hidrógeno en el espacio exterior con el disparatado objetivo de dispersar esas radiaciones y de paso ver los efectos letales que podrían tener, bien dirigidas, sobre, por ejemplo, la Unión Soviética o China.

Un artículo reciente emitido por la NPR describe la prueba nuclear realizada por el ejército norteamericano para la que se utilizó una bomba de hidrógeno que estalló a 400 kilómetros sobre el Océano Pacífico en 1962. La misión se produjo después de que James Van Allen confirmara la existencia de cinturones de radiación alrededor de la tierra que ahora llevan su nombre. Resultó que, el mismo día que Van Allen anunció sus hallazgos en una conferencia de prensa, “estuvo de acuerdo con los militares en involucrarse en un proyecto para lanzar bombas atómicas en la magnetosfera para ver si podían interrumpirlo”. Según NPR, “el plan era enviar cohetes a cientos de kilómetros de altura, más altos que la atmósfera de la Tierra, y luego detonar armas nucleares para ver: a) Si la radiación de una bomba dificultaría ver lo que hubiera allí arriba (por ejemplo, misiles rusos atacándonos); b) si una explosión dañaría objetos cercanos; c) si el impulso creado movería los cinturones de Van Allen contra un objetivo terrestre (Moscú, por ejemplo); y, lo más peculiar, d) si una explosión provocada por el hombre podría “alterar” la forma natural de dichos cinturones “.

     NPR, NationalPublic Radio, es una organización sin fines lucrativos con financiación privada que aglutina una red de 900 estaciones de radio públicas en los Estados Unidos. NPR produce y distribuye noticias así como programación cultural.

Después de todas esas explosiones en el espacio, como era de esperar, aumentó considerablemente la radiación en los cinturones Van Allen. Parece increíble que esos expertos e investigadores no tuvieran otra ocurrencia que lanzar radioactividad a una masa gigantesca de radioactividad. Suponiendo que esas bombas atómicas hubiesen logrado disipar la radioactividad de los cinturones, al cabo de un tiempo el campo magnético de la Tierra habría vuelto a atraer las partículas radioactivas producidas por la radiación cósmica y solar que llenan todo el espacio. Ello nos hace pensar que en 1962 los “expertos” de la NASA desconocían la naturaleza y el origen de los cinturones Van Allen, así como su relación directa con el campo electromagnético de la Tierra.

No obstante, en 1969, y a pesar de la barrera radioactiva circundado la Tierra en un tramo de más de 20.000 kilómetros, dos astronautas americanos daban saltos en la superficie de la Luna –¡Asombroso!

En realidad, poco nos importa si la bandera norteamericana ondea (a pesar de que no haya atmósfera) o no en la superficie lunar. Lo verdaderamente relevante en este caso es el absoluto desconocimiento por parte de las grandes potencias nucleares de la naturaleza del espacio y del universo.

En 1969 se sabía todo sobre la composición, tamaño y naturaleza de los cinturones Van Allen, pero la realidad es que hasta 2012 se creía que eran dos los cinturones radioactivos que rodeaban la Tierra. Sin embargo, en este año se descubre un tercer cinturón:

En 2012 las observaciones de las sondas Van Allen mostraron que a veces puede aparecer un tercer cinturón. Si bien las observaciones han continuado durante décadas, nuestro conocimiento de los cinturones se mejoró cuando las Sondas Van Allen se lanzaron en 2012. Descubrieron que los cinturones eran más complejos de lo que se había imaginado en un principio. Las sondas mostraron que la forma de los cinturones dependía de qué partícula se estuviera estudiando.

En el 60 aniversario de Explorer 1, la NASA dijo que los estudios de los cinturones de Van Allen son aún más importantes hoy en día. “Nuestra tecnología actual es cada vez más susceptible a estas partículas aceleradas ya que incluso un simple impacto de una partícula puede alterar nuestros instrumentos y aparatos electrónicos cada vez más pequeños,” dijo David Sibeck, científico de la misión Van Allen Probe del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA en Maryland, en una declaración en 2018. Continuó: “A medida que la tecnología avanza, en realidad cada vez es más urgente comprender y predecir nuestro entorno espacial”.

Comunicado emitido por: NASA / Van Allen Probes / GoddardSpace Flight Center

Si lo vamos entendiendo bien, en 2012 empezamos a hacernos una imagen algo más clara del fenómeno radioactivo que rodea a la Tierra por doquier. Si bien, en declaraciones de David Sibeck en 2018, es urgente “comprender” y “predecir” nuestro entorno espacial que de ningún modo es algo fijo, estable… predecible.

Parte del interés en los cinturones de Van Allen proviene del lugar en el que están ubicados. Se sabe que los cinturones pueden hincharse cuando el sol se vuelve más activo. Antes de que se lanzaran las sondas, los científicos pensaban que el cinturón interior era relativamente estable, pero cuando se expande, su influencia se extiende sobre la órbita de la Estación Espacial Internacional y la de varios satélites. El cinturón exterior fluctúa más a menudo. La EEI ha estado habitada permanentemente desde 2000, con astronautas que normalmente permanecen allí seis meses seguidos. En 2015-16, el astronauta de la NASA Scott Kelly y el cosmonauta ruso Mikhail Kornienko permanecieron en la EEI durante casi un año. A medida que los astronautas permanecen en órbita durante más tiempo, su exposición a la radiación también puede aumentar, lo que genera inquietudes sobre la ocupación a largo plazo de los astronautas en el espacio.

Comunicado emitido por: NASA / Van Allen Probes / GoddardSpace Flight Center

Hay algo que no terminamos de entender. Por una parte, incluso en el 2015, no tenemos una clara imagen de la composición, fluctuación e influencia de los cinturones Van Allen sobre los aparatos electrónicos y sobre los astronautas en la EEI. Por otra parte, en 1969 se atravesaron en el viaje de ida a la Luna y en el viaje de vuelta a la Tierra, y en 2000 se comenzó la habitación humana de la EEI con permanencias de los astronautas de un mínimo de seis meses –los hemos visto en varios videos en camiseta, sin ningún tipo de protección especial. Más aún, en 2015, cuando es urgente “comprender y predecir nuestro entorno espacial” se decide que esta vez permanezcan un año. Y de nuevo aparecen en camiseta a pesar de que “A medida que los astronautas permanecen en órbita durante más tiempo, su exposición a la radiación también puede aumentar, lo que genera inquietudes sobre la ocupación a largo plazo de los astronautas en el espacio”. No vemos en qué consiste esa inquietud, ni tampoco vemos que la radioactividad de los cinturones afecte en absoluto a los humanos –tras un año de andar por la EEI en camiseta, el control médico no parece haber detectado el más mínimo aumento de radioactividad en los cuerpos de los astronautas. Por lo tanto, no hay ninguna razón para que la NASA y otras agencias espaciales en el mundo no se lancen al espacio sideral con naves tripuladas por astronautas con ropa deportiva de alguna marca que, de paso, subvencione parte de la expedición intergaláctica.

Afortunadamente, los científicos tuvieron la oportunidad de observar una tormenta de cerca en marzo de 2015, cuando una de las Sondas Van Allen se encontraba situada en el lugar “correcto” en el campo magnético de la Tierra para ver un choque interplanetario. La NASA describe estos choques o sacudidas similares a cuando un tsunami es provocado por un terremoto; en este caso, una eyección de masa coronal de partículas cargadas radioactividad solar crea un choque en áreas específicas de los cinturones.

“La nave espacial midió un impulso repentino de electrones energizados a velocidades extremas, casi tan rápido como la velocidad de la luz, cuando el choque golpeó el cinturón externo de radiación “, escribió la NASA en ese momento. “Esta población de electrones fue de corta duración y su energía se disipó en cuestión de minutos. Pero cinco días más tarde, mucho después de que otros procesos de la tormenta hubieran disminuido, las Sondas Van Allen detectaron un aumento en el número de electrones de energía incluso más alta. Este incremento posterior es un testimonio de los procesos únicos de activación después de una tormenta”.

Comunicado emitido por: NASA / Van Allen Probes / GoddardSpace Flight Center

Parece un asunto muy serio. Pero lo más serio de todo es que esos choques, esas tremendas sacudidas han sido detectadas en 2015 por primera vez. Vuelta de nuevo al año 1969 –comienzan las expediciones Apolo y todo va bien. Los instrumentos a bordo de las naves espaciales funcionan sin interrupción y los astronautas no sufren el menor daño radioactivo. Uno de los portavoces de la NASA, fuera de nómina, Fraser Cain (editor deUniverseToday) comentó que sin duda sabían que uno de los factores decisivos del éxito de la misión Apolo sería la suerte, pero la suerte no parece que sea un factor muy científico, sobre todo cuando es el más decisivo. Al mismo tiempo hacía una curiosa confesión:

Las sondas Van Allen nos muestran lo variable y caóticos que pueden llegar a ser estos cinturones. Lo que en un principio iba a ser un viaje sin riesgos, puede a veces convertirse en un viaje mortal. Por lo tanto, debemos aprender más sobre la relación entre las actividades solares y la intensidad que cobran los cinturones Van Allen.

La siguiente información nos llega de Los Alamos National Laboratory y salió a la luz en un video en febrero de 2016:

La Tierra está rodeada por anillos con forma de donuts llamados cinturones Van Allen, llenos de partículas con alta energía. La forma y el tamaño de esos cinturones cambian como respuesta a las tormentas magnéticas que vienen del Sol. Comprender lo que sucede durante esos acontecimientos radioactivos es crucial para proteger nuestra tecnología en el espacio.

Las tormentas magnéticas pueden interrumpir el funcionamiento de los instrumentos en los satélites, pueden causar una fuerte caída de tensión en las redes eléctricas e interrumpir las señales GPS que se utilizan para navegar.

Para una mejor comprensión de cómo reaccionan los cinturones Van Allen, la NASA lanzó las Sondas Gemelas Van Allen en 2012. En estas sondas hay un instrumento llamado hope que fue desarrollado en Los AlamosNationalLaboratory con el fin de registrar las cantidades de helio, oxígeno, protones y electrones a bajas energías y velocidades. Estas partículas existen por todo el sistema solar y juegan un papel muy importante en las dinámicas de los cinturones, ya que pueden generar ondas de plasma y estas ondas a su vez pueden afectar a las partículas de alta energía atrapadas en los cinturones.

La información recibida de hope y otros instrumentos de las Sondas Van Allen revelan que la forma de los cinturones es muy diferente a la que previamente se creyó. Ahora sabemos que la forma puede variar desde un solo y continúo cinturón, a uno interior con un pequeño cinturón exterior o, incluso, a una forma en la que no hay ningún cinturón interior.

Muchas de las diferencias se deben al hecho de considerar los electrones separadamente a diferentes niveles de energía.

Según vamos adquiriendo una mejor comprensión de cómo los cinturones Van Allen reaccionan a las tormentas magnéticas, podemos proteger más eficazmente los satélites e incluso los astronautas que viajan a través de esa región del espacio.

Al leer estas observaciones, estos y otros muchos urgentes comentarios con respecto a los cinturones Van Allen y a la configuración del espacio en general (siempre se había mantenido que entre el Sol y la Tierra no había partículas), se podría pensar que eran las discusiones y los grandes interrogantes que movían la investigación espacial en los años 60, no en el 2018 tras haber mandado docenas de satélites al espacio y 6 misiones tripuladas con aterrizaje en la Luna.

No obstante, resulta perturbador el hecho de que el historial de lanzamientos desde el año 1958 hasta 1969 haya sido más bien dramático:

Pioneer 0 – agosto 1958 – lanzamiento fallido

Pioneer 1 –  octubre 1958 – lanzamiento fallido

Pioneer 2 –  noviembre 1958 – lanzamiento fallido

Pioneer 3 – diciembre 1958 – lanzamiento fallido

Pioneer 4 – marzo 1959 – fallo parcial

P-3 – noviembre 1959 – lanzamiento fallido

P-30 – septiembre 1960 – lanzamiento fallido

P-31 – diciembre 1960 – lanzamiento fallido

Ranger 3 – enero 1962 – fallo de la nave

Ranger 4 – abril 1962 – fallo de la nave

Ranger 5 – octubre 1962 – fallo de la nave

Ranger 6 – enero 1964 – fallo de la nave

Ranger 7 – julio 1964 – impacto

Ranger 8 – febrero 1965 – impacto

Ranger 9 – marzo 1965 – impacto

Surveyor 1 – mayo 1966 – aterrizaje lunar

Explorer 33 – julio 1966 – lanzamiento fallido

Lunar Orbiter 1 – agosto 1966 – fallo parcial

Surveyor 2 – septiembre 1966 – fallo de la nave

Lunar Orbiter 2 – noviembre 1966 – entra en órbita lunar

Lunar Orbitar 3 – febrero 1967 – entra en órbita lunar

Surveyor 3 – abril 1967 – aterrizaje lunar

Lunar Orbiter 4 – mayo 1967 – entra en órbita lunar

Surveyor 4 – julio 1967 – fallo de la nave

Explorer 35 – julio 1967 – entra en órbita lunar

Lunar Orbiter 5 – agosto 1967 – entra en órbita lunar

Surveyor 5 – septiembre 1967 – aterrizaje lunar

Surveyor 6 – noviembre 1967 – aterrizaje lunar

Surveyor 7 – enero 1968 – aterrizaje lunar

Apollo 8 – diciembre 1968 – órbita lunar tripulada

Apolli 10 – mayo 1969 – órbita lunar tripulada

Apollo 11 – julio 1969 – órbita lunar y aterrizaje en la luna de los astronautas

Apollo 12 – noviembre 1969 – órbita lunar y aterrizaje en la luna de los astronautas

Apollo 13 – abril 1970 – fallo de la nave

Apollo 14 – enero 1971 – órbita lunar y aterrizaje en la luna de los astronautas

Apollo 15 – julio 1971 – órbita lunar y aterrizaje en la luna de los astronautas y rover

Apollo 16 – abril 1972 – órbita lunar y aterrizaje en la luna de los astronautas y rover

PFS-2 – abril 1972 – órbita lunar

Apollo 17 – diciembre 1972 – El último aterrizaje lunar de astronautas

Explorer 49 – enero 1973 – órbita lunar (selenocentricorbit)

Mariner 10 – noviembre 1973 – flyby (vuelo de observación)

ISEE-3 – agosto 1978 – sin documentación

Clementine – enero 1994 – fallo al intentar salir de la órbita lunar

Vemos en esta lista un esfuerzo frenético por alcanzar la Luna –31 lanzamientos (31 cohetes propulsados por 31 transportadores del tipo Thor DM-18) desde 1958 hasta 1969 con un total de 16 fallidos, 3 impactos (choque) y 7 orbitaciones. Todo ese esfuerzo para abandonar las misiones a la Luna en 1972. Hay una extraña regresión tecnológica hasta el punto de que en 2018 se empieza a estudiar todo de nuevo, como si fuese ahora cuando empieza la carrera espacial.

Por otra parte, y desde el punto de vista estadístico, cuesta creer que en 1968 los astronautas se subieran al Apollo 8 aunque tan sólo se tratase de orbitar la Luna. Con semejante historial de fallos ninguna compañía aérea habría hecho negocio.

La experiencia y la tecnología utilizadas desde 1958 hasta 1972 no existen ya. Hay que hacer tabla rasa y empezar de nuevo:

Cuando los astronautas de Orión se aventuren más allá de la Tierra en el espacio profundo, expandirán la frontera de la humanidad y empujarán los límites de la exploración. Aunque la nave espacial está diseñada con sistemas y materiales para mantener a la tripulación sana y salva durante su viaje, es un hecho que la magnetosfera terrestre expone a los astronautas a un amplio entorno de radiación que obliga a los científicos e ingenieros del Centro Espacial Johnson a buscar los medios más eficaces de protección.

La NASA trabaja para proteger a los astronautas de la radiación y limitar el tiempo en el que deban estar expuestos a la misma, ya que los efectos pueden incluir, por ejemplo, un mayor riesgo de cáncer. Para limitar estos riesgos en Orión, el equipo está desarrollando una forma de utilizar la masa a bordo de la nave como protección. Las evaluaciones realizadas recientemente en el Centro Johnson tienen como objetivo comprobar los procedimientos que lleven a los astronautas a un entorno de protección lo más rápido posible. “Nuestro objetivo es limitar el riesgo de exposición radioactiva durante la vida de un astronauta”, dijo Kerry Lee, responsable del sistema de radiación de Orión. “No parece probable que haya efectos agudos radioactivos durante una misión o inmediatamente después de volver, pero nos preocupan los efectos a largo plazo. Nuestro trabajo tiene como objetivo mitigar los riesgos de la radiación sin tener que agregar masa al vehículo”.

Orión estará equipado con un instrumento que detectará los niveles de radiación integrado en el vehículo y llamado HybridElectronicRadiationAssessor, o HERA. Este detector de radiación indicará si los miembros de la tripulación necesitan refugiarse en el caso de un evento radioactivo, como una erupción solar. En este caso, los astronautas se ubicarán en la parte central del módulo de la tripulación, en gran parte reservada para almacenar los artículos que necesitarán durante el vuelo y que a su vez generarán un refugio utilizando las bolsas de almacenamiento a bordo. El módulo protege a la tripulación al aumentar la masa que les rodea directamente y, por lo tanto, crea un entorno más denso por el que las partículas solares deberían pasar, sin agregar masa al módulo de la tripulación.

Al escuchar la alarma, la tripulación podrá preparar el refugio en una hora y, en algunos casos, tendrá que permanecer dentro de él 24 horas. El uso de las bolsas de suministros, alimentos y agua, en combinación con los asientos de Orión, permitirá a los astronautas que preparan el refugio colocar estratégicamente bolsas más densas en áreas del vehículo con menos materiales que protejan de la radiación. Por ejemplo, la parte inferior de Orión, donde se unen el escudo térmico y el módulo de servicio, proporcionará más protección que otras áreas, y las bolsas de almacenamiento se podrán colocar en las partes del interior de la nave con menos blindaje.

La evaluación también incluyó la forma de atar las bolsas de almacenamiento, dónde ubicar los tubos para proporcionar aire al refugio y la manera más adecuada de entrar y salir de él. Después de evaluar los resultados de las pruebas, la NASA desarrollará aún más los procedimientos y realizará pruebas adicionales.

Orión irá montado sobre el poderoso cohete SpacialLaunchSystem de la NASA que lo lanzará al espacio profundo dentro del programa de la NASA para viajar a Marte. Su primera misión, Exploration Mission-1, enviará un Orión sin tripulación a unas 40.000 millas más allá de la Luna a finales de 2018.

Orión se elevará a bordo de un cohete Delta IV Heavy, capaz de llevar a los astronautas en misiones de exploración al espacio profundo, para realizar la primera prueba de vuelo en el espacio. Orión realizará esta misión sin astronautas y orbitará la Tierra dos veces alcanzando una altura de unos 6.000 kilómetros, 15 veces más que la Estación Espacial Internacional.

La nave espacial reentrará en la atmósfera de la Tierra a una velocidad de 32.000 kilómetros por hora y se comprobará la fiabilidad del escudo de protección que deberá hacer frente a una temperatura de 2200 grados centígrados generada por la plasmasfera. La cápsula tripulada de Orión caerá al Océano Pacífico frente a la costa de Baja California donde será recuperada por la NASA y equipos de la marina de los EE.UU.

El primer lanzamiento del Espacial LaunchSystem de la NASA, que transportará la nueva nave espacial Orión, podría realizarse en diciembre de 2019, según funcionarios de la NASA, aunque un nuevo informe indica que la fecha estimada de lanzamiento no será antes de junio de 2020.

Comunicado emitido por: NASA / Van Allen Probes / GoddardSpace Flight Center

Desde 1968 hasta 1972 se realizaron 7 vuelos tripulados a la Luna que pasaron por los cinturones Van Allen a la ida y a la vuelta. Según los informes médicos los astronautas no presentaban un aumento anormal de radiación en sus cuerpos. ¿Por qué entonces esa extrema preocupación por el impacto de la radiación en los astronautas? Si realmente se llevaron a cabo esos vuelos, son la mejor prueba de que los cinturones Van Allen no representan ningún riesgo para la salud humana. Al menos en el espacio desde la Tierra hasta la Luna parece comprobado que ni los cinturones radioactivos ni la radiación cósmica o solar son un problema. Por otra parte, Kerry Lee no debería preocuparse por la salud de los astronautas que puedan estar expuestos a la radiación durante largos periodos de tiempo, ya que durante las tormentas solares los anillos Van Allen cubren la órbita de la EEI donde los astronautas pasan un mínimo de seis meses (algunos han estado un año seguido) y según los videos se mueven libremente por la Estación en camiseta y tampoco se les ha detectado una contaminación radioactiva fuera de lo normal.

Más aún, según se desprende de los textos citados procedentes de la NASA, la famosa protección contra fuertes descargas radioactivas se va a limitar a recolocar las bolsas de abastecimiento en forma de muralla que absorba dicha radiación.

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Dos marujas de la NASA muestran las bolsas de abastecimiento  que servirán de protección contra la radioactividad

No obstante, si el vuelo-ensayo del Orión no va a ir tripulado y la nave tiene previsto alcanzar los 6.000 kilómetros de altura, no entendemos que valiosa información van a obtener de ese lanzamiento. Estamos hablando de un país, EE.UU, y de una agencia espacial, NASA, que ha llevado seis veces, en seis vuelos, astronautas a la Luna. Por otra parte, a 6.000 kilómetros seguimos en el primer cinturón Van Allen, ni siquiera hemos llegado al segundo.

Otro problema que no debería preocuparles es la temperatura de la plasmasfera, ya que seis misiones tripuladas a la Luna y otras muchas no tripuladas deberían bastarles para tener la seguridad de que de la misma forma que no afectó a esas naves de hace ahora más de 50 años, tampoco afectará a las nuevas, provistas, sin duda, de una más avanzada tecnología. Sin embargo, les preocupa. Por una parte, a partir de 100 kilómetros de altitud tenemos una situación de cuasi vacío y, por lo tanto, las partículas están tan separadas que no sentimos el calor y esos 2000oC se convierten en unos pocos a la hora de experimentarlos. Por otro lado, la propia NASA comenta:

“La nave espacial reentrará en la atmósfera de la Tierra a una velocidad de 32.000 kilómetros por hora y se comprobará la fiabilidad del escudo de protección que deberá hacer frente a una temperatura de 2200 grados centígrados generada por la plasmasfera.”

El propio James Van Allen dijo en respuesta a un correo electrónico de SpitfireIX:

“He visto hace poco un programa de Fox TV en el que se presentan un conjunto de ingeniosas y entretenidas tonterías. Decir que el haber estado expuestos a la radiación durante las misiones Apollo hubiera sido fatal para los astronautas es solo un ejemplo de esas tonterías.”

Lo más curioso del caso es que en ese mismo correo James confirma esas “tonterías”:

Estimado Sr. Lambert,

En respuesta a su correo electrónico, le envío la siguiente copia de una respuesta que escribí en otra consulta hace 2 meses:

Los cinturones de radiación de la Tierra, de hecho, plantean importantes limitaciones a la seguridad del vuelo espacial humano.

Los protones muy energéticos (decenas a cientos de MeV) en el cinturón de radiación interno son los más peligrosos y de los que más difícil es protegerse. Específicamente, los vuelos prolongados (es decir, los que duran varios meses) de humanos u otros animales en órbitas alrededor de la Tierra deben realizarse a altitudes inferiores a 350 kilómetros para evitar una exposición significativa a la radiación.

Una persona en la cabina de un transbordador espacial en una órbita ecuatorial circular en la región más intensa del cinturón de radiación interior, a una altitud de aproximadamente 1000 millas, estaría sujeta a una dosis fatal de radiación en aproximadamente una semana.

Sin embargo, las trayectorias de entrada y de salida de la nave espacial Apollo cortaron las partes externas de la banda interna y debido a su alta velocidad pasaron solo unos 15 minutos atravesando la región y menos de 2 horas atravesando la radiación mucho menos penetrante en el cinturón de radiación externo. La exposición a la radiación resultante para el viaje de ida y vuelta fue menos del 1% de una dosis mortal, un riesgo muy leve entre los otros riesgos mucho mayores de tales vuelos. Hice tales estimaciones a principios de la década de 1960 y así informé a los ingenieros de la NASA que estaban planeando los vuelos de Apollo. Estas estimaciones aún son fiables.

Estas declaraciones se hicieron en 2003 y James murió en 2006. Es decir, seis años antes de que se empezará a conocer la naturaleza de los cinturones Van Allen y del espacio en general. ¿Cómo entonces se fue a la Luna 6 veces en vuelos tripulados sin que ni los instrumentos ni los astronautas sufrieran el menor daño? ¿Qué protege a la EEI y a sus visitantes?

La gran aventura espacial para los 2020 es la misión Orión que llevará una nave espacial no tripulada a 6.000 kilómetros de la Tierra. En todos los textos de la NASA en los que se habla de esta misión se recalca que la nave Orión alcanzará una distancia 15 veces superior a la de la EEI. Mas para lograr semejante proeza espacial habrá que esperar hasta el 2020. Extraña regresión tecnológica:

Iría a la Luna en un nanosegundo, pero el problema es que ya no tenemos esa tecnología para hacerlo, solíamos tenerla, pero la destruimos y es un doloroso proceso reconstruirla de nuevo, pero ir a Marte debería estar en la siguiente serie de pasos que deberíamos tomar.

Don Pettit, astronauta de la NASA

De alguna forma es altamente perturbador el comentario de este astronauta que no ha sido declarado enfermo mental (debido quizás a los cinturones Van Allen) por la NASA. Sin embargo, se nota el nerviosismo que han provocado esta y otras declaraciones por parte del personal de la Agencia Espacial Norteamericana. Decenas de sitios en internet se han apresurado a reinterpretar las palabras de Pettit de forma tan patética que no han hecho, sino reforzar el absurdo en el que nos encontramos hoy.

Boeing no pudo descifrar los planos de un avión 707 y tampoco pudo volver a construirlos. Tampoco IBM podría comenzar a construir ordenadores System/360 de nuevo. Todas las industrias “pierden” tecnologías, una y otra vez.

Sin duda que es así. ¿Para qué quiere IBM construir ordenadores con el sistema 360? En cualquier sitio de internet que busquemos nos encontraremos con que IBM va a la cabeza en las nuevas tecnologías de ordenadores. En el periódico EL PAÍS aparecía hace poco una noticia al respecto: IBM prepara el primer ordenador cuántico universal. Mas qué sucedería si los ingenieros de IBM dijeran que han perdido la tecnología del sistema 360 y ya no pueden hacer ordenadores, o si los técnicos de la Boeing hubiesen dejado de fabricar aviones por no saber descifrar los planos del 707. Esta extrapolación de hechos no es propia de un sistema que se arroga la supremacía mundial de la ciencia y la tecnología.

Analicemos ahora lo que bien podríamos llamar el quid de la cuestión. Otra inesperada noticia que ha salido a la luz en el peor momento –desde los años 80, y quizás mucho antes, la NASA está comprando los motores de los transbordadores espaciales a la Unión Soviética primero y a Rusia después. Una noticia no menos perturbadora que las declaraciones de Pettit.

Según publicaciones rusas, la empresa de propulsión de cohetes con sede en Rusia, Energomash, ha firmado un acuerdo para vender otros seis motores RD-180 a UnitedLaunch Alliance en 2020. Estos seis motores permitirán seis vuelos adicionales del cohete Atlas V, que transporta material de seguridad nacional y misiones científicas para el gobierno de los Estados Unidos. Se espera que este mismo cohete también ponga en órbita la nave espacial tripulada Starliner de Boeing.

Desde que se suspendió en 2011 el programa del transbordador espacial SpaceShuttle, la NASA ha llevado a su gente al espacio a bordo de cohetes rusos que salen desde Kazajstán.

Aprovechando esta noticia, la embajada rusa en Washington evidentemente sintió la necesidad de pinchar a UnitedLaunch Alliance, al ejército de los EE. UU. y a la NASA en un twitter, diciendo: “Los motores rusos continuarán lanzando a América al espacio”.

Una clara indicación por parte de Rusia de que han sido sus motores y su tecnología la que se ha paseado por el espacio interior, orbitando la Tierra con americanos a bordo.

No es algo nuevo. América está usando los motores rusos desde 1998 en todas sus misiones al espacio (Lanzamiento del RD-180 en el Centro de pruebas avanzadas de motores del Centro de vuelo espacial Marshall, 4 de noviembre de 1998).

Después de estas pruebas se comenzaron a utilizar los motores rusos RD-180 en 2000.

Las raíces del RD-180 se extienden hasta el proyecto Soviet Energialaunchvehicle. El RD-170, un motor de cuatro fases, fue desarrollado para propulsar este vehículo, que finalmente fue utilizado para lanzar el orbitador Buran. Este motor se redujo a una versión de dos fases combinando los dispositivos de combustión del RD-170 con turbo máquinas de tamaño medio. Después de haber realizado diversas pruebas con éxito y tras haber firmado acuerdos a alto nivel entre el gobierno americano y el gobierno ruso, los motores fueron importados a los EE. UU. para su utilización en elLockheed Martin Atlas III, con primer vuelo en 2000. Este mismo motor ha sido también utilizado en UnitedLaunch Alliance Atlas V, el sucesor del Atlas III.

Wikipedia

Es imposible seguirles a través de sus nomenclaturas, sus explicaciones, su terminología… Tras leer cientos de páginas y ver decenas de fotografías, la frustración de estar siempre al comienzo del estudio te hace abandonar la aventura de encontrar el hilo conductor que nos lleve a una clara comprensión de lo que realmente ha sucedido desde 1958 hasta hoy. No importa. Los interrogantes hablan por sí mismos: ¿Por qué después de gastar trillones de dólares en el proyecto Apollo se abandonaron los viajes a la Luna? ¿Tras 6 vuelos tripulados a la Luna no debería haber sido el siguiente paso el establecimiento de una base permanente en nuestro satélite en vez de montar una estación orbital alrededor de la Tierra que cuesta según sus estimaciones 500 millones de dólares al día? ¿Si no resulta interesante tener una base permanente en la Luna (sin tormentas, sin lluvias, sin vientos huracanados y a tan solo 3 días de viaje), por qué se habla de ir a Marte y establecer allí colonias habitadas con gente llevada de la Tierra (La duración precisa de cada viaje depende de cuándo se realice. Debido a que tanto las órbitas de Marte como las de la Tierra no son perfectamente circulares, el tiempo que se tarda en viajar entre ellas varía de seis a ocho meses.)? ¿Cuál sería, realmente, la razón de esa aventura cuando todos vemos que es un problema salir de los cinturones Van Allen (60.000 kilómetros de la Tierra)? ¿Cuál sería el escenario terrícola después de utilizar los cuatrillones de dólares que se han gastado en satisfacer las fantasías cósmicas en proyectos realistas en nuestro hogar, la Tierra?

Puede haber muchas respuestas para estas y para muchas otras preguntas, pero sólo hay una que sea satisfactoria y que realmente explique la causa inexcusable del despilfarro NASA-RUSIA-CHINA –proteger a toda costa el sistema materialista. Si hay Dios, no puede haber estados, y nuestro paso por este mundo se limitaría, así, al esfuerzo por construirnos la mejor morada posible en Ajirah.

Nuestra versión de los hechos es muy diferente a la que presentan los despilfarradores:

(27) Los derrochadores son hermanos de los shayatin, y el shaytan encubre las bendiciones de su Señor.

Sura 17 – al Isra

Podemos resumirla en una simple frase –nada entra ni nada sale del cielo de dunia. Es un cielo protegido que cierra nuestro universo.

(32) Hemos hecho que el cielo sea un techo protegido. Sin embargo, ellos se desentienden de los signos que hay en él.

Sura 21 – al Anbiya

El propósito de la existencia a la que hemos sido arrojados nada tiene que ver con nuestras fantasías, fruto, a su vez, de nuestra ignorancia. La ciencia occidental no busca el conocimiento, sino manipular el sistema operativo del universo y de la vida. Quieren llegar sus sacerdotes a los registros del Ghaib y desde allí controlar el Cielo y la Tierra –en verdad que la mayoría de los hombres son necios.

África es un vergel natural con enormes ríos, montañas, lagos, alimentos y toda clase de animales. Sin embargo, los occidentales han matado y esclavizado a sus habitantes, han desertizado millones de hectáreas construyendo enormes ciudades y corrompiendo a sus poblaciones. Las corporaciones occidentales han actuado allí con mucha más voracidad que la marabunta. Tras esa parcial destrucción, NASA propone a sus compatriotas aumentar los impuestos para ir a Marte y construir allí en unos cuantos millones de años un territorio bastante parecido a África.

Algo no termina de encajar en este enmarañado rompecabezas –no quieren ir a Marte ni tampoco “volver” a la Luna, entre otras razones porque no pueden. Saben que es una aventura imposible e inútil.

Hagámonos una última pregunta: Después de 70 años de “investigación”, de construir decenas de institutos de astrofísica, de construir decenas de súper telescopios, de mandar miles de sondas al “espacio profundo”, de gastar cuatrillones de cuatrillones de dólares, de morir decenas de personas… ¿Qué tenemos encima de la mesa? ¿Qué tenemos en el otro platillo de la balanza? Todos sabemos la respuesta –nada. Y ello porque la promesa de shaytan no es, sino un continuo engaño –el hombre sigue muriendo antes de los 120 años (el límite que se fue estableciendo tras morir el profeta Nuh) y nuestros dominios no han logrado traspasar el horizonte.

Volvamos a los textos revelados bajo la guía del Qur-an (la referencia universal del conocimiento).

(83) Mas déjalos con su palabrería y su inconsciencia hasta que se encuentren con su día, el que se les ha prometido que llegará.

Sura 43 – azZujruf

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