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El Diseño Inteligente –y ahora ¿qué?

Rigor o dogmatismo

ruedas

Nada hay más cierto que el hecho de que todo aquello que no logra expresarse en el tiempo y lugar adecuados no tendrá el efecto esperado. Digo esto porque mucho antes de que apareciera el grupo de científicos que ha dado origen al movimiento intelligentdesign, ya habían postulado propuestas semejantes investigadores independientes procedentes de diversos países. Recuerdo que hace ahora casi 50 años asistí a un congreso de jóvenes protestantes de todo el mundo que se celebró en Barcelona. En el camino a la ciudad condal uno del grupo me pasó el trabajo de un biólogo norteamericano en el que refutaba la teoría de la evolución. Se basaba en una serie de experimentos llevados a cabo con la mosca del vinagre en los que claramente se demostraba que cualquier mutación producida por cualquier medio no genera, sino degeneración o muerte. Ninguna mutación observable hasta entonces había producido una mejora en las características de los seres vivos en los que se había experimentado. Bien al contrario, estos insectos habían sufrido una continua degeneración hasta producirsesu muerte. Cuando leía este trabajo no podía imaginar que décadas más tarde habría suficiente data como para dejar callados a todos esos seudocientíficos aferrados enfermizamente a sus fantasías materialistas. Y digo “seudocientíficos” porque la base argumental sobre la que han levantado el edificio evolutivo no contiene más evidencia que sus indemostrables interpretaciones –en algún lugar, “algo” deseaba ardientemente seleccionar a los mejores elementos vivos en detrimento de los más débiles, hasta llegar al culmen de tal proceso, es decir, nosotros, y en este punto detenerse y dejar de seleccionar y de evolucionar.

A esta consideración se le dio un valor universal y objetivo, sin caer en la cuenta de que se trataba de un postulado aberrantemente subjetivo. ¿En base a qué presupuesto podemos decir que un elefante es superiora una hormiga, o una abeja que muere ante un cambio climático es inferior a la que sobrevive por albergar en su genética esa posibilidad? ¿Acaso quien vive 100 años con una salud de hierro es superior a quien muere a los 63 tras una prolongada enfermedad? ¿No importa lo que cada uno de ellos haya hecho con su vida? Para hablar de “superior” e “inferior” tendremos primero que definir el objetivo, el fin, de dicha selección y su consecuente evolución. Un proceso tan extraordinariamente complejo como el de la aparición de la vida no puede darse sin tener alguna finalidad. Incluso el postulado “la vida por la vida” exige que haya un observador de la misma –alguien dice “estamos vivos” y alguien dice “vamos, inevitablemente, a morir”. Esta consciencia exige una seria explicación.

No obstante y a pesar de estas y otras deficiencias, la teoría de la evolución y el concepto materialista de la existencia siguieron ganando terreno e introduciéndose en los programas educativos de medio mundo. Estaban convencidos, algunos lo estaban, de que los nuevos avances tecnológicos apoyarían sus tesis. Sin embargo, la realidad ha resultado ser justo lo contrario de lo que ellos esperaban. Esos avances tecnológicos aplicados a la química y a la biología han mostrado de forma irrefutable que la portentosa complejidad del organismo vivo más simple –el de una bacteria, una “simple” célula procariota– no ha podido originarse por casualidad. Y lo mismo han dicho los astrofísicos con respecto al universo –simplemente, no hay casualidad. De hecho, no puede haber un concepto menos científico que éste.

Es cierto que hoy, casi a finales de 2018, tenemos una base argumental mucho más extensa y elaborada que hace 50 años cuando yo leía ese innovador artículo sobre el efecto devastador de las mutaciones. Sin embargo, el problema continúa e incluso puede agravarse si no somos consecuentes con lo que vamos descubriendo y no configuramos con ello una clara imagen de la existencia.

En un programa reciente de televisión aparecían dos científicos españoles –un químico y un doctor en medicina– que apoyaban el concepto de “diseño inteligente” y aún lo reforzaban con sus propias investigaciones y los nuevos hallazgos en los miles de laboratorios que trabajan en todas las universidades del mundo para demostrar la descalabrada teoría de la evolución. Todos esos hallazgos, empero, no hacen, sino sepultarla aún más y demostrar, al mismo tiempo, la fiabilidad de la teoría del “diseño inteligente” –del creacionismo en última instancia.

El desarrollo del programa iba siendo muy alentador, pues su condición de científicos les permitía comentar esos hallazgos bioquímicos con precisión y justeza. El problema vino al final, en los últimos minutos, cuando el entrevistador les planteó la consabida última pregunta con la que se pretende resumir y concluir lo expuesto en el programa. La pregunta fue –“Si hay un diseño inteligente, debería haber un diseñador también inteligente. ¿Creen ustedes en ese diseñador? ¿Creen que detrás de este universo, de la vida, hay un Diseñador, un Dios?”. La respuesta fue patética, pues todo el rigor con el que se habían expuesto las pruebas o argumentos en contra de una visión materialista de la existencia, se vinieron abajo, se desactivaron y sólo quedó la ingenua propuesta de que ese Diseñador no podía ser otro que Jesucristo.

Hasta el final del programa se había seguido un método correcto, el mismo método que han seguido los proponentes del diseño inteligente –estricta y continuada observación de los hechos que vamos descubriendo, análisis de esos hechos, exposición de esos hechos contra las más diversas teorías con un mínimo de base argumental, propuestas teóricas en base a los análisis realizados… Y sin embargo, en esos últimos minutos, en esa última respuesta, abandonan dicho método y declaran, como si hubiera sido ese el único objeto de la entrevista, que el Diseñador del universo y de todo lo que contiene es Jesucristo, un humano como nosotros, que andaba por los mercados, que comía con la gente, que dormía, que se cansaba, que, según ellos, fue brutalmente apaleado y luego crucificado, aunque en realidad el suceso no debió ser tan desgarrador como pudiera haberse pensado en un primer momento, ya que se trataba de Dios, del hijo de Dios –“de la misma naturaleza que el padre.”

(75)El masih, hijo de Mariam, no era, sino un mensajero antes del cual ya hubo otros. Su madre era una mujer veraz y ambos comían alimentos. Mira cómo les clarificamos las aleyas  y luego mira cómo fraguan embustes.

Sura 5 – al Maidah

¿Dónde ha quedado el rigor del método científico? ¡Un momento! Vayamos paso a paso. Hay muchas propuestas teístas, muchas visiones cosmológicas. Sigamos el método científico –observemos lo que nos rodea y a nosotros mismos, analicemos los hechos que a través de esa observación vayamos encontrando, enfrentémoslos luego a esas propuestas religiosas o espirituales y veamos en cuál de ellas se produce la resonancia. De la misma forma que la homeopatía enfrenta los síntomas de la enfermedad a la materia médica hasta que encuentra un medicamento que contiene o produce esos mismos síntomas, así mismo debemos nosotros enfrentar esas propuestas y sus credos, a los hallazgos y postulados que van conformando nuestra investigación. No podemos durante 45 minutos ir desarrollando con absoluta y escrupulosa exactitud los argumentos que prueban la existencia de un diseño y de un Diseñador de la existencia, y luego concluir en 3 minutos que ese Diseñador, según dice un libro que sabemos a ciencia cierta que ha sido manipulado y reescrito cien veces, anónimo, es un tal Jesucristo, del que no hay ninguna evidencia histórica ni metafísica.

Pero que no se nos malentienda. Antes de dilucidar si Jesucristo es o no el Diseñador, tendremos que establecer un método que nos permita llegar a esa conclusión o descartarla por completo. Lo que ellos han hecho ha sido valerse de lo mismo de lo que se han estado valiendo durante siglos esos a los que se censura –un irracional dogmatismo. ¿Qué les ha llevado a concluir que Jesucristo sea el Diseñador? ¿Con qué autoridad afirman tal cosa? Con la de una Iglesia corrupta y sacerdotal –muerta– cuya tarea durante siglos ha consistido en quemar en sus hogueras a las mejores mentes de cada generación. Con la de un libro escrito por autores anónimos, un libro humano, demasiado humano, como ellos mismos afirman:

“Puesto que ya muchos han tratado de poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas, tal como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron con sus ojos, y fueron ministros de la palabra, me ha parecido tan bien a mí, después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas por orden, oh excelentísimo Teófilo, para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido.”

Así empieza el evangelio de Lucas. Nos confiesa que ya ha habido muchos que han escrito sobre el tema, ¿dónde están sus escritos? De esos muchos no tenemos, sino cuatro, y cuatro, contando con el propio Lucas, no parece que se puedan calificar de muchos. Al mismo tiempo, nos confiesa Lucas que “le pareció bien” hacer él lo mismo y que para ello investigó el asunto con diligencia. No hay, pues, ninguna referencia a que sus escritos le fueran revelados por el Altísimo –la única Autoridad posible.

Es más que probable que los cristianos, que han perdido su libro, no tengan una clara imagen de cómo se expresa la revelación divina:

(90)Esos son a los que Allah ha guiado. Sigue, pues, el ejemplo de su guía. Diles: “No os pido ningún pago por ello. No es, sino una admonición y un recordatorio para todos los hombres.”

Qur-an 6 – al An’am

* * *

(8) Entre la gente –nas– los hay que discuten sobre Allah sin tener conocimiento alguno, ni guía ni Kitab iluminador.

Sura 22 – al Hayy

* * *

(78) De entre ellos los hay que son gente baja. No conocen el Kitab, tan sólo sus deseos. No hacen, sino elucubrar.

Sura 2 – al Baqarah

Carecen de libro iluminador, de libro guía. No saben lo que Allah reveló a Isa en el Inyil, porque lo han perdido, lo quemaron todo apresuradamente y ahora tienen que leer lo que se salvó de la hoguera en español porque no pueden leerlo en latín, y si pudieran leerlo en latín, estarían leyendo una traducción del griego; y si pudieran leerlo en griego, estarían leyendo una malsana y manipulada traducción del dialecto árabe que llaman hebreo, cuyo texto original se ha perdido y reescrito el Diseñadorsabe cuántas veces. ¿Por qué entonces no indagar hasta saber si hay material que permanezca intacto, en la lengua en la que se reveló? Hay textos así en el Islam, que se mantienen en su lengua original y que muchos de sus adeptos pueden leer y comprender. ¿Hasta cuándo seguirá la gente abandonando la religión, la espiritualidad, el recuerdo, para huir de la incongruente trinidad?

¡Un momento! Vayamos paso a paso. La búsqueda del Diseñador no es fácil. Requiere determinación y paciencia, requiere comparación, y una inquebrantable libertad de análisispara evitar caer en los dogmatismos o dejarse llevar por los postulados culturales del momento.

Si hemos seguido una impecable línea de investigación hasta llegar al diseño inteligente, sigamos con esa misma línea, con ese mismo método hasta dar con el Diseñador. Sin duda, el encuentro más fabuloso de nuestra vida.

Virgilio Zara

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