¿Para quién dirigió Tarkovsky la película “Solaris”?

Salirse de los círculos académicos, de la narrativa oficial, no es simplemente estar en contra, sino no estar; no acudir a sus celebraciones. El verdadero trabajo es siempre clandestino, subterráneo, trabajo negro. Nunca hay cámaras de televisión. Nunca es un acontecimiento público.

Cada vez que intentas nadar para llegar a la otra orilla, en seguida te ponen lastres en los pies, y te preguntan: ¿Ya lo has leído todo? ¿Estás seguro de que lo has entendido? Dulzura también de nunca contestar.

Hay en los científicos una inquietante pesantez. Siempre en el mismo lugar, dando vueltas a la noria y repitiendo la misma monserga: “Un punto importante a comprender es que la ciencia no habla de religión, se rige por un método empírico que necesita confirmación experimental, por lo tanto, las creencias no son materia de su competencia si no se pueden demostrar.” Toda una petición de principio, pues ¿qué es el Big Bang –una comprobación experimental, una evidencia empírica?

Víctor, que sí firma sus comentarios, nos está diciendo que las creencias no forman parte del método científico; es decir, de la verdad, de las comprobaciones objetivas, como, por ejemplo, la certitud empírica de que nuestro ancestro común es una bacteria y de que esa bacteria, según algunos, vino del espacio profundo, o quizás no. Quizás fueron solo unos cuantos aminoácidos, unos cuantos lípidos… O quizás tampoco fuera así. Mas como no hace referencia a ningún postulado religioso, ya es científico.

Mas las creencias es lo único empírico que tenemos, pues es algo que experimentamos en nosotros mismos; una íntima certitud que no necesita de la confirmación de terceros.

Mas aquí la cuestión es: ¿Por qué, entonces, habla Víctor de la consciencia? Si no es algo científico, relevante dentro de la narrativa de Artur, ¿por qué su pregunta, la única pregunta que le hace, es: ¿Tienen las microzimas, las plantas, consciencia; consciencia de sí mismas?  Le hace esta pregunta porque es la única relevante para comprender cómo funciona el método existencial.

Y dudan, ambos dudan –Víctor y Artur– porque resulta patente que nunca han reflexionado sobre este concepto y no saben qué pensar, no saben a dónde les podría llevar esta reflexión; y aunque son amantes de la verdad, temen salirse de la selva.

El concepto “consciencia” se nos escapa de las manos porque nunca ha formado parte de los esquemas de pensamiento de los científicos, ocupados, como están, en la comprensión de los mundos sub-celulares. Mas una y otra vez observan movimientos organizados, complejas reacciones químicas… y ello les devuelve a la pregunta: ¿Tendrá todo esto consciencia?

Y Víctor nos propone lo siguiente: “Si definimos la consciencia como el conocimiento que un ser tiene de sí mismo y de su entorno…” Entonces estaremos en un grave error, pues la consciencia como ya lo hemos dicho, no forma parte de la cognición. Es la luz que ilumina nuestro escenario existencial y a nosotros mismos y que, por lo tanto, activa la reflexión, el caer en la cuenta.

La consciencia no tiene niveles ni diferentes calidades. Es una y la misma para todos los hombres y otras entidades no humanas. La diferencia entre Víctor y Artur no está en la consciencia, pues es la misma para ambos, sino en sus nafs y en el carácter, la idiosincrasia, el estilo, en el que estos nafs se expresan. Podemos cambiar el decorado y los muebles de una habitación, pero la luz que ilumina la estancia siempre será la misma.

Es en la consciencia donde nos conectamos con la fuente, con la órbita divina. Es este “caer en la cuenta” lo que nos permite estar presentes en el Universo y sabernos allí presentes. Y para expresar todas estas reflexiones, iluminadas por la consciencia, necesitamos de un lenguaje conceptual.

Sin embargo, la mayoría de los seres humanos vive con su consciencia desactivada y, por lo tanto, su interacción con los elementos existenciales que les rodean se desarrolla a nivel animal o vegetal. Simplemente desarrollan su programa humano –sin consciencia, sin reflexión y sin lenguaje conceptual. Lo que vemos en los jóvenes de hoy es una paulatina degradación del lenguaje. Son incapaces de expresar lo que sienten de una forma comprensible, de una forma refinada, sublime.

Y esta nefasta negligencia existencial le lleva a ese hombre a no ver ninguna diferencia entre él y los animales. Se siente mejor entre ellos. Mucha gente hoy prefiere tener una mascota que un hijo y dice: “¿Quién ha dicho que los animales no tengan consciencia? Mi perro es como yo. Estamos al mismo nivel.” Y en verdad que están al mismo nivel ya que este hombre, este ser humano, tiene la consciencia desactivada y, por lo tanto, nunca ha reflexionado, nunca ha caído en la cuenta de existir, de vivir en un Universo que puede observar, que pude admirar, que puede comprender a nivel funcional.

Mas si nos salimos de esta abrasadora retórica, la retórica del negligente, nos daremos cuenta de que hemos estado otorgando a los animales, superponiendo en sus movimientos, nuestras reflexiones, nuestros sentimientos. Cuando el elefante toca a su cachorro muerto, realiza un movimiento similar al que realiza el hombre cuando acaricia. Y ello nos lleva a otorgar al elefante los mismos sentimientos que nos hacen a nosotros acariciar a nuestro hijo y al hacerlo, nos vemos obligados a otorgarle a ese elefante sentimientos humanos, lenguaje conceptual, consciencia. Es un mundo Disney, pero también un mundo de la pantera rosa, que no puede vivir sin pintarlo todo de su color. Humanizamos todo lo que nos rodea de la misma forma que ella “panteriza” su mundo.

La siguiente hipótesis que plantea Víctor es la de una mayor complejidad de funciones según la complejidad del sistema nervioso y del cerebro del animal: “Se debería observar la respuesta de cada especie, que sería distinta, y nos daríamos cuenta de que esto va en función de la complejidad de su sistema nervioso y del cerebro, que parecen ser los órganos y tejidos donde tiene lugar el mecanismo de reflexión.” Sin embargo, lo que observamos es que animales, como la abeja, con un sistema nervioso y un cerebro diminutos, realizan funciones mucho más complejas que las que realizan animales con un sistema nervioso y un cerebro mayor y más desarrollado –como los elefantes, los leones o los monos, ya que el cerebro y el sistema nervios simplemente son dispositivos que decodifican el programa “abeja” o el programa “elefante” o el “león”. Al no entender este mecanismo, que nosotros mismo reproducimos en todas las cosas que fabricamos –ordenadores (dispositivos), programas (con la carga informativa completa), nos vemos obligados a otorgar a los animales, en contra de nuestra propia lógica, consciencia y reflexión.

Mas otro factor que nos lleva a esta perturbadora comprensión de la existencia es el hecho de que hemos perdido el centro y hemos minimizado nuestra posición existencial. Provenimos de una bacteria a través del mono, y la Tierra en la que vivimos es una torta perdida en la infinitud del Universo. No somos nada; una mota, un grano de arena y pronto seremos un montón de microzimas.

Mas si nos salimos de este hiriente paradigma, veremos que la realidad es muy diferente, mucho más alentadora, pues somos el centro. Somos la razón, la única razón, por la que se ha originado este Universo, la vida, la consciencia.

¿Qué tiene de malo decir que Tarkovsky realizó sus películas única y exclusivamente para los seres humanos?  ¿Quién más podría entenderlas, admirarlas, activar todo un mundo de sentimientos, de pasiones, de reflexiones? ¿Por qué, entonces, negamos o nos parece inadmisible que este Universo haya sido creado para nosotros, para generar entidades humanas dotadas de consciencia, de reflexión, de lenguaje conceptual; capaces de conectarse una a una con su Creador? ¿Quién más puede observar este Universo? ¿Quién más puede admirarlo? ¿Quién es la única criatura que está afinada con todos los elementos existenciales –con el agua, con el Sol, con la luna? ¿Quién se guía en la noche con las estrellas? ¿Quién saborea las deliciosas frutas que crecen en los árboles sin necesidad de nuestro trabajo?

Es la toma de consciencia la que unifica todos los elementos de la creación y solo el hombre puede ser consciente de este portentoso hecho.

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