Todo conocimiento es recuerdo; por lo tanto, toda innovación es olvido

Hay científicos, técnicos, expertos, profesionales… que tras años de estar haciendo el primo dando clases en esta o en aquella universidad, trabajando en éste o en aquel laboratorio, llegan a la conclusión de que hay que producir un nuevo paradigma de la ciencia, tildando de estéril a la visión academicista de las cosas y proponiendo una aproximación menos encorsetada a los fenómenos que tanta perplejidad nos causan, como, por ejemplo, que tras nueve meses, el cuerpo de una mujer produzca un ser humano completo, sin que en ningún momento del embarazo sepa lo que está sucediendo en su interior. Este asombroso acontecimiento se parece a la fabricación de una máquina, de un ordenador o de un avión, aunque en estos casos se admita la existencia de un agente externo, de un ingeniero, de un ser humano –en definitiva. Mas en el caso de la gestación, un proceso mucho más complicado, se supone que los tornillos, las tuercas, los electrones… es decir, las células, los ribosomas, las mitocondrias, saben lo que tienen que hacer, sin que nadie se lo haya dicho previamente. Y de esta forma, se va juntando el hambre con las ganas de comer hasta que estos disidentes forman un grupo de trabajo o una asociación por la verdadera verdad.

Recordemos, por ejemplo, al “diseño inteligente”, que parecía estar a punto de demostrar que el Universo y todo lo que contiene, desde el Sol hasta una bacteria, sigue un diseño de una complejidad irreductible, y que, por lo tanto… ¿..? Por lo tanto, nada; pues deducir que hay un Creador, un Dios Omnipotente, significaría salirse del ámbito de la ciencia para caer, inevitablemente, en el ámbito de la superstición o del más burdo esoterismo.

Y esto mismo es lo que les ocurre a todos estos equipos de investigadores que tratan de salirse del paradigma académico del conocimiento sin más herramientas que una tímida buena voluntad. En seguida se dan de bruces contra el muro lleno de grafitis, lleno de fórmulas y ecuaciones, que no consiguen despejar ninguna incógnita, pues en todas ellas falta el factor Diseñador, Creador, Originador, lo que hace que el resultado siempre sea erróneo y se sitúen estos enfant terrible en el punto de partida –¿cómo se originó el Universo; a partir de qué materia; qué había antes de esta materia; por qué comenzó a expandirse, a organizarse, a ordenarse; cómo una parte de la materia inerte pasó a estar viva; quién podría haber deseado que hubiera vida en la Tierra antes de que la hubiera habido?

Obviamente, prefieren medir los granos de polen que contestar a estas preguntas.

Y cuando ven que el muro es infranqueable, dicen: “Nuestro nuevo paradigma de la ciencia no intenta eludir, de ninguna forma, el método científico.” Mas entonces, ¿cómo puede ser científico un método basado empíricamente en la observación de procesos, de fenómenos anteriores, que no están registrados en ninguna filmación; y teóricamente en el silogismo, que no es, sino una elucubración del subjetivismo humano?

Ya hemos visto la imposibilidad científica de la gestación. No podemos explicarla porque al hacerlo estamos obviando, precisamente, la base estructural del proceso –¿dónde se ha cargado el espermatozoide de su información genética? Y la misma pregunta nos podemos hacer con respecto al óvulo.

La ciencia y todos sus paradigmas evaden la explicación de los orígenes –parten de un universo manifestado, de la vida, de la célula, del ADN y su carga genética… y a partir de esos elementos dados, creados, originados, no por el hombre, este insensato intenta reconstruir el pasado historiográfico de la existencia.

(51) “No los tomé como testigos de la creación de los Cielos y de la Tierra ni tampoco de su propia creación ni Me serví para ello de los que extravían a otros.” (Corán 18-Sura de la caverna, al-Kahf)

Por lo tanto, no hay testigos, y ello implica que tengamos que deducir ciertos procesos de la creación a través de los datos que nos llegan de las revelaciones.

Todos parece indicar que en el principio se originó el agua, y todo era agua.

(7) Es Él Quien ha creado los Cielos y la Tierra en seis días, y ha establecido Su Arsh sobre el agua. (Corán 11-Sura de Hud)

Siguiendo la ley general de plantillas, vemos que desde el principio la creación es como una célula, una substancia acuosa en la que flota el núcleo con el ADN y su información genética, todo ello encerrado en una membrana exterior. Fijémonos ahora en esta otra aleya coránica:

(255)La base –Kursi– sobre la que se asienta el centro de Su soberanía (Arsh) contiene los Cielos y la Tierra… (Corán 2-Sura de la vaca, al-Baqarah)

Es decir, el Universo está contenido, encerrado en el Kursi, y en esa masa acuosa está el Arsh, el centro de control, de la misma forma que en el citoplasma celular está el núcleo, y en el núcleo –el ADN.

Ahora empezamos a tener una imagen más clara del origen.

Mas para que la vida pueda manifestarse, la célula necesita abrirse, de la misma forma que la matriz materna debe abrirse para permitir que el ser humano que alberga pueda salir al mundo exterior. Y ¿dónde estaba este ser humano, él mismo producto de la unión de dos células? Estaba en el agua, en el líquido amniótico. De esta forma la célula originaria, la célula cósmica, se abre y se convierte en la letra árabe nun   ن

Salen por su abertura las aguas amnióticas y todos los elementos existenciales, desparramándose, esparciéndose, por el mundo exterior –acaba de originarse una nueva creación.

Si utilizamos la terminología árabe, todavía será más comprensible este proceso, ya que uno de los nombres de Allah el Altísimo, el que contiene a todos los otros nombres, es Rahman, de la raíz verbal rahama y de ésta el sustantivo rahm, que significa, precisamente, matriz, la matriz materna, donde todo está contenido, protegido, encerrado. La rahm se abre, se rompe la bolsa amniótica, para que pueda salir la vida y manifestarse en toda su amplitud.

Siguiendo esta ley de plantillas podemos deducir los conceptos oscuridad y luz. En un principio, es la oscuridad envolviendo a las aguas primordiales, a las aguas cósmicas amnióticas. Es en esa oscuridad en la que se encuentra el feto mientras se desarrolla, se prepara para la expulsión; y al abrirse la célula, al abrirse el Kursi, la vida sale a la luz –de la oscuridad a la luz; de la misma forma que de la ignorancia salimos a la creencia; de la ignorancia que es oscuridad, tinieblas, a la creencia que es luz, conocimiento –una misma plantilla reproduciéndose en todas las cosas, en todos los procesos.

¿No será éste el nuevo paradigma de la ciencia?

Estamos al otro lado del muro y la comunicación con el lado académico, esotérico o chamánico, es ya imposible –más grafitis, más fórmulas, más ecuaciones, más errores…

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