Busca en el Altísimo lo que la ciencia no puede darte. Libérate de la decepción.

Por un lado camina la ciencia, que alguien insiste en atribuirle un valor de conocimiento objetivo y, por lo tanto, exclusivo. Por otro lado está la realidad cotidiana, la que no ataña a todos, la realidad que saboreamos cada día; nuestra realidad, cada vez más deprimente, cada vez más alejada de los disparates científicos.

Para nuestra sorpresa y decepción seguimos muriendo. Siguen muriendo nuestros seres queridos, nuestro gato, nuestro canario. Las ruinas van devorando las ciudades al mismo ritmo que éstas avanzan con barrios cada vez más fríos, más desafinados con nuestras aspiraciones, con nuestros modelos urbanos.

Hay artilugios que husmean en Marte por si hubiera agua o algún vestigio de vida pasada. Nadie sabe cuáles serían las consecuencias de estos hallazgos, pero podemos imaginárnoslas –miles de artículos, libros, documentales, asegurándonos que ahora ya tenemos los datos que nos faltaban para entender cómo se originó el Universo y la vida –nuevas inspiraciones para un aburrido Hollywood, nuevas emociones para una humanidad decadente, a la que apenas le quedan coartadas para seguir existiendo.

Setenta años infructuosos observando reacciones químicas en tubos de ensayo no han desanimado a los científicos en su aventura biológica: “La vida quizás haya venido de fuera, del espacio profundo, transportada en algún asteroide.” Mas con esta forma de pensar, no muy científica, tan solo se traslada el problema de la vida a otro planeta o a otra galaxia, y allí, donde quiera que haya surgido, habrá que explicar cómo la materia inerte cobró vida, generándose una célula, una bacteria.

Mas si se generó una bacteria en algún lugar del Universo ¿por qué no se desarrolló una exuberante vegetación hasta producir inteligencia y conciencia? A nadie le importa responder a esta u otras preguntas. Estamos vivos y eso basta. No hay por qué indagar más al respecto.

Hay más fenómenos científicos que captan nuestra atención, desarrollos apasionantes, en los que se involucra la física cuántica y otros misterios de la materia hasta producir un estúpido robot que te dice “Buenos días, ¿le pasa algo? Tiene mala cara.” Todo ello queda incluido en la expresión “inteligencia artificial” –un altercado contra la lógica y el razonamiento, pues si es artificial significa que está fabricada por el hombre y por lo tanto esa inteligencia no podrá superar a la de su creador; y todo lo que esa inteligencia artificial haga será siempre inferior a lo que pueda hacer un ser humano, pues el Diseñador y el Creador del ser humano es infinitamente superior al hombre.

¿Se trata, en última instancia, de una competición? Para unos hombres –sí. Intentan demostrar que son capaces de producir vida y universos superiores a los que ha originado el Altísimo. ¿Por qué, entonces, lo llama “inteligencia artificial”? ¿Por qué no lo llama “inteligencia súper-humana”? Sabe que no puede hacerlo, pues el hombre no puede superarse a sí mismo, ya que él es, a su vez, una entidad creada, diseñada y originada, que apenas logra conocer un 10 por cien de sus características. ¿Acaso pretende ignorar que todo lo que desarrolla la “inteligencia artificial” ha sido programado por el hombre, utilizando ese 10 por cien que conoce de sí mismo?

Ya está en marcha el proyecto para ir a Urano. Tampoco se nos explica detalladamente cuáles serán las consecuencias de este viaje. Mas nadie se hace preguntas al respecto. De hecho, todo el mundo sabe que nadie irá a Urano. Mas es como una bolsa de oxígeno que hubiera quedado a salvo en algún rincón tras el hundimiento de una mina; un instante más de vida, una bocanada de aíre cuando se está a punto de morir de asfixia.

La factura del gas y de la electricidad no deja de subir y hay malos augurios para este invierno. ¡Qué extraña interacción entre nuestra vida cotidiana y los vericuetos por los que camina la ciencia! Seguimos muriendo, seguimos enfermando. Aumentan los alquileres de los pisos. Cada vez el bienestar es más agobiante.

Quizás se deba todo ello a que no hemos prestado suficiente atención al comportamiento de los ARN o a las interferencias que los cinturones Van Allen provocan en los instrumentos que controlan las naves espaciales. Quizás hemos sido demasiado negligentes con los prodigiosos hallazgos de la ciencia, sumergidos, como estamos, en nuestra humana, demasiado humana, mediocridad. Deberíamos salir a la superficie y contemplar el luminoso futuro que nos espera. Mas para ellos necesitaríamos ingentes cantidades de cocaína o de algún otro estimulante para ver luz donde no hay, sino tinieblas.

Hay que aprovechar los meses de verano –playa y alcohol, pues la segunda pandemia ya está llamando a la puerta.

(28) ¿Acaso no has visto a quienes han cambiado la gracia de Allah por el extravío y han alojado a su gente en la casa de la perdición? (29) Arderán en yahannam. ¡Qué terrible morada! (30) Ponen junto a Allah entidades a las que dan igual poder que a Él para así desviar de Su camino. Diles que sigan con su forma de vida. Su destino final será el fuego. (Corán 14-Sura de Ibrahim)

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