La escalofriante complicidad de la comunidad científica: Un virus que no termina de presentarnos sus credenciales

Hay ineptitud en todo este asunto; hay complicidad de algunos sectores, mayoritarios, dentro de la llamada “comunidad científica”; hay agendas, objetivos, inconfesados; hay maquinaciones por parte del deep state… pero, sobre todo, hay confusión e inaceptables incongruencias debido a que, como ya hemos apuntado en numerosas ocasiones, la pandemia no es un asunto sanitario, entre otras cosas porque no existe tal fenómeno. Hay decenas, centenares de causas por las que muere la gente cada día, cada minuto, en todo el mundo y, precisamente, las muertes por coronavirus no se sitúan en los primeros puestos –en muchas de las estadísticas que se están haciendo al respecto, ocupan, más bien, los últimos escaños de la lista.

Es, o al menos debería ser, mucho más preocupante el suicidio. El hecho de cada año se quiten la vida 800.000 personas en todo el mundo, y que este deleznable fenómeno sea la segunda causa de defunción en el grupo etario de 15 a 30 años, debería hacernos pensar que algo no va bien en nuestras sociedades. Esta devastadora realidad es la que debería hacernos detener el mundo hasta que lográsemos solucionarla y librar a nuestros jóvenes de la angustia, de la depresión, del absurdo…

Devolver el sentido a nuestras vidas debería ser el elemento prioritario en todo sistema educativo, político, económico y social. En cambio, las draconianas e injustificables medidas que están tomando los gobiernos occidentales están provocando un aumento en el número de suicidios y de muertes por infarto, muertes por miedo, por el pánico que están causando los alarmante y apocalípticos titulares de la secuestrada prensa “libre”.

En un artículo publicado en Zero Hedge, Tyler Durden insistía en las continuas contradicciones en las que caen los máximos órganos sanitarios:

Después de publicar una guía sobre los graves riesgos de infección “transmitida por el aire” asociada con el SARS-CoV-2, el CDC ha dañado seriamente su propia credibilidad al reconocer el lunes que había publicado la nueva guía “por error”, tras recibir fuertes presiones de la OMS.

Y ello, a pesar de que los medios estadounidenses cada vez están más convencidos de que los aerosoles contribuyen significativamente a la propagación general del virus, y ABC News sugirió ayer que los costosos limpiadores de superficies con luz ultravioleta eran simplemente ejemplos de un “teatro de la higiene”. Durante meses, los CDC han insistido en que estas gotas grandes son el modo principal de transmisión, por lo que, argumentó, la gente debe usar mascarillas en público, ya que las mascarillas son efectivas a la hora de bloquear partículas grandes.

Sin embargo, las mascarillas no son efectivas cuando se trata de partículas mucho más pequeñas. Además, la investigación sugiere que las partículas de aerosol que se liberan cuando una persona estornuda pueden alcanzar hasta casi 8 metros.

Ello implicaría que el metro y medio o dos metros de distanciamiento entre individuos sería inútil e inefectivo a la hora de evitar contagios.

Sin embargo, hay un hecho todavía más inquietante –todo apunta a que covid19 no se transmite del interior de una persona al interior de otra persona. Más bien se adquiere. Vemos que no existe ninguna plantilla de transmisión que podamos superponer sobre las sociedades y los individuos. Si en un país se utiliza la mascarilla de forma obligatoria, el número de casos no es inferior al de países en los que mayoritariamente la gente no las utiliza. Y lo mismo ocurre con el distanciamiento.

El viernes, el CDC abandonaba esta controvertida guía, diciendo que no todas las personas que entran en contacto con un individuo infectado deben someterse a pruebas, y que las pruebas solo deben ser necesarias para quienes experimentan síntomas.

Esta obviedad ha sido encubierta durante meses y ello ha provocado el colapso de los hospitales. Por otra parte, tampoco el hecho de presentar síntomas debería ser causa de hospitalización ni de cualquier otra medida especial –tener fiebre, dolor de cabeza y debilidad general es algo que experimentamos a menudo y que el cuerpo supera por sí mismo. En muchos casos, determinados medicamentos homeopáticos son muy eficaces a la hora de eliminar estos síntomas –normalidad.

Sin duda que el mundo necesita una transformación radical; necesitamos un drástico cambio en nuestra forma de vida, pero no a través de infundir pánico en la gente, de amordazarla y confinarla. Los poderes fácticos es lo que quieren –control, robotización, dirigismo. Nuestro deber consiste en no permitirlo, en aprender de nuestros errores, en comprender las nefastas consecuencias de nuestra pasividad a la hora de aceptar complacidos todos los juguetes tecnológicos que nos presentaban como algo inevitable.

Es hora, pues, de crear nuestro propio orden mundial, de dirigir nuestras vidas hacia objetivos coherentes… de recuperar el sentido transcendente de la existencia. Es tiempo y es urgente.

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