Carta abierta de cientos de médicos: Profesionales de la salud instan a poner fin a los confinamientos

AIER informa que la siguiente carta ha tenido un impacto en las autoridades de salud pública no solo en Bélgica, sino en todo el mundo. El texto hace referencia a cualquier gobierno que ha confinado a sus ciudadanos en lugar de permitirles el libre movimiento y facultar a los profesionales médicos para que asuman la función principal de mitigar en los pacientes los efectos de las enfermedades.

Hasta ahora ha sido firmada por 435 médicos, 1.439 profesionales de la salud con formación médica y 9.901 ciudadanos.

Nosotros, médicos y profesionales de la salud belgas, deseamos expresar nuestra seria preocupación por la evolución que están tomando los acontecimientos en los últimos meses en torno al brote del virus SARS-CoV-2. Hacemos un llamado a los políticos para que estén informados de manera independiente y crítica en el proceso de toma de decisiones y en la implementación obligatoria de las medidas para contener el cronavirus. Solicitamos un debate abierto, donde todos los expertos estén representados sin ningún tipo de censura. Después del pánico inicial que rodeó al covid-19, la realidad objetiva muestra ahora una imagen completamente diferente –ya no hay justificación médica para una política de emergencia.

La actual gestión de la crisis se ha vuelto totalmente desproporcionada y causa más daño que bien.

Pedimos el fin de todas las medidas y pedimos una restauración inmediata de nuestra gobernanza democrática y de todas nuestras libertades civiles.

“La cura no debe ser peor que la enfermedad” es una tesis más relevante que nunca en la situación actual. Sin embargo, observamos que el daño colateral que ahora se está causando a la población tendrá un impacto mayor, a corto y largo plazo en todos los sectores de la población, que el número de personas que ahora están protegidas del coronavirus.

En nuestra opinión, las actuales medidas de protección contra el coronavirus y las estrictas sanciones por su incumplimiento son contrarias a los valores formulados por el Consejo Supremo de Salud de Bélgica que, hasta hace poco, como autoridad sanitaria, siempre ha asegurado una medicina de calidad en nuestro país: “Ciencia – Experiencia – Calidad – Imparcialidad – Independencia – Transparencia”.

Creemos que la política ha introducido medidas obligatorias que no están fundamentadas científicamente, dirigidas unilateralmente y que no hay suficiente espacio en los medios de comunicación para un debate abierto en el que se escuchen diferentes puntos de vista y opiniones. Además, cada municipio y provincia tiene ahora la autorización para agregar sus propias medidas, estén o no fundamentadas.

La estricta política represiva sobre el coronavirus contrasta fuertemente con la política mínima de los gobiernos en lo que respecta a la prevención de enfermedades, el fortalecimiento de nuestro propio sistema inmunológico a través de un estilo de vida saludable, una atención óptima al individuo e inversión en personal sanitario.

El concepto de salud

En 1948, la OMS definió la salud de la siguiente manera: “La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social y no simplemente la ausencia de enfermedad u otro impedimento físico”.

La salud, por lo tanto, es un concepto amplio que va más allá de lo físico y se relaciona con el bienestar emocional y social del individuo. Los gobiernos también tiene el deber de incluir los derechos humanos en su toma de decisiones cuando se trata de medidas adoptadas en el contexto de la salud pública.

Las actuales medidas globales adoptadas para combatir el SARS-CoV-2 violan en gran medida esta visión de la salud y de los derechos humanos. Las medidas incluyen el uso obligatorio de mascarillas (también al aire libre y durante actividades deportivas y, en algunos municipios, incluso cuando no hay otras personas en las inmediaciones), el distanciamiento físico, el aislamiento social, la cuarentena obligatoria para algunos grupos y las medidas de higiene.

La pandemia pronosticada con millones de muertes

Al comienzo de la pandemia las medidas eran comprensibles y contaban con un amplio apoyo, incluso si había diferencias en la implementación en los países vecinos. La OMS predijo originalmente una pandemia que se cobraría un 3,4% de víctimas, es decir, millones de muertes, y un virus altamente contagioso para el que no se disponía de tratamiento ni vacuna. De ser cierto, esto supondría una presión sin precedentes sobre las unidades de cuidados intensivos (UCI) de nuestros hospitales.

Esto llevó a una situación de alarma global, nunca vista en la historia de la humanidad: “aplanar la curva” estuvo representado por un confinamiento que cerró a toda la sociedad, a la economía y puso en cuarentena a las personas sanas. El distanciamiento social se convirtió en la nueva normalidad a la espera de una vacuna que nos recatase.

Los hechos sobre covid-19

Gradualmente, la campana de alarma fue sonando desde muchas fuentes –los hechos objetivos mostraban una realidad completamente diferente.

El covid-19 ha seguido el curso normal de infección similar a la de una gripe. Como cada año, vemos una mezcla de virus de la gripe siguiendo la curva –primero los rinovirus, luego los virus de la gripe A y B, seguidos por los coronavirus. No hay nada diferente a lo que vemos cada año, dentro de la más estricta normalidad.

El uso de la prueba de PCR inespecífica, que produce numerosos falsos positivos, mostró un panorama exponencial. Esta prueba se realizaba con un procedimiento de emergencia y nunca se auto comprobó seriamente. El que la había diseñado advirtió expresamente que esta prueba estaba destinada a la investigación y no al diagnóstico.

La prueba de PCR funciona con ciclos de amplificación de material genético –cada vez se amplifica una parte del genoma. Cualquier contaminación (por ejemplo, otros virus, restos de genomas de virus antiguos) puede dar, como resultado, falsos positivos.

La prueba no mide cuántos virus hay en la muestra. Una infección viral real significa una presencia masiva de virus, la llamada carga de virus. Si alguien da positivo, esto no significa que esa persona en realidad esté clínicamente infectada, esté enferma o vaya a enfermarse. El postulado de Koch no se cumplió (“El agente puro que se encuentra en un paciente con síntomas puede provocar los mismos síntomas en una persona sana”).

Dado que una prueba de PCR positiva no indica automáticamente una infección activa o infectividad, esto no justifica las medidas sociales tomadas, que se basan únicamente en estas pruebas.

Confinamiento

Si comparamos las oleadas de infección en países con políticas de confinamiento estrictas con países que no impusieron estos confinamientos (Suecia, Islandia…), veremos curvas similares. Por lo tanto, no existe ningún vínculo entre el confinamiento impuesto y el curso de la infección. El confinamiento no ha dado lugar a una tasa de mortalidad más baja.

Si miramos la fecha de aplicación de los confinamientos impuestos, vemos que estos se establecieron después de que el pico ya hubiera pasado y el número de casos hubiera disminuido. Por lo tanto, la caída no fue el resultado de las medidas adoptadas.

Como cada año, parece que las condiciones climáticas (clima, temperatura y humedad) y la creciente inmunidad tienen más probabilidades de reducir la ola de infección.

Nuestro sistema inmunológico

Durante miles de años, el cuerpo humano ha estado expuesto diariamente a la humedad y a las gotitas que contienen microorganismos infecciosos (virus, bacterias y hongos).

La penetración de estos microorganismos se evita mediante un mecanismo de defensa avanzado –el sistema inmunológico. Un sistema inmunológico fuerte depende de la exposición diaria normal a estas influencias microbianas. Las medidas excesivamente higiénicas tienen un efecto perjudicial sobre nuestra inmunidad. Solo las personas con un sistema inmunológico débil o defectuoso deben protegerse mediante una higiene intensiva o un distanciamiento social.

La gripe reaparecerá en otoño (en combinación con el covid-19) y una posible disminución de la resistencia natural puede provocar más víctimas.

Nuestro sistema inmunológico consta de dos partes –un sistema inmunológico congénito no específico y un sistema inmunológico adaptativo.

El sistema inmunológico inespecífico forma una primera barrera –piel, saliva, jugo gástrico, moco intestinal, células ciliadas vibratorias… e impide la adhesión de microorganismos a los tejidos.

Si se adhieren, los macrófagos pueden hacer que los microorganismos se encapsulen y destruyan.

El sistema inmunológico adaptativo está formado por la inmunidad de las mucosas (anticuerpos IgA, producidos principalmente por células del intestino y el epitelio pulmonar), inmunidad celular (activación de células T), que puede generarse en contacto con sustancias extrañas o microorganismos, e inmunidad humoral (IgM y anticuerpos IgG producidos por las células B).

Recientes investigaciones muestran que ambos sistemas están muy conectados.

Parece que la mayoría de las personas ya tienen inmunidad congénita o general a la gripe y otros virus. Esto viene confirmado por los hallazgos en el crucero Diamond Princess, que fue puesto en cuarentena debido a que algunos pasajeros murieron de Covid-19. La mayoría de los pasajeros eran ancianos y se encontraban en una situación ideal de transmisión en el barco. Sin embargo, el 75% no parecía estar infectado. Entonces, incluso en este grupo de alto riesgo, la mayoría eran resistentes al virus.

Un estudio en la revista Cell muestra que la mayoría de las personas neutralizan el coronavirus mediante la inmunidad mucosa (IgA) y celular (células T), mientras experimentan pocos o ningún síntoma.

Los investigadores hallaron un 60% de reactividad del SARS-Cov-2 con las células T CD4 + en una población no infectada, lo que sugiere una reactividad cruzada con otros virus de la gripe (corona).

Por lo tanto, la mayoría de las personas ya tienen una inmunidad congénita o cruzada porque ya estaban en contacto con variantes del mismo virus.

La formación de anticuerpos (IgM e IgG) por las células B solo ocupa una parte relativamente pequeña de nuestro sistema inmunológico. Esto puede explicar por qué, con un porcentaje de anticuerpos del 5 al 10%, puede haber una inmunidad de grupo de todos modos. La eficacia de las vacunas se evalúa precisamente en función de si tenemos o no estos anticuerpos. Esta es una tergiversación.

La mayoría de las personas que dan positivo en la prueba (PCR) no tienen síntomas. Su sistema inmunológico es lo suficientemente fuerte como para combatir al virus. Fortalecer la inmunidad natural es un enfoque mucho más lógico. La prevención es el pilar más importante de la salud –nutrición sana y completa, ejercicio al aire libre, sin mascarilla, reducción del estrés y contactos emocionales y sociales que ayuden a nuestra salud.

Consecuencias del aislamiento social en la salud física y mental

El aislamiento social y el daño económico han llevado a un aumento de la depresión, la ansiedad, los suicidios, la violencia familiar y el abuso infantil.

Los estudios han demostrado que cuanto más compromisos sociales y emocionales tienen las personas, más resistentes son a los virus. Es mucho más probable que el aislamiento y la cuarentena tengan consecuencias fatales.

Las medidas de aislamiento también han llevado a la inactividad física de muchas personas mayores debido a que se han visto obligadas a permanecer en el interior de sus casas. Sin embargo, un mínimo de ejercicio tiene un efecto positivo sobre el funcionamiento cognitivo, reduciendo los síntomas depresivos y la ansiedad, y mejorando la salud física, los niveles de energía, el bienestar y, en general, la calidad de vida.

El miedo, el estrés persistente y la soledad inducidos por el distanciamiento social tienen una influencia negativa demostrada en la salud psicológica y general.

¿Un virus altamente contagioso con millones de muertes sin ningún tratamiento?

La mortalidad resultó ser muchas veces menor de lo esperado y cercana a la de una gripe estacional normal (0,2%).

Por lo tanto, el número de muertes registradas por corona está sobreestimado.

Existe una diferencia entre la muerte por corona y la muerte con corona. Los seres humanos a menudo son portadores al mismo tiempo de múltiples virus y bacterias potencialmente patógenas. Teniendo en cuenta el hecho de que la mayoría de las personas que han desarrollado síntomas graves habían sufrido patologías adicionales, no se puede simplemente concluir que la corona-infección fue la causa de la muerte. En la mayoría de los casos, esto no se tuvo en cuenta en las estadísticas.

Los grupos más vulnerables pueden identificarse claramente. La gran mayoría de los pacientes fallecidos tenían 80 años o más. La mayoría (70%) de los fallecidos, menores de 70 años, tenían algún trastorno subyacente, como deficiencia cardiovascular, diabetes mellitus, enfermedad pulmonar crónica u obesidad. La gran mayoría de las personas infectadas (> 98%) no enfermaron o casi no enfermaron o se recuperaron espontáneamente.

Mientras tanto, existe una terapia asequible, segura y eficiente disponible para aquellos que muestran síntomas graves en forma de HCQ (hidroxicloroquina), zinc y AZT (azitromicina). Esta terapia aplicada rápidamente conduce a la recuperación y, a menudo, evita la hospitalización. Casi nadie tiene por qué morir ahora.

Esta terapia eficaz ha sido confirmada por la experiencia clínica de colegas en la práctica con resultados impresionantes. Esto contrasta fuertemente con la crítica teórica que en algunos países (por ejemplo, los Países Bajos) incluso ha llevado a la prohibición de esta terapia. Se retiró un metanálisis en The Lancet, que no pudo demostrar un efecto de HCQ. Las fuentes de datos primarias utilizadas demostraron ser poco fiables y 2 de cada 3 autores estaban en conflicto de intereses. Sin embargo, la mayoría de las pautas basadas en este estudio se mantuvieron sin cambios …

Tenemos serias dudas sobre este estado de cosas.

En los EE. UU., un grupo de médicos, que atienden a pacientes a diario, se unieron a “Los médicos de primera línea de Estados Unidos” y dieron una conferencia de prensa que ha sido vista millones de veces.

El profesor francés Didier Raoult del Institut d’Infectiologie de Marseille (IHU) también presentó esta prometedora terapia combinada ya en abril. El médico de cabecera holandés Rob Elens, que curó a muchos pacientes en su consulta con HCQ y zinc, llamó a sus colegas a una petición para la libertad de terapia.

La evidencia definitiva proviene del seguimiento epidemiológico en Suiza –tasas de mortalidad comparadas con y sin esta terapia.

A partir de las angustiosas imágenes de los medios de comunicación de SDRA (síndrome de dificultad respiratoria aguda) donde las personas se asfixiaban y recibían respiración artificial en agonía, ahora sabemos que esto fue causado por una respuesta inmune exagerada con coagulación intravascular en los vasos sanguíneos pulmonares. La administración de anticoagulantes y dexametasona y la evitación de la ventilación artificial, que se sabe que causa daño adicional al tejido pulmonar, significa que esta temida complicación tampoco es virtualmente fatal.

Por lo tanto, no es un virus asesino, sino una afección fácilmente tratable.

Propagación

La propagación se produce por infecciones por goteo (solo para pacientes que tosen o estornudan) y aerosoles en habitaciones cerradas y sin ventilación. Por lo tanto, la contaminación no es posible al aire libre. Los estudios epidemiológicos y de rastreo de contactos muestran que las personas sanas (o portadores asintomáticos sometidos a pruebas positivas) son prácticamente incapaces de transmitir el virus. Las personas sanas, por lo tanto, no se ponen en peligro unas a otras.

La transferencia a través de objetos (por ejemplo, dinero, compras o carritos de la compra) no está científicamente probada.

Todo esto cuestiona seriamente la política de distanciamiento social y mascarillas bucales obligatorias para las personas sanas; no hay base científica para ello.

Mascarillas

Las mascarillas bucales pertenecen a contextos donde tienen lugar contactos con grupos de riesgo comprobados o personas con problemas de las vías respiratorias superiores, y en un contexto médico / entorno de hospital-casa de retiro. Reducen el riesgo de infección por gotitas al estornudar o toser. Las mascarillas orales en individuos sanos son ineficaces contra la propagación de infecciones virales.

El uso de la mascarilla no está exento de efectos secundarios. La deficiencia de oxígeno (dolor de cabeza, náuseas, fatiga, pérdida de concentración) ocurre con bastante rapidez, un efecto similar al mal de altura. Todos los días vemos a pacientes que se quejan de dolores de cabeza, problemas de sinusitis, problemas respiratorios e hiperventilación debido al uso de mascarillas. Además, el CO2 acumulado provoca una acidificación tóxica del organismo que afecta a nuestra inmunidad. Algunos expertos incluso advierten de un aumento de la transmisión del virus en caso del uso inadecuado de la mascarilla.

Nuestro Código Laboral (Codex 6) se refiere a un contenido de CO2 (ventilación en los lugares de trabajo) de 900 ppm, máximo 1200 ppm en circunstancias especiales. Después de usar una mascarilla durante un minuto, este límite tóxico se supera considerablemente a valores que son de tres a cuatro veces superiores a estos valores máximos. Cualquiera que use una mascarilla es como si se encontrase en una habitación extremadamente mal ventilada.

Por lo tanto, especialistas reconocidos no recomiendan a los trabajadores el uso inadecuado de mascarillas sin un examen completo de pruebas cardiopulmonares médicas.

Los hospitales tienen un ambiente esterilizado en sus quirófanos donde el personal usa mascarillas y existe una regulación precisa de la humedad / temperatura con un flujo de oxígeno adecuadamente monitorizado para compensar cualquier deficiencia, cumpliendo así con estrictos estándares de seguridad.

¿Una segunda oleada de coronavirus?

Ahora se está discutiendo sobre la posibilidad de una segunda ola en Bélgica, con un mayor endurecimiento de las medidas como resultado. Sin embargo, un examen más detenido de las cifras de Sciensano (último informe del 3 de septiembre de 2020) muestra que, aunque ha habido un aumento en el número de infecciones desde mediados de julio, no ha habido un aumento de ingresos hospitalarios o muertes en ese momento. Por lo tanto, no se trata de una segunda ola de corona, sino de la denominada “química del caso” debido a un mayor número de pruebas.

El número de ingresos hospitalarios o fallecidos mostró un aumento mínimo de corta duración en las últimas semanas, pero al interpretarlo hay que tener en cuenta la reciente ola de calor. Además, la gran mayoría de las víctimas aún se encuentran en el grupo de población > 75 años.

Esto indica que la proporción de las medidas adoptadas en relación con la población activa y los jóvenes es desproporcionada con respecto a los objetivos previstos.

La gran mayoría de las personas “infectadas” con pruebas positivas se encuentran en el grupo de edad de la población activa, que no desarrolla ningún síntoma o simplemente presenta síntomas limitados, debido al buen funcionamiento del sistema inmunológico.

Así que nada ha cambiado, se acabó el pico.

Fortalecimiento de una política de prevención

Las medidas contra el coronavirus contrastan notablemente con el hecho de que, en la actualidad, solo el 3% del presupuesto sanitario se destina a la prevención.

El juramento hipocrático

Como médicos, hicimos el juramento hipocrático:

“Sobre todo cuidaré de mis pacientes, promoveré su salud y aliviaré su sufrimiento”.

“Informaré a mis pacientes correctamente”.

“Incluso bajo presión, no utilizaré mis conocimientos médicos para prácticas que vayan contra la humanidad”.

Las medidas actuales nos obligan a actuar en contra de este juramento.

Otros profesionales de la salud tienen un código similar.

El “primum non nocere (en primer lugar, no hagas daño)”, que todo médico y profesional de la salud asume, también se ve socavado por las medidas actuales y por la perspectiva de la posible introducción de una vacuna generalizada, que no está sujeta a previas y extensas pruebas.

La vacuna

Los estudios de encuestas sobre vacunas contra la gripe muestran que en 10 años solo hemos logrado tres veces desarrollar una vacuna con una tasa de eficiencia de más del 50%. Vacunar a nuestros ancianos parece ineficaz. A partir de los 75 años, la eficacia es casi inexistente.

Debido a la continua mutación natural de los virus, como también vemos todos los años en el caso del virus de la gripe, una vacuna es como mucho una solución temporal, que requiere nuevas vacunas cada año. Una vacuna no probada, que se implementa mediante un procedimiento de emergencia y para la cual los fabricantes ya han obtenido inmunidad legal ante posibles daños, plantea serias preguntas. No deseamos utilizar a nuestros pacientes como conejillos de indias.

A escala mundial, se esperan 700 000 casos de trastornos o muerte como resultado de la vacuna.

Si el 95% de las personas experimentan Covid-19 prácticamente sin síntomas, el riesgo de exposición a una vacuna no probada es, como mínimo, irresponsable.

El papel de los medios de comunicación y el plan oficial de comunicación

Durante los últimos meses, los periódicos, estaciones de radio y canales de televisión parecían estar casi acríticamente detrás del panel de expertos y de los gobiernos, allí, donde, precisamente, es la prensa la que debe ser crítica y evitar la comunicación gubernamental unilateral. Esto ha llevado a una información pública en nuestros medios de comunicación, que era más una propaganda que un informe objetivo.

En nuestra opinión, es tarea del periodismo llevar las noticias de la manera más objetiva y neutral posible, con el objetivo de encontrar la verdad y controlar críticamente al poder, sin olvidar que también los expertos disidentes deberían tener en los medios un foro en el que expresarse.

Esta visión está respaldada por los códigos deontológicos periodísticos.

La historia oficial de que el confinamiento era necesario, que esta era la única solución posible y que todos estaban de acuerdo, dificultaba que las personas con una visión diferente, así como los expertos, pudieran expresarse.

Las opiniones alternativas fueron ignoradas o ridiculizadas. No hemos visto debates abiertos en los medios de comunicación en los que se puedan expresar diferentes puntos de vista.

También nos han sorprendido la cantidad de videos y artículos de científicos y autoridades que fueron y que aún están siendo eliminados de las redes sociales. Creemos que esto no encaja con un Estado constitucional libre y democrático, tanto más cuanto que conduce a una visión de túnel. Esta política también tiene un efecto paralizante y alimenta el miedo y la preocupación en la sociedad. En este contexto, ¡rechazamos la intención de censurar a los disidentes en la Unión Europea!

La forma en la que los políticos y los medios de comunicación han retratado a Covid-19 tampoco le ha hecho ningún bien a la situación. Los términos de guerra eran populares y no faltaba el lenguaje bélico. A menudo se ha mencionado una “guerra” con un “enemigo invisible” que debe ser “derrotado”. El uso en los medios de comunicación de frases como “héroes sanitarios en primera línea” y “víctimas de la corona” ha alimentado aún más el miedo, al igual que la idea de que estamos lidiando globalmente con un “virus asesino”.

El implacable bombardeo de cifras, que se desató sobre la población día tras día, hora tras hora, sin interpretar esas cifras, sin compararlas con las muertes por gripe en otros años, sin compararlas con las muertes por otras causas, ha inducido a una verdadera psicosis de miedo en la población. Esto no es información, es manipulación.

Deploramos el papel que está jugando la OMS, que ha pedido que la infodemia (es decir, todas las opiniones divergentes del discurso oficial, incluidas las de expertos con diferentes puntos de vista) sea silenciada por una censura mediática sin precedentes.

¡Hacemos un llamamiento urgente a los medios de comunicación para que asuman sus responsabilidades!

Exigimos un debate abierto en el que se escuche a todos los expertos.

Ley de emergencia versus derechos humanos

El principio general de un buen gobierno exige que la proporcionalidad de las decisiones gubernamentales se sopese a la luz de los estándares legales más altos: cualquier interferencia del gobierno debe cumplir con los derechos fundamentales protegidos en el Convenio Europeo de Derechos Humanos (CEDH). La interferencia de las autoridades públicas solo está permitida en situaciones de crisis. En otras palabras, las decisiones discrecionales deben ser proporcionadas a una necesidad absoluta.

Las medidas actualmente adoptadas se refieren a la injerencia en el ejercicio, entre otras cosas, del derecho al respeto de la vida privada y familiar, la libertad de pensamiento, conciencia y religión, la libertad de expresión y la libertad de reunión y asociación, el derecho a la educación… y, por lo tanto, deben respetarse los derechos fundamentales protegidos por el Convenio Europeo de Derechos Humanos (CEDH).

La pandemia pronosticada con millones de muertes llevó al establecimiento de un gobierno de emergencia. Ahora que los hechos objetivos muestran algo completamente diferente, la condición de incapacidad para actuar de otra manera (no hay tiempo para evaluar a fondo si hay una emergencia) ya no existe. Covid-19 es un virus bien tratable con una tasa de mortalidad comparable a la de la gripe estacional. En otras palabras, ya no existe un obstáculo insuperable para la salud pública.

No hay estado de emergencia

El inmenso daño causado por las políticas actuales

Una discusión abierta sobre las medidas de corona significa que, además de los años de vida ganados por los pacientes de corona, también debemos tener en cuenta otros factores que afectan a la salud de toda la población. Estos incluyen daños en el dominio psicosocial (aumento de la depresión, ansiedad, suicidios, violencia familiar y maltrato infantil), así como daños económicos.

Si tenemos en cuenta estos daños colaterales, la política actual está fuera de toda proporción, el proverbial uso de un mazo para romper una nuez.

Nos sorprende que el gobierno invoque la salud como motivo de la ley de emergencia.

Como médicos y profesionales de la salud, ante un virus que, por su nocividad, mortalidad y transmisibilidad, se acerca a la gripe estacional, solo podemos rechazar estas medidas extremadamente desproporcionadas.

  • Por tanto, exigimos el cese inmediato de todas las medidas.
  • Estamos cuestionando la legitimidad de los asesores actuales, que se reúnen a puerta cerrada.
  • Siguiendo con ACU 2020 https://acu2020.org/nederlandse-versie/ pedimos un examen en profundidad del papel de la OMS y la posible influencia de los conflictos de intereses en esta organización. También estuvo en el centro de la lucha contra la “infodemia”, es decir, la censura sistemática de todas las opiniones disidentes en los medios de comunicación. Esto es inaceptable para un estado democrático gobernado por el estado de derecho.

Con esta carta abierta, enviamos una clara advertencia de que seguir por este mismo camino hace más daño que bien, y pedimos a los políticos que se informen de forma independiente y crítica sobre la evidencia disponible, incluida la de expertos con diferentes puntos de vista, al implementar una política, con el objetivo de promover una salud óptima.

Con preocupación, esperanza y a título personal.

mundo2

SONDAS: Una buena descripción del estado actual de las cosas pandémicas. Un a modo de relato cronológico de la secuencia coronavirus. ¡Como siempre! Pero, al mismo tiempo, una sospechosa ingenuidad a la hora de intentar sacar conclusiones –una mala gestión por parte de los gobiernos, falta de debates entre expertos, complicidad entre medios de comunicación, centros hospitalarios y la OMS… pero ni una sola palabra de por qué se han producido estos fenómenos. ¿Se han vuelto todos los locos? ¿O es que cualquier ciudadano de a pie tiene ahora más percepción de la realidad que la comunidad científica (con sus imponentes laboratorios), que los gobiernos (con sus asesores), que los medios de comunicación (con sus innumerables “contactos” en todas las esferas sociales)? De la misma forma nos sorprendía, hace ahora 20 años, que se hablase de armas de destrucción masiva en Iraq y que lo dijesen los servicios de inteligencia norteamericanos, la CIA, cuando todos, estos mismos ciudadanos de a pie, teníamos la absoluta certeza de que eso era imposible. Esta radical divergencia de opiniones pronto se saldó a favor de la simple y humilde masa –la CIA y todos los gobiernos occidentales había mentido. Hay cosas que no necesitan de especialización para ser entendidas.

La carta abierta de los médicos belgas sigue encubriendo la existencia de una agenda detrás de esta desmesurada exageración que ha paralizado, por primera vez en la historia de la humanidad, el mundo, la sociedad, la economía… ¿Simplemente ineptitud? ¿Una mala aproximación al problema? ¿Nada más?

Debemos entender que los grupos de presión judíos que controlan todo Occidente llevan 75 años jugando con tan solo dos cartas y ganando todas las partidas –la carta del holocausto y la carta de la teoría de la conspiración. La carta del holocausto, aceptada tanto por Estados Unidos como por Rusia, se está destiñendo y ya casi no sirve, pues todos ven que se trata de una carta marcada. Entonces aparece un nuevo concepto, la conspiración, tan sacado de la manga como el victimismo judío, que elimina ipso facto cualquier interpretación, propuesta o hipótesis que vaya contra la corriente ideológica oficial, la proyectada por el deep state. Y eso es lo que está pasando con la carta de la pandemia –se puede criticar la gestión gubernamental, la falta de criticismo por parte de los medios de comunicación… pero no se puede negar su realidad y exponer claramente que se trata de otra carta trucada para establecer un nuevo y devastador orden mundial.

En este caso, seremos tildados de apoyar las teorías de conspiración.

Lo que vemos últimamente es que no hay el menor disimulo a la hora de sacar cartas marcadas y echarlas sobre el tapete. ¿Puede alguien explicarnos que hacen 17 agencias de inteligencia norteamericanas alimentadas con cientos de miles de empleados, con armamento que incluye aviones de combate, helicópteros, tanques… si no es para conspirar, para maquinar, para derrocar gobiernos, para promover primaveras de todos los colores, para invadir países, para provocar golpes de estado…? ¿Es que puede haber alguien en su sano juicio que nos acuse de creer en la conspiración? ¿Es que ha habido otra cosa desde que el hombre tomó consciencia del poder que se le había conferido para el mal?

La pandemia no existe en cuanto que pandemia, en cuanto que amenaza vírica. Existe algo que nos enferma, que nos produce miedo, inquietud, ansiedad, angustia… Algo que está permitiendo a los gobiernos confinarnos, obligarnos a separarnos de nuestros semejantes, a sospechar de ellos, a considerarnos portadores de infección, a controlar nuestros movimientos…

Esta es nuestra carta abierta al mundo.

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