Nos han acostumbrado a percibir la vida como un cóctel.

Nos han acostumbrado a percibir la vida como un cóctel. Un sabor general producido por unos ingredientes que poco tienen que ver con nosotros, con nuestras vidas. De esta forma, se diluye lo esencial, se oculta entre los ingredientes del cóctel, de ese sabor indiferenciado que envuelve a nuestra percepción existencial.

Nos hablan, a través de los medios de comunicación, de una explosión en el puerto de Beirut y, al mismo tiempo, nos inundan con las cuitas de Messi; nos aterran con una pandemia cuyo devastador efecto aún está por venir, y desvían nuestra atención con sugerentes teorías sobre el origen de la vida –un nuevo estudio de investigadores japoneses confirma la posibilidad de panspermia, la posible propagación de la vida por todo el universo a través de microbios que se adhieren a los cuerpos espaciales (¿De dónde habrán salido estos microbios?); Nos confunden con noticias sobre los movimientos del tipo BLM que piden el fin de la América que conocemos, y las mezclan con las desventuras de la tenista Serena Williams quien ha inventado su propio método para hacer frente al calor sofocante en la cancha con un estriptis durante un partido.

Al final del día no sabemos qué está ocurriendo en el mundo. Más aún, tenemos la sensación de que todo, en realidad, va bien, pues se siguen jugando partidos de tenis a pesar de un posible conflicto bélico entre Estados Unidos e Irán; siguen las ligas de fútbol a pesar de la incertidumbre sobre qué forma tomará la vida si el Covid19 cierra definitivamente las escuelas.

Después de este cóctel de sabores leemos con una inquietante indiferencia el proyecto Neuralink de Elon Musk –parece estar empeñado en insertar implantes en el cerebro humano que puedan ser descodificados por ordenadores. Cuando llega a nosotros esta noticia, hace horas que ha dejado de preocuparnos las nuevas relaciones entre Israel y el mundo árabe –nos hemos olvidado de la anunciada anexión de Cisjordania por este país que dirige la política estadounidense, la política del mundo. Estábamos absortos con la noticia del asombro de un médico ruso al extraer una serpiente de un metro de largo de la boca de un paciente.

No podemos seguir con este método de meter todas las noticias en un mismo saco y agitarlo luego como si fuera un cóctel. En este zancocho hemos estado viviendo los últimos 80 años; y de esta forma se nos ha inoculado una imagen deformada de la realidad. Una imagen frívola de la existencia. Una imagen desconectada del conjunto.

De esta forma, hemos caído en todas las trampas –hemos aceptado sumisos los artilugios tecnológicos sin ningún análisis, sin ningún estudio que nos hiciera entender las consecuencias futuras de tales inventos, de un progreso que nos prometía convertirnos en dioses democráticos; es decir, en dioses sin reino celestial, custodiados por “ángeles” uniformados, pagados con nuestros impuestos.

¿Cómo pudimos dejarnos llevar por esta farsa, seguir divertidos el espectáculo en el que era a nosotros a quienes sacrificaban? Falta de perspectiva, falta de elites capaces de interpretar la realidad.

marte111

¿Cuánto tiempo duraría una sociedad en Marte sin caer en el vicio, en el odio, en el suicidio, en la depresión… ¿Un año, unos meses, unos días?

Pensábamos que sería fácil eliminar al Creador y hablar de microbios interestelares. Nos llegaban excitantes noticias que minimizaban nuestras sospechas de que el mundo feliz de Huxley podría estar ensayándose en algún laboratorio secreto. “¡Vamos chicos! Todo va bien. Yo diría que viento en popa. A veces nos atascamos, pero la bala hace tiempo que ha salido del caño y se dirige, imparable, hacia un futuro luminoso, eterno. Estamos reclutando voluntarios para las bases permanentes que vamos a establecer en la Luna y en Marte. Es sólo cuestión de tiempo –dos años o tres, quizás cinco, quizás diez. Es cierto que muchos de vosotros no veréis el sobrecogedor espectáculo de miles de naves espaciales recorriendo el universo a la velocidad de la luz. Mas no penséis que todo se ha perdido. Hay proyectos para resucitar a los “buenos”, a los que hayan muerto en un sano y alegre ateísmo, practicando la libre elección sexual, eligiendo su género y su sexo según la divina subjetividad humana… o algo así. O quizás no, estamos en ello.”

¿Se trata de una broma? Podría ser, pero cuando el sufrimiento humano se extiende como el aceite por las sociedades, por los suburbios, por las prisiones… alguien es responsable, alguien debe rendir cuentas. ¿Piensa acaso el hombre que puede romper el corazón humano sin esperar consecuencias? Ese es el infantilismo en el que hemos caído. Ese es el error, el cambio de sentido que nos está llevando a la destrucción.

¿Es que no hay nadie que quiera volver al punto del que arrancaba la bifurcación? Aún estamos a tiempo de desandar el camino andado, de tomar el otro camino, el que nos puede sacar de la negligencia, de la obnubilación, del malsano sopor de la inconsciencia. Aún estamos a tiempo de dirigir nuestro rostro hacia la Verdad.

sondas.blog – 3 Sep 2020

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