Nos han borrado el rostro

Siempre nos ha resultado sospechoso que nos llamaran personas, del latín “persona”, que significa “máscara” y que proviene del griego “prósopon”, “delante de la cara”, vía etrusco, “phersu”. La máscara teatral, utilizada también en el teatro existencial, se ha ido asimilando al rostro hasta desaparecer, reflejando el alma, la nafs de cada uno –algo intolerable para el director y los realizadores. Había que encubrir nuestra verdadera identidad de criaturas, y hacernos creer en nuestra auto-existencia. Se trataba de crear individuos multi-identidad, multi-máscara, como en el teatro, hasta olvidar nuestro origen. Había que borrar el rostro y substituirlo por una máscara, la misma para todos, la misma moda, la misma cosmovisión… un mismo individuo repetido ad infinitum.

Pronto no podremos diferenciar a nuestros hijos de los hijos de los vecinos, de los otros, cualesquiera que sean. También les taparán los ojos, el alma, sus peculiaridades aflorando al exterior a través del rostro. No habrá rostros. Será un teatro de máscaras sin que se sepa quién ha muerto, quién era el asesino, a quién secuestraron… Un baile de máscaras, un carnaval perpetuo… sin identidades, sin almas. Un mundo de individuos anónimos.

Después llegarán las órdenes, las restricciones, los ajustes… hasta que sólo queden las máscaras y en las manos, guantes.

Puede que caminemos entre robots y no seamos capaces de diferenciarlos de los humanos –el mismo rostro, sin gestos, sin muecas, sin estilo. No los necesitaremos. No habrá nada que decir, nada que leer –tan sólo el libro de instrucciones, el manual de las nuevas normas sanitarias, con un apéndice que recoja las últimas estadísticas sobre contagios y muertes. Cada día será más sobrecogedor ese cúmulo de datos, de malas noticias. Ese día, cuando todo esto ocurra, un día cercano, un escenario que ya empieza a llenarse de personajes, nadie recordará cómo era el mundo antes de la tecnología, antes del control, de los registros, de los algoritmos. Seguiremos repitiendo esa necia frase: “La tecnología es buena, pero la hemos utilizado mal”. ¿Se puede ser más cretino que eso? Se puede, podemos entregar a nuestros hijos al festín de la posesión, convertirlos en una terminal, en el último impulso de algún dispositivo electrónico. Y todo nos parecerá bien. Todavía hay frases más necias: “El precio del progreso”, “la tecnología nos ha facilitado la vida”, “es tan cómodo el mundo tecnológico”… mientras se comen nuestras vísceras en el gran festín de las raposas.

sondas.blog, 27 agosto-2020

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