Quien roba a un ladrón tiene cien años de perdón

Teníamos la plena convicción de que tras el aluvión vírico las noticias cambiarían sus contenidos e incluso su estilo –un estilo afinado con la nueva realidad psicológica que la pandemia estaba configurando en la gente. Sin embargo, no ha sido así. Las mascarillas han ocultado esta realidad, como si lo verdaderamente importante fuese no contagiarse. No contagiarse para… ¿Para…? Esto es lo verdaderamente importante –saber para qué no debemos contagiarnos; para qué debemos seguir viviendo.

Mas no es así como estamos actuando, pues hace tiempo que hemos dejado de pedirle a la vida su razón de ser –se trataba de mantener viva la fiesta, el fuego chamánico, los aquelarres satánicos… Ahora, el fuego se está extinguiendo y ha parado la música. ¿Por qué entonces no se adaptan las noticias a esta nueva situación? ¿Por qué insisten en seguir mezclando escenarios pandémicos, crisis económica, alianzas militares… con ligas de futbol, escándalos de famosos, accidentes aéreos, terremotos, nuevas técnicas de cirugía plástica y comidas con bajo contenido en colesterol? ¿Podemos decidir, de una vez por todas, que es lo realmente importante, lo esencial? ¿Puede la base estructural de la existencia estar basada en modas? ¿Puede ser algo aleatorio?

Ahora vemos que la fiesta era algo adicional; un elemento perturbador que obnubilaba la consciencia y nos otorgaba una sensación de libertad sin compromisos, sin obligaciones morales que pusieran en peligro la diversión y el placer. Ya no hay fiesta. Y el único escenario que queda cuando se acaba la fiesta, es la vuelta a la esclavitud. Ya no recordamos cómo era, aunque persisten numerosos elementos de aquel pasado servil –desahucio, desempleo, trabajos humillantes, absurdos, que no nos incumben… Los esclavos, los siervos, limpiaban las caballerizas del señor, molían harina, hacían pan, arreglaban puertas y ventanas… pero ahora millones de personas se ganan la vida mirando fijamente a 6 u 8 pantallas en sus puestos de vigilantes; dirigen el tráfico; custodian los grandes almacenes para que nadie robe; dirigen robots para que fabriquen coches… Mejor ser siervos en los vibrantes tiempos de la Edad Media –del servilismo de hoy sólo escapan los hackers.

La pandemia no nos ha servido de mucho a la hora de dilucidar cuál es el conjunto de creencias que conforman la cosmogonía del hombre occidental de hoy. No existe. Acaban de reunirse un grupo de científicos y filósofos para debatir si, Dios sí, Dios no; ciencia sí, ciencia no. ¡Pero un momento! ¿Acaso no hemos matado a ese Dios y hemos consagrado a la ciencia como el único oráculo posible? ¿A qué vienen esos debates? ¿A qué viene seguir teniendo religiones? ¿Es acaso compatible la evolución con el creacionismo? No. No lo es, pues son sistemas de entender la existencia diametralmente opuestos. ¿De qué va entonces esta nueva fiesta? ¿Se trata de un desesperado intento de no soltar las dos manos a la vez para evitar caer al abismo?

Los hijos están secuestrados por el estado,

por sus instituciones…

Los hijos están secuestrados por el estado, por sus instituciones –se ocupan de su educación, de inculcar en sus tiernos cimientos los valores que priman en las sociedades en las que han nacido, de recordarles a cada paso que son libres y que el vicio es un concepto erróneo, otro opio como el de las religiones… Mas si les propones ocuparse ellos, los padres, de sus hijos, de “elegir” la película, te dirán que no tienen tiempo y que ellos no saben –otro órgano con necrosis.

Las noticias, empero, silencian la realidad, el nuevo mapa social, la nueva geografía existencial. Siguen cantando la vieja canción de siempre –lo importante que es el orden. ¿Para quién es importante? Para mantener intacto su mundo que nada tiene que ver con el nuestro. Los hackers son delincuentes para los medios. Mas ¿a quién le importa lo que piensen los medios, los gobiernos, la policía…? Son territorios separados, antagónicos. Los hackers hacen túneles informáticos a través de los cuales entran en bancos, archivos policiales, información reservada de los grandes consorcios, de la CIA… Y nosotros debemos hacer túneles como ellos entre casa y casa. Debemos crear ciudades subterráneas para cuando arriba sólo circulen patrullas y acorazados. Debemos escapar hacia el centro de la Tierra.

El FNAC ha hablado con voz de mando y ha despejado más de una incógnita. La organización BLM (Black Lives Matter) ha perdido el timón porque su objetivo es lograr que haya justicia de los blancos para los negros. Siempre el mismo error de pedirle a los leones que se hagan vegetarianos. BLM pide un abrazo interracial, como los que se han quedado sin religión piden diálogos interreligiosos. Mas el FNAC ha pedido separación –tomar tierras en Norteamérica independientes de la Casa Blanca o volver a África y unificar la división que Occidente generó en el continente negro para vencerlo. Y para ello habrá que morir y habrá que matar.

Es hora, pues, de generar nuevas fronteras, nuevas comunidades… De volver al punto en el que se bifurcaron los caminos.

sondas.blog, 20 Julio – 2020

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