No exageres

Algo perturbador debió sentir Buda en la exageración cuando recomendó a sus discípulos que no exagerasen. Es lo mismo que sentimos nosotros hoy cuando vemos la tremenda exageración de la que hacen alarde gobiernos, investigadores y periodistas –la santísima trinidad.

La exageración es un tipo de mentira, pues muestra una realidad deformada, ficticia y, por lo tanto, engañosa. No podemos hacernos una idea clara de un asunto cuando se presenta de forma exagerada. Mas también es una forma de encubrimiento, ya que provoca un cierto temor en quien escucha un suceso narrado con un alto grado de exageración, pues ésta delata segundas intenciones, ocultamiento, maquinaciones.

Estamos viviendo situaciones que no se habían dado en toda la historia de la humanidad. Se han cerrado mezquitas, iglesias y sinagogas por primera vez en el registro histórico. Incluso durante las dos guerras mundiales la mayoría de las escuelas siguieron funcionando, así como las universidades, cafés y night clubs. Hay, pues, una alarmante exageración en el modo de llevar la pandemia, una exageración injustificable.

Cuando algunos analistas advertían, a todos aquellos que quisieran escucharles, que iba a haber más muertes por la cura que por la enfermedad, se estaban refiriendo a la exageración, a una serie de perturbadoras medidas que están alterando la psicología de la gente. Sin embargo, no es un proceso aleatorio, pues no es proceso natural. La psicología debe cambiar, debe simplificarse. Deben reorientarse las capacidades cognoscitivas del hombre de forma que sean útiles para determinadas funciones –y únicamente para ellas. La robotización de la mayoría de los seres humanos es necesaria para que las elites puedan construirse su paraíso terrenal. Lo hemos visto en numerosas ocasiones a lo largo de la historia. ¿Cómo se construyeron los Estados Unidos? Los esclavos negros se encargaron de la agricultura y los esclavos chinos del ferrocarril y de la construcción. ¿Cómo se desarrolló la economía en Inglaterra después de la revolución industrial? Con mano de obra extraída de las clases más bajas del país, y con la fuerza laboral que aportaban los emigrantes africanos e indios –el colonialismo no sólo proporcionaba mano de obra barata, esclava, sino también enormes riquezas en materias primas. Las grandes fortunas europeas se fueron amasando con la sangre de los indios americanos, de los africanos y asiáticos.

Las elites judías occidentales no están dispuestas a compartir su paraíso con ninguna otra comunidad hegemónica…

No obstante, estas elites se enfrentan ahora a tres problemas fundamentales –P1) Una intolerable superpoblación, lo que provoca, a su vez, toda una serie de indeseables efectos colaterales –para alimentar cada día a la humanidad de hoy hace falta utilizar hormonas, manipulación genética, invernaderos y toda una serie de medidas que han empobrecido la calidad de los alimentos; se crean barrios dormitorios, verdaderos productores de delincuencia y de enfermedades mentales; aumenta la población senil y con ella un gasto al que ningún gobierno puede hacer frente –salario de jubilación, medicinas, hospitales, consultas médicas, residencias de ancianos subvencionadas … P2) Una peligrosa libertad de movimiento y de opinión que gracias a internet se propaga a una inoportuna velocidad. P3) Las elites judías occidentales no están dispuestas a compartir su paraíso con ninguna otra comunidad hegemónica.

La solución a estos problemas está en los problemas mismos –S1) Eliminar al 80% de la población mundial, de forma que pase de los 7.700 millones actuales, a unos 1.500, según una escrupulosa selección étnica, intelectual y de género. Esta drástica reducción poblacional permitiría que las elites pudieran alimentarse con productos naturales, tanto vegetales como animales. No así el resto de la humanidad que consumiría comida sintética, la cual recibirían en sus domicilios mensualmente en bolsas precintadas. S2) Suprimir el dinero, las monedas y, con ello, los salarios. Cada trabajador recibiría un número determinado de puntos que iría perdiendo y recuperando según su rendimiento laboral y otras tareas. S3) A parte del tiempo laboral, el resto lo pasaría en casa con actividades online –programas, juegos, videos… controlados y dirigidos por el Centro Generador de Realidades Virtuales, también conocido como el CGRV. –S4) Para conseguir eliminar las elites no judías-occidentales, sus sistemas de producción, sus compañías exitosas… muy probablemente sea necesaria una sincronización de variadas guerras locales del tipo –Paquistán-India, Corea-Japón, grupos armados-gobierno chino, Israel-Irán…

Ante este posible y tenebroso escenario, empero, nadie está preocupado por el golpe que nos puede venir, derribando la familia, las relaciones sociales, la libertad espiritual… Parece que todos están adaptándose y se encuentran bien en esta nueva situación, con las esperanzas puestas en una rápida vuelta a lo anterior, a la “normalidad”.

Las noticias se disparan hasta el punto de no tener acceso, sino a un 10 por ciento de las mismas. Son noticias que un día apoyan determinadas tesis para desmentirlas día siguiente. Pronto nadie las seguirá. Nos limitaremos a obedecer las órdenes gubernamentales, las que sean, teniendo siempre presente la vuelta a la normalidad. Mientras tanto, aceptaremos cualquier escenario, pues es momentáneo, mientras se debilita el virus o los expertos encuentran una medicina o una vacuna. Y así pasarán los años, con paulatinas transformaciones económicas y sociales presentadas como mejoras incuestionables.

Mas también para nosotros hay soluciones si tenemos en cuenta las soluciones de las elites –1) Establecer el acercamiento social selectivo; es decir, crear tribus, comunidades –2) Desconexión selectiva online –3) Volver a los libros proféticos, no como una tradición heredada, sino como estudio rigoroso y de consecuencias prácticas –4) Eliminar de nuestras casas toda la tecnología que no sea, momentáneamente, imprescindible –5) Buscar en cada tribu, en cada comunidad, un sistema médico y educativo propios –6) Distanciamiento mediático y electoral.

Mas para conseguirlo hará falta una fuerte determinación y una clara percepción de la realidad.

 

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