Oblivium

El recuerdo nos devuelve a la vida. Es el dispositivo que nos conecta con la verdadera narración. Mas no hablamos aquí del álbum familiar ni de genealogías ni de estirpes. Hablamos de algo que nunca debimos haber olvidado. Quizás aún nos ronde por la cabeza, como una viruta que nos taladra el cerebro una y otra vez. Así nos alertan estas inquietantes aleyas coránicas:

(60) En Nuestro plan está el que la muerte sea para vosotros un destino común, y no podréis evitar (61) que os transformemos, y os originemos en una forma y un estado que no conocéis. (62) Siempre habéis tenido conocimiento de cómo fuisteis producidos la primera vez –¿es que ya lo habéis olvidado y por ello os desentendéis?
Qur-an 56 – al Waqiah

 

¿De qué conocimiento se nos está hablando? ¿Cuándo lo hemos perdido? Recordemos, volvamos a nuestra niñez. ¿Había algo más placentero que sentarnos en la tierra y jugar con ella? Algunos niños se la comían con gran avidez. ¿Acaso fue ese nuestro primer alimento, nuestra primera “leche materna”? Lo hemos olvidado. Han arrojado sobre nuestra memoria tanto encubrimiento, tantas teorías científicas, tantas hipótesis… que se ha roto la conexión que nos unía al pasado, al origen. Mas aún perdura nuestro amor por nuestra primera madre. Nos tumbamos sobre la yerba y agarramos con las manos puñados de tierra. Lo hemos olvidado, es cierto, pero todavía está viva en el hombre una inexplicable atracción por lo que llamamos naturaleza. Vivimos en ciudades de cemento, de grasiento y gris asfalto, infames hospicios en los que nos obligan a penar, pero siempre que podemos, nos “escapamos” al campo, a la tierra, al agua… a nuestra madre. Todavía más inquietantes son las siguientes aleyas coránicas:

(17) Es Allah Quien os ha producido de la tierra de la misma forma que ha producido las plantas. (18) Luego os hará regresar a ella y de ella os hará salir de nuevo.
Qur-an 71 – Nuh

 

¿Por qué nos da miedo nuestro origen? ¿Por qué la coherencia nos resulta tan perturbadora? Así surgieron los primeros humanos –de una sola célula madre activada por partenogénesis. Así nos lo recuerda el Qur-an:

(1) ¡Gentes –nas! Temed a vuestro Señor que os creó a partir de una sola nafs, y creó de ella su pareja, generando, a partir de ellos dos, multitud de hombres y mujeres.
Qur-an 4 – an Nisa

 

De una sola nafs (entidad viva independiente), de una sola célula, produciendo en la segunda generación células femeninas y masculinas, parejas, capaces de reproducirse sin necesidad de la partenogénesis. Así fueron creados los primeros humanos y las primeras generaciones de animales, así, como las plantas. Sin embargo, estos primeros humanos –bashar– carecían de lenguaje conceptual y la comunicación con su Creador resultaba imposible. Hacía falta una actualización –el insan. Esta actualización se produjo insuflando en algunas de estas mujeres bashar un ruh del Altísimo, un programa específico capaz de manipular la configuración genética de los bashar y producir una nueva entidad, esta vez poseedora de lenguaje conceptual, de consciencia y de fuad (dispositivo que interconecta las capacidades cognoscitivas con la consciencia –corazón espiritual). A este hombre, culmen de la creación y protagonista exclusivo de la narración existencial, se le recordó algo más que la forma en la que había sido producido:

(172) Cuando tu Señor se dirigió a la descendencia de los Banu Adam e hizo que testimoniaran sobre ellos mismos: “¿Acaso no soy Yo vuestro Señor?” Respondieron: “Atestiguamos que lo eres.” Y ello para que el Día del Resurgimiento no dijerais: “En verdad que desconocíamos este asunto.”
Qur-an 7 – al ‘Araf

 

Se le recordó que tiene un Señor, su Creador, y que forma parte de un portentoso proyecto que va a ir recorriendo fase a fase, etapa a etapa, y que va a tener una guía para conducirse en la vida de este mundo, una guía que encontrará en el relato profético, en sus libros y en sus profetas.

Todo esto es lo que hemos olvidado y por ello caminamos sin rumbo –celebramos el día de la cerveza, vamos al gimnasio, aprendemos a bailar sevillanas, estudiamos idiomas, cambiamos de coche, meditamos en posición de loto, trabajamos, nos jubilamos… sin comprender el sentido de nuestras vidas.

Fuimos preguntados y respondimos: “Atestiguamos que eres nuestro Señor y Creador”. ¿Lo hemos olvidado? No, está ahí. En cada acto que realizamos, en cada instante de quietud, en medio de la multitud, en las borracheras, en los chutes, cuando nos enamoramos… No deja de gritar: “¡Recuerda, maldito estúpido! ¡Recuerda lo que juraste antes de venir a la existencia! ¡Recuerda que tienes un Señor y que a Él has de volver!” ¿A quién sigues? ¿Detrás de quién caminas? Escucha la voz que reclama su derecho. Escucha tu voz, tu verdadera voz.

El recuerdo es vida, de la misma forma que el olvido es muerte. Bailan y bailan, ríen, gritan, lloriquean, se drogan, se suicidan… No les sigas, es el mundo del oblivium, de la enajenación, de la perdición. Sigue, en cambio, la voz que te pregunta cada día, a cada instante: “¿Acaso no soy Yo tu Señor?”

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