¿Quién está filmando?

¿Es posible imaginar que nadie esté filmando esta portentosa creación? Fotografiamos hasta los objetos más desdeñables; pasamos los viajes con la cámara de video colgada al hombro para no perdernos ningún detalle, ningún acontecimiento, ningún paisaje. De día y de noche los astrofísicos disparan sus cámaras adosadas a telescopios gigantes para captar algún suceso estelar, alguna explosión galáctica o el nacimiento de una nueva estrella. Tenemos una imperante necesidad de registrarlo todo. Los gobiernos de medio mundo no cesan de colocar cámaras de video en sus ciudades –en las estaciones de tren, en los aeropuertos, en los supermercados, en los cruces, en las estaciones de metro… Mas no podemos tener una película completa de la creación. El hombre no puede, ni siquiera estuvo allí cuando se filmaron los primeros fotogramas a medida que se iba conformando el universo. Alguien puede, sin embargo.

Esta creación es, ante todo, un escenario, un estudio de filmación, el desarrollo de una sobrecogedora multitud de acontecimientos en irreductible interacción. ¿Y no hay nadie para filmarlo? Hablamos del reverso del Anthropic Principle. Nos hemos posicionado no como observadores, sino del otro lado, del lado del cámara, del lado del que filma, desde la nada a la manifestación, no desde la manifestación a la nada. Lo que realmente observamos es la filmación, de la que formamos parte, a través de la consciencia. Podemos estar dentro como un elemento más, como un animal, como una planta… como un negligente, como una entidad cinematográfica ajena a su realidad de criatura consciente. O podemos participar plenamente de su realización y de su proyección. Podemos viajar por el escenario universal e histórico, pues conocemos el guión, tenemos la sinopsis de la película. El sistema profético transporta la historia de la creación. El Qur-an está lleno de escenas retrospectivas y de escenas que nos transportan a un futuro post-mortem. Parece como si todo estuviera filmado de ante mano. Es esta posibilidad la que irradia tal emoción en el hombre consciente –ya hemos estado aquí; ya hemos hecho eso; ya hemos sentido eso… Lejanía, pues, de la consciencia. Observar al observador observando. ¿Por qué conformarse con un papel de comparsa? ¿Por qué no vivir en primera línea la historia más grande jamás contada?

peli

¿Podría haberse perdido Fellini una visión de la Roma de Mussolini y la que él conoció siendo niño? ¿Podría haber pasado por alto los romances en la Roma decadente y hedonista de los años sesenta? Imposible. Había que filmarlo, añadiendo la ficción que fuese necesaria para crear una historia cuasi real.

¿Cómo entonces se habrían malogrado en el olvido los desconcertantes sucesos químicos y geológicos que transformaban el agua primordial en rocas, en sílice, y conformaban la Tierra? ¿Todo desperdiciado? Visconti se habría puesto alas de cera para llegar hasta ese instante. No pueden haberse arruinado los mejores fotogramas de la creación. ¿Qué no habrían dado esos primeros artistas chinos, persas o árabes por haber tenido entonces una cámara de video y haber filmado aquellas guerras sangrientas y decisivas que hoy ya son leyenda? Haber podido filmar el rostro del guerrero al recibir la primera flecha y después la segunda, la tercera… Ese rostro polvoriento que ve acabarse la escena para él. ¿Podría el artista chino retratarlo? Haría falta que sintiera su mismo dolor.

Es imposible imaginar que nadie esté filmando esta creación. Mas si así fuese, ¿cómo es posible que nosotros no dejemos de registrar, fotografiar, retratar, dibujar, pintar, grabar… todo lo que cae en nuestro campo de visión o en el ámbito de nuestra imaginación? Filmamos y fotografiamos porque el concepto de registrar, de un modo u otro, forma parte de las normas que conforman el juego existencial. Si no fuera así, el hombre no habría podido, a partir de sí mismo, llegar al concepto de registrar y mantener información. Nadie puede generar un concepto que no esté dentro de las posibilidades existenciales de esta creación –ni siquiera un color. El hombre es mezclador de elementos existentes, no creador. Por lo tanto, el hecho mismo de que nosotros, el hombre, tengamos esa necesidad de registrar, nos permite concluir que deriva de una acción constante que se lleva a cabo desde el sistema operativo universal –hay una memoria universal, una consciencia universal y un soporte universal. Y de esa estructura operativa deriva nuestra capacidad funcional para registrar y mantener todo lo que nos permitan nuestras limitaciones físicas y cognoscitivas. Un buen ejemplo de lo que acabamos de decir lo encontramos la película de Terrence Malick, “El árbol de la vida” (The Tree of Life), que fue estrenada en 2011. Parte de su cinematografía intenta mostrar cómo fue el “comienzo”, cómo se formaron los planetas, cómo apareció la vida… Sin embargo, es un trabajo de ciencia ficción, en el que la restringida subjetividad del director proyecta imágenes e hipótesis demasiado humanas.

Nadie estuvo allí. Por lo tanto, no es el hombre el que está filmando o el que puede crear los escenarios precisos extrayéndolos de su memoria.

Mas filmar exige tantos preparativos, tantas cámaras, dispositivos de luz… Cuando vemos una película, no vemos su realización, sino el resultado final, vemos el producto acabado, el film, la película, el registro. También en esta creación todo ha sido filmado de ante mano y ahora simplemente se proyecta la película en la pantalla del ser, en ese soporte capaz de recibir el film, los registros, y mantenerlo animado, vivo. Nadie es invitado a la realización de una película, sino a su proyección en la pantalla.

Todo, pues, ha sido filmado –no sólo las acciones, sino también las intenciones, algo que las cámaras humanas no pueden captar. Por ello se nos dice en el Qur-an que ese Día a nadie se le pedirán cuentas, pues cada uno llevará la suya, verá sus acciones y aquello que le motivó a realizarlas. Silencio. Nada que decir. La película no se terminaba con nuestra muerte. Había un dispositivo marcado con nuestro nombre que contenía aquello de lo que habíamos sido conscientes y aquello que había entrado en nuestra memoria sin ser percibido por nuestra consciencia. Alguien, en verdad, estaba filmando.

(1) Cuando el cielo se cuartee, (2) cuando los astros se dispersen, (3) cuando los mares se desborden, (4) cuando salga lo que había en las tumbas, (5) cada nafs conocerá sus obras. (6) ¡Oh tú, el hombre –insan! ¿Qué te engañó, apartándote de tu Señor, el Generoso? (7) El que te creó, te conformó y te equilibró (8) en la forma en la que te quiso componer. (9) ¡Pero no! Negáis la rendición de cuentas, (10) siendo que tenéis guardianes pendientes de vosotros, (11) nobles escribas (12) que conocen vuestras obras.

Qur-an 82 – al Infitar

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