ALLAH y AJIRA

Nuestro querido hermano Abu Bakr Gallego (r.a.) me solía decir que el Islam estaba sustentado por dos pilares, Allah y Ajira, son los dos pilares que sustentan el puente de toda existencia, en medio, el puente, es nuestra existencia terrenal, no es posible concebir el Islam en la ausencia de uno de los dos pilares, como no es concebible un puente con un solo pilar. La existencia de estos dos pilares, Allah y Ajira, van a ser el sello distintivo de la vía profética frente a la vía chamánica, pues en esta última, faltan los dos factores de la ecuación de la vida del hombre, la vía chamánica se centrará única y exclusivamente en el puente, en el tránsito mundanal, estando ausente por completo, o estando solo de una forma vaga y ambigua, la noción de Allah y la noción de Ajira, Allah es sustituido, en el mejor de los casos por una noción, ambigua y nebulosa de “energía creadora”, “el universo”, “la madre naturaleza”, “la madre tierra”, “energía cósmica” y muchos conceptos que no hacen referencia a nada particular y concreto, sino que todo queda envuelto en una especie de neblina ontológica, indefinida y vaga; por otra parte no menos vaga es la noción de Ajira en los caminos chamánicos, cuando muramos nos “reintegramos a la energía cósmica”, “a la madre tierra”, “al universo”, “al infinito”, etc etc

Todo ello en un intento de evitación de los dos pilares que conforman la vía profética, Allah, como el Creador supremo, no equiparable a cuanto conocemos o podamos concebir, con una realidad perfectamente delimitada y expresada a través de Sus Nombres con los que crea, y por otra parte, Ajira, con una realidad tan “tangible” como el mundo que nos rodea, descrita ampliamente en el Corán y lejos de las imprecisiones de las visiones chamánicas.

Allah y Ajira van a ser los dos términos de la ecuación existencial si los cuales ésta no tiene resultado, el hombre transita desde su creación, atravesando el puente de su vida terrenal para llegar al final del mismo, el pilar final, Ajira, donde será confrontado con una realidad tan real, o más, como la que vive día a día.

Alejémonos pues de las vías chamánicas y sigamos la vía profética, la única posible que nos llevará a buen puerto en Ajira.

Salam

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