Qué le induce al ser humano a la rabbanía, al monacato?.
Sin lugar a dudas en el monacato subyace un legítimo deseo de acercarse a Dios, pero el camino es erróneo, toda vez que se pierde en el chamanismo, en un bosque sembrado de rituales, parafernalias, y adornos que le hacen perder toda validez al deseo primigenio, por eso en el Islam se prohíbe el monacato, porque este es sinónimo de chamanismo; si tuviéramos que resumir en una imagen gráfica a éste, tomaríamos aquella imagen del sabio que le dijo al discípulo no mires al dedo que apunta a la luna; de igual forma en la vía chamánica, sea esta cual sea, el hombre se pierde en la contemplación del dedo perdiendo de vista su objetivo inicial.
El islam es simplicidad, limpieza de todo lo superfluo en la dirección del Uno y Único, es depuración de todo adorno que distrae del objetivo, por eso el islam está exento de todo ritual, de toda parafernalia superflua que hace que el hombre dirija su mirada a derecha e izquierda, haciéndole perder el camino recto, la única orientación posible, depurada de todo ornamento innecesario….sin embargo es lamentable que el hombre ame más el misterio que la Verdad.
Hace poco escuchaba decir a un monje, que en el retiro espiritual del monasterio encontraba la paz, algo legítimo y deseable, pero hay algo erróneo en esa búsqueda, pues anhelamos en Dunia (nuestro mundo), los estados que pertenecen a Ajira (la Otra vida), nuestro mundo es el mundo del conflicto, de la dualidad, de la lucha incesante entre los opuestos, no en vano cuando alguien muere se le dice “descanse en paz”, el hombre anhela en esta vida cualidades y estados que solo tendrán realidad en la Otra, la Belleza, la Inmortalidad, la Paz, el Descanso etc etc, por eso debemos entender que nuestro mundo es el mundo del combate, del movimiento incesante entre los polos opuestos, esa es nuestra realidad y la “pasta” de la que está hecha este mundo, no podemos traer Ajira a Dunia, por eso el Corán nos insiste en que no nos precipitemos, porque el hombre está hecho de “impaciencia”. Todo ello no contradice que el hombre necesite de vez en cuando algún retiro interior, para reflexionar, y salirse de la vorágine existencial, sabiendo que será una pausa, el descanso del guerrero, para volver con energías renovadas a la arena del combate.
