De la س a la ص

En un reciente artículo publicado en la red por Enemy Watch leíamos un inquietante párrafo en el que se presentaba el escenario de la nueva organización mundial de las poblaciones humanas:

El mundo ya no está dividido entre musulmanes y no musulmanes, chiítas y sunitas, árabes y no árabes. La verdadera división estriba entre los subhumanos sionistas y los humanos no-sionistas.

Sin dejar de ser correcto este análisis, adolece -empero- de algún elemento que nos indique las causas de esta nueva división a la hora de clasificar a la humanidad. ¿Por qué hay sionistas y no-sionistas? ¿Cómo se expresa esta división en la vida social de dichas comunidades?

Para despejar estas y otras incógnitas proponemos otra clasificación que lleve en sí misma su causa y -por lo tanto- la explique. Para ello partamos del primer factor -de la unicidad, del uno; antes incluso de que se pudiera imaginar el dos, la sucesión, la multiplicidad. Y de ese uno, de ese impar absoluto, surgirá el primer binomio, la primera tensión dialéctica que irá generando toda la creación: Iblis-Rahman; y ambos elementos del primer binomio se irán ocultando tras su frondosa ramificación.

¿Quién hoy recordaría que todo el mal, que bajo tantas formas se manifiesta en la vida de este mundo, proviene de Iblis? ¿Quién hoy recordaría a este maléfico y rebelde Yin? Mas también buena parte de la humanidad se ha olvidado de ar-Rahman -de cuya esencia derivan todos los nombres de Allah. Hemos perdido esta perspectiva que nos lleva al inicio mismo de la creación y por ello utilizamos otros nombres -como sionista, sunní, subhumano…

Por lo tanto, deberemos buscar en los nombres, en las palabras, en el lenguaje, la clave para entender la relación entre el hombre y el binomio Iblis y Rahman. Y esta clave se encuentra en los átomos del idioma, en las letras del alfabeto árabe. Estas letras están “vivas”; se interrelacionan unas con otras, se explican unas a otras a través de los sonidos que les son propios, y también de su grafía. Y ello hasta el punto de que cuando desmenuzamos una palabra o una frase, rasgamos el velo que nos impedía ver el horizonte de significados que se entrelazaban con todas esas letras.

Y van a ser dos letras las que nos expliquen por qué al final los analistas geopolíticos y religiosos han llegado a ese mismo binomio del que hablábamos antes y que ellos denominan “sionismo” y “no-sionismo” -la س (sin) y la ص (šad). Ambas letras están íntimamente relacionadas entre sí, ya que el paso de una a otra origina un movimiento circular de ida y vuelta: la SIN se convierte en ŠAD y la ŠAD vuelve al significado de SIN. La letra SIN indica algo que fluye de forma dispersa, algo que se mueve sin un objetivo determinado. Lo vemos en su grafía: س. Se trata de una letra totalmente abierta, dirigida al exterior, con muchos puntos de salida. Sin embargo, esa dispersión, esa abertura, lleva en sí la tendencia a convertirse en ŠAD; es decir en algo fijo, concentrado, fuerte… superior. También aquí su grafía nos muestra este paso: ص. Vemos cómo el primer diente de la SIN se alarga y cierra la letra, se recoge; hay un proceso de concentración, de reflexión.

Llevemos ahora esta teoría a la práctica. En el Corán tenemos una palabra que es clave, imprescindible, a la hora de entender la posición del creyente y la posición del negligente –صلاة (šalah). Es una palabra que encontramos repetida a lo largo del texto coránico, aunque en diferentes contextos. No obstante, el significado es siempre el mismo -conexión, y ello en contraposición al término سلا (salá), que significa desconexión en cuanto que hace referencia a alguien olvidadizo, despreocupado, negligente, incluso hacia aquello o aquellos que supuestamente ama o siente afecto. Ya hemos visto que la letra SIN indica fluir, moverse, agitarse de forma dispersa. Por lo tanto, no puede haber conexión, excepto cuando de la SIN pasamos a la ŠAD; de la dispersión a la concentración, y de esta forma nos conectamos con la Órbita Divina, entramos en la Rahma de Allah, nos conectamos con ar-Rahman.

Hay, pues, dos actitudes en el acto de adoración al Rahman que realizamos cinco veces al día -la SALÁ, que es dispersión, despreocupación, y que en realidad con esta SALÁ nos desconectamos del Rahman; y la ŠALAH que es concentración, interacción, recogimiento, y que ésta sí nos conecta con el Rahman: entramos en la Rahma de Allah, en la Órbita Divina. Y cuando nos sobreviene el olvido y caemos en la frívola dispersión, pasamos de la ŠAD a la SIN, quedando de esta forma desconectados del Rahman. Para volver a la ŠAD deberemos caer en la cuenta de nuestra negligencia, de nuestro olvido de la realidad.

En este vaivén se mueven los creyentes, alargando cada vez más los periodos ŠAD; mientras que los GHAFILUN, esos que se regocijan en la inconsciencia, alargan los tiempos SIN con respecto a los tiempos ŠAD.

Éste es el significado práctico de ŠALAH, independientemente del contexto en el que aparece en el Corán. Fijémonos en la aleya 56 de la sura 33 (Ahzab)

إِنَّ اللَّهَ وَمَلائِكَتَهُ يُصَلُّونَ عَلَى النَّبِيِّ يَا أَيُّهَا الَّذِينَ آمَنُوا صَلُّوا عَلَيْهِ

que podríamos traducir por:

“Allah y Sus malaikah ‘IUŠALLUNE’ al profeta. ¡Creyentes! ‘ŠAL-LU’ a él.”

Si ahora hacemos una traducción completa de esta aleya teniendo en cuenta todo lo que hemos visto en este artículo, obtendremos la siguiente frase:

“Allah y Sus malaikah están conectados con el profeta (éste ha entrado en la Órbita Divina, en la Rahma de Allah). Creyentes: conectaos con el profeta, conectaos a él (y de esta forma entrad con él en la Órbita Divina, en la Rahma de Allah).”

De lo contrario, todos nuestros actos serán “SALÁ”, desconexión; un vagar sin rumbo por la frivolidad, la negligencia… la GHAFLAH. Y ello nos llevará a otro “ŠALAH”, como en la aleya 9 de la sura 87 (A’la):

الَّذِي يَصْلَى النَّارَ الْكُبْرَى

“ese que arderá en el mayor de los fuegos”.

Este “ŠALAH” deriva del verbo صلى. Es decir, cambia la و final por la ى, mas no por ello cambia de significado. Habrá conexión para “ese”, pero esa conexión será con la órbita de Iblis. Entrará en su engaño, en su falsificación de la realidad; y esa conexión le llevará a arder en el fuego.

Por lo tanto, ya tenemos la última ramificación del binomio del que hablábamos al principio: Iblis-Rahman; ŠAD-SIN; la conexión con el Rahman, la entrada en la Órbita Divina, el más alto grado de realización al que puede llegar el hombre -un hombre no-sionista; y por otro lado la desconexión con el Rahman y la conexión con Iblis: el máximo nivel de degradación al que puede llegar el hombre -un subhumano, un sionista.

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