Declara el salmista: “Y yo, dije: Esa causa de mis transgresiones, por lo que he sido abandonado lejos de Tu alianza. Mas cuando caí en la cuenta de la fuerza de Tu mano, así como de la inmensidad de Tu misericordia, me levanté y me sobrepuse. Y mi espíritu se llenó de aplomo frente a las dificultades, pues me apoyé en Tu gracia y en la inmensidad de Tu misericordia.”
Formula el creyente: “El movimiento entre lo externo y lo interno es continuo. A veces el movimiento es en lo interno y otras en lo externo; y lo externo no es más que una declaración y encarnación de lo interno para imponer su autoridad sobre toda la realidad.”
Tanta sabiduría como se ha vertido en el flujo de la historia para evitar que en algún momento pudieran juntarse los dos caminos y de esta forma se confundiera la verdad con el extravío. Tanta sabiduría y, sin embargo, hemos llegado al indeseable punto de intersección. O quizás deberíamos decir punto de confusión, en el que el hombre ha olvidado cómo fue creado; se ha desentendido de la guía, del conocimiento que profeta tras profeta y texto revelado tras texto revelado le ha ido llegando a lo largo del tiempo. Y hoy este camino de rectitud se ha entrecruzado con el camino de encubrimiento -camino que se trazó con el susurro del Shaytan, de Iblis, cuando le propuso al primer hombre, dotado de cognición y de consciencia, que abandonase todas esas especulaciones sobre Otra Vida más allá de la muerte y, por el contrario, se concentrase en fabricar un paraíso en la vida de este mundo. Le dijo: “Solo tienes que comer del fruto de ese árbol e inmediatamente quedarás investido de inmortalidad. Y tu mano dominará el universo.”
Son los dos caminos que conforman la dialéctica existencial, el equilibrio, las dos posibilidades. Y a pesar de la guía profética, de la sabiduría de los textos objetivos revelados a los hombres… ambos caminos se han mezclado, infectándose la verdad de encubrimiento. ¿Cómo han podido intersecarse dos líneas paralelas que solo podían con el tiempo divergir más y más… separarse, alejarse hasta generar dos ámbitos irreconciliables?
Ello ha sido posible por causa de los cambios radicales que se han ido operando en las sociedades humanas -revolución tras revolución, estas sociedades se han ido inclinando hacia un cada vez mayor secularismo. Las revoluciones significan -ante todo- progreso material, esperanza de alcanzar un apetecible bienestar. Y ello le hacía al hombre olvidarse de su destino, que no era la inmortalidad, sino la muerte. Desaparecía de su campo de visión, de comprensión, la geografía postmortem. La misma fórmula se repetía rebelión tras rebelión: “Todo acaba en la muerte. Y la muerte será devorada por la inmortalidad.”
Mas frente a esa arrogante perspectiva, la realidad ha arrojado al hombre a un “sano ateísmo” -como le han llamado los últimos filósofos que ha producido Occidente. La gente común, siguiendo su propia terminología, prefiere llamarlo “al mal tiempo buena cara” -no hay inmortalidad y ni siquiera hemos logrado dominar la Tierra en la que vivimos. Más de la mitad de su superficie se mantiene prohibida para el hombre -selvas, montañas, desiertos… continúan siendo inhóspitos para un ser humano que mira con añoranza a las estrellas mientras muere de frio, incrustado en el hielo del Antártida.
Ese es el camino del engaño que ahora se ha apoderado del camino de la verdad.
