El Corán desaprueba tu concepto de felicidad

La propuesta coránica se apoya en un hecho irreversible que todos experimentamos a diario -la vida de este mundo es una sucesión continúa de espejismos, lo que a su vez nos lleva a cubrirnos con un ropaje de decepción.

Abrasados por la sed, nos parece vislumbrar a lo lejos una charca que rebosa de agua, pero cuánto más nos acercamos a ella, más parece alejarse de nosotros. Pensamos que quizás hemos calculado mal la distancia, y seguimos -exhaustos- corriendo hacia ella, hasta que llegamos al punto en el que la luz se reflejaba en esa fantasmagórica agua. La cogemos con las manos; mas no era, sino arena. Nos resulta imposible de creer que se haya producido semejante transformación. Creíamos que era agua, una substancia diferente de la arena. Sin embargo, no fue, sino un espejismo.

Seguimos caminando y aparece ante nuestra escéptica mirada un reguero de agua cristalina que sale de la tierra. Nos agachamos hasta palpar su frescor con nuestros labios y empezamos a beber con ansiedad. Mas pronto se acabará nuestra dicha, pues al cabo de unos pocos minutos esa agua saldrá ahora mezclada con barro. Nos incorporamos de nuevo y llama nuestra atención una silueta que parece enmarcar el contorno de una casa. Quizás esté habitada, pensamos. En ese caso habrá agua y tal vez nos ofrezcan sus habitantes algo de comer.

Recobradas las fuerzas, nos dirigimos apresuradamente hacia esa mansión que se yergue en medio de un paraje desolador, pero será allí donde encontremos la felicidad. Mas esa lujosa morada no era, sino un montón de piedras que la luz del sol, estampada contra la arena del desierto y contra nuestra imaginación, había proyectado otro espejismo, otra decepción.

Por ello el Corán nos enseña que la felicidad no es excitación, sino bien al contrario -paz, quietud, serenidad. No hay deseo en ella, sino satisfacción, consciencia de estar presentes ahí; de formar parte de ese escenario y poder al mismo tiempo observarlo.

Sin embargo, el hombre corre hacia aquello que le parece que es el bien, un bien, lo que le hará experimentar la dicha. Mas pronto caerá en la cuenta de que se ha metido en una escena catastrófica, en un espejismo, en una ilusión que ha resultado ser una pesadilla. De la misma forma, huye de una situación en la que le parece que hay un gran mal. Sin embargo, es ahí donde estaba el bien. Todo ello nos lleva a entender que necesitamos un código de conducta, un mapa de comprensión existencial que nos evite seguir espejismos, alucinaciones… subjetividad.

Esa es una de las funciones del Corán, pues en él está manifestada la objetividad divina. Lo que vemos a través del texto coránico es la realidad, lo que a su vez nos permite dirigirnos hacia lo que es bueno, hacia esa felicidad tan anhelada. Al mismo tiempo nos muestra que ese brillo que vemos en la arena del desierta no es, sino un espejismo cuyo deseo de alcanzarlo nos extenuará y arruinará nuestro camino.

Toda nafs.(el yo, el sí mismo) probará la muerte. El Día del Resurgimiento se os pagará por las obras que hayáis hecho. A quien se le aparte del fuego y se le haga entrar en el Jardín habrá salido victorioso. No es la vida de este mundo, sino un disfrute engañoso. (Corán, sura 3, aleya 185)

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