Alégrate de no ser libre

Una de las formas más aberrantes de irracionalidad en el hombre es normalizar el hecho de que haya venido a este mundo contra su voluntad y de que inevitablemente tenga que abandonarlo también contra su voluntad. Sin embargo, finge que pueda vivir como más le plazca.

“No los tomé como testigos de la creación de los Cielos y de la Tierra ni tampoco de su propia creación ni Me serví para ello de los que extravían a otros. (Corán, sura 18, aleya 51)

Existen muchas opiniones sobre lo que generalmente se llama libre albedrío. Al mismo tiempo, hay mucho desacuerdo sobre si existe algo así. ¿Poseen los hombres libre albedrío? Si el hombre es realmente libre, ¿cuáles son los límites de su libertad? ¿Quién los marca? El dilema del libre albedrío ha sido y sigue siendo puerta de entrada a innumerables interrogantes y motivo de ateísmo de algunas personas. Sin embargo, estas preguntas suelen ser incompletas o erróneas, lo que da lugar a respuestas distorsionadas que sólo aumentan la confusión y la complejidad del problema.

Creo que una vez que se formule la pregunta correcta sobre el libre albedrío, habrá muchas posibilidades de llegar a la respuesta correcta, en lugar de perder el tiempo examinando la cáscara e ignorando el núcleo. La mayoría de las preguntas que se hacen sobre la predestinación abren la puerta a la duda y a la objeción y, en consecuencia, quienes las formulan no encuentran respuestas satisfactorias. Por tanto, es fácil llegar a la conclusión de que nuestra existencia no tiene sentido y que en realidad no tenemos control sobre nada. Esto puede conducir a la desesperación o a la negligencia. Muchos, por otro lado, se ocupan de cosas que los distraen incluso de hacerse esas preguntas.

Creo que ésta es la pregunta que deberíamos hacernos: ¿Es nuestra existencia en este mundo el resultado de nuestra propia voluntad? Es una pregunta a la que tanto creyentes como no creyentes de cualquier lugar y en cualquier tiempo responderán de la misma manera. Nadie en este mundo puede decir que nació por voluntad propia. Nadie recuerda nada de antes de tomar conciencia de su existencia. Nadie ha hecho nunca tal afirmación. Se puede decir que esto es evidente y aceptado por todos, pero en realidad, esta verdad es algo aterrador. No exagero cuando digo que es aterrador. Intenta imaginártelo. Existes en este mundo sin que tu voluntad, tu conciencia o incluso tu consentimiento hayan sido necesarios para ello. Te acabas de despertar y te encuentras aquí. Esta idea, ya en sí misma, plantea numerosos interrogantes que no deberían dejarte indiferente ante ellos. Desafortunadamente, esto es lo que muchas personas inconscientes no hacen; personas que simplemente se encontraron existiendo y comenzaron a vivir sus vidas como si fuera algo natural.

Si aceptamos que nuestra presencia en la vida no ha estado sujeta a nuestra voluntad, también estaremos de acuerdo en que lo mismo ocurre con nuestra partida de ella. Nos iremos, nos guste o no. Éste es también otro de los axiomas con los que ninguna persona racional estará en desacuerdo y al mismo tiempo una idea que hace plantearnos la pregunta adónde iremos después de dejar esta existencia, a la que no hemos elegido venir.

Constantemente vemos a nuestro alrededor tantas personas quejándose de los problemas, enfermedades y desgracias de todo tipo que sufren en sus vidas. A menudo encontramos que atribuyen esto al hecho de que lo que les acontece no es el resultado de su elección. Lo que sucede en realidad es que ignoran la primera y más importante cuestión: “Existimos sin nuestra voluntad; ni siquiera consulta.”

El poeta Umar Khayyam escribió estos versos sobre la pérdida y la futilidad que sentía en su vida:

“Me he puesto a vivir sin que nadie me consultara

Me han desgarrado numerosos pensamientos

Y tendré que dejar esta existencia

No sé por qué vine ni por dónde escapar a mi destino.”

​Independientemente de que su poesía pueda contener cierto grado de resentimiento e insatisfacción, también expresa la condición de muchas personas que no se hacen preguntas importantes. En realidad, hemos sido creados sin que haga falta que se nos consulte al respecto. Aún más, moriremos sin saber por qué, cuándo ni cómo.

Vinimos y no encontramos que haya en la vida de este mundo nada permanente. Es más, sabemos que todo terminará, inevitablemente. Entonces, cuando nos damos cuenta de esta verdad, debería resultarnos evidente que debemos aceptar lo que Aquel que nos ha creado quiere de nosotros y vivir como Él quiere que vivamos, ya que es un absurdo después de haber reconocido que somos la manifestación de la voluntad de Dios Todopoderoso de vivir como queramos, no como Él nos dice que vivamos. Todo lo que nos rodea se centra en nosotros mismos e ignoramos lo que Él ha ordenado. Ésta es verdaderamente una clara contradicción, pues para comenzar a hacernos preguntas y responderlas, primero debemos aceptar la existencia de un Diseñador-Creador de este complejísimo mecanismo que llamamos universo, y dentro de él de un mecanismo no menos complejo que denominamos la vida. Nadie hay peor que quien de forma irracional nos pide que creamos en una existencia sin Creador, en una voluntad que se ha manifestado según un designio específico. Una persona así quiere que cierres los ojos a la verdad obvia y te convenzas de que toda la creatividad, perfección y precisión que vemos a nuestro alrededor es el producto de una serie de felices coincidencias.

Has oído la historia de un beduino a quien le preguntaron sobre las pruebas de la existencia del Creador. Dijo: El estiércol y las huellas en el camino señalan al camello. El cielo tiene constelaciones, la Tierra tiene ríos y mares, y los mares tienen olas. ¿No está indicando todo ello la existencia de Dios, un Creador Misericordioso, Omnisciente y Todopoderoso?

En mi opinión, este beduino poseía lógica y un pensamiento sólido, cualidades que la mayoría de los ateos y científicos que afirman tener conocimiento y creen en el progreso no poseen. Creen sólo en la ciencia y nada más. Esto se debe simplemente a que el beduino pudo concluir, a partir de su observación de los portentos que veía por doquier, que hay un Creador detrás de ellos cuya voluntad ha querido que existiesen.

Si caminamos con la imagen de que hemos venido a la existencia sin que ello sea un acto de nuestra voluntad, y de la misma forma partiremos de ella; y si esta realidad incuestionable nos lleva a la clara evidencia de que tiene necesariamente que haber un Diseñador-Creador, esta imagen dirigirá nuestra comprensión existencial. ¿Qué quiere este Creador de nosotros y cuál es el propósito de nuestra existencia? Ciertamente comenzaremos a buscar respuestas y estaremos de acuerdo en hacer lo que el Creador nos ha ordenado que hagamos porque somos simplemente la encarnación de Su voluntad.

Cuando quiere crear algo, Le basta con decirle –“Sé”, y es. (Corán, sura 36, aleya 82)

Cuando creemos en lo que expresa este versículo, nos resultará natural tratar de comprender el motivo de nuestra creación y cómo experimentarla. Se nos hará evidente que deberemos basar nuestras acciones y nuestra forma de vida en las órdenes de ese Creador.

“No he creado a los yin ni a los hombres –insan, sino para que Me adoren. (Corán, sura 51, aleya 56)

Y también:

El que creó la muerte y la vida para probaros, y ver cuál de vosotros sería mejor en obras –el Poderoso, el Perdonador. (Corán, sura 67, aleya 2)

No creo que exista otro camino para llegar a Dios Creador, conocerlo, entender lo que Él quiere de nosotros y comprender Su creación que el camino de la profecía, ya que es el único camino objetivo y desprovisto de la subjetividad humana. No es posible que el hombre, por más conocedor y sabio que sea, alcance la verdad absoluta. Quizás un filósofo o un científico piense que ha encontrado la verdad y el secreto de la creación, pero cuando examinas lo que dice, rápidamente te enfrentas a la decepción. Nadie está en posición de hablar con autoridad de este universo y de ti mismo, excepto el propio Creador.

No pueden revelarte las noticias del Ghaib (lo Oculto) como lo hace Quien posee el registro de todas las cosas. (Corán, sura 35, aleya 14)

Comprender en su practicidad estas aleyas te llevará a experimentar la paz interior, el sosiego; y ello por haber alcanzado la comprensión que deriva de la certitud. Observa todo lo que tienes a tu alrededor –los ciclos vitales, cómo la lluvia empapa la tierra y la vivifica, y salen de ella todo tipo de plantas, hortalizas y cereales… Entonces sentirás que es el Creador el que te habla y te muestra todas estas cosas.

Ese es Allah, vuestro Señor. Suya es la soberanía. Aquellos a los que dais poder, aparte de Él, no tienen dominio ni sobre la piel que envuelve el hueso de dátil. Si les suplicáis, no oyen vuestras súplicas, y aun si las oyeran, no os responderían. El Día del Resurgimiento os desmentirán. No pueden revelarte las noticias del Ghaib (lo Oculto) como lo hace Quien posee el registro de todas las cosas. (Corán, sura 35, aleya 13-14)

La metáfora de la piel del hueso de dátil indica que los hombres no tienen control sobre sí mismos y mucho menos sobre el universo y la creación. Nadie más se atreve a decir que él creó los Cielos y la Tierra. El Creador te habla sobre la forma de creación y detalles que deberían sorprenderte; y Él te habla de ti mismo. Nos insta a contemplarlo y analizarlo.

En la Tierra y en vosotros mismos hay signos para los que tienen certeza. ¿Es que no sois conscientes de ello? (Corán, sura 51, aleya 20-21)

Sin duda, el único que se atreve a decirlo es Allah.

Fijémonos en esta alegoría que podría ilustrar todo este asunto. Imagina que te despiertas y te encuentras en un lugar determinado sin tener ninguna noción de cómo has llegado hasta él. Descubres que estás atrapado porque no puedes encontrar la salida. Después de un tiempo conoces a un hombre que afirma que es el dueño de ese lugar y que no podrás salir, excepto por su voluntad. Si aceptas que él es el dueño del lugar y el único que puede dejarte salir, centrarás toda tu atención en hacer lo que él quiere, de la manera que él quiere. Prestarás atención a cada palabra que diga porque es importante y te ayudará a alcanzar tu objetivo. Sin duda que no ignorarás a este hombre empezando a buscar la salida por tu cuenta o perdiendo el tiempo vagando por el lugar. Una vez que reconozcas que sólo él tiene la autoridad para dejarte salir, no le prestarás atención a nadie más.

Y si no lo haces y no te tomas las cosas en serio, al cabo de un tiempo olvidarás que has sido detenido. Olvidarás que debes irte, y es bastante vergonzoso e inútil olvidarlo. No perteneces a este lugar y él no te pertenece. ¿Vas a vivir allí y olvidar tu objetivo? No es razonable que te sientas tentado de quedarte allí simplemente para disfrutar de las comodidades del lugar, olvidándote de que se trata de una fase más en tu camino. Y similar alegoría es la que nos ha transmitido el profeta Muhammad: “Estoy en este mundo como un viajero que se sienta bajo la sombra de un árbol, y luego se levanta y sigue su camino.»

De hecho, es así de simple. El viajero descansa bajo la sombra de un árbol, ya que esto le ayudará a completar su recorrido. Come y bebe para reponer fuerzas, y tal vez le resulte maravilloso ese lugar, pero no pensará, ni por un momento, que el árbol se convierta en su morada ni en el objetivo de su viaje por muy feliz y cómodo que se sienta bajo su sombra. En pocas palabras, el viajero tiene un destino que alcanzar y un objetivo; y este árbol, a pesar de la agradable y fresca sombra que proyecta, no disminuirá en nada su determinación.

¿No recuerda el hombre –insan– que lo creamos y no era nada? (Corán, sura 19, aleya 67)

Muhammad Ishaq para SONDAS

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