¿Dónde ves tú caos en esta creación?

Un tiempo atrás, cuando se les preguntaba por qué la filosofía no había encontrado, después de 3,000 años de búsqueda, la verdad, respondían que ello se debía al simple hecho de que no existía tal cosa; no había ninguna verdad que encontrar. Todas esas elucubraciones eran el producto del subjetivismo humano.

Después llegó la ciencia para tomar el relevo, ahora provistos de un método que eliminaba ese pernicioso subjetivismo, y se adentraba en la fenomenología universal con un incuestionable objetivismo. Es decir, que sí había una verdad que encontrar.

Ahora la respuesta que reciben esos fracasados filósofos de sus competidores científicos es la de que el elemento que prevalece en este universo no es otro que el caos. No olvidemos que ya los griegos lo hicieron dios.

Mas mitologías aparte, ¿cómo esta creación puede funcionar, expresarse con tal afinamiento y equilibrio, con tal armonía… con tal orden si lo que prevalece es el caos? Caos significa, ante todo, descontrol, incoherencia, desajuste… caos. De estas características inherentes a cualquier caos, a cualquiera de sus manifestaciones, no puede surgir un mundo asombrosamente ordenado, en el que todos sus elementos, los fenómenos que en él se manifiestan, siguen una inimaginable interacción.

Mas si prescindimos de ese anodino y encubridor concepto que es la “naturaleza”, tendrá que haber un sistema operativo que permita que ese orden, ese afinamiento, ese equilibrio se manifieste de forma irreductible y permanente.

Mas ¿cómo podría el hombre que no sabe cómo funciona su hígado, ni cuántos ribosomas hay en sus células; que no logra deducir dónde se encuentran los átomos en cada momento… cómo este hombre, decimos, podría penetrar y comprender el sistema operativo que proyecta esta creación visible, tangible… respirable. Esta arrogancia intelectual resulta devastadora para el conocimiento. Nos aleja del sistema funcional, que sí que nos incumbe, del que nos podemos beneficiar –un sistema que nos ofrece todo lo que el hombre necesita para su tránsito terrenal. Y al mismo tiempo, se muestra incapaz de componer el rompecabezas operativo. Es decir, nos convierte en necios orgullosos de su necedad.

Resulta incomprensible que una mente medianamente lúcida no se dé cuenta de que si es imposible indagar en un fenómeno cualquiera llevando en el intelecto todos los elementos que lo conforman, todavía más imposible resulta manejar sus interacciones y las que operan en la estructura global del mundo manifestado.

Sin embargo, en su artículo titulado “El dominio del caos” (Mashable), Mark Kaufman prefiere achacar la causa de esa imposibilidad a un supuesto caos que impide llevar a cabo coherentes cálculos y predicciones.

Hay un límite en cuanto al margen con el que la humanidad puede predecir el clima día a día.

Aquí Kaufman se sirve de la imprecisión para encubrir un hecho todavía más grave, ya que no solo nos resulta imposible predecir el tiempo que hará mañana y pasado mañana, sino que, además, aun si pudiéramos averiguarlo, de qué zona o zonas estaríamos hablando. Cuando llueve sobre Chicago, ¿llueve en todo él? ¿En todos sus barrios? ¿En los pueblos de la comarca? Solo podemos aproximarnos a los vertiginosos cambios atmosféricos de una forma extremadamente general e imprecisa, y con un margen de no menos de dos o tres semanas.

El límite absoluto de este tipo de predicción meteorológica es de dos a tres semanas, afirma Falko Judt, meteorólogo investigador del Centro Nacional de Investigación Atmosférica.

Y estas predicciones, imprecisas, dejarán sin cubrir buena parte de la Tierra.

Incluso la implacable marcha de la tecnología, con computadoras cada vez más rápidas, mejores y más inteligentes, no puede ir más allá de este límite.

Ninguna máquina es inteligente; tampoco los ordenadores, pues lo único que hacen estos es procesar la información, los datos que el propio ser humano introduce en ellos. Por lo tanto, las simulaciones que produzcan estarán deformadas por la subjetividad humana.

Sin embargo, ¿por qué debería haber un límite estricto para predecir el clima de un día? ¿Cómo pueden limitarse el progreso y la comprensión humana, habiendo erradicado la viruela, construido superordenadores y enviado a la humanidad a la luna? Resulta que estamos limitados por un agente irreprimible. Se llama caos.

Solamente en este párrafo se encuentran reunidos todos los errores con los que se está construyendo la cosmología científica –la visión científica de la existencia. El primer error es suponer que hay progreso. La vida de este mundo es una fase que termina con la muerte y lo que entendemos por “progreso”, un mayor conocimiento, una comprensión más amplia de la existencia, se irá estableciendo en las siguientes fases; de la misma forma que para progresar en los estudios de ingeniería, deberemos ir pasando del primer año al segundo, y de éste al tercero, y así sucesivamente, pues el programa del primer año está concebido para los alumnos que vienen del bachillerato y que, por lo tanto, no tienen un gran conocimiento de matemáticas o de física. Cuando completen con éxito este primer año, estarán en disposición de pasar al segundo, cuyo programa supone un progreso con respecto al año anterior.

En la vida de este mundo todo está limitado, pues es la primera fase. Y nada de lo que hagamos, de lo que creemos o inventemos, podrá sacarnos de esos límites. Sin embargo, nos dejamos llevar por las alucinaciones tecnológicas. Mas el hombre que viaja en avión no es diferente del que iba montado en un caballo o en una carreta. Es el mismo hombre. Necesita comer y beber. Necesita evacuar lo que ha comido y bebido; necesita dormir y se pregunta quién habrá diseñado este universo; cómo estará construido. Progresamos al pasar de una fase a otra, pero no hay progreso dentro de las fases.

El segundo error, basado en el primero, es pensar que estamos erradicando las enfermedades. No solo sigue habiendo viruela, sino que cada día aparecen nuevas y devastadoras epidemias, pues la enfermedad es un fenómeno inherente a la vida de este mundo. No es una maldición o una lacra, un estigma del que deberíamos deshacernos. La enfermedad nos lleva a la muerte y ésta a la siguiente fase existencial. Es la llave que abre la puerta que da paso a la liberación.

El tercer error es pensar que los ordenadores son entidades independientes del intelecto humano. Lo único que pueden hacer estas máquinas es combinar la información y los datos que ha introducido el hombre en ellas. El resultado siempre estará ligado a la subjetividad humana, y, por lo tanto, será incompleto y en muchos casos erróneo.

El cuarto error reside en haberse adelantado a los acontecimientos. Todavía no hemos ido a la luna y es posible que nunca logremos colocar al hombre en el suelo lunar. Mas si fuéramos capaces de llevar a cabo un buen alunizaje, los que anduviesen entre cráteres y recogiesen piedras del satélite no serían diferentes al agricultor que ara la tierra, la siembra y recoge la cosecha.

Por lo tanto, el caos proviene del hombre cuando piensa que puede penetrar en el sistema operativo y controlar y dirigir los fenómenos que actúan en el universo, pues ya puede predecir lo que sucederá al día siguiente, y si no le gusta, podrá cambiarlo, modificarlo o, simplemente –eliminarlo.

El hombre quiere ser dios sin entender que solo una entidad capaz de crear de la nada tiene derecho a ese rango. El hombre no ha creado nada. Cuando llegó a la existencia, ya estaba todo creado. Ante él tenía el input que iría configurando su estructura cognitiva. Ahí estaban las montañas, los valles, los ríos, los océanos, la vegetación, los animales… todo inter-actuando entre sí. El hombre, pues, solo puede observar este portento y asociarse a él en aquellos aspectos que le conciernen. Y, precisamente, porque no es su creación, está obligado a estudiarla. La va descubriendo y en muchos casos destruye parte de sus elementos, pues no los comprende. No comprende las consecuencias de sus propias acciones.

Ante el silencio del Altísimo, del Creador, el hombre intenta hacer creer al hombre que es él quien ha creado el universo. Nadie se lo cree, por supuesto, pero todos actúan como si realmente hubiera sido así. Y ese es el caos –el caos que produce la rebeldía.

Incluso el más leve, pequeño e indetectable torbellino o perturbación en el aire puede alterar drásticamente el futuro atmosférico. Todo esto significa que nunca tendremos una comprensión total de todo lo que se desarrolla en el cielo expansivo y vacilante. Habrá vacíos e incertidumbres. Y eventualmente, destruirán la predicción. Esto se conoce comúnmente como “el efecto mariposa”, en referencia a una mariposa que agita sus delicadas alas e inicia una cascada de eventos atmosféricos. Nunca tendremos las condiciones perfectamente observadas o simuladas. La atmósfera es simplemente un sistema sumamente complejo”.

Y aquí llegamos al más absoluto caos en el que se debaten los científicos, los que pretenden poseer el conocimiento y arguyen que hay un método –el suyo– con el que poder abarcar la comprensión total de todos los fenómenos, de todos los elementos que conforman el universo.

¿Por qué se habla del “efecto mariposa”? ¿Acaso no hay 8 mil millones de individuos agitando constantemente sus manos, sus brazos, andando, corriendo, saltando? ¿Acaso no hay, aparte de las mariposas, billones de otros insectos que también agitan sus alas? Más aún, ¿qué diremos de las cascadas y cataratas que lanzan millones de metros cúbicos de agua al vacío?

Y toda esa infinitud de factores, incontables, inimaginables, que escapan a cualquier algoritmo diseñado por el hombre, son fácilmente relacionados entre sí por el algoritmo del Creador, sin que ello le cueste el menor esfuerzo. Esta inconmensurable creación que le resulta caótica al hombre cuando intenta comprenderla en su totalidad, dominarla, se manifiesta ante él en un asombroso equilibrio, en una perfecta armonía, con una sobrecogedora perfección.

No verás en la creación del Rahman ninguna discordancia. Vuelve a fijarte: ¿Ves algún fallo? Vuelve a mirar una segunda vez. La vista regresará a ti deslumbrada y exhausta.

(Corán, sura 67, aleyas 3-4)

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