En manos de quién están nuestras vidas.

No hacía falta que el New York Times, que de forma tan leguleya ha estado encubriendo las fechorías de Gates, nos dijera ahora quién es este tipo –un mujeriego sin escrúpulos, un pederasta, que ha ido arruinando, fraudulentamente, a sus competidores. Lo sabíamos.

Mas aquí el asunto es otro, mucho más devastador que la simple historia de un degenerado y aburrido billonario asociado con Epstein, uno de los personajes más tenebrosos de este siglo. Incluso a Melinda le ha chocado este contubernio judeo-masón –nunca mejor empleada la expresión que acuñara Franco.

Pero lo más desolador, como decimos, no es su enfermiza personalidad, sino el hecho de que gente como Gates, todos ellos, todos los que frecuentaban la isla de Epstein, todos, Trump, Clinton, jefes del FBI, miembros de la casa real británica… Fauci?… sean los que afirman que las vacunas son seguras, que todo se hace por el bien de la gente, por el patriotismo, por el amor a nuestros semejantes.

Son estos billonarios, encubiertos por los medios de comunicación mientras les son útiles, los que han fabricado las vacunas, los que han obligado a los gobiernos a aceptarlas y a firmar contratos en los que se exime de toda responsabilidad a la Gran Farma. Sus declaraciones van apoyadas por la opinión de los “expertos”… Expertos en patrocinar La Gran Mentira.

Son estos mismos tarados, cuyo principal pasatiempo existencial es el de realizar sus fantasías sexuales con menores, los que nos piden que confiemos en ellos.

Antes, a estas prácticas se las llamaba “trata de esclavas”; ahora, se las denomina pederastia. Hemos vuelto al clasicismo –las enfermedades mentales en griego resultan menos graves, menos vergonzosas.

No forman parte del exclusivista club deep state, pero son los que pagan los nuevos órdenes mundiales –ahí tenemos a Bezos comprando el Washington Post por 100 millones de dólares.

En las manos de estos desequilibrados millonarios descansan nuestras vidas. Son ellos los que las manipulan y manipulan las de nuestros hijos y manipulan nuestra salud –Facebook, Instagram, twitter, Amazon… la OMS. Tienen todas las llaves y guardan todos los accesos.

Son ellos, sus fundaciones, sus filiales, las organizaciones que mantienen con su dinero y a través de las cuales llevan a cabo sus planes de dominación y control, los que han eliminado las huellas del pasado, en Siria, en Yemen, en Libia, en Iraq… Pronto dirán que Adam era inglés y su esposa francesa, y que se conocieron en Ámsterdam, pues no ha quedado piedra sobre piedra en la Arabia Félix –desiertos y ruinas. ¿Cómo podríamos seguir las huellas del profeta Muhammad y de sus compañeros en Meca y Medina? Imposible. Todo ha quedado enterrado –sus casas, sus lugares de reunión… Sus mezquitas han quedado sepultadas bajo frías y grandiosas edificaciones.

Son estos criminales los que hablan de caminar con la ciencia. La ciencia de Epstein, la ciencia de la pederastia.

Es a ellos a los que hemos entregado nuestro futuro y el de nuestros hijos.

Estamos viviendo una pesadilla. ¡Acaso no es hora de que despertemos!

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